Este texto se ocupa de los movimientos en contra de una mayor sociedad globalizada. El término «altermundialismo», o movimiento antiglobalización, hace referencia al movimiento surgido en los albores del nuevo milenio para cuestionar la globalización neoliberal, en particular la financiera, en nombre de otro tipo de globalización en la que los ciudadanos sean los protagonistas. Los activistas vilipendian el «Consenso de Washington», que propugna la retirada de la intervención estatal en asuntos económicos y sociales, la privatización y la liberalización de los mercados financieros. Reclamar nuestra autoridad frente al neoliberalismo es un medio para conseguir un fin. Es una lucha continua en la que vencer significa que la resistencia es un compromiso continuo y permanente para desentrañar el mundo que hemos conocido, con la esperanza de crear alternativas que nos empoderen y nos afirmen a todos. Quienes pretenden desempoderar a la mayoría para su propio beneficio tienen muchas caras, y aunque el neoliberalismo desaparezca de los anales de la historia, surgirán nuevas amenazas para nuestro bienestar colectivo y los lazos de solidaridad que hemos forjado. Por tanto, la reconfiguración del mundo está fundamentalmente en manos de todos y cada uno de nosotros. Lo que hacemos con nuestra existencia y cómo interactuamos con nuestros compañeros de viaje en esta travesía que llamamos «vida» es lo que realmente cuenta. Mientras que algunos izquierdistas deploran la idea de que siempre tengamos las cosas en nuestras manos, como una forma de exacerbar los valores neoliberales, este argumento ignora por completo el contenido de las formas de acción directa y política prefigurativa que desarrollan. Ignora la idea de resistencia colectiva y habla de forma más general de que todas las iniciativas fuera de los parámetros del Estado son de alguna manera procapitalistas.