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Género como Institución Social

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Género como Institución Social

Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre el “Género como Institución Social”. Véase también acerca de la Sociología de Género. [aioseo_breadcrumbs]

Género como Institución Social

Connell y Lorber, en la vanguardia de la afirmación del carácter institucional del género, quieren poner fin a la reducción generalizada del género a fenómenos individuales, psicológicos, biológicos u otros microfenómenos en la erudición y la cultura popular. Con este fin, Connell (1987) afirma las cualidades abigarradas del género y subraya su profunda socialidad, la centralidad del cuerpo material y la centralidad de la práctica/el ejercicio. (El concepto de orden de género de este autor es compatible con otras definiciones que empezaron a emerger en los años 90). Enmarcar el género en términos de sus propiedades colectivas, institucionales e históricas lo describe con mayor precisión y lo hace más accesible al análisis sociológico:En la comprensión de sentido común, el género es una propiedad de las personas individuales.

Cuando se abandona el determinismo biológico, el género se sigue viendo en términos de carácter individual producido socialmente. Es un salto considerable pensar que el género es también una propiedad de las colectividades, las instituciones y los procesos históricos. Este punto de vista es exigido por la evidencia y la experiencia. Hay fenómenos de género de gran importancia que sencillamente no se pueden asimilar a propiedades de los individuos, por mucho que en ellos estén implicadas propiedades de los individuos.

Varios sociólogos consideran a las personas dentro más que fuera de los procesos de institucionalización, y a las instituciones como facilitadoras tanto como limitadoras de la práctica humana. Sin embargo, y a diferencia de algunos otros, Connell valora las prácticas y la práctica incluso más que Giddens. En una sección titulada “hacia una teoría basada en la práctica”, explica cómo las prácticas de género se relacionan con las estructuras de género. El orden de género se transforma constantemente a través de la práctica, y la práctica y la estructura se relacionan “cíclicamente” a lo largo del tiempo.

Las prácticas cíclicas forman el núcleo de las instituciones, y la institucionalización representa las condiciones que hacen posible la práctica cíclica: La práctica responde a una situación y transforma esa situación. Describir la estructura es especificar qué hay en la situación que constriñe la práctica.

Puesto que la consecuencia de la práctica es una situación transformada que es objeto de una nueva práctica, la “estructura” especifica la forma en que la práctica (a lo largo del tiempo) constriñe la práctica. El proceso de género es estrictamente social y el género es un fenómeno dentro de la socialidad. La práctica cíclica es lo que se entiende por institución. El proceso de “institucionalización” es la creación de condiciones que hacen probable la práctica cíclica.

La literatura también hace hincapié en la historicidad, la agencia y el poder, focos que se reflejan en los criterios que he esbozado anteriormente. La historicidad significa que el género varía con el tiempo y es susceptible de la agencia humana; el género no es una estructura transhistórica que permanezca igual a través del tiempo debido a la “dicotomía sexual de los cuerpos”. La idea de historicidad tiene que ver con el cambio producido por la práctica humana, con que las personas estén dentro del proceso, señala. Las personas hacen el mundo social; no sólo reaccionan ante él. “Interpretar las relaciones sociales -afrimaba Cornell en 1987- como naturales es, fundamentalmente, suprimir su historicidad. La naturalización (la afirmación de que algo es natural) es un acto político” .Al igual que otros autores, él afirma el lugar y la importancia del cuerpo en las relaciones sociales, reconociéndolo como la base material del ser(es) individual(es). El cuerpo está ahí, el cuerpo actúa e interactúa, el cuerpo se transforma y es transformado. El género “hace cosas” con y para los cuerpos, pero el género no es explicable ni reducible al cuerpo. Connell rechaza la reducción del género a imperativos corporales pero, al mismo tiempo, considera erróneos los esfuerzos por comprender el género -o cualquier institución- sin tener en cuenta el cuerpo material.

En cuanto al poder, Connell afirma que los recientes cambios en el orden de género están provocando “una crisis de institucionalización” que ha debilitado la capacidad del Estado para sostener la legitimidad del poder de los hombres sobre las mujeres en forma de patriarcado doméstico (159-60). La presión de las mujeres por la igualdad ha socavado la capacidad del Estado para imponer una forma de familia que otorga a los hombres autoridad sobre las mujeres y les asegura los servicios domésticos de las mujeres. La investigación de Gerson (2002) confirma este punto de vista, informando de que muchas más mujeres que hombres desean una división equitativa del trabajo en casa y en el trabajo (90% de las mujeres, 40% de los hombres). Los datos de Gerson indican para ella una disyuntiva entre las instituciones de la familia y el trabajo; para Connell indican una disyuntiva entre las instituciones de la familia, el género y el Estado; y para mí indican una disyuntiva entre las instituciones de la familia, el Estado, el trabajo/la economía y el género. Diferenciar entre estas instituciones tan distintas, aunque entrelazadas, mejora la capacidad de los estudiosos para identificar las influencias del género sobre otras instituciones y las influencias de éstas sobre aquél.

También evita asumir que el género “sólo está en juego” en contextos cara a cara o de grupos primarios, una práctica común entre los estudiosos, incluidos los sociólogos.

Lorber (1994) subraya la socialidad fundamental del género, sus orígenes en la sociedad humana y su persistencia a través de la agencia y la interacción humanas. Al afirmar que el género es una institución “por derecho propio”, afirma que el género afecta a las vidas individuales y a la interacción social, tiene una historia que se puede rastrear, es una estructura que se puede examinar, ha cambiado de formas que se pueden investigar, establece expectativas para los individuos, ordena los procesos sociales, se incorpora voluntariamente a las identidades o a los yoes y se construye en las principales organizaciones sociales de la sociedad. Al exponer este argumento, pone en tela de juicio la naturalidad y la inevitabilidad del género.

Conceptualizar el género como una institución social es necesario para hacer explícitos los orígenes y la perpetuación del género. Hacerlo aumenta la conciencia de la socialidad del género y su susceptibilidad a la agencia humana y tiene el efecto de socavar las presunciones populares de que el género es de algún modo “natural”, “biológico” y esencial, escribió en 1994.  Afirmando en dicho trabajo que la “principal paradoja del género es que, para desmantelar la institución, primero hay que hacerla… visible”. La paradoja de Lorber de “creer es ver” se refiere al poder de la ideología de género para dar forma a las percepciones y expectativas, incluso ante pruebas contrarias. Por ejemplo, “creer” que las mujeres y los hombres son fundamentalmente diferentes lleva a la gente a “verlos” como diferentes incluso cuando “los hechos” muestran sus puntos en común. Para que el género se constituya de forma diferente, y potencialmente se “desmantele”, debe hacerse visible su carácter complejo y polifacético.

Enmarcar el género como una institución social es un paso hacia este fin.

La influencia de Parsons (véase más) requiere un comentario. Aunque Parsons intentaba “salvar” el concepto de institución para la sociología, la retrospectiva sugiere que se equivocó. Al renunciar a sus aspectos conductuales y restringir la institución a valores, creencias y normas “subjetivos”, Parsons metió a la sociología en un cajón relativo a la dinámica y el cambio, confundió la definición para las generaciones futuras y limitó la utilidad del concepto para el análisis sociológico. Los sociólogos luchan y han luchado durante años por trascender sus roles sexuales y otras nociones estáticas. La concepción de ese autor de las instituciones sociales era -para parte de la crítica posterior- sencillamente errónea.

¿Aceptarán los sociólogos la afirmación de que el género es una institución social? Es poco probable que lo hagan quienes aceptan una definición “subjetiva” o “sustantiva” de institución. Asimismo, los estudiosos del género que consideran las instituciones “reales” como universales, fijas, coherentes o inmutables se resistirán porque ello les obligaría a negar la investigación que afirma la fluidez actual del género y sus variaciones históricas. Aunque algunas definiciones de las instituciones las describen como fijas o armoniosas, las concepciones actuales, incluida la que yo favorezco, se centran en el cambio y ponen de relieve las incoherencias, las disyuntivas y los conflictos de poder.

Otra posible objeción es que el género no cumple los requisitos para ser considerado una institución porque sólo se hace de acuerdo con otras instituciones. Los estudiosos que hacen esta afirmación descalifican el género porque “no puede mantenerse por sí solo”, separado de la familia, el sistema político, la economía/lugar de trabajo, la religión/iglesia, etcétera. Esta preocupación está injustificada en dos aspectos. En primer lugar, ninguna institución “está sola” y, en segundo lugar, el género se practica en todas partes, “dentro” de otras instituciones pero también “fuera” de ellas. Numerosas investigaciones demuestran que el “género se practica” en casi todas partes, la mayor parte del tiempo, incluso en la calle, en los ascensores, en el metro, en los cruceros, y no “sólo” en las familias, las iglesias, la política y los lugares de trabajo.

¿Cómo es posible que las instituciones perduren y cambien a la vez? Los individuos resisten las presiones asociadas a las normas, costumbres y procedimientos institucionales, pero al hacerlo generalmente no consiguen cambiar la institución de forma importante. Numerosos autores sostienen que el cambio institucional se produce por la acción colectiva enfocada, rara vez por la resistencia individual. Los éxitos de los últimos 40 años en materia de derechos y oportunidades de las mujeres demuestran sin duda la exactitud de esa afirmación. Sin embargo, los cambios pueden deshacerse, y nada sugiere que seanpermanentes. Aun así, se efectuaron a través de una agencia colectiva que puede y puede movilizarse de nuevo. De hecho, los cambios en una institución están tan entrelazados con los cambios en otras que la resistencia a dar marcha atrás puede ser más amplia y diversa de lo que fueron inicialmente los esfuerzos para realizar los cambios.

Los miembros de la sociedad “utilizan regularmente el género” para construir las relaciones sociales y la dinámica de otras instituciones. Hacerlo no disminuye el estatus institucional del género. Al contrario, el préstamo de las expectativas de género para crear y legitimar las relaciones sociales en todas o en la mayoría de las demás instituciones es un claro indicador de su poder institucional. Martin y Knopoff (1997) muestran cómo los justificadores de las burocracias modernas utilizaron la ideología de género sobre las mujeres, la feminidad (véase más detalles en el marco del género) y la (ir)racionalidad para excluir la participación de las mujeres y valorizar atributos y prácticas asociados a los hombres y las masculinidades. Otros muestran cómo la ideología y las prácticas de género en la Inglaterra del siglo XVIII hacían de la descendencia propiedad de los padres y entregaban la riqueza de las esposas a sus maridos, padres o hermanos. Las familias están constituidas en gran medida por el género, pero también lo están la religión, la política/el derecho, la educación, la economía/los mercados laborales/los lugares de trabajo y el bienestar. Sin duda, otras esferas institucionales “utilizan el género” para construir (algunas) prácticas, relaciones sociales, normas y procedimientos. Acker (en su trabajo de 1992) pregunta qué aspecto tendrían las principales instituciones de la sociedad si la subordinación y la exclusión de las mujeres no se hubieran “incorporado al funcionamiento institucional ordinario”. El problema es, según señala, que, salvo en el caso de la familia, las concepciones sociológicas de otras instituciones las han representado como libres de género de formas que han oscurecido sus desigualdades y dinámicas de género. El género está a mano para tales usos principalmente por su amplia omnipresencia y su entrelazamiento con otros ámbitos sociales.

El género no es más fundacional que cualquier otra institución, pero tampoco son otras instituciones más fundacionales que el género. Enmarcar el género como unainstitución social es una aproximación a la comprensión, no una declaración de verdad. Dar este paso dirige el estudio del género; no nos dice qué debemos encontrar. Enmarcar el género como una institución hará que sea más fácil relacionarlo con otras instituciones, incluidas las tradicionales “sustantivas”, pero también la raza/etnia, la clase social, la heterosexualidad/sexualidad y la edad, entre otras. La teoría social puede utilizarse para sofocar el disenso o para un cambio positivo. Enmarcar el género como una institución promete un cambio positivo dentro y fuera de la academia al hacer más visibles el carácter y la dinámica social del género.

Revisor de hechos: Roberta

Género como Institución Social: Sociología de Género

Las percepciones sociológicas sobre las tendencias clave de género en la economía, la educación, la religión, los medios de comunicación, el derecho y la política enmarcan esta sección. Dada la creciente atención pública, se acentúa el trabajo remunerado y no remunerado de las mujeres como influencias fundamentales sobre cómo se desarrolla el género en todas las instituciones sociales. En la literatura y esta plataforma digital, se diseccionan los progresos estancados de las mujeres en el liderazgo corporativo y en la mano de obra de las disciplinas más técnicas.

La explicación sobre derecho y política completa el material del primer capítulo y los temas tratados a lo largo del texto. Ofrece el material más actual sobre la consecuente incorporación de la perspectiva de género en la política. Se discute y critica la intersección género-raza relacionada con los nominados al Tribunal Supremo y en las elecciones de 2016 y 2020. Esta discusión se enmarca en la política de la misoginia en la era Trump y posterior.

Algunas cuestiones relevantes en este tema son las siguientes:

  • el apoyo generalizado a la reducción de la brecha salarial de género y a la aplicación de la Ley de Igualdad Salarial pero un menor apoyo a la discriminación positiva;
  • el estancamiento de los avances en el ascenso de las mujeres como líderes empresariales;
  • los estereotipos sobre las trabajadoras y la maternidad por parte de los empleadores;
  • el feminismo y las voces de las mujeres en las religiones conservadoras (judaísmo ortodoxo, mormonismo, islamismo) que buscan la ordenación y funciones de liderazgo, y la escasez de sacerdotes y los escándalos sexuales en el catolicismo que alimentan el apoyo a la ordenación de mujeres; y
  • la creciente brecha de género en las carreras técnicas y el aumento del acoso sexual en las escuelas.

Género e instituciones sociales

Género, trabajo y lugar de trabajo

Las contribuciones económicas de las mujeres procedentes del trabajo no remunerado están ocultas. El empleo mejora el bienestar de la mujer y el de su familia (hipótesis de la mejora del papel). El empleo y el trabajo doméstico de segundo turno y el cuidado de niños y ancianos aumentan la tensión emocional de la mujer (hipótesis de la sobrecarga/tensión del rol). Las mujeres monoparentales son las que corren un mayor riesgo de sobrecarga de roles. Los beneficios de los roles múltiples superan a los inconvenientes. El éxito profesional de las mujeres se ve comprometido por las creencias relacionadas con los hijos y la familia (véase más en relación al género). La legislación que ayuda a las mujeres empleadas y a las familias incluye: Ley de Baja Familiar y Médica, Ley de Igualdad Salarial, Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964. La acción afirmativa (concebida originalmente para ayudar a los hombres de las minorías) y las iniciativas de equiparación salarial benefician a todas las mujeres. Las mujeres ocupan la mitad de las profesiones, pero están en las peor pagadas (enseñanza y trabajo social) en comparación con los hombres (ingeniería y contabilidad financiera). Las mujeres se agrupan en empleos administrativos de cuello rosa y de venta al por menor mal pagados. Los hombres superan a las mujeres independientemente de la raza, la edad, la ocupación, la educación, la experiencia, la antigüedad y la región. La diferencia salarial entre hombres y mujeres se explica mediante el modelo del capital humano, coherente con el funcionalismo, según el cual cualquier diferencia salarial se debe a las elecciones individuales en los puestos de trabajo. El construccionismo social (véase más información) y la teoría del conflicto explican la brecha debido a las diferencias de poder, las creencias culturales sobre los trabajos percibidos como masculinos y femeninos . El avance de las mujeres en la empresa se ve frustrado por el techo de cristal (barreras invisibles construidas por los directivos masculinos), el acoso sexual y los estereotipos sobre el liderazgo de las mujeres. Las mujeres suelen marcharse para crear sus propias empresas. Las mujeres empresarias disfrutan de un mejor equilibrio entre trabajo y vida privada, pero suelen competir con mujeres en negocios al servicio de las mujeres (cuidados, catering, limpieza del hogar). Las que desertan de las empresas se convierten en corredoras de bolsa y gestoras financieras. La microempresa (microcrédito) se diseñó para beneficiar a las mujeres pobres de los países en desarrollo, pero los recientes cambios que han dado paso a la globalización neoliberal ligada a la banca con ánimo de lucro la están socavando. Si se reducen estos obstáculos, el microcrédito puede reavivarse como un paso hacia el empoderamiento y la reducción de la pobreza de las mujeres.

Educación y cambio de roles de género

La educación progresista se diseñó originalmente para reducir la desigualdad de clases. La educación formal de las mujeres consistía en aprender habilidades para ser una buena esposa y madre. El proceso educativo está muy marcado por el género, tanto formalmente como en el poderoso currículo oculto. El jardín de infancia y la escuela primaria se desarrollan en una segregación de género autoseleccionada, en juguetes y juegos, grupos de juego y libros. En la escuela primaria, las niñas obtienen mejores notas que los niños, pero éstos reciben más atención de los profesores. Los chicos ganan en autoconfianza y logros en la escuela secundaria; las chicas, especialmente las latinas, descienden en ambos aspectos. La popularidad de los chicos en el instituto está asociada a los deportes; la de las chicas, a la popularidad con los chicos. Las mujeres se matriculan en mayor número en la universidad, pero sus logros se ven mermados por unas aulas menos acogedoras y por preocupaciones relacionadas con la carrera profesional y el matrimonio. Las universidades, especialmente las selectivas, desean un clima de diversidad en el campus pero no quieren que las mujeres superen a los hombres en un porcentaje demasiado elevado. Las admisiones no son transparentes, pero las mujeres cualificadas son rechazadas en mayor proporción que los hombres comparables o menos cualificados. La mayor brecha de género en la matriculación universitaria es la de los afroamericanos, que favorece a las mujeres en detrimento de los hombres. La brecha de género en las carreras asociadas a empleos bien remunerados, como las carreras STEM, es cada vez mayor. Las mujeres académicas se enfrentan a prejuicios sexistas en las evaluaciones de estudiantes y colegas, lo que perjudica sus posibilidades de titularidad y ascenso. Continúa el debate sobre una crisis de los chicos que ha perjudicado a las chicas en la educación. La brecha de género en matemáticas en la escuela secundaria es pequeña, pero es persistente y favorece a los chicos. Las explicaciones de la brecha se remontan a la cultura (véase detalles al respecto) más que a la biología. Los títulos masculinos obtienen mejores recompensas económicas que los femeninos. Las pruebas no sugieren que los chicos vayan peor; tanto los chicos como las chicas van mejor. Cualquier crisis de los chicos en la educación se explica mejor por la raza y la clase social que por el género. La educación monogénero no es más eficaz en los indicadores clave de rendimiento que la coeducación. Sin embargo, sí muestra algunos beneficios para los chicos de las minorías. El Título IX de la Ley de Enmienda Educativa de 1972 prohíbe la discriminación por razón de sexo, pero el acoso sexual está muy extendido. Ha tenido enormes beneficios para las mujeres en el deporte, pero no ha alterado la segregación de género en campos académicos como STEM. El Título IX está siendo atacado políticamente pero puede sostenerse en apoyo de la igualdad de género en la educación. La brecha educativa de género en el Sur Global se ha reducido, pero en los países más pobres se estanca después de la educación primaria. La mayoría de los niños sin escolarizar son niñas en las zonas rurales. La reducción de la brecha de género en la alfabetización de adultos se ha estancado.

Religión y patriarcado

Las mujeres perdieron prestigio cuando la espiritualidad se transformó en religión institucionalizada. Las mujeres se vieron menoscabadas en sociedades con complementariedad, asociación y equilibrio entre los sexos. Las imágenes de diosas y deidades femeninas son fuentes de afirmación para las mujeres. La interpretación de las escrituras en el islam, el hinduismo, el judaísmo y el cristianismo varía considerablemente, pero tiende a favorecer los puntos de vista patriarcales asumidos. La reinterpretación se centra en imágenes que desafían el patriarcado religioso y descubren imágenes positivas pero menos conocidas de la mujer. Las mujeres expresan mayores niveles de religiosidad que los hombres, independientemente de su identificación religiosa. Una mayor religiosidad predice hoy en día las opiniones tradicionales sobre el género. El liderazgo de las mujeres está aumentando en todas las religiones del mundo. Todas las ramas judías y la mayoría de las religiones cristianas ordenan mujeres, siendo las mayores excepciones el catolicismo y la Iglesia Luterana-Sínodo de Missouri. Una mujer ordenada no invita necesariamente a ser llamada a dirigir una congregación. La escasez de sacerdotes y los escándalos sexuales en el catolicismo alimentan el apoyo a la ordenación de mujeres. La teología feminista está emergiendo rápidamente como un campo interdisciplinar que incorpora el ecumenismo, adopta un lenguaje inclusivo, aborda cuestiones unidas por la raza, la etnia y la clase, y desafía al patriarcado en la religión. Se basa en las experiencias de las mujeres para la reflexión teológica.

Medios de comunicación

Todas las formas de medios de comunicación son poderosos agentes de socialización de género. Las revistas y los anuncios vinculan a la mujer con el hogar, la belleza y las relaciones con los hombres. Los hombres se muestran como duros y dominantes. Los anuncios envían a menudo mensajes subliminales y sexistas. En los comienzos de Hollywood, las mujeres tenían papeles centrales influyentes dentro y fuera de la pantalla. Después de la Segunda Guerra Mundial, las películas mostraban a las mujeres como buenas o malas y se volvieron más violentas. Hoy en día, las películas emparejan sexo y violencia de forma rutinaria. Los hombres representan el 70% de los papeles principales en solitario en las películas. La sexualización y las imágenes impecables de las mujeres en el cine conducen a la autosexualización. El público critica las imágenes degradantes para las mujeres, pero los estereotipos de género siguen siendo un elemento básico del cine. La música es el medio de comunicación con más estereotipos de género y el rap-metal el más misógino y violento contra las mujeres, especialmente en los vídeos musicales. En la televisión, los programas infantiles y los anuncios dirigidos a los niños son los más estereotipados en cuanto al género. La violencia de género dirigida a las mujeres, como en “Juego de Tronos”, es rutinaria en horario de máxima audiencia. Los hombres del prime time son inteligentes, blancos, de clase media y profesionales. Las mujeres del prime time son profesionales solteras, pero en busca de romance. La televisión diurna está dirigida a las mujeres, y las telenovelas, los reality shows y los concursos tienen más protagonistas, invitadas y concursantes femeninas. Vinculando raza y SES, el prime time tiene personajes mayoritariamente blancos, pero los hombres y mujeres afroamericanos están ahora sobrerrepresentados. Las mujeres negras son retratadas de forma poco favorecedora en comparación con los hombres negros. Los latinos son los que menos visibilidad tienen en la televisión. Las latinas suelen ser retratadas como empleadas domésticas y sirvientas. Los hombres dominan las industrias de los medios de comunicación de masas en liderazgo, noticias, entretenimiento y formatos digitales. La omnipresencia de los estereotipos de género se debe a la escasez de mujeres en puestos de alto nivel. La radiodifusión y el periodismo impreso están obteniendo mejores resultados en la contratación de mujeres para puestos importantes. Aumentan las mujeres productoras, editoras y guionistas, pero los puestos de directores poderosos son para hombres en 9 de cada 10 películas populares. Las industrias de los medios de comunicación saben que los estereotipos de género perjudican y ayudan a obtener beneficios y necesitan presentar el género de forma diferente. #MeToo se originó como un movimiento contra la violencia sexual y derribó a hombres poderosos en las industrias de los medios de comunicación. Es un fuerte catalizador para acabar con las imágenes estereotipadas perjudiciales y degradantes para las mujeres. Acabar con los medios de comunicación sexistas beneficia a todos.

Poder, política y derecho

Derecho y política pública

La ley sigue siendo sexista e injusta a pesar de la legislación diseñada para hacerla equitativa. Las absorciones de género incluyen: interpretaciones binarias de género, los hombres y las mujeres son juzgados por estándares diferentes, los hombres y las mujeres habitan esferas diferentes, y marido y mujer son “uno”, pero bajo el marido. El Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964 prohíbe la discriminación de género en el empleo. A pesar de la ley y de las políticas públicas para garantizar una remuneración justa, la brecha salarial entre hombres y mujeres continúa. El Título VII ha perdido eficacia en la era Trump. La acción afirmativa, originalmente para beneficiar a los hombres de las minorías, es un programa voluntario que funciona en beneficio de las mujeres. A pesar de la percepción pública, no es discriminación inversa ni se basa en cuotas exigidas. El Título IX prohíbe la discriminación sexual, incluido el acoso sexual, en los programas educativos que reciben fondos federales. La concienciación pública sobre el acoso sexual se disparó en 1991 con el testimonio de Anita Hill en la vista de confirmación de Clarence Thomas ante el Tribunal Supremo, alegando que fue acosada sexualmente cuando él era su supervisor. En 2018, esto se repitió con el testimonio de Christine Blasey Ford en la audiencia de confirmación de Brett Kavanaugh ante el Tribunal Supremo. La gente no creyó inicialmente a Hill, pero en general creyó a Blasey Ford. Las mujeres y los hombres reciben un trato diferenciado en la legislación y las políticas relacionadas con las relaciones domésticas, el divorcio, el maltrato doméstico y la violencia de pareja, y los derechos reproductivos. Los Estados se esfuerzan por amortiguar el peligro económico de las mujeres en el divorcio y por proteger a las mujeres maltratadas de nuevos abusos. El caso “Roe contra Wade” permite el aborto legal en determinadas condiciones. El género no predice el apoyo al derecho al aborto. El nivel de religiosidad separa a los grupos provida y proabortistas. Se fomenta el diálogo, pero se ve socavado por el partidismo político. Existe un amplio apoyo para mantener el caso “Roe contra Wade”, pero el Tribunal Supremo puede anularlo. Sin embargo, los abortos seguirán siendo legales en algunos estados. El crimen y la justicia penal tienen género. La noción de indulgencia femenina se ve cuestionada por las mayores tasas de encarcelamiento de mujeres que de hombres. La intersección de raza y género es un mejor predictor de las diferencias en las sentencias que el género por sí solo. El trabajo sexual, una ocupación principalmente femenina, proporciona medios de subsistencia a las mujeres que lo eligen. Se debate si debe legalizarse, pero se condenan todas las formas de tráfico sexual.

La política

La brecha de género en la política revela que la percepción pública de los candidatos, las políticas de los titulares de los cargos y el comportamiento de voto se basan en creencias sobre el género. Las candidatas se enfrentan a barreras a las que no se enfrentan los hombres, como las cuestiones sobre el matrimonio y la maternidad. Las elecciones de 2008 centraron la atención en el género en las primarias (Hillary Clinton y Sarah Palin), pero fueron un referéndum sobre la raza en las elecciones generales (Barack Obama y John McCain). Las elecciones de 2012 fueron un reddendum sobre cuestiones femeninas. Los mensajes republicanos no superaron su narrativa de “guerra contra las mujeres”, impulsando a Obama a un segundo mandato. Las elecciones de 2016 fueron un referéndum sobre el género. Clinton fue construida socialmente como antipática e inauténtica y su liderazgo y experiencia, desviándose de los roles tradicionales, fueron utilizados en su contra. Trump fue construido socialmente con imágenes masculinas. El control de daños por su retórica racista fue evidente, pero creó un entorno permisible para el sexismo y la misoginia. El sexismo fue un factor determinante que favoreció la elección de Trump. Las elecciones de mitad de mandato de 2018 fueron un referéndum sobre Trump, enviando al Congreso el mayor contingente de mujeres de la historia. Las fuertes contendientes femeninas de las elecciones de 2020 se vieron superadas por una retórica sobre la elegibilidad de la mujer que perjudicó sus candidaturas. El techo de cristal presidencial aún no se ha roto, pero las actitudes positivas sobre una mujer presidenta siguen fortaleciéndose. Por tercera vez en la historia, se ha nombrado a una mujer como compañera de fórmula para la vicepresidencia en las elecciones de 2020. La intersección de género y raza determinará su resultado. La gran mayoría de los estadounidenses apoya la Enmienda de Igualdad de Derechos a la Constitución de EE UU. Virginia emitió el último voto para ratificar la ERA en 2020, pero la fecha límite para la ratificación era 1982. La Cámara de Representantes votó a favor de eliminar la fecha límite, pero el Tribunal Supremo determinará si el proceso de ratificación debe empezar de nuevo. Las feministas de hoy comprenden mejor la interseccionalidad y lo que divide y une a las mujeres. El movimiento (y véase también sobre otros) aprovecha la creación de consenso para salvar las diferencias raciales y de nivel socioeconómico. Las mujeres pueden acordar estar en desacuerdo y trabajar en una agenda feminista en pos de la igualdad de género.

Revisor de hechos: Harriette

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Género y Religión

Durante las protestas de 2020 de Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan) a raíz del asesinato por las fuerzas policiales estadounidenses del afroamericano George Floyd, los activistas pedían que -junto a los monumentos confederados- se derribaran las estatuas en las que se representaba a Jesús como un europeo blanco. Los activistas argumentaban que estas estatuas transmitían un mensaje político mayor: Si Jesús es imaginado como blanco, y Dios es blanco, esto implica entonces que la autoridad es blanca. Por lo tanto, las estatuas, subrayaron los activistas en 2020, simbolizaban la supremacía blanca. A su vez, un popular eslogan en forma de grafiti que apareció a partir de los años ochenta en los muros de ciudades europeas y norteamericanas reza así ‘Dios es negro, sí que lo es’. El lema del grafiti va un paso más allá de los activistas que denuncian el blanqueamiento de Jesús. El eslogan no sólo cuestiona la idea de que la autoridad sea blanca, sino también la idea de que la autoridad sea masculina. Al fin y al cabo, “Dios hizo a Adán y Eva, no a Adán y Steve” es una pegatina muy popular en Estados Unidos, un país donde las posturas políticas, en este ejemplo, una postura contra la homosexualidad, tienden a exhibirse en los coches.

Estos eslóganes ponen de relieve que no sólo la propia religión está profundamente marcada por el género y entretejida con las relaciones de poder, sino que la religión desempeña un papel clave en los debates políticos y las impugnaciones sobre el género y las relaciones de género en las sociedades contemporáneas. A la luz del carácter sexista de la religión y de su politización, debatir el tema del género y la religión es muy pertinente para comprender los acontecimientos políticos pasados y actuales, y especialmente también la creciente polarización actual de la sociedad en la que los valores relacionados con el género (conservadores frente a liberales) desempeñan un papel clave.

Los estudiosos que se dedican al estudio académico de la religión han prestado cada vez más atención a las dimensiones de género, pero aún así, muchos aspectos siguen sin explorarse o no se relacionan lo suficiente. En esta sección se ofrece una visión general de los diferentes temas de este debate académico. Para contextualizar el debate, primero hablo del papel que desempeña la religión en la vida de las mujeres. A continuación, procedo a examinar la agencia femenina de las mujeres religiosas y, más concretamente, el activismo femenino en los movimientos religiosos e ideológicos. A continuación, continúo debatiendo el papel de la religión y las ideologías de género en el auge mundial contemporáneo del populismo y/o autoritarismo de derechas, para centrarme después en el llamado movimiento “contra las ideologías de género”, un movimiento fuertemente relacionado con las autoridades religiosas. La última sección del capítulo se refiere al uso actual de la retórica de la igualdad de género en las movilizaciones contra el “otro religioso”, es decir, los inmigrantes y las minorías musulmanas (véanse también los textos sobre populismo y nacionalismo de esta pataforma digital). Antes de pasar a las partes principales de este capítulo, como parte de esta introducción, hablaré de las interconexiones de la religión y el género en relación con el poder y definiré el concepto de ideología utilizado en este capítulo.

Poder

Un punto de partida útil para cualquier debate académico sobre las cuestiones de género y religión es que ambas tienen que ver intrínsecamente con el poder, encarnan, distribuyen y representan el poder. Como tales, ambos estructuran la sociedad.

Los órdenes de género son intrincados sistemas de relaciones de poder construidos social e históricamente que se promulgan a través de instituciones, estructuras y acciones cotidianas mediante las cuales se ordenan, rehacen, cambian y/o reifican las relaciones entre mujeres y hombres en una sociedad.

Las ideologías, prácticas e instituciones religiosas son, a su vez, parte constitutiva de los órdenes de género. Desempeñan un papel clave a la hora de ordenar las relaciones de género. La religión puede confirmar y proporcionar bases de legitimación para el orden de género social existente, o también puede cuestionar este orden y pretender provocar cambios o revertir los cambios relativos a los órdenes de género. Esto implica también la existencia de movimientos e ideologías religiosas progresistas en lo que respecta a la igualdad de género. El hecho de que las tres religiones monoteístas tiendan a antropomorfizar lo divino -incluido el islam a pesar de su énfasis en que lo divino no tiene imagen, sustancia o forma-, lo que da lugar a ideas o representaciones de Dios como masculino, está revelando la centralidad de los órdenes de género en las ideologías religiosas y su vínculo con las fuentes seculares de poder de género.

La brecha de género en la religiosidad

Una de las cuestiones más debatidas en la erudición sobre religión y género es el hecho de que las mujeres tienden a mostrar mayores niveles de religiosidad. Esta brecha de género ha sido identificada y confirmada repetidamente en encuestas que se remontan a la década de 1930 (por ejemplo, la de Pew de 2016). Dicho de otro modo, los hombres ocupan predominantemente puestos de autoridad; pero a menudo son las mujeres las que siguen manteniendo la fe a través de su devoción religiosa y también de su trabajo voluntario no remunerado en acciones comunitarias religiosas.

El alcance de esta brecha de género varía según las distintas regiones del mundo y las diferentes religiones. Por lo tanto, debe estudiarse y comprenderse en su contexto particular. Entre los 84 países analizados en un estudio de Pew (2016), en dos países (Mozambique e Israel), la religión era más importante para los hombres que para las mujeres. En el resto del mundo, la religión es igual o más importante para las mujeres que para los hombres. En Estados Unidos, un país en el que el compromiso religioso en general es excepcionalmente alto en comparación con otros estados similares del Norte Global, la brecha de género es especialmente pronunciada: el 60% de las mujeres, frente al 47% de los hombres, consideran que la religión es muy importante para sus vidas, y el 64% de las mujeres en contraste con el 47% de los hombres en Estados Unidos dicen rezar a diario.

Dadas las perspectivas de género restrictivas que se considera que respaldan muchas ideologías religiosas, esta brecha se ha considerado un importante rompecabezas para los científicos sociales y, a pesar de los continuos estudios académicos para explorar esta brecha, los hallazgos empíricos que explican este fenómeno siguen sin ser concluyentes.

Existen dos enfoques explicativos principales y contrapuestos que merece la pena mencionar brevemente aquí. El debate académico sobre estos dos enfoques se resume a menudo con la frase “naturaleza frente a crianza”, ya que el primer enfoque considera que la brecha de género de la religiosidad tiene su origen en diferencias innatas, mientras que el segundo la ve como resultado de la socialización.

En pocas palabras, la primera vertiente se basa en un enfoque de coste-beneficio. Afirma que, dado el castigo divino por ser irreligioso que existe en muchas religiones, no ser religioso supone un riesgo mayor que serlo. Se dice que los hombres, más propensos a asumir riesgos, son en consecuencia menos religiosos. Los estudiosos han explicado este comportamiento de aversión al riesgo por oposición al de aversión al riesgo de diferentes maneras. Algunas investigaciones, por ejemplo, sugieren que los niveles más altos de andrógenos hacen que los hombres estén más dispuestos a asumir riesgos; por lo tanto, según este enfoque, la brecha de género en la religiosidad se reduce a la influencia de las hormonas. Sin embargo, a pesar de algunas pruebas empíricas a su favor, dado que este enfoque explicativo emplea ideas más bien deterministas sobre las mujeres y los hombres, ha sido ampliamente debatido y rebatido.

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El segundo enfoque intenta explicar la brecha de género de la religiosidad a través de la mayor exposición de las mujeres a la vulnerabilidad económica y social. Dadas las desiguales relaciones de género, las mujeres suelen encontrarse en una situación socioeconómica más precaria o vulnerable; por lo tanto, según esta corriente de investigación, esta exposición a la vulnerabilidad puede explicar el compromiso religioso, ya que la fe ayuda a superar las dificultades socioeconómicas y puede proporcionar una sensación de seguridad. En efecto, la fe puede desempeñar un papel positivo al proporcionar una sensación de seguridad y estabilidad, y se ha demostrado que la seguridad material disminuye la brecha de género de la religiosidad. Este enfoque, sin embargo, tampoco resuelve por completo el enigma de por qué las mujeres apoyarían ideologías religiosas que son favorables o incluso constitutivas de órdenes de género que las hacen vulnerables en primer lugar.

Muchas de las deficiencias de estos enfoques pueden entenderse por sus limitadas perspectivas sobre la agencia femenina. En parte, esta idea de que la brecha de género es desconcertante también se basa en omitir el hecho de que los seres humanos pueden tener múltiples identidades y diferentes prioridades en cuanto a su sentido de pertenencia. Las mujeres (al igual que los hombres) tienen valores diferentes y algunas respaldan las normas de género conservadoras en lugar de rechazarlas.

La agencia femenina

Los estudios que van más allá de esta perspectiva limitada han destacado que la devoción religiosa puede ofrecer una realización personal y aumentar así el bienestar personal. Algunas mujeres eligen ser religiosas no a pesar de los roles de género conservadores que proporcionan a la mujer un papel claro en un mundo cada vez más complejo, sino debido a ellos. La religión también puede resultar especialmente atractiva para las mujeres, dado que en muchas ideologías religiosas, el papel del hombre es el de proveedor con responsabilidad sobre su familia.

Un ejemplo interesante a este respecto es el poder transformador del pentecostalismo. Se ha demostrado que el pentecostalismo redefine considerablemente las relaciones de género en beneficio de las mujeres, ya que las conversiones pueden disminuir la violencia masculina hacia las mujeres y fomentar la dedicación de los hombres a la vida familiar. Así pues, no es a pesar de su perspectiva conservadora que exige ascetismo, sino debido a ella, por lo que se dice que el pentecostalismo aumenta el bienestar de las mujeres, en particular de las mujeres en entornos de pobreza, abuso de alcohol y privaciones. Sin embargo, el pentecostalismo no se opone a los órdenes de género conservadores ni al patriarcado. Al contrario, de hecho se apoya en él. Sin embargo, transforma las relaciones de género existentes al proponer un nuevo tipo de patriarcado, a saber, el de asumir la responsabilidad de la propia familia.

Pertenecer a una comunidad religiosa no sólo proporciona una importante fuente de significado y una estructura para vivir la propia vida con un propósito, sino que también puede servir como medio de (auto)empoderamiento para las mujeres, así como una forma de impugnar y cambiar las normas discriminatorias desde dentro.

El activismo y/o el compromiso proactivo de las mujeres dentro de las instituciones y los entornos religiosos está muy extendido y, en términos de género, abarca desde un comportamiento de consolidación hasta un tipo de comportamiento táctico y de búsqueda, pasando por formas de activismo de oposición. El compromiso consolidador refuerza y sacraliza los órdenes y las normas de género existentes y las relaciones de poder desiguales que subyacen a estos órdenes, mientras que los tipos tácticos y de búsqueda negocian y amplían los límites para el bienestar de las mujeres dentro de las normas y los órdenes de género existentes. El activismo de oposición, en definitiva, es una oposición activa contra los órdenes de género existentes.

Citando a la teóloga feminista Alice Hagemann (1974, 27), las mujeres religiosas han cuestionado los órdenes de género “dentro de la Iglesia si es posible, fuera de la Iglesia si es necesario”. Las feministas religiosas utilizaron una lente crítica de género para llegar a interpretaciones de los textos sagrados que se desvían de las perspectivas establecidas proporcionadas por las autoridades masculinas. Un ejemplo importante es el auge del feminismo cristiano en el Norte Global a partir de la década de 1960. Esta oleada de activismo estuvo fuertemente relacionada con la “Biblia de las Mujeres” (1895) de la sufragista norteamericana Elizabeth Cady Stanton. Un escrito clave de esta oleada de activismo fue entonces el libro de Mary Daly “La Iglesia y el segundo sexo” (1968), que exponía la actitud de la Iglesia católica hacia las mujeres a lo largo de la historia en un intento de impulsar reformas.

Ciertamente, el enfoque crítico con el género por parte de las mujeres religiosas no se ha limitado al catolicismo. El feminismo islámico, por ejemplo, empezó a crecer a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990. El crecimiento del feminismo islámico se ha visto expuesto a retos específicos que pueden entenderse desde una perspectiva poscolonial. El feminismo en el Norte Global ha estado enredado con la política (neo)colonial. Las narrativas coloniales interpretaban el islam como irreconciliable con la “modernidad” y la emancipación de la mujer, y los llamamientos a favor de los derechos de la mujer “salvando a las mujeres morenas de los hombres morenos por parte de los hombres blancos” formaban parte del proyecto colonial. Aquellos colonialistas que se oponían a los órdenes patriarcales de género en el extranjero, insistiendo en que el islam inhibía la emancipación, tendían a ser al mismo tiempo fieros opositores de los movimientos por los derechos de la mujer en casa. Acontecimientos políticos más recientes, como la “guerra contra el terrorismo”, utilizaron perspectivas y argumentos similares de emancipación de la mujer para argumentar a favor de las intervenciones. Así pues, las feministas musulmanas se vieron atrapadas entre la espada y la pared: “Por un lado, los islamistas nos negaban la igualdad en nombre de la sharia; por otro, las potencias mundiales hegemónicas perseguían una agenda neocolonial en nombre del feminismo y los derechos humanos” (escribió Mir-Hosseini en 2019). A pesar de este desafío, las mujeres han cuestionado cada vez más las ideas establecidas por las autoridades musulmanas y han reinterpretado los textos sagrados. Esto incluye a feministas musulmanas que se basan en ideas laicistas, así como a mujeres que han venido señalando el potencial liberador del islam para las mujeres.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Algunas mujeres, a su vez, también han asumido papeles clave en organizaciones religiosas extremistas, es decir, organizaciones que pretenden cambiar los sistemas sociales y/o políticos establecidos mediante la violencia. Esto incluye a mujeres que, por ejemplo, se han unido al Estado Islámico (ISIS) o a movimientos nacionalistas hindúes en la India.

En resumen, el papel que desempeñan las mujeres a la hora de respaldar o desafiar las normas religiosas de género, así como su activismo en las organizaciones religiosas, es complejo, polifacético y depende del contexto. Parece que la religión puede ser tanto una fuente de reinterpretaciones emancipadoras como de socialización patriarcal.

Los debates académicos también nos han enseñado que es importante ir más allá de las concepciones binarias simplistas del “Norte Global secular” y el “Sur Global religioso” en los debates sobre el género. Es necesario ir más allá de la fijación unilateral predominante en las mujeres no occidentales a la hora de debatir la cuestión, dado que existe mucha controversia sobre la religión y las cuestiones clave de la igualdad de género, incluidos los derechos reproductivos y la sexualidad, en varios países, incluido Estados Unidos. La investigación feminista, además, también nos recuerda que sería engañoso considerar el laicismo como inherentemente ligado a la liberación femenina y a la igualdad de género. El desarrollo de la modernidad secular se basó profundamente en la desigualdad de género. Tanto las mujeres como la religión fueron empujadas a la esfera privada para dejar paso a la racionalidad masculina. Hubo que luchar comprometidamente por los derechos de la mujer contra las fuerzas masculinas, tanto seculares como religiosas.

Las ideologías de género de las religiones y su impacto

En cuanto a las ideologías de género que conllevan las religiones, no podemos hacer afirmaciones generalizadoras. Tanto entre las religiones como dentro de ellas, prevalecen diferentes ideas y prácticas sobre las relaciones de género y las normas de género, y éstas cambian con el tiempo como resultado de los debates interno-religiosos, como se observa en otro lugar dedicado a las ideologías de género, incluídas las de las religiones y su impacto.

Masculinidad autoritaria y religión

La religión ha desempeñado un papel clave en el auge contemporáneo de líderes e ideologías populistas o incluso autoritarias. Estos líderes suelen hacer gala de una hipermasculinidad. Utilizan esta masculinidad como recurso para exhibir poder, al tiempo que se apoyan fuertemente en referencias a la religión en sus estrategias para movilizar a sus seguidores y subrayar una superioridad moral frente a sus seguidores y oponentes.

Un ejemplo paradigmático en ese sentido es el presidente brasileño Jair Bolsonaro, que persigue una agenda de línea dura y de derechas, respaldando explícitamente el autoritarismo y posicionándose abiertamente en contra de la democracia liberal. Bolsonaro presentó su campaña presidencial de 2018 bajo el lema “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. A lo largo de su campaña electoral, se presentó como el salvador de los valores cristianos tradicionales, oponiéndose a los derechos sexuales y reproductivos, a la igualdad de género y también a los derechos humanos en general. En su estrategia de movilización, utilizó una retórica de “nosotros” contra “ellos” en la que distinguía entre “nosotros”, “el pueblo de Dios”, y ellos, los “izquierdistas” y los llamados “ideólogos de género”. En su discurso de victoria, el presidente electo brasileño subrayó que buscaba respuestas en la Sagrada Biblia ‘para reparar al hombre y a la mujer’. También prometió prohibir ‘la ideología de género en las escuelas’ y afirmó que su administración se resistiría a la ‘sumisión ideológica’ (véase también sobre la ideología antigénero en esta plataforma digital). La oposición a los derechos de la mujer y la defensa de los valores familiares cristianos conservadores fueron las piedras angulares de su campaña. Bolsonaro, sin embargo, no instrumentalizó unilateralmente la religión.

La Iglesia católica apoyó proactivamente a Bolsonaro en su carrera al más alto cargo y, a cambio, él aumentó la influencia política de la primera. Bolsonaro, católico, también estableció una estrecha alianza con líderes religiosos y políticos pentecostalistas. En la primavera de 2016, fue bautizado por un colega diputado, un pastor evangélico, y en consecuencia recibió el apoyo abierto de líderes religiosos evangélicos y baptistas. Aunque el género no había sido antes una variable relevante en términos de votantes, en las elecciones presidenciales de 2018 fue estadísticamente significativa. Dada su abierta retórica contra las mujeres, el éxito electoral de Bolsonaro se basó en gran medida en el voto masculino. Además, los cristianos pentecostales eran más propensos a votar por Bolsonaro que los votantes católicos, a pesar del catolicismo autodeclarado del candidato. Tras su elección, puso dos ministerios de su administración bajo dirección evangélica: educación y familia, así como mujer y derechos humanos.

Alianzas similares y el uso de valores religiosos conservadores como estrategia electoral pueden observarse en otros regímenes de extrema derecha de corte autoritario o populista, como el primer ministro Viktor Orbán de Hungría, el presidente Recep Erdoğan de Turquía, el primer ministro Narendra Modi en la India y el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Para “rehabilitar la masculinidad rusa”, Putin formó una estrecha alianza con la Iglesia Ortodoxa Rusa. Bajo su mandato, el gobierno ruso estableció estrictas leyes contra la homosexualidad y legalizó formas de maltrato doméstico. Tanto la ministra de Educación nombrada por Putin como la ministra de Derechos de la Infancia están estrechamente alineadas con la Iglesia Ortodoxa. Un segundo ejemplo procede del Gobierno húngaro dirigido por Viktor Orbán, que basó su negativa a ratificar el Convenio de Estambul para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, así como su decisión de retirar la acreditación a los programas de máster en estudios de género de las universidades húngaras en 2018 en la afirmación de que expresan “ideología de género” (véase más datos en general sobre este tema). La Iglesia y los actores religiosos desempeñan un papel importante en el apoyo a este enfoque, proporcionándole una columna vertebral ideológica.

No obstante, el surgimiento y la resonancia de las posiciones y la retórica antifeministas y contrarias a la igualdad de género en el caso húngaro, como subraya de forma importante Kováts, debe entenderse a través del entrelazamiento del feminismo con la reestructuración antiliberal del país tras el colapso del sistema comunista en 1989, más que como resultado de la fuerza de los segmentos religiosos de la sociedad. Para dirigirse a las nuevas élites liberales, los movimientos feministas, según parte de la doctrina de ese país, se plegaron a la reestructuración neoliberal. Los llamamientos a la austeridad iban de la mano de los llamamientos a favor de los derechos de la mujer y de los derechos humanos en general. Además, se importaron teorías occidentales en lugar de tratar de aprovechar los recursos emancipadores arraigados en la región, y entre los movimientos de derechos humanos ha prevalecido una retórica del “Occidente desarrollado”, al que el país ha tenido que alcanzar. Este tipo de retórica “autocolonizadora” se ha identificado como uno de los principales motores del ascenso de la derecha radical en Europa del Este. En lo que respecta al género, proporcionó a los detractores de la igualdad de género y a los partidarios de un orden de género conservador una base para legitimar sus reivindicaciones enmarcando el género como una forma de “colonización ideológica”.

Estos desarrollos no se limitan a entornos políticos no democráticos o antiliberales, sino que también han surgido en democracias liberales, siendo promovidos por partidos y/o líderes democráticos antiliberales, como los partidos de derecha radical Lega, “Fuorza Nova” y “Fratelli di Italia” en Italia, así como el presidente Donald Trump en Estados Unidos. Trump se benefició significativamente del apoyo de los votantes protestantes evangélicos blancos, un grupo que, por amplia mayoría, ha aprobado continuamente su actuación en el cargo. El protestantismo evangélico está fuertemente correlacionado con favorecer a los líderes políticos masculinos y, respectivamente, con una reserva frente a los femeninos. Trump se aseguró este apoyo mostrando un fuerte compromiso con el movimiento antiabortista. Al asumir el cargo, reintrodujo la “ley mordaza global” establecida por primera vez por el presidente Reagan en 1984. Esta norma prohíbe la financiación estadounidense a organizaciones no gubernamentales en el extranjero si proporcionan servicios de aborto legal, derivaciones o información o promueven reformas legales a favor del aborto. Por último, la fuerte alianza con los grupos religiosos conservadores en materia de género también se hizo patente con la selección del ya mencionado Mike Pence, un cristiano evangélico renacido, como vicepresidente.

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La igualdad de género y la alterización del inmigrante musulmán

Al mismo tiempo, también podemos observar un fuerte énfasis por parte de los empresarios de la derecha radical en la igualdad de género. Este fenómeno surgió con la adopción de los musulmanes como grupo objetivo principal en la movilización antimigrante.

La siguiente cita pronunciada durante la crisis migratoria de 2015 por el líder (Marine Le Pen) de la derecha radical francesa (entonces) el Frente Nacional (ahora llamado Agrupación Nacional) ilustra especialmente bien este uso de la retórica de la igualdad de género:

“Es como dirigente política, pero también como mujer, como me dirijo hoy al pueblo francés. Es como mujer francesa libre, que ha podido disfrutar durante toda su vida de las tan preciadas libertades por las que lucharon largo y tendido nuestras madres y abuelas, que quiero alertar sobre una nueva forma de regresión social, humana y moral que nos impone la crisis migratoria…El derecho a preservar la integridad del propio cuerpo, sea cual sea el sexo, es uno de los derechos más esenciales. Hoy, para muchas mujeres, este derecho está siendo atacado. Que la barbarie pueda utilizarse una vez más contra las mujeres me llena de horror. Recuerdo estas palabras de Simone de Beauvoir: “No olviden nunca que bastaría una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se pusieran en tela de juicio”, y temo que la crisis migratoria señale el principio del fin de los derechos de las mujeres.”

Dada la agenda política sustantiva, a menudo conservadora, de los grupos de la derecha radical y sus alianzas con grupos religiosos conservadores, esta retórica sobre la igualdad de género y los derechos de la mujer debe entenderse como algo en gran medida instrumental en lugar de ideológicamente fundamentado. Dicho de otro modo, es un componente de la ideología nativista frente a un compromiso sustantivo con la igualdad de género. La investigación ha demostrado que el énfasis en la igualdad de género se utiliza para establecer la idea de una diferencia cultural supuestamente irreconciliable entre los “migrantes (musulmanes) atrasados” y los “nativos progresistas liberales” con el fin de legitimar las reivindicaciones de restricción de la migración. Como ya se ha señalado, durante el colonialismo también se utilizaron narrativas similares sobre la opresión de la mujer para “demostrar” la alteridad e inferioridad por excelencia del islam. Sin embargo, entonces se utilizó para justificar el poder colonial en la tierra del colonizado; ahora, se trata de excluir al “otro” en las tierras del antiguo colonizador.

En la retórica política de todo el mundo existen variantes de esta retórica sobre el “hombre opresor extranjero”, que establece una visión sobre los inmigrantes y la inmigración como la amenaza existencial para la nación. Un ejemplo famoso en ese sentido es el énfasis puesto por Donald Trump en los migrantes mexicanos durante su discurso de anuncio en 2015 en la CNN: “Cuando México envía a su gente, no están enviando a sus mejores. No los están enviando… Están trayendo drogas. Traen crimen. Traen violadores. Y algunos, supongo, son buena gente’.

En este sentido, Europa aún difiere de la evolución en otros lugares. La retórica de la igualdad de género ocupa un papel más central para las estrategias de movilización de las corrientes políticas nativistas en Europa que en otras regiones. Es probable que esta diferencia se entienda en términos de la menor importancia del electorado religioso y del papel que desempeña la religión en los países de la Unión Europea en general, es decir, como un marcador cultural más que como un signo de devoción religiosa, en comparación con otras regiones del mundo.

Revisor de hechos: Hellen

Discriminación y Racismo en Sociología

Nota: Véase sobre el “Racismo en Sociología Política“, y asimismo acerca de la filosofía de la raza.

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Recursos

Notas y Referencias

Véase También

  • Androcentrismo
  • Empoderamiento
  • Feminismo
  • Teoría sociológica feminista
  • Género Binario de género
  • Roles de género
  • Rol instrumental Interseccionalidad
  • LGBTQ

Desempeño Institucional, Estructura Institucional, Guía de Fundamentos del Derecho e Instituciones Jurídicas Laborales, Instituciones Sociales, Nueva Institucionalidad, Regulación Institucional, Sistemas Sociales,
Discriminación, Discriminación Sexual, Sexismo, Sociología, Género, Construcción social del género, Género como construcción social, Género como construcción social en sociología, Género en sociología, Perspectiva funcionalista del género, Teorías de género, Definición sociológica de género, Teorias de genero en sociologia

Bibliografía

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5 comentarios en «Género como Institución Social»

  1. Este artículo anima a los sociólogos a estudiar el género como una institución social. Como se dice, ofrecerá un medio para vincular diversos trabajos teóricos y empíricos, y hará que la dinámica invisible del género y sus complejas intersecciones con otras instituciones sean más evidentes y estén sujetas a un análisis crítico y al cambio.

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  2. Reenvío: (Explicado) ‣ Todo sobre Ideología de Género ‣ 2024 😀

    En cuanto a las ideologías de género que conllevan las religiones, no podemos hacer afirmaciones generalizadoras. Tanto dentro de las religiones como entre ellas, prevalecen diferentes ideas y prácticas sobre las relaciones de género y las normas de género, y éstas cambian con el tiempo como resultado de los debates internos de las religiones (véase también sobre la agencia femenina en este ámbito).

    Responder

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