Este texto se ocupa de burbuja, en un sentido financiero -que se da cuando el precio de unos activos (acciones, terrenos o casas) continúa subiendo por mayor tiempo de lo que la situación económica del momento parece justificar- y de las ciencias sociales, no del mundo físico o natural. El uso económico de “burbuja” es tan omnipresente que el uso literal original y el uso metafórico derivado se han fusionado, creando un término económico clave que se utiliza en nuevos ámbitos literales. Se pueden sugerir fácilmente definiciones de las burbujas en el contexto de la economía que han dejado atrás la metáfora. No todos los grupos reconocibles, en tanto que grupos, son necesariamente burbujas, sino sólo aquellos que muestran la insularidad cerrada y cerrada que los convierte en tales. Un espécimen adecuado de este tipo peculiar de burbuja nos resulta familiar a través de otra metáfora: la “torre de marfil”. La “torre de marfil” es una verdadera etiqueta con conocidas raíces históricas en la Biblia, la literatura y los mitos urbanos. Apunta a la desvinculación consciente, incluso intencionada, de la academia intelectual del mundo real y, de hecho, conlleva una clara connotación peyorativa de elitismo. A veces la torre de marfil se identifica más con las Humanidades que con las ciencias naturales o duras, pero es más común la referencia al mundo académico en general.