Hasta los años 70-80, muchos estudiosos asumían erróneamente que los cambios en la paternidad eran lineales y progresivos. Por ejemplo, la historia familiar temprana enfatizaba que las familias campesinas eran extendidas y gobernadas por patriarcas severos, mientras que las sociedades de mercado producían familias nucleares, matrimonios acompañados y padres involucrados. De hecho, las pautas históricas de la paternidad han respondido a una compleja serie de fuerzas sociales y económicas, que varían considerablemente entre regiones, periodos de tiempo y grupos étnicos o culturales. Aunque es útil identificar cómo el trabajo y la producción de los hombres han configurado su estatus público y privado, las relaciones familiares reales han sido diversas, y los ideales de paternidad han seguido trayectorias diferentes en distintas regiones de un mismo país. En la década de 1990, los investigadores también empezaron a examinar cómo el ideal moderno del nuevo padre conllevaba mensajes ocultos sobre la clase y la raza, y algunos sugirieron que la imagen del padre sensible e implicado era un nuevo icono de clase/étnico porque diferenciaba a los padres de clase media de los de clase trabajadora y minorías étnicas, que presentaban una imagen más masculina. Otros sugirieron que los estilos de paternidad sensibles o andróginos de los nuevos padres podrían provocar una confusión de identidad de género en los hijos.