Europa ha adoptado un enfoque amplio de los derechos de privacidad de los datos, otorgando a los ciudadanos fuertes derechos de privacidad que regulan de manera estricta el uso empresarial de la información personal de los consumidores. En muchas partes de Europa están prohibidas las intrusiones en la privacidad que los estadounidenses han llegado a dar por sentadas. Por ejemplo, no se puede recopilar información personal sin el permiso de los consumidores, y éstos tienen derecho a examinar los datos y corregir las inexactitudes; las empresas que procesan los datos deben registrar sus actividades con el gobierno; los empresarios no pueden leer el correo electrónico privado de los trabajadores; y la información personal no puede ser compartida por las empresas o a través de las fronteras sin el permiso expreso del interesado. Mientras que los estados europeos dependen de los organismos de protección de datos para vigilar el comportamiento de las empresas, la principal autoridad reguladora de los Estados Unidos, la Comisión Federal de Comercio se basa principalmente en decretos de consentimiento e instrumentos de autorregulación para configurar el comportamiento de las empresas. Esta diferencia refleja en parte una divergencia en las fuentes de desconfianza de los ciudadanos. Los europeos reservan su más profunda desconfianza para las corporaciones, mientras que los estadounidenses están mucho más preocupados por la invasión de su privacidad por parte de su gobierno. Reflejando la desconfianza de los estadounidenses hacia la autoridad gubernamental, los estadounidenses están mucho más preocupados por limitar los intentos del gobierno de invadir la privacidad individual.