Benito Mussolini
Hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Mussolini ejerció una poderosa atracción sobre las masas, así como sobre numerosas personalidades extranjeras (Churchill, Roosevelt, Gandhi…). Su popularidad en Italia se debía a su fuerte presencia física, a su talento como orador y al sentimiento de que él, al igual que quienes le aclamaban, era un hombre del pueblo. En la dirección de los negocios, es extremadamente flexible e infaliblemente oportunista. Pero carece de sentido de la síntesis y pierde mucho tiempo resolviendo cuestiones de detalle. Es cierto que tiene un grandioso proyecto global, destinado a hacer de Italia una gran potencia, heredera del Imperio Romano. Pero se trataba de un programa bastante vago, una metáfora destinada a movilizar a los italianos para crear una nueva sociedad, un “hombre nuevo”, cuyo advenimiento debía preparar el partido fascista, que dependía estrechamente de él, pero cuyo papel era cada vez mayor en vísperas de la guerra.