La cultura contemporánea, que en su reflexión teórica y en su praxis cotidiana gravita en torno al valor y al significado de la persona humana, está profundamente marcada por dos polarizaciones contradictorias. Por una parte, la creciente parcelación del saber científico, que se traduce en un ansia de comprensión exhaustiva de todos los detalles de la experiencia humana; por otra parte, la pérdida de la visión unitaria del hombre, que se transforma en una exigencia que impulsa a encontrar de nuevo el punto de observación y el grado de reflexión capaces de garantizar un redescubrimiento del hombre enriquecido por la aportación del conocimiento científico actual. Las conexiones entre los aspectos metafísicos y los personalistas del ethos, entre las argumentaciones deontológicas y las teleológicas, entre el nivel moral y el premoral de los contenidos éticos habrá que contemplarlas en un horizonte teológico.