Las personas influyentes en las redes sociales están ampliando su alcance en la sociedad estadounidense, desempeñando papeles que van desde empresarios hasta musas y líderes de opinión. Publican en Instagram y otras redes sociales para promocionar productos, y para estimular conversaciones sobre todo tipo de temas, desde el movimiento Black Lives Matter hasta la moda. El sector de los influencers está experimentando un crecimiento explosivo y se espera que tenga un valor de casi 15.000 millones de dólares en 2022, mientras que los principales influencers con un millón de seguidores o más pueden recibir 250.000 dólares por publicación. Pero los críticos afirman que el sector se enfrenta a numerosos retos, como su dependencia de los algoritmos, que pueden perpetuar los prejuicios; el escepticismo sobre el compromiso de las empresas con la diversidad racial y cultural en un momento de ajuste de cuentas racial; y los problemas éticos derivados de que algunos influencers inflen el número de sus seguidores. Un estudio reveló que el uso de seguidores falsos por parte de los influencers costó a las marcas 1.300 millones de dólares en 2019. Algunos influencers, a su vez, se quejan de que las empresas los explotan y censuran sus publicaciones mientras microgestionan sus actividades. Muchos se están sindicalizando. ¿Pueden seguir dando forma a la cultura mundial, incluida la latinoamericana, europea y estadounidense?