El contrato de fianza cumple una función de garantía, en cuanto que tiende a dar una seguridad a un acreedor frente al deudor. En contraste con la minuciosa regulación civil del contrato de fianza, los Códgos de comercio no suelen ocuparse de la fianza mercantil y los que lo hacen (español, argentino, chileno) le dedican muy pocos preceptos, de manera que han de aplicarse en gran parte las reglas de la fianza civil. El Código de comercio español no define el contrato de fianza mercantil, sino que se limita a señalar que «será reputado mercantil todo afianzamiento que tuviere por objeto asegurar el cumplimiento de un contrato mercantil, aun cuando el fiador no sea comerciante» (art. 439). El carácter mercantil viene, pues, determinado por la naturaleza de la obligación asegurada. La accesoriedad de la fianza se desprende de todas las definiciones legales (Código de comercio francés, art. 2.011; italiano, art. 1.936; alemán, art. 765; español, art. 1.822, transcrito literalmente por los de Guatemala y Honduras, etc.) y en algunos de ellos incluso se proclama expresamente (así en los Código de comercio de Argentina, art. 2.020; Colombia, art. 2.361; Chile, art. 2.335; Ecuador, artículo 2.317). El Código de comercio austriaco cuida especialmente de distinguir entre la posición del fiador y la del codeudor solidario.