Para la mayoría de los escritores sociológicos, el liderazgo (véase también carisma) es el ejercicio de poder o influencia en colectividades sociales, como grupos, organizaciones, comunidades o naciones. Este poder puede dirigirse a cualquiera o todas las tres funciones muy generales y relacionadas: establecer los objetivos, propósitos u objetivos de la colectividad; creando las estructuras a través de las cuales se cumplen los propósitos de la colectividad; y manteniendo o mejorando estas estructuras. Los estudios sociológicos han enfatizado la última función, en parte porque parece más susceptible de investigación empírica, particularmente en entornos burocráticos, donde se lleva a cabo gran parte de la investigación sobre liderazgo. Este énfasis ha implicado un interés en el papel del liderazgo (véase también carisma) en el mantenimiento de la integridad y la viabilidad de la colectividad contra las amenazas, tanto internas como externas, en el mantenimiento del orden y la unidad colectivos, en minimizar la disensión y el conflicto, y en motivar a los miembros y fomentar su aceptación de La colectividad, de sus objetivos, y del propio liderazgo. Por lo tanto, la mayoría de las teorías de liderazgo (véase también carisma) son conservadoras en el sentido de que están dirigidas al mantenimiento de los sistemas sociales en lugar de a su cambio. Aunque este no es un énfasis exclusivo, es consistente con una preocupación importante en la sociología contemporánea con los problemas del orden social y la estabilidad.