Este texto se ocupa de la financiación a largo plazo. La financiación a largo plazo implica la elección entre deuda (bonos) y capital (acciones). Cada empresa elige su propia estructura de capital, buscando la combinación de deuda y acciones que minimice los costes de obtención de capital. A medida que varían las condiciones del mercado de capitales, la estructura de capital deseada por la empresa cambiará en consecuencia. Cuanto mayor sea la proporción de deuda en la estructura de capital (apalancamiento), mayor será el rendimiento de los fondos propios, y en el texto se explica el porqué. Las garantías de compra de acciones se entregan con los bonos o las acciones preferentes como incentivo para el inversor, ya que permiten la compra de acciones ordinarias de la empresa a un precio determinado en cualquier momento. Estos privilegios de opción facilitan a las pequeñas empresas la venta de bonos o acciones preferentes. Ayudan a las grandes empresas a sacar a bolsa nuevas emisiones en condiciones más favorables de las que podrían obtener de otro modo. Cuando los tenedores de bonos ejercen los derechos de conversión, el coeficiente de endeudamiento de la empresa se reduce porque los bonos se sustituyen por acciones.