Los productos básicos energéticos están constantemente en el centro de los intereses financieros y geopolíticos mundiales. El efecto multiplicador de los productos básicos energéticos en la producción eléctrica, agrícola e industrial hace que sea necesario protegerse de los riesgos asociados a los precios de la energía. Esto se aplica no solo a los productores y usuarios de energía, sino también a las instituciones financieras y a un amplio espectro de actores de diferentes industrias. Desde la perspectiva de la modelización financiera es difícil tratar los productos básicos energéticos como una única clase de activos, ya que sus especificidades y sus respectivos mercados difieren considerablemente. Las principales diferencias se refieren a la influencia de la geopolítica (más detalles sobre relaciones internacionales y las tensiones geopolíticas en nuestra plataforma), las cuestiones ecológicas, los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de almacenamiento, las cuestiones de seguridad, la distancia espacial entre los lugares de producción y consumo y la dispersión geográfica. Por estas razones, los productos básicos energéticos suelen presentar una mayor volatilidad, colas más gruesas y una mayor asimetría en comparación con los activos financieros clásicos. La cobertura contra las variaciones de los precios de la energía es igualmente importante para los compradores y los vendedores/productores de energía, que protegen sus empresas contra el aumento y/o la disminución de los precios de la energía, como lo es para el sector financiero, en el que los productos básicos sirven como un vehículo de inversión alternativo.