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Gestión de los Recursos de Información

comunicación

La aparición de la gestión de los recursos de información refleja las consecuencias e influencias de la era digital y las transformaciones socioeconómicas relacionadas dentro de la administración pública. Al analizar las funciones y responsabilidades contemporáneas asociadas ahora a la gestión de los recursos de información en el contexto de la administración pública y el gobierno, queda claro que la creación, captura, gestión y conservación continuas de documentación auténtica y fiable se han convertido en componentes esenciales de la rendición de cuentas administrativa del siglo XXI que corresponden a una gobernanza transparente, una administración departamental eficaz, así como una prestación eficiente de programas y servicios a los ciudadanos a través de empresas de beneficio público. Hoy en día, la producción y conservación abiertas y accesibles de los documentos y registros del Estado y de su administración pública -en particular en lo que se refiere a la elaboración de políticas, la toma de decisiones y las relaciones interactivas entre los ciudadanos y la maquinaria del gobierno- son cada vez más importantes para la consecución y el mantenimiento de un consenso democrático regido por el Estado de derecho.

Normativa de la Sociedad de la Información

modernización, cripto

Sociedad de la Información es una sociedad que ya no se basa principalmente en la producción de bienes materiales, sino en la producción de conocimientos; estrechamente ligada al auge de la tecnología de la información. En este texto se examina seis concepciones analíticamente separables de la sociedad de la información. Se ha argumentado que todas son sospechosas en mayor o menor grado, hasta el punto de que la idea de una sociedad de la información no puede sostenerse. En cada caso, los criterios de definición son imprecisos y vagos. Además, la afirmación de que la sociedad de la información marca una profunda transformación en nuestros modos de vida no puede apoyarse en los índices cuantitativos que se suelen proponer. No cabe duda de que, en los países avanzados, las tecnologías de la información y la comunicación son ahora omnipresentes y que la información ha crecido en importancia económica, como sustancia de gran parte del trabajo, y en cantidades de producción simbólica. Pero la idea de que todo esto podría señalar el cambio hacia una nueva sociedad, una sociedad de la información, es errónea. De hecho, lo que más llama la atención son las continuidades de la época actual con los acuerdos sociales y económicos anteriores, ya que los desarrollos informativos están fuertemente influenciados por las limitaciones y prioridades familiares. La explosión de la información no ha producido un cambio radical en la forma en que se organizan las sociedades industriales, ni en la dirección en que se han movido. Los imperativos del beneficio, el poder y el control parecen tan predominantes ahora como lo han sido nunca en la historia del industrialismo capitalista. La diferencia radica en el mayor alcance e intensidad de sus aplicaciones, no en ningún cambio en los propios principios. Resulta irónico que la concepción más persuasiva de una sociedad de la información, la que se centra en el papel del conocimiento teórico, sea la menos sugerida por los partidarios de la sociedad de la información. En la sociedad de la información, los autores desempeñan un papel central, y aquí se desarrolla su protección.

Sociedad de la Información

Sociedad de la Información es una sociedad que ya no se basa principalmente en la producción de bienes materiales, sino en la producción de conocimientos; estrechamente ligada al auge de la tecnología de la información. En este texto se examina seis concepciones analíticamente separables de la sociedad de la información. Se ha argumentado que todas son sospechosas en mayor o menor grado, hasta el punto de que la idea de una sociedad de la información no puede sostenerse. En cada caso, los criterios de definición son imprecisos y vagos. Además, la afirmación de que la sociedad de la información marca una profunda transformación en nuestros modos de vida no puede apoyarse en los índices cuantitativos que se suelen proponer. No cabe duda de que, en los países avanzados, las tecnologías de la información y la comunicación son ahora omnipresentes y que la información ha crecido en importancia económica, como sustancia de gran parte del trabajo, y en cantidades de producción simbólica. Pero la idea de que todo esto podría señalar el cambio hacia una nueva sociedad, una sociedad de la información, es errónea. De hecho, lo que más llama la atención son las continuidades de la época actual con los acuerdos sociales y económicos anteriores, ya que los desarrollos informativos están fuertemente influenciados por las limitaciones y prioridades familiares. La explosión de la información no ha producido un cambio radical en la forma en que se organizan las sociedades industriales, ni en la dirección en que se han movido. Los imperativos del beneficio, el poder y el control parecen tan predominantes ahora como lo han sido nunca en la historia del industrialismo capitalista. La diferencia radica en el mayor alcance e intensidad de sus aplicaciones, no en ningún cambio en los propios principios. Resulta irónico que la concepción más persuasiva de una sociedad de la información, la que se centra en el papel del conocimiento teórico, sea la menos sugerida por los partidarios de la sociedad de la información.

Democracia en la Era Digital

El ecosistema de medios políticos americanos (pero en cierta medida la tendencia en buena parte de Europa es similar) figura en los discursos sobre política nacional en general y sobre política presidencial en particular. Ha demostrado que Internet no tiene un efecto único en la democracia, los medios de comunicación, o la capacidad de la gente para distinguir la verdad de la ficción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). En cambio, “Internet” es realmente parte integrante de dos ecosistemas de medios de comunicación muy diferentes, uno de los cuales responde a los peores temores de quienes critican los efectos de la Internet en la democracia y el otro combina la atención prestada a los medios profesionales que siguen ejerciendo un periodismo restringido por las normas con diversos medios de movilización, que cuestionan el establecimiento de programas y ponen en tela de juicio la narrativa de los medios de comunicación dominantes. Estas conclusiones sugieren que la introducción misma de Internet y los medios sociales no ejerce por sí misma presión sobre la democracia como tal, pero también implican que no hay una solución fácil para la crisis epistémica en los países donde existe un entorno hiperpartidista y rico en propaganda.

Falsa Narrativa

Este texto presenta un modelo de la interacción de los medios de comunicación, los políticos y el público con énfasis en la tensión entre la búsqueda de la verdad y las narrativas que confirman las identidades partidistas. Este modelo se utiliza para describir la emergencia y la mecánica de un ecosistema de medios insulares y cómo pueden coexistir dos ecosistemas de medios fundamentalmente diferentes. En una de ellas, las narrativas falsas que refuerzan la identidad partidista no solo florecen, sino que desplazan a las narrativas verdaderas incluso cuando éstas son presentadas por personas con información privilegiada. En el otro, las narrativas falsas son probadas, confrontadas y contenidas por diversas salidas y actores que operan en una dinámica de normas orientadas a la verdad. [rtbs name=”verdad”]

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