El concepto de derecho natural se originó en los griegos y recibió su formulación más importante en el estoicismo. Los estoicos creían que los principios morales fundamentales que subyacen en todos los sistemas legales de las diferentes naciones eran reducibles a los dictados del derecho natural. Esta idea cobró especial importancia en la teoría jurídica romana, que con el tiempo llegó a reconocer un código común que regulaba la conducta de todos los pueblos y que existía junto a los códigos individuales de lugares y tiempos específicos (ver derechos naturales). Filósofos cristianos como Santo Tomás de Aquino perpetuaron esta idea, afirmando que el derecho natural era común a todos los pueblos -cristianos y no cristianos por igual- y añadiendo que la ley revelada daba a los cristianos una guía adicional para sus acciones. En los tiempos modernos, la teoría del derecho natural se convirtió en la base principal para el desarrollo de la teoría del derecho internacional por Hugo Grotius. En el siglo XVII, filósofos como Spinoza y G. W. von Leibniz interpretaron el derecho natural como la base de la ética y la moralidad; en el siglo XVIII, las enseñanzas de Jean Jacques Rousseau, especialmente las interpretadas durante la Revolución Francesa, hicieron del derecho natural una base para los principios democráticos e igualitarios. La influencia de la teoría del derecho natural disminuyó mucho en el siglo XIX bajo el impacto del positivismo, el empirismo (véase) y el materialismo. En el siglo XX, pensadores como Jacques Maritain vieron en el derecho natural una necesaria oposición intelectual a las teorías totalitarias. Los orígenes del derecho natural residen en el pensamiento de los filósofos y juristas del mundo antiguo. Estaban convencidos de que había reglas para el comportamiento humano basadas en normas objetivas y eternas.