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Conflictos Interculturales

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Los Conflictos Interculturales

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre los conflictos interculturales. Nota: Puede ser de interés los siguientes contenidos:

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Los Conflictos Interculturales

“Cultura” se refiere a conjuntos compartidos de significados, normas, expectativas, percepciones, roles, categorías, interpretaciones y modos de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La cultura da forma a la visión que uno tiene de la realidad, y es la cultura compartida la que permite a las personas asumir que comparten la misma realidad.

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Las interacciones entre personas de diferentes culturas pueden estar plagadas de dificultades y malentendidos, especialmente cuando los participantes no reconocen que efectivamente ocupan realidades diferentes. Para poder relacionarse de manera efectiva, los actores culturalmente diversos deben desarrollar una microcultura compartida.

Kimmel, en la obra colectiva “El Manual de Resolución de Conflictos: Teoría y Práctica”, comienza explicando algunos de los conceptos básicos utilizados en el estudio de la comunicación intercultural. La cultura subjetiva se refiere a las normas, percepciones, expectativas, etc., de un individuo; se refiere a su mentalidad (generalmente inconsciente). La cultura subjetiva de una persona sirve como una pantalla interpretativa por la cual ella da sentido al mundo exterior. La gente adquiere su cultura subjetiva a través de la socialización, y esa mentalidad llega a parecer la forma natural, normal y correcta de ver el mundo. Lo que en realidad son normas culturales particulares es simplemente sentido común. Otras maneras de interpretar el mundo exterior, cuando incluso se reconoce su existencia, son descartadas como erróneas o inferiores. Los individuos llegan a identificarse con la cultura común más amplia que dio origen a su modo de pensar. Desarrollan una identidad cultural.

Dado que la mentalidad propia parece normal y natural, a la mayoría de las personas les resulta difícil aceptar que otros puedan tener mentalidades muy diferentes. La mayoría de la gente asume que los demás piensan en términos generales de la misma manera que ellos. Cuando el comportamiento de otra persona no se ajusta a nuestras nociones de comportamiento “normal”, generalmente asumimos que esa persona se está comportando mal, de manera irrazonable o incluso mala. El error de atribución se refiere a la tendencia a atribuir el comportamiento “inapropiado” a rasgos de carácter negativos, más que a diferencias situacionales o culturales. Estos supuestos rasgos de carácter negativos suelen reflejar nuestros propios estereotipos culturales.

Los métodos de razonamiento, evaluación y decisión difieren de una cultura a otra. Algunas culturas favorecen el razonamiento intuitivo basado en principios y precedentes, mientras que otras se basan en la observación y el razonamiento conceptual basado en la experiencia. Difieren en la tolerancia a la incertidumbre y en lo que consideran información válida.

Las culturas también difieren en su estilo de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Las culturas de alto contexto dependen del contexto para transmitir la mayor parte de la información, con relativamente poca información transmitida por el mensaje real. Las culturas de contexto bajo transmiten la mayor parte de la información dentro del mensaje, con muy poca importancia dada al contexto.

Más Información

Los oyentes de contexto bajo a menudo se pierden el contenido completo de la comunicación de contexto alto, mientras que los oyentes de contexto alto pueden leer en más contenido que el que un orador de contexto bajo pretende.

Con la formación, las personas pueden aprender a comunicarse eficazmente a través de las diferencias culturales. Los niveles de conciencia cultural van desde el chovinismo cultural y el etnocentrismo, pasando por la tolerancia y los intentos de minimizar las diferencias, hasta la comprensión de que existen diferencias fundamentales, aunque explicables, entre las culturas. Los estudiantes necesitan aprender cómo aprender sobre las diferencias culturales. Para ello, alguien que entienda su cultura y las otras culturas en cuestión “debe enseñarles habilidades menos específicas de la cultura”. Los ejercicios de interpretación de roles interculturales pueden ayudar a las personas a reconocer sus propias suposiciones culturales, aumentar su nivel de conciencia cultural y aprender cómo aprender sobre las diferencias culturales. El objetivo es permitir que la gente comprenda otras culturas, cambie su propia mentalidad cultural y cree microculturas para mantener una comunicación efectiva.

El autor examina las implicaciones de las diferencias culturales para la gestión de conflictos. La resolución de problemas se beneficia de tener una amplia gama de perspectivas disponibles. La formación intercultural ayuda a los negociadores a comprender las diferentes perspectivas de los demás. Las microculturas se benefician de la inclusión de elementos de diversos tipos culturales. La comunicación conceptual de bajo contexto es mejor para transmitir información, mientras que la comunicación de alto contexto es más apropiada para la construcción de relaciones.

Las discusiones entre personas que pueden cambiar su mentalidad cultural adoptan la forma de controversias constructivas, en las que las partes tratan de presentar claramente sus propios valores y suposiciones, y de entenderlos en relación con los intereses de la otra parte. La controversia constructiva entre miembros de diferentes culturas requiere una exploración intercultural y promueve la construcción de la paz. La construcción de la paz exige modestia y gracia, y sigue la Regla de Platino: “Haz a los demás lo que harían por sí mismos si pudieran”.

Kimmel advierte contra la confianza inapropiada en modelos teóricos de necesidades humanas esenciales. El mayor peligro de ignorar el impacto de la propia cultura cuando se construye una teoría para explicar el comportamiento humano reside -explica- en la promoción de las “propias creencias culturales hasta el estatus de conocimiento científico formalizado”. Argumenta que la mayoría de los conflictos internacionales se basan en diferentes puntos de vista sobre la naturaleza de la realidad social, es decir, en la diferente comprensión que tienen las diferentes culturas de sus necesidades y del mundo que las rodea.

Revisor: Lawrence

Los Conflictos Interculturales

Durante cuarenta años, entre 1981, cuando el republicano Ronald Reagan asumió la presidencia, y 2021, cuando lo hizo el demócrata Joe Biden, los republicanos operaron bajo la teoría de que la mejor manera de dirigir el país era que el gobierno se mantuviera al margen de las fuerzas del mercado. La idea era que si los individuos podían acumular tanto dinero como fuera posible, invertirían de forma más eficiente en la economía que si el gobierno regulaba los negocios o recaudaba impuestos para invertir en infraestructuras públicas y educación pública. El crecimiento de la economía se traduciría en mayores ingresos fiscales, lo que permitiría a los estadounidenses tener tanto impuestos bajos como servicios gubernamentales, y la prosperidad se extendería a todo el mundo.

Pero el sistema nunca funcionó como se había prometido. En cambio, durante ese período de 40 años, los republicanos aprobaron recortes masivos de impuestos bajo Reagan, George W. Bush y Trump, y recortaron drásticamente las regulaciones. Una nueva interpretación de las leyes antimonopolio articulada por Robert Bork en la década de 1980 permitió una consolidación dramática de las corporaciones, mientras que la membresía en los sindicatos disminuyó. El resultado fue que hasta 50 billones de dólares pasaron del 90% más pobre de los estadounidenses al 1% más rico.

Para mantener a los votantes a bordo del programa que estaba vaciando la clase media, los republicanos hicieron hincapié en las guerras culturales, atacando duramente el racismo y el sexismo al afirmar que los impuestos habían sido diseñados por los demócratas para dar a las minorías y a las mujeres que no se lo merecían limosnas del gobierno y prometiendo a sus votantes evangélicos que anularían la decisión del Tribunal Supremo de 1973 en el caso Roe contra Wade, que reconocía el derecho constitucional al aborto. Los que buscaban recortes fiscales y desregulación empresarial dependían de que los guerreros de la cultura y los evangélicos blancos les proporcionaran los votos necesarios para mantenerse en el poder.

Pero la elección del demócrata Barack Obama en 2008 demostró que los argumentos republicanos ya no eran lo bastante eficaces para elegir presidentes republicanos. Así que en 2010, con la decisión Citizens United contra la Comisión Federal de Elecciones, el Tribunal Supremo liberó a las corporaciones para verter dinero ilimitado en las elecciones estadounidenses. Ese año, en el marco de la Operación REDMAP, los republicanos se esforzaron por dominar las legislaturas estatales para poder controlar la redistribución de distritos en el marco del censo de 2010, lo que dio lugar a gerrymanders partidistas extremos que otorgaron a los republicanos un control desproporcionado. En 2013, la decisión del Tribunal Supremo en el caso Shelby County contra Holder dio luz verde a la supresión de votantes en la que los republicanos llevaban trabajando desde 1986.

Aun así, en 2016 no estaba nada claro que las amenazas culturales, el gerrymandering y la supresión de votantes fueran suficientes para elegir a un presidente republicano. La gente lo olvida ahora por todo lo que ha venido después, pero en 2016, Trump ofreció no solo el racismo y el sexismo que los republicanos habían servido durante décadas, sino también un programa económico más moderado que el de cualquier otro republicano que se presentara ese año. Abogó por cerrar las lagunas jurídicas que permitían a los estadounidenses ricos evadir impuestos, por una sanidad más barata y mejor que la que los demócratas habían proporcionado con la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible (también conocida como Obamacare), por devolver la industria manufacturera a Estados Unidos y por abordar el largo retraso de las reparaciones necesarias en nuestras carreteras y puentes mediante un proyecto de ley de infraestructuras.

Pero una vez en el cargo, Trump tiró por la borda el populismo económico y resucitó el énfasis republicano en los recortes fiscales y la desregulación. Su ley estrella fueron los recortes fiscales de 2017 para las empresas y los ricos, con un coste de al menos 1,9 billones de dólares en diez años. Al mismo tiempo, Trump siguió alimentando a su base con racismo y sexismo, y después de la manifestación Unite the Right en Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017, recurrió cada vez más a su base nacionalista blanca para apuntalar su poder. El 6 de enero de 2021, utilizó esa base para intentar anular los resultados de las elecciones presidenciales de 2020.

Los senadores republicanos se negaron entonces a condenar a Trump por ese intento en su segundo juicio político, aparentemente con la esperanza de que desapareciera. En lugar de ello, su aquiescencia con su comportamiento le ha permitido seguir impulsando la Gran Mentira de que ganó las elecciones de 2020. Pero para volver al poder, Trump se ha alejado cada vez más de los republicanos del establishment y en su lugar ha entregado el partido a sus soldados de infantería de la guerra cultural y nacionalistas cristianos. Ahora Trump se ha hecho con el control del propio Comité Nacional Republicano, y sus partidarios amenazan con entregar la nación a los guerreros de la cultura, que se preocupan mucho más por su ideología que por los recortes fiscales o la desregulación.

El extremismo de la base de Trump es enormemente impopular entre los votantes en general. Lo más significativo es que Trump atendió a su base evangélica blanca nombrando a jueces del Tribunal Supremo que anularían Roe contra Wade, y en 2022, cuando el tribunal lo hizo, el perro cogió el coche. Los estadounidenses apoyan abrumadoramente las libertades reproductivas, y los republicanos están siendo machacados por las prohibiciones extremas del aborto ahora operativas en estados dominados por los republicanos. Ahora Trump y varios republicanos han intentado dar marcha atrás en sus posiciones antiabortistas, enfureciendo a los activistas antiabortistas.

Es difícil ver cómo el Partido Republicano puede atraer al mismo tiempo a la base de Trump y a los votantes en general.

Esa división debilita drásticamente a Trump políticamente, mientras que personalmente se encuentra en una posición cada vez más precaria. Por supuesto, irá a juicio el lunes 15 de abril por presuntos delitos cometidos al interferir en las elecciones de 2016. Al mismo tiempo, la fianza de apelación de 175 millones de dólares que depositó para cubrir la sentencia en su juicio por fraude empresarial ha sido cuestionada y debe ser justificada antes del 14 de abril. El tribunal ha programado una vista sobre la fianza para el 22 de abril. Y su actuación en mítines y actos privados ha sido inestable.

Parece una caña inestable de la que colgar un partido político, sobre todo porque sus republicanos MAGA han demostrado ser incapaces de gestionar la Cámara de Representantes y cada vez se les tacha más de títeres rusos por sus ataques a la ayuda a Ucrania.

Sin embargo, independientemente del futuro de Trump, la era Reagan ha terminado.

En 2024, la administración Biden ha rechazado deliberadamente la ideología económica que concentraba la riqueza en el 1%. Bajo su mandato, el Gobierno federal ha trabajado para poner el dinero en manos de los estadounidenses de a pie en lugar de en las de los muy ricos. Con los demócratas y, en ocasiones, con algunos republicanos, han aprobado leyes para apoyar a las familias, han dedicado recursos a garantizar que las personas con deudas estudiantiles reciban las condiciones correctas de sus préstamos (aliviando así a un número significativo de estadounidenses) y han invertido en la industria manufacturera, las infraestructuras y la lucha contra el cambio climático. También han apoyado a los sindicatos y han vuelto a una definición más antigua de la ley antimonopolio, demandando a Microsoft, Amazon y Apple y permitiendo que el gobierno federal negocie con las empresas farmacéuticas los precios de los medicamentos.

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Su sistema ha funcionado, al menos entre los años 2022 y 2024. Bajo la administración Biden, Estados Unidos ha tenido tasas de desempleo por debajo del 4% durante 26 meses, la racha más larga desde la década de 1960. Los salarios del 80% de los estadounidenses con menos ingresos han aumentado más rápidamente que la inflación, reduciendo la enorme disparidad entre ricos y pobres que han generado las políticas de los últimos 40 años.

En abril de 2024, en una entrevista con la prensa, el presidente de United Auto Workers, que negoció nuevos contratos sindicales históricos con los tres grandes fabricantes de automóviles del país, explicó que el mundo ha cambiado: “Los trabajadores se han dado cuenta de que les han estado jodiendo durante décadas, y están hartos”.

Política Exterior

En marzo de 1990, la revista Playboy publicó una larga entrevista con un magnate inmobiliario de Manhattan de 43 años que estaba a punto de abrir el casino más caro jamás construido, en Atlantic City, Nueva Jersey. Se jactaba de que su enorme ego era esencial para su éxito empresarial, pero lo que realmente llamaba la atención eran sus declaraciones sobre asuntos exteriores. En lugar de alegrarse de que el comunismo llegara a su fin, denunció al líder soviético Mijail Gorbachov por falta de firmeza en sus propósitos. Fue la dictadura china, por el contrario, la que captó su admiración. En la plaza de Tiananmen demostró cómo debe reaccionar una gran nación ante la disidencia interna: “Fueron despiadados, horribles, pero los reprimieron con fuerza. Eso demuestra el poder de la fuerza. Nuestro país se percibe ahora mismo como débil… como escupido por el resto del mundo”.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Este es el credo, o en todo caso el instinto, que ha guiado a Donald Trump durante su presidencia y sigue animando su retórica. Trump admira, incluso fetichiza, la fuerza. A sus ojos, las dictaduras son fuertes, a menos que sus líderes no tengan las agallas de utilizar su poder inherente. Trump también desdeña la debilidad, y para él, las democracias son débiles, a menos que sus líderes se hagan con poderes extrademocráticos. Más débiles aún son las alianzas de democracias, en las que las naciones más pequeñas inevitablemente estafan y constriñen a las más grandes. Los más débiles de todos son los países empobrecidos (véase “shithole”) y los apátridas (refugiados, palestinos). Su idea de una política exterior inteligente es que Estados Unidos establezca mejores relaciones basadas en intereses mutuos con los países fuertes (dictatoriales) e imponga su voluntad a los débiles, o los ignore por completo.

En su presidencia, Joe Biden se ha guiado por un conjunto de principios totalmente distintos: el realismo liberal de la administración de Harry Truman, que trató de crear una preponderancia de poder para Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Esta tradición presume que las democracias tienen fortalezas inherentes sobre las dictaduras, que las alianzas con otras democracias son multiplicadores de fuerza, y que un sabio arte de gobernar implica tomar no sólo decisiones a sangre fría para proteger los intereses de Estados Unidos, sino también decisiones generosas que alivien la difícil situación de los débiles, para que sus problemas no se conviertan en los nuestros.

Las opiniones proautoritarias de Trump están vinculadas a una vieja corriente del pensamiento conservador estadounidense. Pero los asesores de seguridad nacional y política exterior que Trump incorporó a su administración no compartían en general, ni siquiera comprendían plenamente, sus puntos de vista proautoritarios, pues su orientación era más bien reaganiana. Por tanto, Trump se enfrentaba constantemente a quienes le rodeaban cuando intentaba hacer avanzar su agenda. Esto llevó a una toma de decisiones confusa, agravada por la impetuosidad e ignorancia naturales de Trump. Pocos presidentes han tenido tantos libros críticos escritos sobre ellos por personas que sirvieron en su administración como Trump, y un número desproporcionado de ellos fueron escritos por miembros clave de su equipo de política exterior.

Este patrón se manifestó con mayor intensidad en las relaciones de la administración con Rusia. Como ha quedado bien documentado, el régimen de Putin hizo todo lo posible para ayudar a Trump a salir elegido, y Trump le devolvió el favor en repetidas ocasiones durante su mandato. El 10 de mayo de 2017, un día después de despedir al director del FBI, James Comey, por investigar lo que Trump denominó “este asunto de Rusia”, invitó al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y al embajador, Serguéi Kislyak, al Despacho Oval, donde les divulgó información clasificada sobre el Estado Islámico. Poco más de un año después, en una cumbre en Helsinki, Trump se puso públicamente del lado de Putin frente a su propio FBI sobre las acusaciones de que Rusia se había entrometido en las elecciones de 2016. “El presidente Putin dice que no es Rusia”, declaró Trump. “No veo ninguna razón para que lo sea”.

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Incluso mientras Trump se arrimaba a Putin, su administración infligía numerosas sanciones a Rusia. Pero muchas de esas sanciones fueron forzadas a Trump por la ley estadounidense, y el presidente constantemente se puso de bruces al imponerlas. En abril de 2018, después de que el Kremlin desplegara el letal agente nervioso Novichok en Gran Bretaña contra el ex oficial de inteligencia militar ruso y doble agente Sergei Skripal y su hija Yulia, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a funcionarios rusos.

Revisor de hechos: Michael y Mox

Recursos

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Véase También

  • Historia Cronológica
  • Filosofía Multicultural
  • Criminología Cultural
  • Comunicación Cultural
  • Características del Multiculturalismo
  • Suicidio Cultural
  • Sociología Cultural
  • Pueblo Chleuh
  • Protección Internacional de los Bienes Culturales
  • Integración Socio-Cultural
  • Diversidad Cultural
  • Culturas Mediterráneas
  • Cultura en Filosofía
  • Antropología cultural, Investigación Social, Pluralismo Cultural

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    17 comentarios en «Conflictos Interculturales»

    1. Uno de los factores que ha dado pie de modo decisivo a los choques culturales ha sido la emigración. De ella se ocupa el autor de la Universidad de Oviedo, trazando un fresco ejemplar acerca de las causas y efectos de la emigración española, tema de rabiosa actualidad porque parece que la Historia ha cambiado el lugar ocupado por España (tierra tradicional de exportación) para convertirse en la actualidad en receptora de enormes contingentes de población procedentes de otras latitudes: la emigración. El examen de los condicionantes socioeconómicos que a lo largo de los siglos XIX y XX provocaron el éxodo de buena parte de la población española a la busca de un mejor futuro se complementa con breves comentarios y notas acerca de la legislación que acompañó todo ese proceso.

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    2. El mito de las tres culturas o de las tres religiones es examinado por un profesor de la Universidad de Córdoba, quien glosa el tratamiento de los judíos, musulmanes y cristianos en la Baja Edad Media a la luz de la legislación, las crónicas y noticias varias que ponen de relieve cuánto de mixtificación existía en la visión idílica de una España de la tolerancia, de la convivencia pacífica, de la armonía confesional, tópico acuñado, como se sabe, por Américo Castro frente a la postura más radical y beligerante de Sánchez-Albornoz. Las restricciones a la capacidad de las religiones minoritarias o sujetas al poder dominante, o las marginaciones impuestas ex lege manifiestan claramente la existencia subterránea de un componente racista que ocultaba odios sociales, políticos y culturales de muy diferentes signo (con los judíos con el nada complaciente título de comunidad más odiada), que no concluyen cuando se produce la unificación religiosa, sino que permanecen soterrados bajo otros perfiles (mudéjares, conversos o moriscos, por citar tres ejemplos). Milouda Hasnaoui, de la Universidad de Tetuán, en un libro, hace lo propio desde la perspectiva islámica explicando cuáles fueron los instrumentos empleados para garantizar esa coexistencia pacífica desde los tratados o alianzas de paz hasta los dictámenes de los juristas musulmanes.

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    3. Junto a las diferencias religiosas, las diferencias étnicas han sido también caldo de cultivo de violencias sociales. Un profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, se ocupa del tratamiento legislativo dispensado a los gitanos, desde su consideración inicial como extranjeros, pasando por la de vagos y maleantes, hasta su equiparación a los naturales. El caudal normativo, compilado en pp. 256-273, no es ni más ni menos la expresión, en palabras de la mencionada profesora, que la manifestación clara de la inexistencia de un voluntad de renuncia por ninguna de las dos partes puesto que “ni la sociedad quiso asimilar a los gitanos, ni ellos tuvieron disposición de integración”.

      El tema vasco, de rabiosa actualidad ante el nuevo embate de Ibarretxe a favor de su plan soberanista, ocupa el trabajo de la profesora Lourdes Soria Sesé, de la Universidad del País Vasco[9], quien desglosa dos de los elementos que han sido los pilares tradicionales sobre los que se apoya la construcción del mundo nacionalista: la hidalguía, como presupuesto histórico que marca la idiosincrasia, y la reacción contra el proceso de industrialización y la subsiguiente emigración, que eclosionan en el nacimiento del pensamiento de autoafirmación nacional, donde vuelve a aparece Sabino Arana, quien hábilmente juega con las herencias y sus propias aportaciones para erigir un mundo ideal e irreal de fuerte rechazo a la realidad histórica que le tocó vivir al País Vasco de finales del siglo XIX. No es, de todos modos, una línea intelectual novedosa. Como afirma a modo de conclusión la profesora Soria Sesé, se trata de dos concepciones, hidalguía y patriotismo, que del siglo XVI al XIX vertebran la configuración política de las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, pero que son “subsumibles en las corrientes de su época, con la particularidad de que, dentro del contexto español, ambas se radicalizan, extremándose”

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    4. José Francisco Gálvez, del Pontificia Universidad Católica del Perú[10], resume el tratamiento dispensado al indígena a lo largo de la dominación hispánica, para pasar después a analizar el reflejo de ese problema derivado del choque de culturas en el constitucionalismo decimonónico, centrándose en el caso del Perú (tangencialmente se alude a otros países americanos como México, Argentina o Ecuador) y en el nuevo marco que se produce como consecuencia de las disposiciones de la Organización Internacional del Trabajo (convenios 107 y 169). Un tránsito que ha permitido pasar de la homogeneidad al pluriculturalismo, aunque no se sepa muy bien qué es realmente el conjunto de los derechos indígenas que se tienen que respetar o ser objeto de reconocimiento. El conflicto ha adquirido un nuevo tono porque ya no se trata de afirmar esos derechos (una vez que se ha conseguido su reconocimiento), sino de precisar exactamente el contenido de los mismos, cuestión esta en la que entran una serie de consideraciones más amplias y diversas que afectan a la Antropología o la Sociología, no exclusivamente al universo jurídico.

      La profesora Magdalena Rodríguez Gil, de la Universidad de Extremadura[11], aporta nuevamente una visión histórica de la emigración, con referencia puntual a lo que acontece en el norte de África, describiendo su tipología, el entramado institucional y normativo que allí se crea, causas, efectos y consecuencias, en unas páginas plenas de Historia y, al mismo tiempo, de reflexión, auspiciada por citas a Joaquín Costa, Ángel Ganivet u Ortega, respecto al papel fallido que España dejó de desempeñar en el norte del continente africano. La mezcla del componente económico con un marco perfil ideológico de esta colonización, teñido de patriotismo, romanticismo y nostalgia, acerca de lo que pudo haber sido y no fue, tanto por la torpeza de los gobernantes patrios como por la presión de las dos grandes potencias coloniales del momento (Francia e Inglaterra).

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    5. Se retoma muchos de los aspectos esbozados por el profesor Pérez-Prendes en el trabajo inicial de este. Repasando grandes construcciones históricas o con un acentuado perfil histórico (el evolucionismo de Darwin, el marxismo –así como sus derivaciones o desviaciones-, las opiniones de Gehlen y el posthistoricismo, Fukuyama y el fin de la Historia, o Huntington y la vigencia de la idea de la Historia como proceso, que marcan claramente el papel decisivo que ha de jugar tanto la Historia como la historicidad del ser humano) y manejando expresiones o conceptos ya precisados (civilización como algo artificial, racionalizado; cultura como una suerte de vegetación interior, anímica e imaginaria), expone los grandes retos que el panorama internacional ha puesto ante nosotros, con ese nuevo orden mundial que conforma una suerte de asignatura pendiente. La religiosidad, el capitalismo, la recuperación del papel vertebrador de la Historia y de su sentido, etc., son cuestiones que han calado hondo pero que están lejos de resolver la compleja situación en la que esta embarcado el hombre actual. El sentido de una Historia, concebido desde un prisma profano o estético, con las representaciones famosas del círculo y de la línea, como ejemplos extremos de dos visiones diferentes del acontecer que nos circunda. Repetición o no, ese es el dilema que sirve para justificar el recurso al saber histórico. Goethe armonizaba el símil referido en al figura del cono, expresión del crecimiento y de la decadencia de las civilizaciones, de la unión de la línea y del círculo. Las concepciones cosmogónicas de la Historia, más ambiciosas, menos puntuales, como es el caso de los griegos, los chinos o los hindúes, defienden un creacionismo y una consecuente valoración cualificada del tiempo. El esquema cristiano prácticamente lo inunda todo. Precisamente una de las posibilidades, dice el autor en p. 379, de la deriva de la Historia puede proceder de la devolución a la misma de su carácter sagrado y su entrega en manos de los monoteísmos institucionalizados. El resultado no sería el choque o el conflicto, sino la guerra de religión, acaso la más feroz. Los riesgos del monoteísmo son evidentes: el dogmatismo y el fanatismo no son más que sus conclusiones lógicas. El llamado a la tolerancia y al respeto son, pues, necesidades inexcusables, cosa que no está siendo practicada por los Estados Unidos, líderes de ese nuevo orden mundial establecido. Porque a su fanatismo se opone otro no menos fuerte: el Islam. Pero no son los únicos. El cristianismo también ha jugado sus bazas con una mayor efectividad, teñida de sentimientos solidarios e igualitarios. Queda excluida así cualquier salida política porque “nada hay menos político que la religión” (p. 381): “Lo sagrado es violento, porque la verdad trascendente no puede discutirse y el que se escapa a sus límites no es el adversario de una parcialidad humana, sino el enemigo de Dios. Los dioses no negocian. El propio del hombre religioso la sumisión al orden de las cosas, que no ha sido obra de los humanos sino del mismo Creador. En la hondura natural del hombre donde opera lo religioso, el mantra de los hindúes que se da en cualquier confesión, hay una compacta unidad identitaria donde todo es igual a sí mismo y no llega el principio de contradicción, esencial a cualquier alternancia política” (pp. 381-382). No se trata de cercenar la dimensión religiosa del hombre, sino de reconducirla por otros cauces más saludables: preservar la religión de su institucionalización política, de su ingerencia y desvío en los asuntos propios de la relatividad de las cosas mundanas (p. 382). La solución pasa indefectiblemente por una recuperación del aura del Derecho Internacional. La guerra, eso está claro, no es la solución. Es preciso recuperar ese Derecho Internacional basado en el consenso, no en la imposición, en el diálogo, no en la fuerza: “Hay tratados y resoluciones, mas no hay una fuerza imperativa que los convierte en auténtica ley supranacional y sin ese imperium, según sabemos, no hay legalidad posible” (pp. 382-383). Ese panamericanismo que ha devenido en imperial y republicano, aunque le falte la ética imperialista: hegemonizan, dominan, someten, pero no colonizan porque salen de sus fronteras para volver a ellas y así “aseguran su perpetua condición de extranjeros, a menudo indeseables, que deben acudir a la belicosidad para permanecer donde les interesa” (p. 383). Un laicismo moderado, no excluyente, se deja traslucir en las páginas finales de este ensayo:

      “Tal vez la Europa comunitaria, todavía inoperante en la política internacional por falta de unidad en sus decisiones, e indecisa en materia de intervenciones forzosas, tenga un papel que desempeñar en la repolitización del mundo, dejando de lado esta ola aniquilante de guerras de religión que padecemos. La separación entre política y sacralidad, promovida desde una Europa que parece haber superado el culto a las deidades nacionales, madres de la guerra, puede conectarse con las tendencias comparables que hay entre los países sometidos a las dictaduras teocráticas que santifican la intolerancia y el suicidio. La tarea no es fácil ni cabe una confianza pueril en las soluciones permanentes y definitivas. La historia cierra siempre en falso sus puertas y cualquier vendaval de barbarie las puede volver a abrir. Pero no hay otra alternativa visible que jubile a los dioses en su aplastante labor de guerras perpetuas. Pues los dioses no negocian”

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    6. A mi también me gustaría que se derogara el impuesto a los ingresos de la seguridad social. De hecho, la seguridad social está siendo importantemente protegida por Biden, que junto con los demócratas quiere ampliarla y financiarla mejor incluyendo a los americanos más ricos. Por el contrario, Trump y cualquier republicano quiere bajar la cantidad que la gente puede recibir a un nivel de vida de subsistencia, y desangrarla de empleados para que la gente no pueda acceder a sus beneficios porque no pueden recibir ningún servicio o ayuda. Luego con el dinero que la seguridad social no paga a la gente que debería, lo quieren destinar a bajar el déficit para que sus clientes multimillonarios y millonarios y algunos que pronto serán trillonarios puedan ahorrar más en impuestos.

      Me gustaría que se derogara el impuesto a los ingresos de la seguridad social porque no tiene sentido gravar los ingresos de la Seguridad Social. Contribuimos al fondo de la Seguridad Social a través del “impuesto sobre la nómina” FICA. Ahora, al jubilarnos, algunas personas tenemos que pagar un impuesto sobre el dinero que aportamos al fondo de la Seguridad a través de los impuestos FICA sobre nuestros ingresos mientras trabajábamos. Esto parece una doble imposición.

      Una alternativa sería que nuestro Congreso asignara un gasto discrecional suficiente para cubrir cualquier déficit en los ingresos FICA disponibles debido a los cambios demográficos, en lugar de gravarnos dos veces por los mismos ingresos.

      Para las personas con pocos o ningún ahorro, el pago mensual medio de la Seguridad Social es exiguo. Los alquileres tienden a subir.

      Al menos un senador estadounidense ha abogado por aumentar el desembolso de la Seguridad Social.

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      • Según la mujer que habló con Democrats Abroad en un webinar sobre seguridad social para expatriados, el fondo en EEUU está actuarialmente fijado para los próximos 75 años. Es decir, se vigila cuidadosamente para asegurar que está en condiciones de cumplir con todas las obligaciones para los próximos 75 años. Que no es así son mentiras republicanas en las que los demócratas no deberían caer. Esa es la norma en Estados Unidos. En Alemania es sólo de 25 años, y la OCDE utiliza 45 años como norma actuarial. Aunque todavía no cobro la seguridad social, actualmente está fijada para cubrir toda mi vida. Sin embargo, eso solo si Trump y sus siervas del partido republicano no consiguen la mayoría necesaria para meterse con ella. Ahora mismo tiene un superávit acumulado de 2,8 billones de dólares. El dinero es extremadamente seguro si seguimos como hasta ahora. Lo que los republicanos intentan hacer constantemente e hicieron bajo Trump es 1) recortar beneficios, para que se necesite menos seguridad social y puedan transferirla para pagar el déficit (que irónicamente existe debido a las exenciones fiscales que Trump y otros republicanos han dado a los más ricos de entre nosotros para que tú y yo paguemos más impuestos que ellos). 2) Lo están privando de dinero para mantener a las personas que trabajan en la SSA para que sea difícil obtener ayuda para presentar reclamaciones y enderezar los problemas que les ahorra dinero también. Dinero que nosotros pagamos y al que no podemos acceder. Nos dijo que la SSA pasó de ser la mejor agencia gubernamental para trabajar a ser la peor, lo que significa rotación de personal, tiempo necesario para formar a los nuevos empleados, etc… que son costes y aumentan la ineficacia. 3) Nos dijo que los inmigrantes indocumentados a menudo pagan al sistema pero no reciben prestaciones, por lo que contribuyen a la salud del fondo. Por supuesto, esto es injusto y también debería abordarse. En general, los inmigrantes contribuyen en gran medida al fondo de la seguridad social y eso ayuda a estimular nuestra economía. Así pues, todos deberíamos escribir a nuestros políticos insistiendo en que aprueben una legislación que 1) amplíe las prestaciones de la seguridad social y 2) que exima de impuestos estos ingresos, 3) que incluya a todas las personas que cotizan a ella independientemente de su situación documental. Cuando consiga el video del webinar, pondré el enlace. Creo que estará en Youtube.

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        • Es por eso que muchos de nosotros hemos buscado lugares más baratos para vivir en la jubilación que en los EE.UU.. El inconveniente de vivir en el extranjero es que hasta ahora no se puede cobrar el medicare en el extranjero. Eso es otra cosa que hay que cambiar. Aún así, tenemos amigos que acaban de mudarse a Lisboa, Portugal, como “nómadas digitales”. Nos contaron, cuando les visitamos hace un par de semanas, que están afiliados al seguro nacional de enfermedad, que es gratuito. Actualmente está recibiendo atención de comadrona para su primer embarazo, que incluye ecografías. En Alemania se paga alrededor de lo que se pagaría por medicare por los planes de seguro de salud nacional a la tasa más baja. Sin embargo, es difícil entrar en el seguro nacional si no has estado aquí pagando todo el tiempo. Intentarán obligarte a contratar un seguro privado, cosa que no deberías hacer. Lo que es más barato en Alemania, excepto en un par de grandes ciudades como Hamburgo y Munich, es la vivienda. La comida también es mucho más barata. Los servicios públicos son caros, pero incluso los inquilinos pueden colgar paneles solares en sus balcones y conectarse a la red eléctrica como consumidores y proveedores, o para almacenar energía. Si no se insiste en tener coche propio, el transporte aquí es más barato en la mayoría de los sitios; el público es más que suficiente para llevarte adonde necesites con un billete mensual de Alemania, que también te lleva por todo el país. He oído que Francia está pensando en introducir el mismo plan mensual. Aún así, resulta chocante que actualmente no se pueda tener todo en EE.UU., a menos que se llegue a la gama alta con 2 ingresos, uno de los cuales desaparecerá cuando fallezca el cónyuge. Así pues, eso es algo que también habría que analizar, así como el hecho de que las empresas no ofrezcan pensiones, sino más bien oportunidades de inversión, de modo que tu dinero corre peligro toda tu vida a menos que lo inviertas en una renta vitalicia, que puede tener un rendimiento bajo.

    7. Además, todos los ingresos deberían estar sujetos a impuestos de la Seguridad Social, lo que mejoraría la solvencia del fondo. Como persona con amplios ahorros, no me opondría a la comprobación de recursos para las prestaciones, dejando los fondos como red de seguridad para quienes realmente los necesitan y permitiendo posiblemente prestaciones más generosas. He tenido demasiados pacientes que vivían sólo de la seguridad social, intentando decidir entre comprar comida o medicinas.

      Creo que es parte de lo que Biden está avanzando. No tengo claros los detalles. Debería pedirle a Biden que lo explicara más claramente, o a algún Substack. Mi trabajo de verano en un banco fue interesante. Pude ver el tamaño de la gente más pobre de mi comunidad universitaria, bastante rica. Los que vivían en las horribles viviendas públicas dispersas para ancianos. Esta era toda su renta y una señora tenía comida para gatos en su bolsa y me dijo que era todo lo que podía permitirse comer como carne. Es vergonzoso que con tanta riqueza permitamos esto. Es escandaloso. Aún recuerdo que los cheques eran de unos 120 dólares al mes, lo que no es suficiente para toda una vida de trabajo.

      Aunque entiendo la comprobación de recursos de la seguridad social, la razón por la que tiene apoyo es que todo el mundo tiene derecho a las prestaciones ya que todo el que cotiza las recibe. Creo que hay una prestación máxima y quizás también debería haber una prestación mínima.

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    8. Incluso en las raras ocasiones en las que Trump desafió voluntariamente a Rusia, como su sanción al Nord Stream 2, el gasoducto de Rusia a Alemania, tenía otros motivos. Las sanciones enfurecieron a la canciller alemana Angela Merkel, su mayor rival entre las potencias occidentales, y complacieron al entonces presidente ucraniano Petro Poroshenko, un multimillonario aliado de Trump cuyo país tiene un gasoducto existente con el que Nord Stream 2 habría competido.

      Luego está la gestión de Trump de las relaciones con la OTAN y la Unión Europea. Trump exigió sistemáticamente que los miembros de la OTAN aumentaran sus contribuciones en materia de defensa, lo que le valió los elogios del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Sin embargo, aunque sus miembros aumentaron su gasto militar, Trump también amenazó con abandonar la organización. En una cumbre en Bruselas en julio de 2018, por ejemplo, Trump coqueteó con abandonar la OTAN, lo que llevó a Bolton a recordar que “fue aterrador porque no sabíamos lo que iba a hacer hasta el último minuto.” Desde entonces, Trump ha afirmado que Rusia podría hacer “lo que demonios quiera” con los países de la OTAN que, a su juicio, gastan demasiado poco en su propia defensa.

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      • También Trump, durante el primer año de mandato de Trump, Corea del Norte probó una bomba de hidrógeno y lanzó un misil intercontinental capaz de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos. Trump respondió con una bravuconada improvisada que dejó atónitos a sus subordinados: Más amenazas de ese tipo, dijo, “serán respondidas con fuego y furia como el mundo nunca ha visto.” Pero después de que esa desacertada advertencia no produjera ningún cambio en el comportamiento norcoreano, Trump dio un giro de 180 grados e intentó hacerse amigo del líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong Un. Aceptó una invitación de Kim para reunirse en persona, a pesar de la negativa del régimen a ofrecer concesiones por adelantado (la razón por la que ningún presidente anterior ha considerado prudente reunirse con un líder norcoreano). Tras esa cumbre de gran pompa y circunstancia, y otra más, Trump volvió a reunirse con Kim en 2019, esta vez en la Zona Desmilitarizada de Corea, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en pisar Corea del Norte.

        Como si las aduladoras visitas personales no fueran suficientes, Trump también ordenó el cese de los ejercicios militares estadounidenses con Corea del Sur, un aliado incondicional pero vulnerable. Todo lo que Kim ofreció a cambio fue el mismo lenguaje vago que su país había propuesto durante años, pidiendo la desnuclearización de la península de Corea -abreviatura de una exigencia de que Estados Unidos retire sus misiles- y, en 2020, el Reino Ermitaño presentó un nuevo ICBM más grande capaz de transportar múltiples ojivas y golpear gran parte del territorio continental de Estados Unidos. La diplomacia de Trump solo consiguió elevar la estatura internacional de Kim y fortalecer las relaciones diplomáticas de Corea del Norte con China y Rusia. Pero Trump seguía tan enamorado del joven dictador que mostró a los invitados una serie de cartas entre los dos hombres como si fueran cromos de béisbol firmados por grandes jugadores. Incluso se llevó a Mar-a-Largo lo que llamó las “cartas de amor”, parte de los cientos de documentos gubernamentales robados que está siendo juzgado por esconder en un cuarto de baño, entre otros lugares.

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    9. Trump se enorgullece de que, bajo su mando, el ejército estadounidense y las fuerzas kurdas respaldadas por Estados Unidos en Irak y Siria hayan derrotado a la brutal insurgencia del ISIS y matado a su líder, Abu Bakr al-Baghdadi. Sin embargo, siete meses después de expulsar al ISIS de la última porción de territorio que poseía, Trump cometió uno de los mayores actos de traición de la historia de Estados Unidos. Tras una airada llamada telefónica del autoritario presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, que considera a los combatientes kurdos terroristas antiturcos, Trump accedió a retirar las tropas estadounidenses del norte de Siria. Eso dejó al ejército de Erdoğan y a las milicias respaldadas por Turquía en libertad para ametrallar y bombardear impunemente a los otrora aliados kurdos de Estados Unidos.

      La propensión de Trump a complacer a los poderosos y vender a los débiles también se manifestó en sus relaciones con Israel. Las administraciones anteriores, tanto republicanas como demócratas, habían aplazado el reconocimiento formal de Jerusalén como capital del país y el traslado de la embajada estadounidense allí como incentivo para que Israel negociara la paz con los palestinos. Trump accedió a estas dos antiguas peticiones israelíes sin condiciones. Del mismo modo, su administración negoció los Acuerdos de Abraham, que aumentaron en cuatro el número de naciones árabes que reconocían formalmente a Israel, pero obviando a los palestinos en el proceso. Esto animó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a anexionarse más territorio en Cisjordania y dejó a Hamás, el enemigo de Netanyahu, aún más aislado. El brutal atentado del grupo terrorista del 7 de octubre representó en parte un intento de romper ese aislamiento y perturbar la creciente asociación entre Israel y el mundo árabe.

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      • Una dinámica similar guió la política de Trump hacia Afganistán. Su administración negoció un acuerdo de paz con los talibanes sin incluir en las conversaciones al débil pero democráticamente elegido gobierno afgano. Los negociadores de Trump esperaban que esto presionara al gobierno afgano para que compartiera el poder con los talibanes. En cambio, el acuerdo indicó al ejército afgano que estaba solo y que rendirse a los talibanes era más seguro que seguir luchando. Trump amplificó ese mensaje cuando, poco después de perder las elecciones presidenciales de 2020, ordenó una retirada precipitada de todas las tropas estadounidenses de Afganistán, una orden que los funcionarios del Pentágono, sabiendo que conduciría al caos, se negaron a llevar a cabo alegando que no había pasado por los canales legales adecuados. (El colapso del ejército afgano un año después, cuando Biden retiró las tropas, en cumplimiento del acuerdo con Trump, supuso una conmoción, pero, en retrospectiva, no debería haberlo sido).

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    10. Biden ha gestionado las burocracias de seguridad nacional con un toque hábil frente a desafíos mucho más graves que los que se produjeron bajo el mandato de Trump.

      Un ejemplo es Ucrania. A finales de 2021, la administración Biden empezó a divulgar públicamente las conclusiones de los servicios de inteligencia estadounidenses de que el ejército ruso estaba a punto de invadir Ucrania a gran escala. Vladimir Putin lo negó, y el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy y otros líderes europeos no lo creyeron. Pero la predicción resultó ser acertada y dio a Biden una credibilidad adicional al movilizar a la opinión pública estadounidense y a la comunidad internacional en defensa de Ucrania. Desde que Putin invadió el país el 24 de febrero de 2022, Estados Unidos y otros 46 países han aportado 243.000 millones de dólares en armas y otras ayudas a Ucrania. Con ese apoyo internacional, los aguerridos ucranianos han transformado lo que la mayoría de los expertos pensaba que sería una rápida victoria rusa en un sangriento estancamiento de dos años en el que Rusia ha perdido casi el 90% de las tropas en activo y dos tercios de los tanques que tenía antes de la guerra. Y mientras Putin esperaba fracturar la OTAN, Biden ha aprovechado la invasión rusa para reactivar la alianza y ampliar su número de miembros incluyendo a Suecia y Finlandia. La OTAN nunca ha sido más fuerte ni más eficaz.

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      • Biden ha sido igualmente hábil en sus tratos con China. Trump combinó abundantes elogios al presidente chino, Xi Jinping, con aranceles a las importaciones chinas que acabaron aumentando el déficit comercial global de Estados Unidos. Biden, que conoce a Xi desde hace más de una década, ha sido más eficaz, al menos hasta ahora, a la hora de frenar las amenazas económicas y militares de China. Ha restringido la venta de microchips avanzados a China, que tienen usos militares críticos; ha empezado a buscar otras fuentes de materiales clave, como metales de tierras raras, que China controla; ha prohibido los productos fabricados con mano de obra esclava uigur; y ha creado o reforzado asociaciones de defensa con Japón, Corea del Sur, India, Australia, Filipinas y Papúa Nueva Guinea. Al mismo tiempo, ha convencido a China para que frene la exportación de productos químicos utilizados para fabricar el peligroso opioide fentanilo, se abstenga de reabastecer a Rusia de armas y se una a Estados Unidos en la lucha contra el cambio climático mediante el aumento de las fuentes de energía renovables.

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        • Al igual que con Rusia y China, Biden ha gestionado con habilidad el caótico Oriente Medio, aunque con un coste político significativo para él. Su pronta aceptación y el suministro constante de armamento a Israel tras la masacre de Hamás del 7 de octubre de 2023, además de sus acciones militares estadounidenses cuidadosamente calibradas -como un ataque de precisión con misiles que mató a un comandante militante iraquí responsable de la muerte de tres soldados estadounidenses, en lugar de un compromiso directo con Irán, como han exigido los halcones estadounidenses- han logrado hasta ahora el principal objetivo de la administración, que es evitar que la catástrofe de Gaza se transforme en una guerra regional. Tal como están las cosas, está endureciendo su postura hacia Netanyahu por prolongar e intensificar la guerra. Que pueda aliviar la devastación humana que se está produciendo en Gaza y convertir la calamidad en un proceso diplomático que conduzca a una solución de dos Estados -su objetivo más amplio- es una incógnita.

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