El dinero está muy presente estos días. En Europa se debate sobre los pros y los contras de una nueva moneda común que sustituya a los actuales francos, liras y pesos. En el antiguo bloque soviético y en muchas partes del mundo en desarrollo, los gobiernos agonizan sobre cómo responder a la circulación generalizada de monedas extranjeras populares, sobre todo el dólar estadounidense, dentro de sus fronteras territoriales. En Extremo Oriente, los asiáticos reflexionan sobre los riesgos y las oportunidades de un posible nuevo bloque en la región basado en el yen japonés. Y en Estados Unidos, los estadounidenses se preocupan por las amenazas a la tradicional preeminencia del orgulloso billete verde en los asuntos monetarios internacionales. Aunque aparentemente de carácter técnico, estas cuestiones son todo menos neutrales en sus implicaciones para la distribución de la riqueza y el poder mundiales. De hecho, afectan a la esencia misma de lo que entendemos por soberanía estatal en el mundo actual. Todas ellas tienen implicaciones para las relaciones geopolíticas que van mucho más allá de la simple economía de quién utiliza qué moneda y dónde. Lo que está en juego es la ruptura de los monopolios territoriales que los gobiernos nacionales han reclamado históricamente en la emisión y gestión del dinero. Detrás de todos estos retos hay una creciente competencia entre monedas impulsada por el mercado que es cada vez más indiferente a la presencia de fronteras políticas o incluso del propio Estado-nación. Sin embargo, las respuestas a estos desafíos siguen ancladas en mitos anticuados sobre la organización espacial de las relaciones monetarias: la noción tradicional, pero cada vez más obsoleta, de que la circulación de cada moneda está -o debería estar- confinada únicamente al dominio soberano de su gobierno emisor. Esta forma de pensar no hace más que perpetuar los malentendidos y obstaculizar los remedios políticos prácticos. Lo que necesitamos es una nueva lente a través de la cual contemplar los revolucionarios cambios en el espacio monetario provocados por la aceleración de la competencia transfronteriza. El propósito de este texto es proporcionar un correctivo para cierta visión defectuosa de este tema.