El Aristotelismo
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[aioseo_breadcrumbs]El Aristotelismo: Doctrinas
El aristotelismo designa la doctrina de Aristóteles (385 aprox.-322 a. C.), tal y como resulta del conjunto de obras conservadas de este último, publicadas por Andrónico de Rodas en el siglo I a. C. Estas obras, que adoptan la forma de notas de clase escritas por el autor pero no destinadas a la publicación, forman un conjunto que se presta a la calificación un tanto abusiva de «sistema». Nacido, de hecho, de la crítica de la doctrina platónica de las Ideas, esta obra abarca todas las disciplinas filosóficas, que van desde la dialéctica y la lógica hasta la filosofía moral y política, pasando por la estética, la física, la biología y la psicología.
La dialéctica, en particular, tal como la concibe Aristóteles en los Topicos, está íntimamente ligada a la crítica de la teoría platónica de las Ideas. Lejos de considerar los términos universales que utilizamos en la discusión como realidades trascendentes a la realidad sensible, como pretende el platonismo, los considera como «predicables», es decir, como atributos que aplicamos al sujeto del que se trata, y esto por diversos títulos: como definición, como género, como diferencia, como propio, como accidente. De esta manera, Aristóteles se tomó muy en serio las diversas formas de discusión, cuyo estudio es para él preparatorio para el de la ciencia propiamente dicha. La dialéctica, como parte de la lógica, constituye el instrumento de la ciencia misma, el organon.
La lógica
Para Aristóteles, el lenguaje no se confunde con el ser; es la herramienta que utiliza la ciencia, de tal manera que esta última pueda enunciar correctamente lo que es el ser propiamente dicho. De ahí la importancia del tratado de las Categorías, entendidas como las diversas formas en que el lenguaje comprende el ser, ya sea como sustancia, cantidad, cualidad, relación, situación, acción o pasión, posición espacial o temporal, posesión. Estos son los diez «predicamentos», que se distinguen de los «predicables» en que apuntan a las divisiones del ser mismo, y no a las distinciones que se usan en la discusión. De hecho, es importante saber a qué sectores del ser puede aplicarse la ciencia.
Pero también es importante saber cómo trata la ciencia este ser que comprende. Esto es lo que desarrolla la obra De l’interprétation, mostrando los tipos de proposiciones generales (universales o particulares) que debe utilizar la ciencia, y cómo puede demostrar su verdad o falsedad, porque la ciencia tiende a un conocimiento de lo verdadero. Además, la ciencia debe centrarse en lo que es necesario. Por eso debe adoptar un tipo de razonamiento que Aristóteles llamó silogismo categórico. Según este razonamiento, a partir de dos premisas planteadas como verdaderas, se puede deducir necesariamente una conclusión verdadera, observando las reglas muy estrictas que rigen en las premisas la atribución del término llamado «medio» a los dos términos llamados «mayor» y «menor» que serán el atributo y el sujeto de la conclusión. La teoría formal del silogismo categórico se expone en los Primeros Analíticos, mientras que su aplicación a las ciencias propiamente dichas, en particular a las matemáticas, se trata en los Segundos Analíticos, donde Aristóteles también trata de la inducción. Esta última es el procedimiento indispensable para pasar de la experiencia concreta a la posición de los principios de la ciencia.
La física, la biología
Aristóteles hace de la naturaleza misma el principio del movimiento de los astros (en el cielo, la cual es circular y uniforme) o de la Tierra (donde tienen lugar los cambios sustanciales, y los cambios según el lugar, la calidad o la cantidad). De ahí los dos compartimentos de la naturaleza: el cielo, cuyas movimientos son eternos y necesarios; la Tierra, donde los cambios obedecen a las cuatro causas: material, formal, eficiente y final, aunque también pueden ser fortuitos. Se ve que la naturaleza en la Tierra, aunque deja lugar a la contingencia, no está más abandonada al azar aleatorio de lo que estaba en Platón.
Aristóteles también es famoso por haber dado una definición de movimiento, lugar y tiempo. Se dedicó a refutar los cuatro argumentos de Zenón de Elea sobre la imposibilidad del movimiento. Esta refutación era importante desde la perspectiva de Aristóteles, que quería otorgar un estatus científico a la física, a la que consideraba una ciencia superior a las matemáticas, ya que se refería a la sustancia móvil, y no, como estas últimas, a la cantidad, ya fuera discreta (aritmética) o continua (geometría).
Para Aristóteles, la biología, de la que se puede decir que fue su inventor, al igual que la lógica, pertenecía a la física. El hylémorfismo, o doctrina que asigna a todo ser natural una materia (hulè) y una forma (morphè), se aplica en particular al ser vivo, donde la forma es también el fin que tiende a realizar.
La psicología está vinculada a la biología de Aristóteles. Esta se ha interesado en las diferentes funciones del alma humana, pero también en la definición misma del alma, según la cual esta es «la forma de un cuerpo organizado que tiene vida en potencia». Esta definición tiene cierta dificultad para incluir el intelecto entre las facultades del alma humana, ya que este intelecto viene «de fuera» durante la generación y es inmortal, al menos en su parte activa, sin la cual el alma humana no puede pensar nada.
La metafísica
Los editores de Aristóteles reunieron en una colección llamada «los libros que vienen después de los libros físicos» las obras de Aristóteles que tratan de diversos temas, todos ellos objeto de controversia. Estos libros constituyen lo que desde entonces se llama La Metafísica de Aristóteles. Nunca sabremos si Aristóteles habría introducido un orden entre estos libros, que no son perfectamente coherentes, pero que no obstante trazan un recorrido sobre investigaciones que tienen en común el carácter de trascender la experiencia sensible, y de intentar una teoría general del ser y del conocimiento que se aplica a ella.
Hay que señalar en primer lugar que Aristóteles estaba muy orgulloso de haber distinguido, mejor que sus predecesores jonios y que su maestro Platón, cuatro tipos de causas, que, como hemos visto, son utilizables en física, que es la ciencia de los seres en movimiento. Esta ciencia concluye con la demostración de la existencia de un motor primero, que es la causa del movimiento de los astros y, a través de ellos, de los movimientos terrestres. Debido a estos vínculos que escapan a la ciencia física propiamente dicha, no se puede decir que el aristotelismo sea un naturalismo, en el sentido moderno del término, según el cual la naturaleza se basta a sí misma. Aristóteles reconoce la existencia de los dioses e incluso de un Dios supremo.
Por eso, además de las matemáticas y la física, Aristóteles postula la existencia de una tercera ciencia teórica, a saber, la teología. La filosofía de Aristóteles, en tanto que busca las causas primeras, da a esta teología un acceso, por así decirlo, natural. La teología, por otra parte, hunde sus raíces en el análisis del ser o la ontología. Ya hemos visto que el tratado de las Categorías, que es un tratado metafísico más que lógico, asignaba a la sustancia un papel fundamental, no solo para los atributos que se relacionan con ella, sino también para los conceptos universales que obtienen su relación con la realidad de ella (de ahí su denominación de «sustancias segundas»). La sustancia primera es el individuo existente dotado de una esencia específica que solo existe a través de él, ya que las Ideas platónicas no existen por sí mismas. En la física de la región sublunar, es decir, terrestre, los individuos solo se distinguen por su materia; no puede ser lo mismo en la física supralunar; allí los individuos se distinguen por su forma, lo cual muestra la posibilidad el tratado de la sustancia, que se llama ousiología. Estos individuos superiores, o dioses, se caracterizan por capacidades jerarquizadas de acto y potencia. Así, el individuo supremo, o Dios, es el Acto puro, conociéndose perfectamente en acto, no conociendo nada más, disfrutando de su propia perfección y atrayendo, por esa misma perfección, a los demás seres, «el cielo y la naturaleza entera».
La ética y la política
Para Aristóteles, la ética y la política son disciplinas relacionadas: ambas tratan del bien supremo, que no es ideal pero no se distingue de la felicidad, y que se propone tanto al individuo humano como a la ciudad, forma completa de la vida social. Además, el individuo libre es el ciudadano de una ciudad y la justicia del ciudadano es su conformidad con las leyes de una ciudad. No obstante, la ética se dirige más bien al individuo considerado como ciudadano libre (cf. La ética a Nicómaco), y la ciencia política se dirige más bien a los legisladores o administradores de una ciudad (cf. La Política), ya que la ciudad está provista de una constitución, una organización y un poder vinculante.
Para el individuo, la ética consistirá, por tanto, en determinar los caminos de su felicidad, que se identifican con los de la virtud. No hay felicidad sin una vida virtuosa. Ahora bien, esta vida virtuosa no se limita a la justicia hacia los demás, sino que implica también la moderación en los deseos y el coraje que exige la jerarquía de valores. Aristóteles admite, sin embargo, que la virtud no puede ser suficiente para la felicidad: ciertamente contribuye directamente a esta felicidad a través del placer que se asocia más al éxito de la acción virtuosa que a la satisfacción de los sentidos, pero la felicidad también necesita amistad, cuya forma más elevada es precisamente la que se basa en la virtud, en el reconocimiento público de los méritos y, finalmente, en una cierta holgura en la vida física y material. Más elevadas que las virtudes morales son, por otra parte, las virtudes intelectuales: la prudencia, que es la virtud del intelecto práctico, y sobre todo la sabiduría, que es la virtud del intelecto teórico, cuya práctica se centra en las ciencias teóricas. Aristóteles no oculta que, para él, la vida contemplativa es la más feliz.
Lo que hace a la ciudad es la constitución que se ha dado a sí misma. En cuanto a las formas de constitución, Aristóteles prefiere la monarquía, porque un buen monarca sabe corregir las injusticias de la ley, pero teme la tiranía, que es la corrupción de la monarquía. De la misma manera, Aristóteles elogia la democracia, pero teme los excesos de la demagogia; por eso, a fin de cuentas, Aristóteles parece preferir el gobierno de unos pocos, siempre que esa oligarquía sea la de los mejores y esté sujeta a control. Para Aristóteles, una buena constitución debe asegurar la autarquía de la ciudad.
La estética
Aristóteles se interesó por dos artes que tenían importancia en la ciudad de su tiempo: la retórica (véase La retórica) y la poética (véase La poética).
La retórica es para la política lo que la dialéctica es para la ciencia, un auxiliar indispensable. En retórica, se trata de presentar pruebas ante un público, que está sujeto a las pasiones humanas y que siempre es específico. Es el arte de persuadir.
La «Poética» se limita a tratar la épica, la tragedia y la comedia, pero fue en el segundo libro, hoy perdido, donde Aristóteles abordó la tercera. Según él, las tres tienen como objetivo la «imitación» (mímesis), que debe entenderse no como una copia servil, sino, por el contrario, como la representación de un posible, más puro que la realidad histórica o presente. La tragedia, en particular, representa una desgracia que suscita «terror y compasión» en el espectador. Estas pasiones se consideraban, entre los griegos de la época, perjudiciales para la valiente tensión que exigía la vida de la ciudad. Por lo tanto, había que liberarse de ellas mediante la catarsis o purgación, que expulsa lo semejante con lo semejante.
Revisor de hechos: EJ
El Aristotelismo
El aristotelismo es el efecto de las enseñanzas filosóficas y científicas de ARISTOTLE (384-322 AC) sobre la historia intelectual subsiguiente a través de la transmisión de sus escritos, terminología, ideas e influencia. Trazar la historia del aristotelismo es desentrañar una de las principales líneas de la evolución de la civilización occidental y del Cercano Oriente. Especialmente en los períodos antiguo y medieval, su historia ha estado íntimamente ligada a la del PLATONISMO, NEOPLATONISMO y ESTOICISMO, así como al desarrollo teológico de las tres religiones monoteístas: el Cristianismo, el ISLAM y el JUDAISMO.
RENACIMIENTO, REFORMA E ILUMINACIÓN
El período comprendido entre los siglos XIV y XVIII se caracterizó por cuatro acontecimientos que respetaron la autoridad de Aristóteles: 1) el movimiento humanista; 2) las controversias psicológicas y metodológicas; 3) los movimientos naturalistas y científicos; y 4) el desarrollo de la teoría política. El primero y el tercero se entienden como revueltas en gran parte contra el Aristóteles del Escolasticado, el segundo es, al menos por intención, en parte pro-aristotélico, y el tercero y el cuarto tienen ambos aspectos. Todos estos desarrollos comenzaron o se centraron en Italia.
Humanismo, Platonismo y Segundo Averroísmo. La revuelta humanista fue una venganza tomada sobre la lógica demostrativa y la dialéctica de los escolásticos tardíos por los practicantes de los llamados modos menores de discurso, retórica y poética, por la negligencia de la escolástica desde el siglo XII de estos modos de comunicación a favor de lo que parecía ser la esterilidad de la lógica y los métodos aristotélicos. Aunque es una expresión tardía, La civil conversazione (Venecia 1586) de Stefano Guazzo resume esta reacción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ya en el siglo XIV los seguidores humanistas del ars dictaminis medieval habían empezado a desenterrar tesoros insospechados de la historia y la literatura romana clásica, y a mediados del siglo XV las letras griegas volvieron a cobrar vida en Italia. El hecho de que los humanistas no fueran poco amistosos con Aristóteles como tal se demuestra por su continuo interés en los escritos éticos y en la política, y por sus estudios y ediciones de la Retórica y la Poética, largamente descuidadas, que la famosa imprenta Aldine de Venecia publicó por primera vez en 1498 en los Rhetores Graeci, editados por Giorgio Valla. La influencia de la Poética, bien o mal entendida, es todo un capítulo de la literatura moderna temprana, que culmina en el teatro clásico francés.
Estrechamente asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) con el HUMANISMO estaba el renacimiento Platónico. El platonismo cristiano floreció en la Academia Platónica de Florencia. Su fundador, Marsilio FICINO (1433-1499), estaba particularmente preocupado por defender la inmortalidad del alma contra los aristólogos averroistas.
Pormenores
Los humanistas subestimaron el grado en que el Aquinate fue capaz de dominar a Aristóteles, mientras permanecía, en un sentido profundo, como un buen teólogo agustino.Entre las Líneas En asuntos sustantivos como la defensa de la libertad natural del ser humano, que había sido atacada por Martín LUTHER (1483-1546), Desiderio Erasmo (1466-1536) rápidamente recurrió a la teología moral del Aquinate y a su base filosófica en la Ética Aristotélica.
El movimiento humanista tuvo lugar en gran medida fuera del marco universitario. La revivida tradición averroista que comenzó a principios del siglo XIV fue escolástica en el sentido amplio del término. Surgió y llegó a dominar las universidades italianas, principalmente Bolonia al principio y Padua después. La inspiración remota vino del filósofo natural JUAN DE JANDUNO (c. 1285-c. 1328) y del teórico político MARSILIO DE PADUA (c. 1270-c. 1342) en la corte de Luis de Baviera.Entre las Líneas En Bolonia estaban Gentile da Cingoli, su alumno Angelo de Arezzo, y Tadeo de Parma, que trabajaba en los campos aliados, para un averroista, de la astronomía y la psicología.Entre las Líneas En Padua, Pedro de Abano (1250-1316) fue más un médico metodólogo galeno que un averroista.Entre las Líneas En el siglo XV el distinguido lógico Paolo VENETO (c. 1369-1429), un averroista, enseñó en Padua. Compartiendo la erudición de la escuela paduana y bien familiarizado con su averroísmo, fue el célebre filósofo tomista y el teólogo Tommaso de Vio CAJETÁN (1469-1534), que también comentó sobre Aristóteles.
El apetito humanista por los belles-lettres y el estudio universitario de Aristóteles fueron las condiciones primarias y secundarias que prepararon el terreno para la recepción del aprendizaje bizantino. La contribución griega del siglo XV a la erudición aristotélica fue una adquisición sustancial y permanente para todas las edades posteriores. El Concilio de Florencia y la caída de Constantinopla (1453) trajeron a Italia muchos investigadores académicos griegos, entre ellos Jorge de Trebisonda, quien, en un estudio comparativo de Platón y Aristóteles, optó por este último; Teodoro de Gaza; Juan ARGYROPOULOS, obispo de Florencia, que comentó la Ética y tradujo al griego el De ente et essentia de Aquino; y el cardenal BESSARION, que tradujo la Metafísica al latín, moderó las críticas de Gemistos PLETHON a Aristóteles, e intentó de nuevo la conciliación de Aristóteles con Platón. El Griego filosófico fue enseñado, se hicieron nuevas traducciones, y muchos comentarios griegos desconocidos hasta entonces fueron impresos y traducidos; finalmente en 1495 la prensa de Aldine produjo la Editio princeps de la mayoría de las obras aristotélicas. La crítica textual, desarrollada primero por Lorenzo VALLA (1405-1457) sobre documentos históricos, comenzó a aplicarse a Aristóteles y sus comentaristas.Entre las Líneas En 1549 Robertellus produjo la importante segunda edición de la Poética con traducción y comentario en latín, y Fasolo tradujo el comentario de Simplicius sobre el De anima.
Controversias psicológicas y metodológicas. Todo esto agudizó la búsqueda de una interpretación auténtica de Aristóteles y llevó a controversias en dos áreas principales: (1) psicología, centrada en el De anima 3, la Metafísica 12 y el De caelo; y (2) metodología, centrada en los capítulos iniciales de las obras naturales y la literatura de prólogo de los comentaristas griegos, cristianos, judíos e islámicos.
La primera controversia se refería a los partidarios rivales de las interpretaciones de Alejandro de Afrodisias y de Averroes, que discrepaban sobre si el intelecto agente separado discutido en el De anima es en algún sentido humano. Según los averroistas, una inmortalidad impersonal pero humana está ligada a la inteligencia separada de la especie hombre, una especie de sobremente inmortal o “noosfera”; los alejandrinos negaban la inmortalidad humana, sosteniendo que el único sobremente o intelecto separado era Dios. Algunos historiadores consideran que los averroistas intentaron descristianizar la interpretación tomista de Aristóteles, y los alejandristas intentaron desmitificar a Aristóteles en sí mismo.
En 1516 Pietro POMPONAZZI, con el apoyo de Alejandro, escribió un tratado contra la inmortalidad del alma. Los más importantes de los averroistas fueron Nicoletto Vernia, que enseñó en Padua de 1471 a 1499; Agostino NIFO; Leónico Tomeo; Alejandro Achillini; y Marco Antonio ZIMARA. Jacopo ZABARELLA, que había estudiado griego con Robertellus, desarrolló la posición de Pomponazzi en psicología pero en otras partes de la filosofía estaba muy influenciado por Averroes, así como por Themistius y Simplicius. Hizo su principal contribución en la metodología donde, como lógico y filósofo natural, se opuso al moralista y metafísico Francesco Piccolomini (1520-1604). Sus obras y comentarios y los de su estudiante Julio Pacius continúan influenciando la erudición moderna sobre Aristóteles. Pacius (1550-1635) editó y tradujo el Organon y la Física de Aristóteles (Frankfurt 1592, 1596) y editó todo el Corpus Aristotelicum (Lyon 1597). Su Institutiones logicae (Sedan 1595) lo marca como un extremo pluralista metodológico, un humanista inclinado a ver las diferencias en los textos, mientras que Zabarella, un lógico, había visto sus similitudes estructurales.
En el norte protestante, particularmente en los círculos calvinistas, la lógica y la metodología antiaristotélica del mártir hugonote Pedro RAMUS (1515-1572) estaba en gran boga.Entre las Líneas En sus instituciones Dialecticae y animadversiones Aristoteli-cae (París 1543) y sus dos libros sobre la Analítica posterior (1553), fusionó la lógica y la retórica y redujo todos los métodos a uno solo. El aristotelismo histórico había comenzado en Francia con Jacques Lefèvre d’Étaples (c. 1455-1536) y continuó después de los ataques de Ramus por Pacius. A Ramus se le opuso Jacques Carpentarius (o Charpentier, 1524-1574), un estudiante de matemáticas griegas que escribió una Comparación de Platón y Aristóteles (París 1573) en la antigua tradición de su armonización.
La controversia entre Aristóteles y Ramistas continuó en Inglaterra y Alemania. Oxford tendía a ser más aristotélico, Cambridge más ramista y más tarde, platonista.Entre las Líneas En Oxford el estudio de Aristóteles permaneció como parte integral del programa de estudios de la universidad hasta mediados del siglo XVII; se prestó especial atención a la lectura y explicación de las obras lógicas, éticas y políticas. Thomas HOBBES (1588-1679) escribió un compendio de la Retórica y fue un entusiasta estudiante de su teoría de las PASIONES. Entre los representantes del declive del aristotelismo en este período se encontraban John Sanderson; John Case (m. 1600), cuyas inclinaciones católicas romanas le obligaron a enseñar en privado; Richard Crackenthorpe; Thomas Wilson; Ralph Lever; Jacobus Martinus Scotus; y el extraordinario Everard DIGBY.Entre las Líneas En 1620 Francis BACON (1561-1626) publicó su Novum Organum, un trabajo que enfatizaba la inducción y que pretendía reemplazar al Organon de Aristóteles.
Sin embargo, una impresionante línea de aprendizaje aristotélico y tomista, templada con humanismo, continuó en el clero de la Iglesia Anglicana, particularmente en asuntos de lógica, ética y política. Floreció en Richard HOOKER (1554-1600), autor de Ecclesiastical Polity; en el siglo XVIII, en la ética y la teología natural de Joseph BUTLER (1692-1752) y el obispo de Durham; hasta el siglo XIX en la lógica de Henry L. Mansel (1820-1871); y en la metafísica del siglo XX de Eric L. Mascall (1905-1993). Especialmente digno de mención es un miembro del ministerio disidente, Thomas Taylor (1758-1835), quien por sí solo tradujo casi todo el corpus aristotélico entre los años 1801 (Metafísica) y 1818 (Ética Nicomacheana). A estos añadió Copiosas Elucidas de lo mejor de sus comentaristas griegos. Se dedicó a un neoplatonismo que, a la manera alejandrina, consideraba capaz de tomar en su síntesis superior de sabiduría todo lo que es científicamente positivo en Aristóteles.
En Alemania, a pesar de la oposición de Lutero, el erudito conciliador Philip MELANCHTHON (1497-1560) trabajó para asegurar la continuidad del aprendizaje aristotélico, particularmente la lógica, donde su autoridad prevalecía sobre la de Ramus.
Puntualización
Sin embargo, el aristotelismo que él tenía en mente contenía elementos estoicos. Una rama de la temprana teología luterana, siguiendo a Melanchthon, ha sido llamada escolasticismo luterano. Jacob Schegk (1511-1587), profesor de lógica y medicina en Tubinga, fue un hábil erudito griego y estudiante de Analítica que refutó a Ramus. Otros que sufrieron la influencia aristotélica fueron Joachim Jungius (1587-1657), su estudiante Gottfried Wilhelm von LEIBNIZ (1646-1716), quien corrigió los excesivos ataques del retórico renacentista italiano Mario Nizolio (1498-1576) sobre la lógica y la filosofía teórica aristotélica, y el sistematizador Christian WOLFF (1679-1754). El crítico decisivo de Ramus fue el aristotélico progresista Bartolomé Keckermann (c. 1572-1609), cuya obra tuvo una amplia difusión en el continente y en Inglaterra. Entre los alemanes hay que mencionar al profesor holandés de teología de Utrecht, Gijsbert Voëtius (1589-1676), quien, aunque calvinista, estaba lejos de ser un ramista. Se basó en Aristóteles para atacar al nuevo monista metódico René DESCARTES.Entre las Líneas En los siglos XVI y XVII, las universidades alemanas iniciaron la doble tradición de penetración metafísica y filológica de Aristóteles que florecería en los trabajos del siglo XIX de la Academia de Berlín.
Segunda Escolástica. Este movimiento comenzó principalmente en Italia con el resurgimiento de los dominicos antes y durante el Concilio de TRENT. Los expositores de Aquino también comentaron sobre Aristóteles, por ejemplo, DOMINICOS DE FLANDES escribió sobre la Metafísica; FERRARIENSIS sobre la Analítica Posterior, la Física y el De anima; Giovanni Crisóstomo JAVELLI sobre las principales obras de Aristóteles (también refutó a Pomponazzi); y Cayetano sobre las Categorías, Analítica Posterior, De anima, y sobre los Praedicabilia de Porfirio.
Pronto España y Portugal se convirtieron en el centro de lo que se llamó “segunda escolástica”.Entre las Líneas En Salamanca, Francisco de VITTORIA (c. 1480-1546) revivió y desarrolló la herencia aristotélica y estóica de el derecho natural y Domingo de SOTO comentó el Organon, la Física y el De anima. Los COMPLUTOS, profesores carmelitas de Alcalá, y los Conimbricenses, los jesuitas de Coimbra, hicieron trabajos colectivos sobre la lógica y la filosofía física de Aristóteles. Francisco de TOLEDO, que había estudiado con Soto en Salamanca, enseñaba allí y en Roma, y comentaba a Aristóteles.Entre las Líneas En 1585 Benedicto Pereira escribió un vasto y libre comentario sobre la Física, mostrando el estudio de la obra humanista y naturalista italiana contemporánea, así como una ligera influencia escocesa.
Las principales contribuciones académicas a los estudios aristotélicos fueron hechas en la Metafísica por Peter da FONSECA y Francisco SUÁREZ. La obra de Fonseca es considerada la primera edición erudita de la Metafísica en la era moderna por su vasto aparato crítico: cotejo de códices, discusión de la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) de los textos, evaluación de variantes y comparación de traducciones. Disputationes metaphysicae (1597) de Suárez, que no es un comentario como tal, se desarrolla según su propio esquema pero es doxográficamente útil para todos los puntos de vista anteriores, particularmente escolásticos, sobre la metafísica aristotélica. A esto hay que añadir las útiles paráfrasis de Silvestre MAURO sobre las principales obras de Aristóteles (1668).
El naturalismo y la ciencia.Entre las Líneas En Italia surgió una filosofía natural, que concebía la naturaleza como un sistema más o menos autosuficiente, independiente de Dios una vez creado, o que tendía a identificarse con Dios. Al HILOMORFISMO aristotélico se oponía el ATOMISMO y el HILOZOISMO; a la intencionalidad aristotélica de la cognición, una teoría mecánica de la percepción e incluso de la intelección; a la visión aristotélica del universo como finito, su extenso infinito. Desde el Aristóteles de Averroes y Alejandro, tomó una visión necesaria de la existencia del universo. Los principales filósofos naturales fueron Girolamo Fracastoro (1478-1553), Girolamo Cardano, Bernardino TELESIO, Giordano BRUNO y Tomasso CAMPANELLA. Usando términos aristotélicos para oponerse a Aristóteles, Bruno revivió la identificación de DAVID DE DINANT de la materia pura con ACTO PURO. Giulio Cesare Vanini (1584-1619), muy influenciado por Pomponazzi, también usó el lenguaje aristotélico para mantener que la Naturaleza, que él divinizó, es el principal motor y no necesita ningún principio de movimiento primario fuera de sí misma. Dos pensadores vagamente asociados con la filosofía natural italiana que atacaron explícitamente a Aristóteles fueron Francesco Patrizi (1529-1597), en Discussionum Peripateticarum Libri XV (1571), y Pierre GASSENDI, en Exercitationes Paradoxicae adversus Aristoteleos … (1624).
La influencia de estos filósofos en el desarrollo de la ciencia moderna fue eclipsada por la de los metodólogos aristotélicos de Padua.
Puntualización
Sin embargo, fue principalmente el renacimiento de las matemáticas puras griegas, la física matemática y la tradición de la hipotética astronomía matemática, que en los mundos alejandrino y árabe habían rivalizado constantemente con el De caelo de Aristóteles, lo que sentó las bases para la física moderna clásica y la ASTRONOMÍA. Este renacimiento comenzó a refutar a Aristóteles en temas como la caída de los cuerpos, el movimiento de los planetas, la velocidad de la luz y el éter, o la llamada quintaesencia cristalina. Entre sus principales figuras estaban Nicolaus COPERNICUS (1473-1543), Galileo GALILEI (1564-1642) y Simon Stevin (1548-1620).
Revisor de hecho: Chris
Aristotelismo Griego
Después de la muerte de Aristóteles (322 a.C.), el aristotelismo afectó a los primeros períodos peripatético, helenístico y bizantino.
Aristotelismo Semítico
La influencia de las ideas de Aristóteles tuvo un impacto en las filosofías sirias cristianas, islámicas y judías.
Aristotelismo Latino
La absorción (véase su concepto jurídico) del cuerpo aristotélico por los pensadores latinos se extendió durante un período mucho más largo que el de los musulmanes, es decir, del siglo IV al XIII.
Influencia en España
La filosofía de Aristóteles ha ejercido una grande y constante influencia en la historia del pensamiento español. Por otra parte, el Occidente comenzó a conocer los escritos completos del Estagirita por las traducciones hechas en la española ciudad de Toledo, a través de la gran pléyade de filósofos hispanoárabes e hispanojudíos seguidores de Aristóteles. Santo Tomás conoció a Aristóteles, sobre todo, a través de Averroes, filósofo español, y el tomismo español puede considerarse como una vuelta de Aristóteles a España a través de Santo Tomás, que a través de España lo había asimilado.
Pueden considerarse, pues, dos momentos de esplendor del aristotelismo en España: uno, el representado por la filosofía hispanojudíomusulmana, que culmina con el averroísmo; otro, el representado por la filosofía escolasticotomista, que tiene su auge netamente español en el suarismo.
Los árabes y judíos, que conocieron a Aristóteles a través de los cristianos de Persia (véase el perfil de Irán, la Economía de Irán, la Historia Iraní, el Presidencialismo Iraní, las Sanciones contra Irán, la Bioética en Irán, los Problemas de Irán con Estados Unidos, el Derecho Ambiental en Irán, el Derecho Civil Iraní, el Nacionalismo Iraní, los Activos Iraníes, la Diplomacia Iraní, el Imperio Sasánida, los medos, los persas y el Imperio Selyúcida) y Siria, neoplatónicos muchos de ellos, no pudieron librarse de una confusión entre la doctrina aristotélica y neoplatónica, lo que se transparenta en sus obras. La influencia aristotélica no fue, pues, directa y dio lugar a un aristotelismo impuro. Avempace, Judah Leví, Gabirol, Ben Ezra, Maimónides, Avicebrón, Sem Tob, &c., son portadores de esta influencia en sus libros originales o comentan y traducen al filósofo.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Averroes (1126-1198) es el paladín del aristotelismo en la España musulmana y su forma y significación repercutió en todo el Occidente cristiano, dando lugar a una corriente llamada averroísmo. El origen racial de Averroes se ha discutido mucho, no siendo pocos los que le consideran judío y no árabe, e incluso existe la hipótesis de su origen español de sangre. De lo que no cabe duda es acerca de su gran españolismo y su preferencia por la raza española. Averroes fue llamado el comentarista por excelencia de Aristóteles, al que dedicó pequeños, medianos y grandes comentarios, en todas formas y grados.
Las obras de Averroes fueron introducidas en el Occidente cristiano entre 1217 y 1230 a través de las traducciones de Miguel Escoto de los Comentarios al De Coelo et Mundo y al De Anima, traducción que debió verificar en Toledo.
El averroísmo tuvo dos corrientes: una heterodoxa, que arranca de Siger de Brabante y los averroístas latinos, que interpretaron mal sus doctrinas, y otra, ortodoxa, encabezada por Santo Tomás, que cristianiza a Averroes junto con Aristóteles. El averroísmo de Santo Tomás ha sido ampliamente estudiado por Renán y Asín Palacios. El primero escribe: «Santo Tomás es, a la vez, el más serio adversario que la doctrina averroísta ha tenido y, puede afirmarse sin paradoja, el primer discípulo del Gran Comentador. Alberto se lo debe todo al persa Avicena; Santo Tomás, como filósofo, se lo debe casi todo al español Averroes.» Así como Renán apunta en el doctor Angélico un averroísmo filosófico, Asín Palacios le señala un averroísmo de signo teológico. (Cfr. «El averroísmo teológico de Santo Tomás de Aquino», en Huellas del Islam, Madrid 1941, págs. 18-69.)
El verdadero conocimiento de Aristóteles lo debe el mundo occidental a la Escuela de Traductores de Toledo, fundada por el arzobispo don Raimundo (1126-1151). Es tal su importancia, que, según Renán (v. su obra Averroes y el averroísmo), divide la Edad Media en dos períodos. Entre los traductores más célebres tenemos a Juan Hispalense y Domingo Gundisalvo, españoles; los ingleses Daniel de Morlay y Roberto de Rétines; Hermán el Dálmata, Gerardo de Cremona, &c., que tradujeron varias obras de Aristóteles y otros tratados pseudoaristotélicos.
Entre los siglos XIV al XVII se desarrolla el considerado por Menéndez Pelayo período de esplendor del aristotelismo en España. Divide este período (v. Ciencia española, tomo III) en dos épocas: el primero comprende los siglos XIV y XV y el segundo abarca los siglos XVI y XVII.
Sobresalen en la primera época los trabajos de Antonio Andrés, [471] que comenta la Física y la Metafísica; Alonso de Vargas, obispo de Sevilla; Nicolás Ballester, Gombaldo de Uligia, el gran polígrafo Exímenes, Diego de Herrera, el Tostado, Alfonso de Córdoba, Pedro de Osma, Juan Marbres, fray Gonzalo Frías, don Juan Alfonso de Benavente y el príncipe de Viana, que traduce la Etica.
En la segunda época destacan: Gaspar Lax, Fernando de Encinas, Dolz del Castelar, Jerónimo Pardo, Diego de Naveros, Juan de Celaya, Rodrigo de Cueto, Alfonso de Prado, Juan Montes de Oca, Ginés de Sepúlveda, Juan de Vergara, que tradujo los tratados De Anima, De Physica y Metaphysica, por encargo del cardenal Cisneros; fray Arcisio Gregorio, Gordillo de Villalpando, Martínez de Brea, Juan Núñez de Valencia, Pedro Juan Monsó, Juan Monllor, el beato José Pascual, Francisco Ruiz de Valladolid, Luis de Lemos, Juan Andreu, Pedro Simón Abril, gran humanista, que hizo fieles traducciones de la Política y de la Etica y escribió unas Introductiones ad Logicam Aristotelis; Antonio Barba Figueroa, Sebastián Pérez, Juan Páez de Castro, estudioso de Aristóteles y Platón y fundador con don Diego de Mendoza, durante el Concilio de Trento, de una academia aristotélica, consagrada a depurar los textos griegos del filósofo estagirita; los dominicos Soto, Astudillo, Báñez, Ortiz, Juan de Santo Tomás, Arauxo; los jesuitas Juan Maldonado, Fonseca, Vázquez, Arriaga, Oviedo, Quirós, Rubio y el gran Francisco Suárez, conocido con el sobrenombre de doctor Eximio, creador de la escuela aristotelicotomista, llamada suarismo.
El suarismo es, como dejamos señalado, una escuela aristotelicotomista, es decir, que participa de las doctrinas aristotélicas a través del tomismo. Suárez, sin embargo, imprime a estas doctrinas un sello personal y característico, de tal manera, que debe considerársele como un maestro y pensador de categoría propia y singular con un lugar eminente dentro de la historia de la filosofía.
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Suárez, que no sigue servilmente ni a Aristóteles ni a Santo Tomás, hace una crítica metafísica de la Escolástica, que manifiesta una preocupación profunda y sistemática de coordinar y depurar metódicamente todos los modelos que le habían precedido.Entre las Líneas En las cuestiones decisivas sigue Suárez el mismo camino que Santo Tomás, pero discrepa del doctor Angélico en temas que relacionan la metafísica con la teología. Suárez, entre cuyas principales obras destacan Disputationes Metaphysicae y Tractatus de legibus ac de Deo legislatore, ha sido leído, comentado y estudiado no solo en España, sino en el mundo entero y ha tenido seguidores de rango como los jesuitas Arriaga, Oviedo, Hurtado y Téllez, entre otros.
📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Aunque alguien se haya permitido dudar en alguna ocasión de la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) del suarismo como sistema filosófico de verdadera originalidad, el docto Menéndez Pelayo ha sabido dar réplica certera de su valor como tal. (ver Ciencia española, tomo 1, págs. 309 y sigs., Santander 1953.)
En el siglo XVI se da también en España una corriente aristotélica de signo negativo, o antiaristotelismo, cuyo principal representante es Hernando de Herrera, el cual cita entre sus discípulos a sus hermanos Diego y Gabriel Herrera, el obispo Pedro del Campo, Jorge de Baracaldo, Alonso Ruiz de Isla, Pedro Mártir y otros. (Ver el trabajo de Bonilla, Un antiaristotélico del Renacimiento, Hernando Alonso de Herrera, y su Breve disputa de ocho levadas contra Aristóteles y sus secuaces.) También pertenecen a esta corriente antiaristotélica los partidarios de Pedro Ramus, filósofo francés, autor de Animadversiones in Dialecticam Aristótelis; tales, Juan Núñez de Valencia, Pedro Núñez Vela y Francisco Sánchez, el Brocense. El primero siguió, en principio, las opiniones de Ramus, pero las abandonó más tarde abrazando ardorosamente el aristotelismo clásico en sus Institutiones Physicarum, De causis obscuritatis Aristótelis et de illarum remediis, &c.
En el siglo XVIII se inicia un período de decadencia del aristotelismo. Aunque pocas, destacan algunas figuras de relieve, como los padres Díaz, Viñas, Ulloa y Losada, autor este último de un Cursus Philosophicus (1724), adoptado como texto hasta el siglo XX en los Colegios Máximos de la Compañía de Jesús.
En los tiempos modernos, siglos XIX y XX, se inicia en España, al igual que en el resto de Europa, un nuevo florecimiento del aristotelismo como consecuencia de los movimientos neoescolásticos y neotomistas. Destacan en este período, entre otros, los nombres de Balmes, Ceferino González, Ortí y Lara, Xarrié, Arintero, Casajona, Juan José Urráburu, Azcárate y Santiago Ramírez, con valiosas aportaciones a la filosofía perenne.
Fuente: “Aristotelismo”, Enciclopedia de la Cultura Española, Editora Nacional, tomo 1, páginas 470-471.
Aristotelismo Moderno y Contemporáneo
La erudición aristotélica declinó en el siglo XVIII, fue revivida en el siglo XIX bajo la influencia de la Academia de Berlín, y floreció con la tercera escolástica del siglo XX.
Véase También
Doctrinas Filosóficas
Averroismo
Escuelas Filosóficas
NEOPLATONISMO; NEOESCOLASTICISMO Y EOTOMISMO; PLATONISMO; ESCOLÁSTICA; TOMISMO.
Bibliografía
Cruz Hernández, Filosofía hispanomusulmana, Madrid 1957; Ferrater Mora, Suárez y la filosofía moderna (Cuestiones disputadas, Madrid 1955); Otto Fleckstein, Der Aristotelismus von Suárez (Actas del Congreso del Instituto de Filosofía, vol. II, págs. 317-325, Barcelona 1948); Ibrahim Madkour, L’Organon d’Aristote dans le monde arabe, 1934; Menéndez Pelayo, Ciencia española, tomo III, Madrid 1934; Peter Petersen, Geschichte der Aristotelischen Philosophie in protestantischem Deutschland (proporciona mucha información sobre la influencia del aristotelismo de Suárez sobre la filosofía y teología protestante de los siglos XVII y XVIII); J. L. Stocks, Aristotelianism, 1925; S. Tálamo, L’Aristotelismo nella storia della filosofia, 1873; Juan Zaragüeta, Una introducción moderna a la filosofía escolástica, 1947.
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