Al principio, la música rock-and-roll era una provocación, una afrenta a los padres y a los ciudadanos. Dominada por un ritmo de fondo pesado y guitarras amplificadas, la música era cruda, estridente, fácilmente accesible, y a los pocos años de su creación, adaptada y comercializada específicamente para los jóvenes, ahora un bloque de consumidores de singular importancia. Y el rock era inherentemente democrático. Cualquier niño podía reunir suficiente dinero para una guitarra, y, reuniendo a tres o cuatro almas afines, formar una banda – muchos de los mejores grupos se iniciaron precisamente de esta manera. Pero si la música en sí misma era simple, sus orígenes no lo eran. De hecho, el rock and roll fue la culminación de más de un siglo de polinización musical cruzada entre blancos y negros, amo y esclavo; una música nacida del mestizaje. Fue en esencia un medio postmoderno, uno de los primeros verdaderos productos de la sociedad de consumo.