Este texto se ocupa de las milicias provinciales. Los cantones, por ejemplo, tenían la obligación general de servir (servicio militar obligatorio), que se imponía generalmente a todos los hombres de entre 16 y 60 años. Cada soldado inscrito debía comprar sus propias armas y armaduras a sus expensas. Las familias más ricas estaban obligadas a equipar a los hombres menos afortunados. Los soldados de infantería preferían las armas ligeras para el combate cuerpo a cuerpo, para no ver obstaculizada su movilidad y a la hora de hacerse con el botín. Las picas, los arneses y las capillas de hierro no eran muy populares, y las autoridades tenían que vigilar constantemente el equilibrio entre armas pesadas y ligeras. Los oficiales realizaban inspecciones regulares (instructores). Estaba prohibido empeñar o exportar armas. La artillería era sobre todo una abigarrada colección de cañones tomados al enemigo y utilizados por los arcabuceros y sus ayudantes. Las opiniones difieren sobre el nivel de instrucción militar bajo el Antiguo Régimen. La historiografía tradicional (ver historia militar) consideraba que el manejo de las armas, en particular de la pica, y el paso de la columna de marcha a la formación de combate requerían entrenamiento.