Con Internet y las bases de datos de clientes que lo acompañan, la marca se ha vuelto realmente interactiva y, por tanto, capaz de reapropiarse de la información que ella misma ha creado. Es más, se trata fundamentalmente de reapropiarse del propio consumidor. Limitada a la publicidad y a una parte del lineal, la marca estaba aislada de su propio público, el que ella misma había construido. El reto para los sitios web es recuperar esta relación perdida, crear una relación directa. Se hace posible animar una política de acontecimientos personales, ofrecer propuestas a medida, específicas, que maximicen el valor para los consumidores. De hecho, la web es una herramienta fantástica para conocer a los clientes, la evolución de sus gustos y sus reacciones ante una oferta concreta, mucho mejor de lo que puede hacerlo cualquier investigación en la tienda. La marca puede incluso hacer que los clientes hablen libremente entre sí, sobre temas de interés común. La marca del mañana será relacional o no será.