Cuando la industria japonesa estaba en su etapa inicial, el mercado japonés era demasiado pequeño para absorber la creciente producción nacional. El Japón necesitaba un mercado mundial (o global) para seguir desarrollándose. Mediante la creación de un mercado de exportación, el Japón pudo transformar estructuralmente su economía, lo que le permitió acceder a la tecnología que necesitaba para desarrollarse. El objetivo japonés se convirtió en un objetivo de pleno empleo a través de la industrialización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se utilizaron varias tácticas para apoyar esta estrategia. En primer lugar, los japoneses importaron su tecnología, por lo que evitaron los riesgos que conllevan los grandes gastos en I+D. En cambio, negociaron acuerdos de licencia para hacer nuevos productos viables. Luego, el mejor talento de ingeniería se dirigió a la planta de producción en lugar de al departamento de diseño de productos, concentrando así su ingenio en la alta productividad y el bajo costo (o coste, como se emplea mayoritariamente en España) en lugar de en el diseño innovador.