Los flujos de energía son una fuente constante de energía para los sistemas económicos modernos y cualquier interrupción de estos flujos puede tener consecuencias de gran alcance. Así pues, la energía tiene varios componentes: económicos (funcionamiento continuo de la economía, precios, impuestos, competitividad), políticos (seguridad, independencia), militares (suministro a los ejércitos), diplomáticos (relaciones con los proveedores) y sociales (desigualdades, conflictos, huelgas). El carácter fundamentalmente estratégico de la energía justifica la instauración de una política energética. Aquí nos ocuparemos, en especial, de Europa.