Poder Coercitivo
El poder coercitivo se define como poder “duro”, como la capacidad de detectar y sancionar conductas ilícitas. La ejecución del poder coercitivo y legítimo por parte de una autoridad asegura la cooperación y prohíbe el parasitismo. Mientras que el poder coercitivo puede consistir en castigos severos y una estricta vigilancia, el poder legítimo abarca procedimientos expertos e informativos. La percepción de estos poderes ejercidos por las autoridades estimula cogniciones específicas: la confianza, los climas relacionales y los motivos. La investigación revela que el poder coercitivo aumenta el clima antagónico y el cumplimiento forzoso, mientras que el poder legítimo aumenta la confianza basada en la razón, el clima de servicio y la cooperación voluntaria. El poder coercitivo es eficaz siempre que existan recursos suficientes para detectar las infracciones de las normas y llevar a cabo el consiguiente castigo. En los casos en los que las infracciones no se descubren o no se vengaron, el poder coercitivo se percibe como débil y, por lo tanto, los motivos de cumplimiento, así como la cooperación, disminuyen.