Incluso en los países denominados “ricos”, la innovación y el progreso técnico distan mucho de beneficiar al conjunto de la sociedad, como lo demuestra la proliferación de situaciones de desempleo de larga duración, exclusión social, fragmentación urbana, etcétera. Hay que reconocer que parece inútil intentar contrarrestar el “choque del progreso técnico”. En cambio, podríamos repartir mejor los efectos positivos y controlar las externalidades negativas desde el punto de vista económico, medioambiental y humano. Aquí es donde entran en juego las dinámicas de innovación social o societal, más colectivas y participativas y más atentas a la satisfacción de las necesidades fundamentales del mayor número de personas. Desde esta perspectiva, la inventiva, el progreso y la mejora de las condiciones de vida confieren a la innovación el atributo eminentemente “social” reconocido por Joseph Schumpeter.