Este texto se ocupa de las consecuencias políticas del Estado de bienestar y la globalización política. El Estado competidor difiere del Estado de bienestar en el sentido de que promueve una “mayor mercantilización” mediante la liberalización de los movimientos transfronterizos, la recomposición del trabajo y la privatización de los servicios públicos. Mientras que el Estado de bienestar domesticaba el capitalismo, el Estado competidor compite con el capital. Se examinan los mecanismos causales que supuestamente impulsan el auge de la tesis del Estado competidor, antes de destacar sus problemas centrándose en tres propuestas: el determinismo estructural, la convergencia y la desaparición del Estado de bienestar. Las limitaciones interactúan en condiciones de recesión para restringir la capacidad del capital privado de desempeñar su función de oferta o productiva. Así pues, el reto para los actores estatales de hoy en día, visto a través del discurso contemporáneo de la globalización, es afrontar las limitaciones percibidas del Estado, principalmente para intentar combinar una medida significativa de austeridad con la retención de una red mínima de bienestar para mantener un consenso suficiente, al tiempo que se promueve la reforma estructural a nivel mesoeconómico y microeconómico para mejorar la competitividad internacional. En el mundo industrial, en general, se han producido cambios importantes en la política gubernamental, cambios que tienen graves consecuencias para el modelo de Estado del bienestar, especialmente un cambio en el enfoque de la política económica, que ha pasado de la gestión de la demanda macroeconómica a políticas mesoeconómicas y microeconómicas más específicas.