Teoría de la Agencia en Filosofía Política

Aunque no hay un contrato literal entre el gobernante y los gobernados, las actividades de apoyo a la convenci√≥n del pueblo establecen lo que puede llamarse una relaci√≥n de “agencia” entre ellos y el gobernante. Esta relaci√≥n, que seg√ļn Locke prevalece entre el gobernante y el pueblo, es una relaci√≥n en la que el gobernante act√ļa como agente del pueblo, contratado por √©ste para realizar ciertas tareas y capaz de ser despedido por √©l si considera que realiza esas tareas de forma incorrecta. Aunque esta relaci√≥n no es literalmente contractual ni en su naturaleza ni en su origen, es lo suficientemente similar a las relaciones de agencia reales iniciadas por contratos como para que se pueda perdonar cualquier conversaci√≥n metaf√≥rica sobre un “contrato social” entre gobernantes y gobernados. Para ver esta relaci√≥n de agencia, consideremos la forma en que la revoluci√≥n es posible y justificable en el modelo de convenci√≥n. Al igual que la creaci√≥n de un Estado requiere la resoluci√≥n de ciertos problemas de coordinaci√≥n potencialmente conflictivos, lo mismo ocurre con su cambio. El an√°lisis de las razones que tiene una persona para aceptar o rechazar una convenci√≥n de gobierno muestra la relaci√≥n de agencia impl√≠cita entre el gobernante y el pueblo en el modelo de convenci√≥n. En un sentido bastante literal, el gobernante es “contratado” en virtud de esta convenci√≥n, y si el pueblo decide no mantener esa convenci√≥n, entonces ser√° “despedido” y se “contratar√°” a un nuevo gobernante mediante una nueva convenci√≥n o convenio.

Estados de Bienestar en el Mundo

Este texto se ocupa de los estados de bienestar en el mundo.

Estado del Bienestar

A trav√©s de la reestructuraci√≥n pol√≠tica, el Estado del bienestar ha logrado mantenerse con √©xito como orden social. Y mientras que algunas de las herramientas y pol√≠ticas de reestructuraci√≥n muestran similitudes y convergencias, por ejemplo, al centrarse en el lado de la oferta de la econom√≠a, la agencia pol√≠tica en cada estado de bienestar es marcadamente diferente y la pol√≠tica del lado de la oferta se aplica de diversas maneras. En contra de la mayor√≠a de las expectativas, las econom√≠as peque√Īas han mostrado una notable resistencia frente a las crisis econ√≥micas y los efectos de la globalizaci√≥n, y las econom√≠as m√°s grandes no han renunciado al bienestar social, sino que han adaptado sus modelos de redistribuci√≥n a los cambios econ√≥micos mundiales.
Ciertamente, los cambios económicos globales tienen un impacto en el Estado del bienestar, y los cambios inducidos reflejan nuevas necesidades. La estrategia económica general de algunos países cambió, dando lugar a la introducción de nuevas industrias o al apoyo de nuevas tecnologías, mientras que las formas más antiguas de industria se cerraron. Estos cambios estructurales van de la mano de una nueva atención a las exigencias del mercado laboral en general y a la educación adecuada fomentada por el Estado del bienestar en particular.

Estado de Bienestar en Norteamérica

Geografía social

Este texto se ocupa de los estados de bienestar en Norteamérica. El problema central de México, en esta cuestión, es la pobreza. El desarrollo económico es esencial para el bienestar. Produce bienes materiales. Promueve la integración y la interdependencia, y amplía los derechos de las personas. Tiene efectos claramente beneficiosos sobre el bienestar social. Mientras que el gasto, la financiación y la prestación sanitarios pueden evaluarse a partir de datos cuantitativos, el análisis de la regulación y la gobernanza requiere una combinación de datos y métodos cualitativos y cuantitativos. Véase más acerca del Estado del Bienestar, su situación en Europa, su crisis, sus modelos, su origen histórico, y sus consecuencias políticas.

Crisis del Estado de Bienestar

Globalizaci√≥n y Estado de Bienestar en econom√≠a En ingl√©s: Globalization and the Welfare State in economics. V√©ase tambi√©n acerca de un concepto similar a Crisis del Estado de Bienestar en econom√≠a. Introducci√≥n a: Globalizaci√≥n y Estado de Bienestaren este contexto La mayor√≠a de las […]

Modelos del Estado del Bienestar

Es bien sabido que la salud de la población en el mundo desarrollado varía dentro de los países y entre ellos. Más recientemente, se ha sugerido que estas diferencias internacionales pueden ser, en parte, el resultado de diferentes tipos de disposiciones del Estado de bienestar (regímenes de Estado de bienestar).

Consecuencias Políticas del Estado de Bienestar

Este texto se ocupa de las consecuencias pol√≠ticas del Estado de bienestar y la globalizaci√≥n pol√≠tica. El Estado competidor difiere del Estado de bienestar en el sentido de que promueve una “mayor mercantilizaci√≥n” mediante la liberalizaci√≥n de los movimientos transfronterizos, la recomposici√≥n del trabajo y la privatizaci√≥n de los servicios p√ļblicos. Mientras que el Estado de bienestar domesticaba el capitalismo, el Estado competidor compite con el capital. Se examinan los mecanismos causales que supuestamente impulsan el auge de la tesis del Estado competidor, antes de destacar sus problemas centr√°ndose en tres propuestas: el determinismo estructural, la convergencia y la desaparici√≥n del Estado de bienestar. Las limitaciones interact√ļan en condiciones de recesi√≥n para restringir la capacidad del capital privado de desempe√Īar su funci√≥n de oferta o productiva. As√≠ pues, el reto para los actores estatales de hoy en d√≠a, visto a trav√©s del discurso contempor√°neo de la globalizaci√≥n, es afrontar las limitaciones percibidas del Estado, principalmente para intentar combinar una medida significativa de austeridad con la retenci√≥n de una red m√≠nima de bienestar para mantener un consenso suficiente, al tiempo que se promueve la reforma estructural a nivel mesoecon√≥mico y microecon√≥mico para mejorar la competitividad internacional. En el mundo industrial, en general, se han producido cambios importantes en la pol√≠tica gubernamental, cambios que tienen graves consecuencias para el modelo de Estado del bienestar, especialmente un cambio en el enfoque de la pol√≠tica econ√≥mica, que ha pasado de la gesti√≥n de la demanda macroecon√≥mica a pol√≠ticas mesoecon√≥micas y microecon√≥micas m√°s espec√≠ficas.

Utilitarismo

El utilitarismo es una teor√≠a √©tica y filos√≥fica que afirma que la mejor acci√≥n es la que maximiza la utilidad, que generalmente se define como la que produce el mayor bienestar del mayor n√ļmero de personas y, en algunos casos, de los animales sensibles. Jeremy Bentham, el fundador del utilitarismo, describi√≥ la utilidad como la suma de todo el placer que resulta de una acci√≥n, menos el sufrimiento de cualquier persona involucrada en la acci√≥n. (Tal vez sea de inter√©s m√°s investigaci√≥n sobre el concepto). El utilitarismo es una versi√≥n del consecuencialismo, que establece que las consecuencias de cualquier acci√≥n son el √ļnico est√°ndar de lo correcto y lo incorrecto. A diferencia de otras formas de consecuencialismo, como el ego√≠smo y el altruismo, el utilitarismo considera los intereses de todos los seres por igual.

Los defensores del utilitarismo han estado en desacuerdo en varios puntos, por ejemplo, si las acciones deben elegirse en función de sus resultados probables (actuar como utilitarismo) o si los agentes deben ajustarse a las reglas que maximizan la utilidad (gobernar el utilitarismo). También existe desacuerdo sobre si se debe maximizar la utilidad total (utilitarismo total), promedio (utilitarismo promedio) o mínimo [1].

Aunque las semillas de la teor√≠a se pueden encontrar en los hedonistas Aristipo y Epicuro, quienes vieron la felicidad como el √ļnico bien, la tradici√≥n del utilitarismo comenz√≥ correctamente con Bentham, e incluy√≥ a John Stuart Mill, Henry Sidgwick, RM Hare, David Braybrooke y Peter Singer.

Estado de Bienestar ante la Globalización

Globalizaci√≥n y Estado de Bienestar en econom√≠a En ingl√©s: Globalization and the Welfare State in economics. V√©ase tambi√©n acerca de un concepto similar a Estado de Bienestar ante la globalizaci√≥n en econom√≠a. Introducci√≥n a: Globalizaci√≥n y Estado de Bienestaren este contexto La mayor√≠a de […]

Contrato Social

El contrato social, uno de los principales tratados pol√≠ticos escritos por el pensador franc√©s Jean-Jacques Rousseau. Publicada en 1762 en Par√≠s bajo el t√≠tulo original de Du contrat social ou Principes du droit politique (Del contrato social o Principios de derecho pol√≠tico), en esta obra Rousseau expuso su forma de entender el necesario proceso creador de la convivencia social, basada en los principios de la democracia.[rtbs name=”democracia”] √©sta queda establecida por medio de un convenio originario (el contrato social), alejado tanto de la fuerza como de la autoridad divina, que dar√° lugar a la uni√≥n del pueblo en torno a un verdadero cuerpo pol√≠tico: el Estado. Dicho pacto ha de ser adoptado libremente por todos y cada uno de los miembros de dicho cuerpo, de forma que cada individuo renuncie a su propia independencia inicial, con lo que vence a la inherente desigualdad natural para obtener as√≠ la aut√©ntica igualdad √©tica y jur√≠dica. El pueblo constituido en cuerpo pol√≠tico act√ļa de forma soberana por medio de la voluntad general, creadora a su vez de las leyes, que tienden a la consecuci√≥n del bien com√ļn. El necesario poder ejecutivo (gobierno) estar√° supeditado a la ley emanada de la voluntad general.

Enrique Ahrens, se refiere al Contrato Social en su an√°lisis sobre el concepto y origen del Estado en su Enciclopedia Jur√≠dica y en su Filosof√≠a del Derecho, se√Īalando que jam√°s el contrato de sociedad alcanza a formar la personalidad (del cuerpo pol√≠tico).

Estado del Bienestar en Europa

El estado de bienestar en Europa constituye un gran logro. Sin √©l, una econom√≠a pujante, una sociedad habitable y confiada y un estado eficiente resultan inconcebibles. Sin embargo, al mismo tiempo el estado de bienestar se encuentra acorralado por numerosos retos demogr√°ficos, econ√≥micos, financieros y pol√≠ticos. En esta entrada se analizan importantes diferencias entre distintos estados de bienestar y la inmensa tarea a la que se enfrentan para encontrar nuevas formas de garantizar la protecci√≥n social a la vez que promueven el crecimiento econ√≥mico sostenible. Por un lado, el estado del bienestar no ha sido objeto de ning√ļn ataque significativo en el periodo inmediatamente posterior a la crisis financiera. Por otro, se han aplicado recortes del gasto cada vez m√°s dr√°sticos que parecen socavar la senda de inversi√≥n social en la que estos estados hab√≠an decidido adentrarse. Durante los √ļltimos veinte a√Īos, aproximadamente, los estados del bienestar se han adaptado continuamente a las nuevas demandas econ√≥micas y sociales, y los gobiernos han llevado a cabo (aunque con variaciones considerables) pol√≠ticas sociales innovadoras y aparentemente adecuadas, como la de inversi√≥n social.

Puntualización

Sin embargo, cuando la tensión aumenta, especialmente como consecuencia de los elevados déficits presupuestarios y de las fuertes presiones de los mercados financieros, no está claro que sea posible proteger los programas sociales fundamentales a través de reformas, ya que estos pueden convertirse en víctimas de las batallas distributivas pendientes o de nuevos cambios de orientación de las políticas. Los estados del bienestar han mostrado una flexibilidad notoria y una elevada capacidad de ajuste a los constantes cambios del entorno. Sus principales acuerdos sociales siguen gozando de gran popularidad, por lo que cualquier intento de cambio radical sigue enfrentándose a una fuerte resistencia de la población. No obstante, los graves problemas presupuestarios, las respuestas impredecibles pero amenazantes de los mercados financieros y las consecuencias de la crisis financiera en la economía real no solo urgen a adoptar nuevas reformas, sino que posiblemente estén socavando la capacidad política para aplicar dichas reformas, que son necesarias para garantizar la continuidad de la protección frente a los riesgos sociales que hasta el momento venía ofreciendo el estado del bienestar a los ciudadanos.

Consentimiento en Filosofía Política

El consentimiento (popular, o de los gobernados) es, para algunos, incompatible con la actividad revolucionaria, pero puede ser coherente con la desobediencia civil. Alguien como Martin Luther King Jr., incluso cuando desobedeci√≥ abiertamente ciertas leyes, se concibi√≥ a s√≠ mismo como comprometido con la sociedad pol√≠tica a la que desafiaba; de hecho, desafi√≥ algunas de esas leyes porque dec√≠a estar comprometido con su pa√≠s. La estrategia del ciudadano leal pero desobediente consiste en expresar su compromiso con la autoridad de los legisladores incluso rechazando lo que considera que son las leyes inmorales concretas que han legislado.En general, la desobediencia civil demuestra que el consentimiento de la convenci√≥n es un fen√≥meno complicado, cuya concesi√≥n no puede equipararse a la mera obediencia a la ley. Incluso si el consentimiento es responsable de la creaci√≥n y el mantenimiento de la autoridad pol√≠tica, es importante se√Īalar que dicho consentimiento puede no expresar la aprobaci√≥n de una persona a su r√©gimen. Para dar cabida a la noci√≥n de aprobaci√≥n, necesitamos una idea m√°s sustanciosa de consentimiento que exprese no s√≥lo la aquiescencia de un r√©gimen pol√≠tico, sino tambi√©n su aprobaci√≥n y apoyo expl√≠citos. Un r√©gimen que recibe el consentimiento de aprobaci√≥n obtiene de sus s√ļbditos no s√≥lo la actividad que lo mantiene, sino tambi√©n la actividad que transmite su respaldo y aprobaci√≥n. Un r√©gimen que cuenta con el consentimiento de la mayor√≠a de sus ciudadanos har√° algo m√°s que sobrevivir: El considerable apoyo de sus s√ļbditos lo har√° vibrante y duradero, capaz de soportar ataques desde fuera y desde dentro. M√°s all√° de un tipo de actitud hacia el Estado, el consentimiento de aprobaci√≥n es una decisi√≥n de apoyarlo debido a la determinaci√≥n de que es algo bueno que apoyar. Al dar esta forma de consentimiento, el sujeto transmite su respeto por el Estado, su lealtad a √©l, su identificaci√≥n con √©l y su confianza en √©l. Es muy probable que un Estado no pueda recibir ese consentimiento de respaldo de sus s√ļbditos a menos que sea razonablemente eficaz o justo.

Igualitarismo Político

Este texto se ocupa del igualitarismo pol√≠tico. Hay dos respuestas destacadas en las teor√≠as igualitarias modernas: igualdad de bienestar e igualdad de recursos. El igualitarismo del bienestar es popular entre aquellos que se sienten atra√≠dos por la visi√≥n del utilitarismo de que el bienestar humano es, en √ļltima instancia, la caracter√≠stica moralmente m√°s importante de una comunidad a la que el Estado debe prestar atenci√≥n, pero que quieren trazar un camino para que el Estado persiga el bienestar no de una manera “agregada”, sino de una manera m√°s sensible a las particularidades de los individuos. Sin embargo, esta forma de formular una visi√≥n igualitaria plantea algunos problemas graves. Muchos igualitaristas hayan seguido a Ronald Dworkin en la defensa del “igualitarismo de los recursos”, que har√≠a que el Estado igualara los recursos (tal vez definidos seg√ļn algo parecido a los bienes primarios de Rawls), no el bienestar. Pero Dworkin argumenta que es interesantemente dif√≠cil distribuir los recursos “equitativamente” de una manera que sea genuinamente justa. No es tan sencillo como dar la misma cantidad de recursos a cada persona y utilizar el Estado para supervisar las transferencias para garantizar que sigan siendo las mismas. En cambio, lo que Dworkin quiere defender es una forma de distribuir los recursos que, aunque no d√© lugar a que todo el mundo tenga exactamente la misma cantidad, deje a cada persona satisfecha con su suerte y sea capaz de asumir la responsabilidad de c√≥mo satisfacer sus gustos y asegurar su bienestar. Para aclarar su concepci√≥n de la igualdad, Dworkin propone un experimento mental similar al enfoque contractualista para definir la justicia.

Utilitarismo en la Filosofía Política

La teor√≠a del utilitarismo fue esbozada por el fil√≥sofo ingl√©s Jeremy Bentham (1748-1832), que pretend√≠a proporcionar una teor√≠a pol√≠tica para que el Parlamento brit√°nico y otros gobiernos la utilizaran en la construcci√≥n de una legislaci√≥n s√≥lida y racional. Bentham estaba descontento con (lo que √©l consideraba) el car√°cter sin rumbo y “no cient√≠fico” del proceso legislativo de su √©poca y criticaba la idea de que una legislaci√≥n significativa y genuinamente reformadora pudiera basarse en la idea tradicional (y en su opini√≥n oscura) de los “derechos”. (En una ocasi√≥n coment√≥: “Los derechos naturales son un simple disparate: los derechos naturales e imprescriptibles, un disparate ret√≥rico, un disparate sobre zancos”). El principio de utilidad de Bentham, ya sea en su forma cl√°sica o media, ha sido persistentemente atractivo para generaciones de pol√≠ticos, legisladores y te√≥ricos desde que lo promulg√≥. No s√≥lo es sencillo y aparentemente “cient√≠fico” en el sentido de que se le puede dar una formulaci√≥n matem√°tica (complaciendo as√≠ a los cient√≠ficos sociales que desean tener fundamentos claros y rigurosos para la formulaci√≥n de pol√≠ticas), sino que tambi√©n se ocupa centralmente de lo que muchos consideran el n√ļcleo de la moralidad, a saber, el bienestar humano. Tambi√©n ha sido muy atractivo para los defensores del Estado del bienestar moderno, a quienes les gusta la idea de un gobierno activo en la ingenier√≠a de las instituciones sociales utilizando un principio de razonamiento riguroso que se ocupa de lo que (al menos se puede decir) m√°s importa en cuestiones de justicia, es decir, el bienestar humano. Sin embargo, el principio de utilidad ha sido fuertemente atacado, de modo que a lo largo de los a√Īos los defensores de ese principio han sentido la necesidad de modificarlo o redefinirlo para hacerlo plausible.

Teoría de la Justicia de John Rawls

Este texto se ocupa de “La Teor√≠a de la Justicia” de John Rawls, una obra fundamental en la filosof√≠a jur√≠dica y en la filosof√≠a pol√≠tica. En 1971 John Rawls public√≥ su obra “Una teor√≠a de la justicia”, y la filosof√≠a pol√≠tica no ha vuelto a ser la misma desde entonces.
Rawls no s√≥lo sent√≥ las bases para una reconsideraci√≥n a gran escala de la naturaleza de la justicia distributiva por parte de los fil√≥sofos cr√≠ticos con el utilitarismo (v√©ase m√°s), sino que tambi√©n dio nueva vida a la disciplina de la filosof√≠a pol√≠tica, que estaba en gran medida moribunda en el mundo angloamericano en la primera mitad del siglo XX. Influido por la agitaci√≥n pol√≠tica de los a√Īos 60, la visi√≥n de Rawls del Estado justo tiene un esp√≠ritu profundamente igualitario que muchos han encontrado convincente. Rawls argumenta que las partes se encuentran en una situaci√≥n de incertidumbre porque no pueden estimar la probabilidad de que sean ricos o pobres, con talento o sin √©l, etc. Por lo tanto, dice Rawls, tienen que elegir como si pudieran acabar siendo los miembros menos favorecidos de su sociedad, de modo que querr√≠an aquella concepci√≥n de la justicia que les diera el mejor trato en ese escenario. Aqu√≠ se desarrolla su argumento, en especial en relaci√≥n a la justicia distributiva.

Teorías del Contrato Social

Teor√≠as del Contrato Social Este elemento es una expansi√≥n del contenido de los cursos y gu√≠as de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y an√°lisis sobre este tema. Primeras Teor√≠as del Contrato Social “Para entender bien el poder pol√≠tico y derivarlo de su origen, debemos considerar en qu√© estado se encuentran naturalmente todos los hombres, es decir, … Leer m√°s

Contrato Social de Locke

En vista de los problemas que plantea, es justo decir que, a pesar de la enorme popularidad de la teor√≠a contractual de Locke desde la publicaci√≥n de los Dos Tratados de Gobierno, su argumento del contrato social es un desarrollo insatisfactorio de la idea de que la autoridad pol√≠tica de un gobernante se deriva del consentimiento de las personas que est√°n sujetas a √©l. ¬ŅPodemos desarrollar mejor esa idea?

Filosofía Política de Locke

Filosof√≠a Pol√≠tica de Locke Este elemento es una expansi√≥n del contenido de los cursos y gu√≠as de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y an√°lisis sobre este tema. El Argumento del Contrato Social de Locke Quiz√°s muchos de nosotros respiraremos aliviados al ver que el argumento del contrato social de alienaci√≥n de Hobbes fracasa (v√©ase una larga … Leer m√°s

Contrato Social de Hobbes

Aunque Hobbes argumenta que el pueblo debe “enajenar” su derecho a gobernarse a s√≠ mismo al soberano, de hecho el √ļnico tipo de investidura de poder y autoridad que es posible para el pueblo tal y como √©l lo ha descrito (y tal y como lo conocemos) es uno que est√° supeditado a su determinaci√≥n de que el soberano est√° gobernando de una manera que asegura su protecci√≥n. Esto significa que, en realidad, el Leviat√°n tiene dos argumentos: el argumento “oficial” de la alienaci√≥n y el argumento de la agencia real pero no reconocida. El argumento del contrato “real” no oficial en el Leviat√°n supone, y debe suponer, que cuando el pueblo crea un gobernante, lo hace de una manera que le permite rescatar su concesi√≥n de autoridad y poder si cree que el gobernante no est√° gobernando de una manera que promueva sus intereses de seguridad y protecci√≥n. En cierto sentido, por tanto, los supuestos del argumento del contrato social de Hobbes lo comprometen con la opini√≥n de que un “soberano absoluto” es contratado y despedido por el pueblo que gobierna. Pero si el soberano gobierna a gusto del pueblo, entonces su autoridad y su poder est√°n en funci√≥n de que √©ste le haya prestado el poder y la autoridad durante el tiempo que le resulte ventajoso.

Comunitarismo en Filosofía Política

Al igual que Plat√≥n, los comunitaristas creen que los seres humanos pueden alcanzar una vida buena s√≥lo si viven dentro de una sociedad que funcione bien y que el gobierno debe ayudar a crear (aunque, como hemos se√Īalado, los comunitaristas est√°n, a diferencia de Plat√≥n, generalmente comprometidos con las formas democr√°ticas de gobierno). Como su nombre indica, los comunitaristas se preocupan ante todo por la comunidad: Insisten en que cada uno de nosotros, como individuo, desarrolla una identidad, unos talentos y unos objetivos en la vida s√≥lo en el contexto de una comunidad. La vida pol√≠tica, por tanto, debe comenzar con una preocupaci√≥n por la comunidad (no por el individuo), ya que la comunidad es lo que determina y moldea la naturaleza de los individuos. El problema de la confianza de los liberales en la raz√≥n, dicen los comunitaristas, es que su concepci√≥n de la raz√≥n est√° desconectada de las tradiciones sociales, operando en el vac√≠o (pensemos en el razonamiento de la posici√≥n original de Rawls) y, por lo tanto, desconectada de las preocupaciones reales, las suposiciones, los objetivos, las aspiraciones y los sistemas de creencias que tienen las personas reales, socialmente integradas.

Historia del Estado de Bienestar

La Gran Depresi√≥n de finales de la d√©cada de 1920 y principios de la de 1930 oblig√≥ a los responsables pol√≠ticos de las democracias occidentales a desarrollar nuevos sistemas administrativos y enfoques de gobierno. Los l√≠deres de los pa√≠ses industrializados observaron con impotencia c√≥mo el valor de los activos de su pa√≠s se desplomaba. Mientras tanto, las industrias nacionales se derrumbaron y millones de ciudadanos se encontraron desempleados e indigentes. Esta entrada tambi√©n considera las condiciones que influyeron en el surgimiento de los estados de bienestar modernos en pa√≠ses como Alemania, Suecia, Canad√°, Estados Unidos y Gran Breta√Īa. La aplicaci√≥n generalizada de los conceptos econ√≥micos keynesianos por parte de varios gobiernos de todo el mundo industrializado llev√≥ a muchos a referirse al per√≠odo comprendido entre 1945 y los a√Īos setenta como “la edad de oro del capitalismo dirigido”.

Gobernados

¬ŅPor qu√© funciona un sistema pol√≠tico si la gente que gobierna el Estado es, en √ļltima instancia, la que le da poder y lo autoriza? Si las personas necesitan un Estado porque se inclinan a ser injustas, codiciosas, propensas a la violencia cuando se pelean con sus semejantes, y parciales en su propio caso, entonces ¬Ņc√≥mo puede sobrevivir cualquier Estado si esas mismas personas son las que, mediante convenci√≥n, crean y mantienen los Estados que las gobiernan? Algunos autores han llamado a esto la paradoja de ser gobernado. Los radicales socialistas de principios del siglo XX ten√≠an raz√≥n cuando se refer√≠an a los votos como “piedras de papel”. Nuestros “representantes” elegidos no nos representan en ning√ļn sentido literal, como si estuvi√©ramos gobernando “a trav√©s de ellos”. Esto no tiene sentido. Ellos gobiernan y nosotros no. Pero como podemos privarles f√°cilmente del poder -destituirles, si se quiere- a ciertos intervalos regulares, tienen (al menos te√≥ricamente) el incentivo de gobernar de una manera que responda a nuestros intereses. Al igual que cualquier otro empleado, si quieren mantener su puesto de trabajo deben trabajar para satisfacer a su empleador.

Consentimiento de los Gobernados

Una renovada demanda de consentimiento expl√≠cito pod√≠a provocar una agitaci√≥n radical; incluso si los gobernantes que institu√≠an tales reformas estaban igualmente deseosos de forjar nuevos h√°bitos de deferencia y crear una nueva cultura de obediencia pol√≠tica por defecto. En su libro “Sobre el contrato social”, Rousseau atac√≥ la forma brit√°nica del llamado gobierno “representativo” como un fraude y una farsa. En el mismo libro, Rousseau imagin√≥ reuniones anuales de la ciudadan√≠a en las que el pueblo en asamblea someter√≠a a votaci√≥n dos simples preguntas: “¬ŅLe parece bien al soberano conservar la forma actual de gobierno?” y “¬ŅLe parece bien al pueblo dejar la administraci√≥n en manos de los actuales responsables? “. A medida que surg√≠an las naciones, sus gobernantes necesitaban algo m√°s que la capacidad de castigar a la gente para mantener sus pa√≠ses unidos. Necesitaban que sus ciudadanos sintieran lealtad hacia la naci√≥n, y tambi√©n necesitaban que la gente aceptara su gobierno como leg√≠timo. En Europa, algunos fil√≥sofos y reyes reivindicaron la idea del “derecho divino”, afirmando que, al igual que Dios hab√≠a dado a los sacerdotes y predicadores autoridad sobre las iglesias, otorgaba a los reyes y otros miembros de la realeza -as√≠ como a sus descendientes- el control sobre las naciones. No es de extra√Īar que los descendientes de la realeza se adhirieran a esta idea. Si la gente cre√≠a que los gobernantes eran designados por Dios, ser√≠a menos probable que se rebelaran y m√°s probable que obedecieran.

Comunitarismo

Comunitarismo en la Teor√≠a del Derecho: Esta entrada, aparte de los aspectos pol√≠ticos del t√©rmino, investiga las relaciones de poder / conocimiento entre el gobierno penal contempor√°neo y la teor√≠a criminol√≥gica. Se discute el surgimiento de lo que puede llamarse comunitarismo neoliberal. En relaci√≥n con el “welfarismo penal” que tiene √©xito, el comunitarismo neoliberal proporciona una raz√≥n de gobierno que permite una mayor complejidad, precisamente porque consiste en un conjunto parad√≥jico de doctrinas, discursos y t√©cnicas. Esto implica un √©nfasis tanto en la ‘responsabilidad individual’ como en la ‘comunidad’, protegiendo el mercado y la comunidad mediante el endurecimiento del control social, la ley y el orden y la producci√≥n de autocontrol racional.Individuos excluyendo al ciudadano de riesgo cultural y biol√≥gico. Esta voz ilustra la incorporaci√≥n de las teor√≠as criminol√≥gicas como fundamentos de la pol√≠tica, y explica c√≥mo las teor√≠as criminol√≥gicas pueden ubicarse en el espacio discursivo del comunitarismo neoliberal. El concepto de comunitarismo se desarrolla presentando los elementos clave y los te√≥ricos clave. Los elementos son una metodolog√≠a hermen√©utica, la cr√≠tica del individualismo, un concepto del bien, la idea de comunidad y las virtudes c√≠vicas. Entre los te√≥ricos clave, Charles Taylor, Michael Sandel y Alasdair MacIntyre responden cr√≠ticamente al liberalismo en la teor√≠a de John Rawls, enfatizando que no puede explicar las lealtades a las comunidades y la motivaci√≥n para actuar moralmente. Michael Walzer relaciona valores comunes y una idea compartida de lo justo con opiniones comunes en diferentes esferas de la justicia que se dirige contra el liberalismo rawlsiano. Philip Selznick y Amitai Etzioni superan el debate liberal-comunitario al se√Īalar que el desarrollo de valores comunes presupone el libre consentimiento de los individuos. Robert Bellah se√Īala la importancia del compromiso c√≠vico y la orientaci√≥n de valores para una buena sociedad. Etzioni critica por un lado la negligencia del contexto social de la integridad individual en la teor√≠a liberal. Por otro lado, insiste en la democracia interna en las comunidades como criterio de evaluaci√≥n de los sistemas de valores para evitar el relativismo y los valores opresivos. La predicci√≥n final es que las ideas comunitarias jugar√°n un papel estable en la autorreflexi√≥n de las sociedades en proceso de modernizaci√≥n.

Origen del Estado de Bienestar

En 1601, Inglaterra experimentaba una grave depresi√≥n econ√≥mica, con desempleo a gran escala y hambruna generalizada. La Reina Isabel proclam√≥ un conjunto de leyes dise√Īadas para mantener el orden y contribuir al bien general del reino: las Leyes de los Pobres Ingleses. Estas leyes permanecieron en vigor durante m√°s de 250 a√Īos con solo cambios menores. Esencialmente, las leyes distinguieron tres categor√≠as principales de dependientes: el vagabundo, el desempleado involuntario y el desamparado. Las leyes tambi√©n establecieron formas y medios para tratar con cada categor√≠a de dependientes. Lo m√°s importante es que las leyes establecieron la parroquia (es decir, el gobierno local), actuando a trav√©s de un supervisor de los pobres nombrado por los funcionarios locales, como la unidad administrativa para la ejecuci√≥n de la ley.

Bienestar Social en Estados Unidos

La reforma del bienestar consigui√≥ su empuje principal del gobierno de la ciudad y del estado. Estos niveles del sector p√ļblico empezaron a sufrir graves crisis presupuestarias durante los a√Īos setenta y ochenta. Un ejemplo principal era la ciudad de Nueva York. Nueva York experiment√≥ una crisis fiscal en 1975. La asistencia p√ļblica, entre otras cosas, fue culpada por los problemas fiscales de la ciudad, precipitando un movimiento para reformar el bienestar de la ciudad. Durante la d√©cada de 1980, otras ciudades siguieron el ejemplo de Nueva York. Al mismo tiempo, los gobiernos estatales de todo el pa√≠s empezaron a pedir “exenciones” de las regulaciones federales relativas a la asistencia p√ļblica. Como resultado, muchas caracter√≠sticas de TANF, incluyendo l√≠mites de tiempo y restricciones para padres adolescentes, ya se hab√≠an implementado a nivel estatal cuando se promulg√≥ la legislaci√≥n federal de 1996.