Solidaridad

Esta entrada se ocupa de la Solidaridad, un principio que representa el componente esencial para la conformación de la seguridad social, que permite que cada miembro de la sociedad contribuir según sus capacidades y a la vez recibir prestaciones sufrientes para superar un estado de necesidad. Además, esta entrada ofrece una visión general del concepto «solidaridad» en un marco más amplio. Tras una breve descripción de los principales relatos sociológicos, el texto pasa a examinar la solidaridad tal como se utiliza en los movimientos para el cambio social. Se incluye una discusión de la solidaridad como un compromiso hecho por los poderosos para ayudar a los desamparados en las luchas por la justicia. También se presenta la solidaridad como obligaciones del Estado de bienestar y como un derecho humano. El texto termina con la mención de las justificaciones normativas de la solidaridad y dos posibles desafíos a las relaciones de solidaridad.

Historia de la Desconfianza Política

Este texto se ocupa de la historia de la desconfianza de la población hacia los políticos y la consecuencias de la desconfianza política en los años 70. Este texto también analiza los esfuerzos del gobierno para aumentar la lealtad del público. A principios de la década de 1970 se produjo una renovada hostilidad pública hacia el gobierno y las grandes empresas. Mucha gente criticaba el imperialismo y la violencia del gobierno. Los juristas simpatizaban más con los activistas. La influencia de las empresas en el gobierno federal, aunque siempre presente, se hizo más descarada. Los políticos de los dos principales partidos aceptaron contribuciones ilegales de las grandes empresas y cooperaron con los grupos de presión de la industria. El año 1975 supuso la consolidación del sistema. El gobierno combinó la agresión militar con investigaciones muy publicitadas destinadas a demostrar que «el sistema se criticaba y corregía a sí mismo». Las investigaciones demostraron que la CIA había conspirado en complots para asesinar a jefes de estado en otros países, por ejemplo. Pero después de que los culpables individuales fueran señalados y castigados, el sistema permaneció intacto. Ninguna de las tácticas del gobierno restableció la confianza de los ciudadanos. El desempleo aumentaba y la gente se preocupaba por la inflación. El aumento de la participación democrática de la década de 1960 condujo a una desconfianza general en la autoridad, especialmente en la autoridad del presidente.

Apertura Política en los Años 70

Este texta se ocupa principalmente de la necesidad de apertura democrática y política en los años 70 en América. Un informe publicado por la Comisión Trilateral, un grupo de líderes políticos de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, evaluó el estado de ánimo del público. El informe recomendaba poner límites a la democracia y hacer crecer una economía multinacional a través del capitalismo. Aun así, la fe pública seguía siendo baja y los ciudadanos continuaban desafiando el poder corporativo. Durante las celebraciones del bicentenario del país en 1976, los manifestantes celebraron un «Bicentenario del Pueblo» y arrojaron al puerto de Boston paquetes etiquetados con nombres de corporaciones petroleras.

Autoridad Democrática

Basándose en las ideas que Hobbes, Locke y Aristóteles sugieren y utilizando las herramientas de la ciencia social moderna para ayudar a desarrollar un nuevo y mejor tipo de teoría basada en el consentimiento. La teoría que algunos autores proponen distingue entre tres tipos de estructuras de poder que pueden existir en un territorio: el dominio, la autoridad política y la autoridad política moralmente legítima (la tercera es una especie de la segunda). El modelo de convención de la autoridad política puede desarrollarse de forma plausible y robusta, de manera que arroje luz sobre la estructura de las democracias modernas. Las democracias modernas son estados en los que el reconocimiento de que la autoridad política es creada y sostenida por el pueblo está explícitamente incorporado a la estructura del estado en forma de votación (para los cargos y las leyes), disposiciones constitucionales para ejercer el control sobre las instituciones políticas, procedimientos de enmienda constitucional, etc. Pero todavía hay muchas preguntas que podemos hacer sobre este modelo.

Consentimiento en Filosofía Política

El consentimiento (popular, o de los gobernados) es, para algunos, incompatible con la actividad revolucionaria, pero puede ser coherente con la desobediencia civil. Alguien como Martin Luther King Jr., incluso cuando desobedeció abiertamente ciertas leyes, se concibió a sí mismo como comprometido con la sociedad política a la que desafiaba; de hecho, desafió algunas de esas leyes porque decía estar comprometido con su país. La estrategia del ciudadano leal pero desobediente consiste en expresar su compromiso con la autoridad de los legisladores incluso rechazando lo que considera que son las leyes inmorales concretas que han legislado.En general, la desobediencia civil demuestra que el consentimiento de la convención es un fenómeno complicado, cuya concesión no puede equipararse a la mera obediencia a la ley. Incluso si el consentimiento es responsable de la creación y el mantenimiento de la autoridad política, es importante señalar que dicho consentimiento puede no expresar la aprobación de una persona a su régimen. Para dar cabida a la noción de aprobación, necesitamos una idea más sustanciosa de consentimiento que exprese no sólo la aquiescencia de un régimen político, sino también su aprobación y apoyo explícitos. Un régimen que recibe el consentimiento de aprobación obtiene de sus súbditos no sólo la actividad que lo mantiene, sino también la actividad que transmite su respaldo y aprobación. Un régimen que cuenta con el consentimiento de la mayoría de sus ciudadanos hará algo más que sobrevivir: El considerable apoyo de sus súbditos lo hará vibrante y duradero, capaz de soportar ataques desde fuera y desde dentro. Más allá de un tipo de actitud hacia el Estado, el consentimiento de aprobación es una decisión de apoyarlo debido a la determinación de que es algo bueno que apoyar. Al dar esta forma de consentimiento, el sujeto transmite su respeto por el Estado, su lealtad a él, su identificación con él y su confianza en él. Es muy probable que un Estado no pueda recibir ese consentimiento de respaldo de sus súbditos a menos que sea razonablemente eficaz o justo.

Teoría de la Agencia en Filosofía Política

Aunque no hay un contrato literal entre el gobernante y los gobernados, las actividades de apoyo a la convención del pueblo establecen lo que puede llamarse una relación de «agencia» entre ellos y el gobernante. Esta relación, que según Locke prevalece entre el gobernante y el pueblo, es una relación en la que el gobernante actúa como agente del pueblo, contratado por éste para realizar ciertas tareas y capaz de ser despedido por él si considera que realiza esas tareas de forma incorrecta. Aunque esta relación no es literalmente contractual ni en su naturaleza ni en su origen, es lo suficientemente similar a las relaciones de agencia reales iniciadas por contratos como para que se pueda perdonar cualquier conversación metafórica sobre un «contrato social» entre gobernantes y gobernados. Para ver esta relación de agencia, consideremos la forma en que la revolución es posible y justificable en el modelo de convención. Al igual que la creación de un Estado requiere la resolución de ciertos problemas de coordinación potencialmente conflictivos, lo mismo ocurre con su cambio. El análisis de las razones que tiene una persona para aceptar o rechazar una convención de gobierno muestra la relación de agencia implícita entre el gobernante y el pueblo en el modelo de convención. En un sentido bastante literal, el gobernante es «contratado» en virtud de esta convención, y si el pueblo decide no mantener esa convención, entonces será «despedido» y se «contratará» a un nuevo gobernante mediante una nueva convención o convenio.

Convenio Rector en la Autoridad Política

¿Cómo inventa o crea el pueblo la autoridad política? ¿Y cómo implica el consentimiento? Los Estados reales no parecen haber sido creados mediante promesas explícitas entre los ciudadanos, y las promesas ficticias en contratos hipotéticos no confieren autoridad. Así que necesitamos una forma de entender el proceso de invención de la sociedad política que sea a la vez históricamente plausible y que genere autoridad para que este enfoque de la autoridad política tenga éxito. El truco para desarrollar tal explicación es, como se ha señalado por algún autor contemporáneo, buscar una actividad de consentimiento que no sea explícita, prometedora o abiertamente dirigida a algún gobernante, sino más bien implícita, no prometedora y dirigida a desarrollar lo que llamamos una «convención de gobierno», es decir, una convención que defina no sólo los cargos gubernamentales y los titulares de los mismos, sino también la naturaleza de la autoridad que tienen los que ocupan los cargos. Esta actividad consensuada puede adoptar diversas formas, por lo que para buscarla debemos comprender, a un nivel básico y abstracto, su forma de creación de convenciones. También tratamos, en este texto, de aclarar lo que implica la actividad consentidora de un sujeto, que da lugar a una convención de gobierno; entonces, como mostramos, podemos utilizar este modelo para entender la dinámica de las historias reales de creación de Estados.

Importancia del Estado

Desde la época de Aristóteles hasta nuestros días, los filósofos han detallado los tipos de problemas sociales que podrían ser resueltos por una autoridad política que pudiera exigir obediencia. Una autoridad política legisla para resolver los problemas de coordinación y del dilema del prisionero en la comunidad (a través de las reglas de la propiedad, el contrato o el matrimonio, o de las reglas del derecho penal); adjudica los conflictos, hace cumplir la resolución de estos conflictos y hace cumplir la ley en general. En resumen, la mayoría de los filósofos entienden que la autoridad política es una autoridad que exige obediencia para garantizar el orden.
Todos los problemas de la teoría de los juegos y los problemas creados por el comportamiento antisocial son problemas de orden, que requieren una institución que permita a las personas lograr la coordinación, obtener la seguridad necesaria para que la cooperación sea racional, y proporcionar sanciones que fomenten el comportamiento cooperativo en situaciones en las que, de otro modo, sería irracional o, como mínimo, inoportuno. Aunque asegurar el orden en estos diversos sentidos no es, sin duda, la única tarea del Estado (y, de hecho, el objetivo de algunos textos de esta plataforma es reflexionar sobre otros propósitos del Estado), no obstante se suele asumir que esta tarea es necesaria para que podamos llamar a cualquier sistema de poder y autoridad un auténtico Estado.

Justicia Distributiva en el Ámbito Político

Este texto se ocupa de la justicia distributiva en el ámbito político. Los Estados se justifican en la medida en que son creados por convención por las personas de un territorio para cumplir ciertas funciones consideradas extremadamente importantes por razones morales y de interés propio. Este proceso de creación implica la invención de un tipo especial de autoridad y un considerable poder coercitivo que luego se invierte en esas personas que se dice que «componen» el Estado. Con este poder y esta autoridad, estos gobernantes desempeñan las funciones para las que se creó el Estado. Nuestro análisis también nos ha permitido distinguir entre lo que se llama propiamente «estados» y (meros) «sistemas de dominio». Las personas que son ciudadanos de estados desempeñan un papel en el mantenimiento (y tienen la suficiente libertad para emprender acciones colectivas para cambiar) la convención de liderazgo de su sociedad; los que están sujetos a sistemas de dominio son dominados mediante el uso de la tecnología que les deja relativamente impotentes para cambiar la forma de ese dominio mientras exista esa ventaja tecnológica. Pero, como hemos señalado, quizá todos los Estados tengan algunos elementos de dominio en su interior. No obstante, esta no es una respuesta plenamente satisfactoria para los anarquistas. Hay aspectos de la justicia en el que los desacuerdos son más graves y que ha sido la parte más dominante de la teoría política desde finales de los años sesenta: es decir, la justicia distributiva, que implica las reglas de propiedad e intercambio de bienes, el derecho de sucesiones, los impuestos (especialmente si se proponen con fines de redistribución de la riqueza) y las regulaciones sobre las instituciones que crean o utilizan la riqueza. Revisamos cuatro formas diferentes de definir la justicia distributiva: el utilitarismo, el contractualismo rawlsiano, el libertarismo y el igualitarismo. En vista de estos desacuerdos, no hay manera de que los ciudadanos de cualquier régimen de la tierra puedan estar unánimemente de acuerdo en que un régimen tiene un gran éxito en la realización de la justicia, ya que los partidarios de cualquiera de estos puntos de vista se opondrán a los Estados que no respalden su punto de vista favorito.

Alcance de la Justa Autoridad Política

Los marxistas también critican a los que hacen hincapié en la justicia distributiva, pero por razones muy diferentes a las de los comunitaristas. Karl Marx (1818-1883) argumentó que cualquier distribución de recursos en una sociedad está inevitablemente generada por la forma de organización económica de esa sociedad. En nuestra época esa forma de organización es el capitalismo, y Marx argumenta que el capitalismo opera para generar grandes desigualdades de riqueza (y bienestar) debido a la forma en que los mercados y las empresas capitalistas operan para favorecer a los propietarios y perjudicar a los trabajadores. En «El Capital», Marx incluso propone una teoría económica basada en la «teoría del valor del trabajo» (popular en el siglo XIX pero ahora ampliamente rechazada por los economistas) para tratar de mostrar cómo la explotación del trabajador en este sistema es inevitable. Por otro lado, y en relación a la teoría feminista, si las preferencias de las personas son creadas en parte por un sistema injusto de dominación, entonces una teoría de la justicia distributiva que simplemente satisface esas preferencias sin evaluarlas o tratar de corregir las fuerzas opresivas que las generan también es moralmente insatisfactoria.

Igualitarismo Político

Este texto se ocupa del igualitarismo político. Hay dos respuestas destacadas en las teorías igualitarias modernas: igualdad de bienestar e igualdad de recursos. El igualitarismo del bienestar es popular entre aquellos que se sienten atraídos por la visión del utilitarismo de que el bienestar humano es, en última instancia, la característica moralmente más importante de una comunidad a la que el Estado debe prestar atención, pero que quieren trazar un camino para que el Estado persiga el bienestar no de una manera «agregada», sino de una manera más sensible a las particularidades de los individuos. Sin embargo, esta forma de formular una visión igualitaria plantea algunos problemas graves. Muchos igualitaristas hayan seguido a Ronald Dworkin en la defensa del «igualitarismo de los recursos», que haría que el Estado igualara los recursos (tal vez definidos según algo parecido a los bienes primarios de Rawls), no el bienestar. Pero Dworkin argumenta que es interesantemente difícil distribuir los recursos «equitativamente» de una manera que sea genuinamente justa. No es tan sencillo como dar la misma cantidad de recursos a cada persona y utilizar el Estado para supervisar las transferencias para garantizar que sigan siendo las mismas. En cambio, lo que Dworkin quiere defender es una forma de distribuir los recursos que, aunque no dé lugar a que todo el mundo tenga exactamente la misma cantidad, deje a cada persona satisfecha con su suerte y sea capaz de asumir la responsabilidad de cómo satisfacer sus gustos y asegurar su bienestar. Para aclarar su concepción de la igualdad, Dworkin propone un experimento mental similar al enfoque contractualista para definir la justicia.

Libertarismo de Nozick

Este texto se ocupa del libertarismo de Roberto Nozick. La preocupación última de Nozick es la forma en que las concepciones de estado final y de patrón interfieren con la libertad. En cierto sentido, está de acuerdo con la importancia y la prioridad del primer principio de justicia de Rawls, pero, en opinión de Nozick, ese primer principio, que exige la misma libertad para todos, tiene implicaciones para el tipo de concepción de la justicia que puede respaldar una sociedad amante de la libertad. Debe ser una que permita a las personas la máxima (e igual) libertad para hacer con su propiedad lo que decidan hacer, sin estar sujetos a la interferencia del Estado. De ahí que Nozick esté a favor de un principio histórico de justicia, es decir, uno que atribuya a alguien un derecho de propiedad sobre un objeto en función de la historia de la adquisición de ese objeto por parte de esa persona, y no en función de si su posesión se ajusta a algún tipo de patrón. Ha habido muchas críticas a los puntos de vista libertarios en general y a la versión del libertarismo de Nozick en particular, algunas de ellas apasionadas. La crítica más obvia y popular ha sido a la noción libertaria de los derechos: ¿Por qué deberíamos pensar que la moral exige que concedamos a las personas unos derechos tan absolutos? ¿Cómo se puede pensar que los derechos se imponen de forma tan decisiva a todas las consideraciones sobre el bienestar de los demás en la comunidad? ¿Nozick realmente nos haría resistirnos a los derechos «absolutos» incluso si su respeto provocara un desastre para la comunidad en general? Además, ¿qué pasaría si la economía floreciera mejor si el Estado interfiriera en la economía de mercado (y, por tanto, en la actividad de transferencia de los individuos a través de contratos, etc.), por ejemplo, a través de la legislación antimonopolio?

Utilitarismo en la Filosofía Política

La teoría del utilitarismo fue esbozada por el filósofo inglés Jeremy Bentham (1748-1832), que pretendía proporcionar una teoría política para que el Parlamento británico y otros gobiernos la utilizaran en la construcción de una legislación sólida y racional. Bentham estaba descontento con (lo que él consideraba) el carácter sin rumbo y «no científico» del proceso legislativo de su época y criticaba la idea de que una legislación significativa y genuinamente reformadora pudiera basarse en la idea tradicional (y en su opinión oscura) de los «derechos». (En una ocasión comentó: «Los derechos naturales son un simple disparate: los derechos naturales e imprescriptibles, un disparate retórico, un disparate sobre zancos»). El principio de utilidad de Bentham, ya sea en su forma clásica o media, ha sido persistentemente atractivo para generaciones de políticos, legisladores y teóricos desde que lo promulgó. No sólo es sencillo y aparentemente «científico» en el sentido de que se le puede dar una formulación matemática (complaciendo así a los científicos sociales que desean tener fundamentos claros y rigurosos para la formulación de políticas), sino que también se ocupa centralmente de lo que muchos consideran el núcleo de la moralidad, a saber, el bienestar humano. También ha sido muy atractivo para los defensores del Estado del bienestar moderno, a quienes les gusta la idea de un gobierno activo en la ingeniería de las instituciones sociales utilizando un principio de razonamiento riguroso que se ocupa de lo que (al menos se puede decir) más importa en cuestiones de justicia, es decir, el bienestar humano. Sin embargo, el principio de utilidad ha sido fuertemente atacado, de modo que a lo largo de los años los defensores de ese principio han sentido la necesidad de modificarlo o redefinirlo para hacerlo plausible.

Teoría de la Justicia de John Rawls

Este texto se ocupa de «La Teoría de la Justicia» de John Rawls, una obra fundamental en la filosofía jurídica y en la filosofía política. En 1971 John Rawls publicó su obra «Una teoría de la justicia», y la filosofía política no ha vuelto a ser la misma desde entonces.
Rawls no sólo sentó las bases para una reconsideración a gran escala de la naturaleza de la justicia distributiva por parte de los filósofos críticos con el utilitarismo (véase más), sino que también dio nueva vida a la disciplina de la filosofía política, que estaba en gran medida moribunda en el mundo angloamericano en la primera mitad del siglo XX. Influido por la agitación política de los años 60, la visión de Rawls del Estado justo tiene un espíritu profundamente igualitario que muchos han encontrado convincente. Rawls argumenta que las partes se encuentran en una situación de incertidumbre porque no pueden estimar la probabilidad de que sean ricos o pobres, con talento o sin él, etc. Por lo tanto, dice Rawls, tienen que elegir como si pudieran acabar siendo los miembros menos favorecidos de su sociedad, de modo que querrían aquella concepción de la justicia que les diera el mejor trato en ese escenario. Aquí se desarrolla su argumento, en especial en relación a la justicia distributiva.

Filosofía Política de Hobbes

El argumento de Hobbes recibió su desarrollo más completo en su clásico «Leviatán» (1651). Las líneas generales de su punto de vista son bastante sencillas: Imaginemos, dice Hobbes, un mundo en el que las personas viven sin ser gobernadas y, de hecho, sin estar siquiera en sociedad unas con otras. Tal «estado de naturaleza», según Hobbes, sería un estado de guerra, en el que las personas entrarían inevitablemente en conflicto y se harían la guerra unas a otras, de modo que sus vidas serían «solitarias, pobres, desagradables, brutales y cortas». Para preservar sus vidas y lograr una existencia cómoda, Hobbes dice que los seres humanos han creado y mantenido (y fueron racionales para crear y mantener) sociedades políticas para asegurar la paz y las condiciones para el comercio. Sin embargo, sostiene, la única forma viable de sociedad política que puede alcanzar estos fines es la gobernada por un soberano absoluto en el poder sobre el pueblo. Los detalles del experimento de pensamiento de Hobbes son filosóficamente importantes: Podemos, dice, pensar en las personas en el estado de naturaleza como si estuvieran «incluso ahora brotando de la tierra, y de repente, como los hongos, llegan a la plena madurez, sin ningún tipo de compromiso entre sí». El hecho de que Hobbes creyera posible tal experimento mental y revelador de la naturaleza última de los seres humanos muestra que no está de acuerdo con un filósofo como Aristóteles, que insistiría en que despojar a las personas de sus conexiones sociales equivale a despojarlas de gran parte de su humanidad.

Teorías del Contrato Social

Teorías del Contrato Social Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. Primeras Teorías del Contrato Social «Para entender bien el poder político y derivarlo de su origen, debemos considerar en qué estado se encuentran naturalmente todos los hombres, es decir, … Leer más

Contrato Social de Locke

En vista de los problemas que plantea, es justo decir que, a pesar de la enorme popularidad de la teoría contractual de Locke desde la publicación de los Dos Tratados de Gobierno, su argumento del contrato social es un desarrollo insatisfactorio de la idea de que la autoridad política de un gobernante se deriva del consentimiento de las personas que están sujetas a él. ¿Podemos desarrollar mejor esa idea?

Filosofía Política de Locke

Filosofía Política de Locke Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. El Argumento del Contrato Social de Locke Quizás muchos de nosotros respiraremos aliviados al ver que el argumento del contrato social de alienación de Hobbes fracasa (véase una larga … Leer más

Contrato Social de Hobbes

Aunque Hobbes argumenta que el pueblo debe «enajenar» su derecho a gobernarse a sí mismo al soberano, de hecho el único tipo de investidura de poder y autoridad que es posible para el pueblo tal y como él lo ha descrito (y tal y como lo conocemos) es uno que está supeditado a su determinación de que el soberano está gobernando de una manera que asegura su protección. Esto significa que, en realidad, el Leviatán tiene dos argumentos: el argumento «oficial» de la alienación y el argumento de la agencia real pero no reconocida. El argumento del contrato «real» no oficial en el Leviatán supone, y debe suponer, que cuando el pueblo crea un gobernante, lo hace de una manera que le permite rescatar su concesión de autoridad y poder si cree que el gobernante no está gobernando de una manera que promueva sus intereses de seguridad y protección. En cierto sentido, por tanto, los supuestos del argumento del contrato social de Hobbes lo comprometen con la opinión de que un «soberano absoluto» es contratado y despedido por el pueblo que gobierna. Pero si el soberano gobierna a gusto del pueblo, entonces su autoridad y su poder están en función de que éste le haya prestado el poder y la autoridad durante el tiempo que le resulte ventajoso.

Indivíduo en la Sociedad

Indivíduo en la Sociedad Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. Liberalismo, comunitarismo y teoría postliberal La justicia es un tema complicado, y la equidad distributiva es sólo uno de sus aspectos. Los teóricos políticos que han reflexionado sobre la … Leer más

Teoría Postliberal

Dado que la teoría post-liberal querría promover tanto el ideal de igualdad como el ideal de una «relación justa» entre los miembros de la sociedad, esa teoría reúne el pensamiento igualitario característico de la izquierda con el pensamiento comunitario característico de la derecha (aunque lo que los posliberales consideran las características de una comunidad ideal tiende a ser diferente de las características reconocidas por muchos conservadores, en la medida en que los posliberales se centran en la igualdad de trato y en la dignidad, más que en los «valores tradicionales» de los conservadores, sobre todo porque algunos de estos valores les parecen a los posliberales valores que en realidad promueven estructuras sociales sexistas, racistas o clasistas). En cualquier caso, parece que uno de los aspectos más interesantes del pensamiento postliberal es la forma en que intenta (deliberadamente) destruir la vieja dicotomía entre la derecha y la izquierda.

Rol de la Mujer en el Posneoliberalismo

Fray Cherubino de Siena, que compiló las Reglas del Matrimonio entre 1450 y 1481, aconseja a los maridos: «Cuando veas que tu mujer comete una ofensa, no te abalances sobre ella con insultos y golpes violentos…. Repréndela bruscamente, amedréntala y atemorízala. Y si aún así no funciona… toma un palo y golpéala fuertemente, pues es mejor castigar el cuerpo y corregir el alma que dañar el alma y perdonar el cuerpo…. Entonces golpéala de inmediato, no con rabia, sino por caridad y preocupación por su alma, para que la paliza redunde en tu mérito y en su bien». Unos siglos más tarde, en sus famosos «Comentarios sobre la ley de Inglaterra», William Blackstone declaró que el primitivo derecho consuetudinario permitía golpear a la esposa siempre que el marido no sobrepasara los límites razonables del «debido gobierno y corrección»: «Porque, como [el marido] debe responder de su mal comportamiento, la ley consideró razonable confiarle este poder de castigo, con la misma moderación con que se permite a un hombre corregir a sus aprendices o hijos». Obsérvese que Blackstone justifica esta práctica asumiendo que las mujeres pierden su identidad separada una vez que se casan, lo que significa que sus maridos son responsables de sus actos. En el caso Rhodes, de 1868, de Estados Unidos, también se permite. Pero lo pecular de la decisión en este caso (luego se anuló) es que muestra la forma en que estaba animada por la doctrina liberal, y no por opiniones más antiguas y aristotélicas sobre la subordinación natural del hombre a la mujer. Tales puntos de vista desempeñaron ciertamente un papel en la sociedad liberal: la doctrina discute hasta qué punto tales puntos de vista fueron importantes en el desarrollo del derecho de familia.

Filosofía Política Contemporánea

Gran parte del interés de los liberales en permitir que los individuos persigan su propia concepción del bien proviene de su opinión de que los individuos deberían poder (y necesitan poder) desarrollar o perseguir las conexiones sociales -especialmente de naturaleza religiosa- que consideran vitales para su bienestar e identidad sin que el gobierno se lo impida en modo alguno. Así que ambos grupos se preocupan por las comunidades y reconocen la socialidad de la naturaleza humana. Lo que realmente les diferencia es su diferente visión del poder del Estado: Mientras que los comunitaristas quieren que el Estado utilice su poder para proteger y fomentar el desarrollo de las comunidades y los valores comunitarios, los liberales quieren que el Estado se mantenga al margen de la vida comunitaria, para no perjudicar, amenazar o limitar a quienes participan en ella. Las respuestas liberales al comunitarismo, aunque convincentes, no refutan por completo el punto de vista comunitarista, pero muestran que los comunitaristas tienen más trabajo que hacer para desarrollar su teoría de forma efectiva.

Comunitarismo en Filosofía Política

Al igual que Platón, los comunitaristas creen que los seres humanos pueden alcanzar una vida buena sólo si viven dentro de una sociedad que funcione bien y que el gobierno debe ayudar a crear (aunque, como hemos señalado, los comunitaristas están, a diferencia de Platón, generalmente comprometidos con las formas democráticas de gobierno). Como su nombre indica, los comunitaristas se preocupan ante todo por la comunidad: Insisten en que cada uno de nosotros, como individuo, desarrolla una identidad, unos talentos y unos objetivos en la vida sólo en el contexto de una comunidad. La vida política, por tanto, debe comenzar con una preocupación por la comunidad (no por el individuo), ya que la comunidad es lo que determina y moldea la naturaleza de los individuos. El problema de la confianza de los liberales en la razón, dicen los comunitaristas, es que su concepción de la razón está desconectada de las tradiciones sociales, operando en el vacío (pensemos en el razonamiento de la posición original de Rawls) y, por lo tanto, desconectada de las preocupaciones reales, las suposiciones, los objetivos, las aspiraciones y los sistemas de creencias que tienen las personas reales, socialmente integradas.

Liberalismo en Filosofía Política

Podemos distinguir dos tipos destacados de liberalismo en función de cómo conciben la libertad: El primero la concibe de la forma inicialmente sugerida por Locke, el segundo de la forma inicialmente sugerida por Rousseau. La razón es la herramienta con la que gobierna el Estado liberal. Cualesquiera que sean las opiniones religiosas, morales o metafísicas de las personas, se espera que traten entre sí en el ámbito político mediante argumentos racionales y actitudes razonables, y los argumentos legitimadores dirigidos a los individuos para procurar su consentimiento deben basarse en la razón.

Derecho de Secesión

Este texto se ocupa del derecho de secesión, especialmente en un marco político. Un peligro inherente a cualquier sociedad política con más de un grupo englobado, cada uno de los cuales ocupa una porción de territorio (más o menos) distinta en esa sociedad, es que uno de estos grupos intente separarse de la entidad mayor. La cuestión de la secesión generó una guerra civil en Estados Unidos en el siglo XIX y en nuestros días amenaza con desgarrar -o ya lo ha hecho- muchas sociedades multiculturales, como Canadá, la antigua Yugoslavia y Etiopía. ¿Cuándo está justificada la secesión? ¿Cuándo debe el grupo mayor luchar por mantener al grupo secesionista dentro de su sistema de gobierno, y cuándo debe estar preparado para dejar que el grupo secesionista se vaya? Puede parecer que la respuesta que alguien da a esta pregunta depende de si considera que la pertenencia a su Estado está basada en el consentimiento. Después de todo, si la pertenencia de cada individuo está en función de su consentimiento (dado tácita o expresamente) y es algo a lo que puede renunciar a voluntad, ¿por qué no puede un grupo de individuos salir del Estado, llevándose consigo el territorio en el que viven, renunciando colectivamente a su consentimiento al Estado y estableciendo consensuadamente una nueva política?

Ciudadanía Multicultural

Este texto se ocupa de la ciudadanía multicultural y sus características en el marco de la filosofía política.

Comunidad Liberal

Quienes defienden las políticas de ciudadanía consensuada o no consensuada y las concepciones del Estado que las sustentan deben considerar si la concepción del Estado tal y como la conocemos hoy es realmente el mejor vehículo para la protección de los derechos y el bienestar de los individuos o grupos o la creación de usos eficientes y productivos de los recursos del mundo. En particular, para los liberales que, en última instancia, se preocupan por proteger y asegurar los derechos y el bienestar de los individuos, la historia del siglo XX muestra que simplemente no servirá asumir que los modos de organización política en los que se ha confiado en este siglo son los únicos o los mejores posibles.

Identidad Amenazada

Una sociedad (relativamente) homogénea podría justificar la práctica general de limitar la inmigración y la ciudadanía a quienes cumplieran la prueba de nacionalidad del grupo dominante, haciendo ciertas excepciones para dar cabida a los derechos de (al menos algunos) refugiados políticos, inmigrantes residentes (no nacionales) de larga duración y productivos, y (al menos algunos) indigentes económicos. En pocas palabras, el argumento concluye que incluso si el Estado-nación puro no es moralmente defendible, un Estado que, no obstante, está animado por el principio de preservar una nación es moralmente legítimo, siempre que haga algunas excepciones (relacionadas con ciertos derechos de los individuos y exigencias de justicia distributiva) que concedan la ciudadanía a ciertos individuos que no son miembros de una nacionalidad. ¿Es este un argumento sólido?

Ciudadanía Moderna

Este texto se ocupa de la ciudadanía moderna y sus características. La controversia sobre si los Estados deben centrarse en los individuos o en las comunidades no es una disputa ociosa y abstracta entre filósofos. Refleja también el hecho de que los Estados, tal y como existen hoy en día, tienen diferentes concepciones de lo que significa ser «miembro» de ellos y de lo que implican las responsabilidades y los privilegios de la pertenencia, algunos de los cuales se basan en la comunidad y otros en el individuo. En este texto exploramos estas diferentes concepciones y, por tanto, perseguimos la cuestión de lo que llamamos la «identidad» de una comunidad política. Esto implica, en parte, el examen de las políticas de varios Estados en materia de inmigración y ciudadanía, algunas de las cuales reflejan una concepción comunitaria de la pertenencia política y otras una concepción individualista de la misma. Estas políticas son una forma concreta del debate entre una concepción individualista y una comunitaria del papel del Estado. ¿Qué significa la ciudadanía hoy en día? ¿En qué se diferencia este significado o conjunto de significados de lo que ha significado en el pasado y de lo que puede significar en el futuro?

Teorías de la Autoridad

Teorías de la Autoridad Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. Teorías de la Autoridad Política Ya se ha hecho referencia a otras dos teorías de la autoridad política (véase). La autoridad del bien La tercera teoría de la autoridad … Leer más

Gobernados

¿Por qué funciona un sistema político si la gente que gobierna el Estado es, en última instancia, la que le da poder y lo autoriza? Si las personas necesitan un Estado porque se inclinan a ser injustas, codiciosas, propensas a la violencia cuando se pelean con sus semejantes, y parciales en su propio caso, entonces ¿cómo puede sobrevivir cualquier Estado si esas mismas personas son las que, mediante convención, crean y mantienen los Estados que las gobiernan? Algunos autores han llamado a esto la paradoja de ser gobernado. Los radicales socialistas de principios del siglo XX tenían razón cuando se referían a los votos como «piedras de papel». Nuestros «representantes» elegidos no nos representan en ningún sentido literal, como si estuviéramos gobernando «a través de ellos». Esto no tiene sentido. Ellos gobiernan y nosotros no. Pero como podemos privarles fácilmente del poder -destituirles, si se quiere- a ciertos intervalos regulares, tienen (al menos teóricamente) el incentivo de gobernar de una manera que responda a nuestros intereses. Al igual que cualquier otro empleado, si quieren mantener su puesto de trabajo deben trabajar para satisfacer a su empleador.

Autoridad Política

Ni impulsada por un sólido sentido de (o incluso deseo de) legitimidad, ni un fanático del control con respecto a las posibilidades de comprensión, la literatura sobre este tema se atiene a los barrios más débiles del pensamiento, donde las cosas no siempre funcionan ni ofrecen la comodidad narcisista de aterrizar en la vecindad del sentido asegurado. Esta vez, para empezar a trabajar en el motivo del que algunos autores, y aquí se reproduce, consideran hijo perdedor, un irritante omnipresente en el mundo, se analiza la autoridad, un problema que ha atraído a refuerzos relativamente débiles y, en su mayor parte, sólo intervenciones tentativas. Sin embargo, el problema que tenemos ante nosotros ha preocupado al menos a dos generaciones fuertemente orientadas, cuya membresía ha intentado con mucho ahínco, y de manera vital, despreciar la autoridad, cuestionar la autoridad, mimetizarla, repelerla, usurparla, disminuirla, prestarla o mandarla. En la medida en que se han sentido comprometidas con el problema, las teorías políticas y sociológicas han considerado por turnos los parámetros y la profundidad del escurridizo control de la autoridad. Aunque los temas de la tiranía y la injusticia comparten algunos puntos en común con el de la autoridad, se intenta seguir una determinada trayectoria histórico-teórica y poner el énfasis de estas reflexiones en la autoridad. ¿Por qué este énfasis particular? Porque la autoridad es el más escurridizo de los términos que informan las relaciones humanas. La autoridad se desvanece a medida que se intenta precisarla. Así lo dicen Kojève y Arendt; así lo sostienen los romanos que instituyeron sus primeras formas como Auctoritas familiar. Los griegos, se dice, apenas la dominaban, pero presentaron, en las obras de Platón y luego de Aristóteles especialmente, algo que se aproxima a la comprensión moderna de lo que ahora se entiende por autoridad.

Consentimiento de los Gobernados

Una renovada demanda de consentimiento explícito podía provocar una agitación radical; incluso si los gobernantes que instituían tales reformas estaban igualmente deseosos de forjar nuevos hábitos de deferencia y crear una nueva cultura de obediencia política por defecto. En su libro «Sobre el contrato social», Rousseau atacó la forma británica del llamado gobierno «representativo» como un fraude y una farsa. En el mismo libro, Rousseau imaginó reuniones anuales de la ciudadanía en las que el pueblo en asamblea sometería a votación dos simples preguntas: «¿Le parece bien al soberano conservar la forma actual de gobierno?» y «¿Le parece bien al pueblo dejar la administración en manos de los actuales responsables? «. A medida que surgían las naciones, sus gobernantes necesitaban algo más que la capacidad de castigar a la gente para mantener sus países unidos. Necesitaban que sus ciudadanos sintieran lealtad hacia la nación, y también necesitaban que la gente aceptara su gobierno como legítimo. En Europa, algunos filósofos y reyes reivindicaron la idea del «derecho divino», afirmando que, al igual que Dios había dado a los sacerdotes y predicadores autoridad sobre las iglesias, otorgaba a los reyes y otros miembros de la realeza -así como a sus descendientes- el control sobre las naciones. No es de extrañar que los descendientes de la realeza se adhirieran a esta idea. Si la gente creía que los gobernantes eran designados por Dios, sería menos probable que se rebelaran y más probable que obedecieran.

Hegemonía Política Interna

Hegemonía Política Interna Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. Peligros de la Hegemonía Política Interna En Jamaica, el pacto social -entre, por un lado, los políticos de clase media y su base social y, por otro, los trabajadores insurgentes … Leer más

Moralidad de la Clase Política

Este texto se ocupa de la moralidad de la clase política, en el contexto del comportamiento político y su ética, incluyendo la corrupción política. El debate del texto demuestra que nuestras definiciones provisionales iniciales de los conceptos de moral y política necesitan ser revisadas. La literatura ha sugerido que las moralidades son sistemas de normas éticas que priorizan los valores de diferentes maneras; son relativamente explícitas y se aplican en todos los contextos, guiando las acciones, el discurso y el pensamiento, facilitando la coordinación y la cooperación social, y movilizando sentimientos morales reconocibles. En cuanto al concepto de lo político con el que empezamos, ahora debería quedar claro lo «irreal» que es. Porque, en primer lugar, considera que el campo de la política es conflictivo en esencia y de carácter puramente estratégico y táctico, ocupado por titulares y desafiantes en la búsqueda de sus intereses, y asume que los valores e ideales no pueden motivar directamente la acción y trata las justificaciones en términos morales como racionalizaciones. O, en segundo lugar (y en cierta tensión con esta primera concepción), sugiere que siempre que las consideraciones morales parecen motivar la acción, sirven a los intereses de los poderosos y se configuran dentro de las relaciones de poder. Pero en tercer lugar, y lo más fundamental, ninguna de las dos concepciones da cabida a que el agente viva y actúe, como dijo Spinoza, «como le dicta su propia naturaleza y su juicio» -en otras palabras, como podríamos decir (no incontrovertiblemente), en su «interés real». Y excluir esto es excluir la identificación de las operaciones de lo que he llamado la «tercera dimensión» del poder sobre la base supuestamente realista de que tales intereses «reales» no pueden existir.

Comunitarismo

Comunitarismo en la Teoría del Derecho: Esta entrada, aparte de los aspectos políticos del término, investiga las relaciones de poder / conocimiento entre el gobierno penal contemporáneo y la teoría criminológica. Se discute el surgimiento de lo que puede llamarse comunitarismo neoliberal. En relación con el «welfarismo penal» que tiene éxito, el comunitarismo neoliberal proporciona una razón de gobierno que permite una mayor complejidad, precisamente porque consiste en un conjunto paradójico de doctrinas, discursos y técnicas. Esto implica un énfasis tanto en la ‘responsabilidad individual’ como en la ‘comunidad’, protegiendo el mercado y la comunidad mediante el endurecimiento del control social, la ley y el orden y la producción de autocontrol racional.Individuos excluyendo al ciudadano de riesgo cultural y biológico. Esta voz ilustra la incorporación de las teorías criminológicas como fundamentos de la política, y explica cómo las teorías criminológicas pueden ubicarse en el espacio discursivo del comunitarismo neoliberal. El concepto de comunitarismo se desarrolla presentando los elementos clave y los teóricos clave. Los elementos son una metodología hermenéutica, la crítica del individualismo, un concepto del bien, la idea de comunidad y las virtudes cívicas. Entre los teóricos clave, Charles Taylor, Michael Sandel y Alasdair MacIntyre responden críticamente al liberalismo en la teoría de John Rawls, enfatizando que no puede explicar las lealtades a las comunidades y la motivación para actuar moralmente. Michael Walzer relaciona valores comunes y una idea compartida de lo justo con opiniones comunes en diferentes esferas de la justicia que se dirige contra el liberalismo rawlsiano. Philip Selznick y Amitai Etzioni superan el debate liberal-comunitario al señalar que el desarrollo de valores comunes presupone el libre consentimiento de los individuos. Robert Bellah señala la importancia del compromiso cívico y la orientación de valores para una buena sociedad. Etzioni critica por un lado la negligencia del contexto social de la integridad individual en la teoría liberal. Por otro lado, insiste en la democracia interna en las comunidades como criterio de evaluación de los sistemas de valores para evitar el relativismo y los valores opresivos. La predicción final es que las ideas comunitarias jugarán un papel estable en la autorreflexión de las sociedades en proceso de modernización.

Moralidad

En esta entrada se examinan e identifican las principales características atribuidas a la moralidad. Éstos se dividen en dos categorías principales: formales y materiales. Las características formales incluyen la prescriptividad, la universalidad, la primacía, la dependencia de la no autoridad y el hecho de que se refieran a hechos objetivos. Las características materiales incluyen el hecho de que se trata de beneficios y daños. En los argumentos relativos a la fuerza normativa y el contenido de la moral se dan por sentadas diversas definiciones de la moralidad que incorporan al menos algunas de estas características formales y materiales. La variabilidad de los significados de la moralidad socava estos argumentos. Se necesita una investigación más concertada de las fuentes de esta variabilidad. Se examinan las posibles estructuras -prototipo y teoría- del concepto de moralidad, así como la forma en que esas estructuras hacen posible la variabilidad en las definiciones de la moral. La entrada también se ocupa de la separación entre Derecho y Moral en la Teoría del Derecho: Las opiniones del público general sobre el derecho y el mal están en esta y muchas otras ocasiones en desacuerdo con las definiciones lícitas de legal e ilegal. Los seres humanos han tenido capacidades morales durante milenios y, sin embargo, la moralidad inclusiva ha surgido solo en el parpadeo más reciente de la historia de la humanidad.

Valores Organizaciónales

La vida política de una sociedad no puede construirse sobre la base de un solo valor, pero los valores no son enteramente compatibles entre sí. La ética en última instancia debe estar enraizada en el alma: el compromiso de una organización con una identidad, creencias y valores profundamente arraigados. Cada marco ofrece una perspectiva de las responsabilidades éticas de las organizaciones y la autoridad moral de los líderes. En esta entrada sobre el cambio organizativo en las organizaciones se sostiene que la ética debe residir en el alma, un sentido de carácter arraigado que ancle las creencias y los valores fundamentales. También discute por qué el alma es importante y cómo sostiene la convicción espiritual y el comportamiento ético. La entrada sobre el cambio organizacional en las organizaciones presenta entonces un enfoque de cuatro marcos (estructural, de recursos humanos, político y simbólico) para la ética del liderazgo. Los cuatro marcos se enfatizan como lentes cognitivos para la comprensión y herramientas para influir en los esfuerzos colectivos. Las cabezas y las manos de los líderes son de vital importancia. Pero también lo son los corazones y las almas. Los marcos también tienen implicaciones para crear comunidades éticas y para revivir las virtudes morales del liderazgo.