Importancia de la Administración Social

Los administradores de trabajo social participan en la elaboraci√≥n de pol√≠ticas y procedimientos para el bienestar de los ni√Īos necesitados. Mediante la aplicaci√≥n de estrategias y la supervisi√≥n de los casos de trabajo social, estos profesionales se aseguran de que los ni√Īos reciban la mejor atenci√≥n posible. La importancia de la administraci√≥n social en el trabajo social tambi√©n puede medirse examinando la experiencia de la pr√°ctica de los l√≠deres profesionales pasados y presentes. La flexibilidad en la estructura de los servicios sociales es tan importante como la flexibilidad en la estructura de las instituciones econ√≥micas.

Administraci√≥n P√ļblica

Administraci√≥n P√ļblica: Introducci√≥n al Concepto Jur√≠dico De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto: En principio es la organizaci√≥n encargada de ejecutar las pol√≠ticas que son resueltas en los niveles representativos del poder pol√≠tico. Su organizaci√≥n es jer√°rquica, con un flujo descendente […]

Administración Social

La Administraci√≥n P√ļblica Centralizada Federal Esta secci√≥n introducir√° y discutir√° las din√°micas cambiantes de la administraci√≥n p√ļblica centralizada federal, con el objetivo de examinar su desarrollo actual.[rtbs name=”derecho-administrativo”] Recursos V√©ase Tambi√©n Administaci√≥n Federal […]

Control Administrativo

Este texto se ocupa del “Control administrativo” en relaci√≥n a la gesti√≥n administrativa principalmente. El control es la verificaci√≥n de la regularidad de una funci√≥n. Los controles tienen relevancia jur√≠dica cuando son objeto de regulaci√≥n normativa. Entre ellos hay algunos con relevancia pol√≠tica, otros con relevancia jurisdiccional y otros con relevancia administrativa. El control administrativo tambi√©n se ha definido como una combinaci√≥n de un juicio (sobre la regularidad de la funci√≥n) y una medida (destinada a restablecer la regularidad violada). La finalidad del control es la mejora de la actuaci√≥n administrativa, aunque los resultados del control puedan dar lugar a una responsabilidad real (por ejemplo, de car√°cter directivo) o a otras formas de sanci√≥n (por ejemplo, la anulaci√≥n del acto controlado). El control hace expl√≠cita una relaci√≥n entre administraciones, que puede ser de subordinaci√≥n (como expresi√≥n de una relaci√≥n jer√°rquica, de gesti√≥n o de delegaci√≥n), pero tambi√©n de equidistancia (como en el caso de las auditor√≠as del departamento de contabilidad) o de independencia y autonom√≠a mutuas.

Pluralismo Jurídico

El pluralismo jurídico ha sido identificado como un área fructífera para un compromiso constructivo entre la filosofía jurídica y la sociología del derecho. Este texto enfatiza el hecho de que con el declive de los estados-nación como lugar de poder político y legal, parece inevitable que la filosofía legal tradicional centrada en el estado deba dar paso a un paradigma (modelo, patrón o marco conceptual, o teoría que sirve de modelo a seguir para resolver alguna situación determinada) diferente, que reconozca la pluralidad del derecho.

Comisión de Investigación

Instrumento de control parlamentario destinado a esclarecer las faltas en la vida p√ļblica o la mala conducta de las personas, por ejemplo, de los parlamentarios, miembros del gobierno o funcionarios. En Alemania, en el Bundestag, al menos el 25 % de los diputados puede forzar la creaci√≥n de una comisi√≥n de investigaci√≥n. Las comisiones de investigaci√≥n suelen reunirse en p√ļblico y todos los grupos parlamentarios est√°n representados en funci√≥n de su tama√Īo.

Lucha Pol√≠tica de los Sacerdotes en la Antig√ľedad

Este texto se ocupa de la historia, y en especial, las primeras, luchas pol√≠ticas de los Sacerdotes en la antig√ľedad. Fuera de los templos, el mundo segu√≠a siendo un mundo de seres humanos analfabetos y poco especulativos, que viv√≠an d√≠a a d√≠a completamente para s√≠ mismos. Adem√°s, hay pocas pruebas de que la plebe se sintiera enga√Īada por los sacerdotes, o que tuviera algo m√°s que confianza y afecto por los primeros sacerdotes. Incluso los grandes conquistadores de √©pocas posteriores estaban ansiosos por mantenerse en el lado correcto de los sacerdotes de las naciones y ciudades cuya obediencia deseaban, debido a la inmensa influencia popular de estos sacerdotes. En los primeros tiempos de Sumeria y Acadia, los reyes de las ciudades eran sacerdotes y curanderos m√°s que reyes, y s√≥lo cuando los conquistadores extranjeros trataron de establecer su dominio en relaci√≥n con las instituciones existentes, la distinci√≥n entre sacerdote y rey se hizo definitiva. Pero el dios de los sacerdotes segu√≠a siendo el verdadero se√Īor de la tierra y de los sacerdotes y reyes por igual. Era el terrateniente universal; la riqueza y la autoridad de sus templos y establecimientos eclipsaban a los del rey. Hasta el final de la historia, la divinidad de los reyes rond√≥ la mente de los egipcios y contagi√≥ el pensamiento de otros pueblos. Cuando Alejandro Magno lleg√≥ a Babilonia, el prestigio de Bel-Marduk ya estaba muy deteriorado, pero en Egipto Am√≥n Ra segu√≠a siendo lo suficientemente dios como para convertir al conquistador griego en un snob. Los sacerdotes de Am√≥n Ra, hacia la √©poca de la XVIII o XIX Dinast√≠a (hacia el 1400 a.C.), hab√≠an levantado en un oasis del desierto un templo y un or√°culo. Aqu√≠ hab√≠a una imagen del dios que pod√≠a hablar, mover su cabeza y aceptar o rechazar pergaminos de consulta. Este or√°culo segu√≠a floreciendo en el a√Īo 332 a.C.

Autoridad Democr√°tica

Basándose en las ideas que Hobbes, Locke y Aristóteles sugieren y utilizando las herramientas de la ciencia social moderna para ayudar a desarrollar un nuevo y mejor tipo de teoría basada en el consentimiento. La teoría que algunos autores proponen distingue entre tres tipos de estructuras de poder que pueden existir en un territorio: el dominio, la autoridad política y la autoridad política moralmente legítima (la tercera es una especie de la segunda). El modelo de convención de la autoridad política puede desarrollarse de forma plausible y robusta, de manera que arroje luz sobre la estructura de las democracias modernas. Las democracias modernas son estados en los que el reconocimiento de que la autoridad política es creada y sostenida por el pueblo está explícitamente incorporado a la estructura del estado en forma de votación (para los cargos y las leyes), disposiciones constitucionales para ejercer el control sobre las instituciones políticas, procedimientos de enmienda constitucional, etc. Pero todavía hay muchas preguntas que podemos hacer sobre este modelo.

Consentimiento en Filosofía Política

El consentimiento (popular, o de los gobernados) es, para algunos, incompatible con la actividad revolucionaria, pero puede ser coherente con la desobediencia civil. Alguien como Martin Luther King Jr., incluso cuando desobedeci√≥ abiertamente ciertas leyes, se concibi√≥ a s√≠ mismo como comprometido con la sociedad pol√≠tica a la que desafiaba; de hecho, desafi√≥ algunas de esas leyes porque dec√≠a estar comprometido con su pa√≠s. La estrategia del ciudadano leal pero desobediente consiste en expresar su compromiso con la autoridad de los legisladores incluso rechazando lo que considera que son las leyes inmorales concretas que han legislado.En general, la desobediencia civil demuestra que el consentimiento de la convenci√≥n es un fen√≥meno complicado, cuya concesi√≥n no puede equipararse a la mera obediencia a la ley. Incluso si el consentimiento es responsable de la creaci√≥n y el mantenimiento de la autoridad pol√≠tica, es importante se√Īalar que dicho consentimiento puede no expresar la aprobaci√≥n de una persona a su r√©gimen. Para dar cabida a la noci√≥n de aprobaci√≥n, necesitamos una idea m√°s sustanciosa de consentimiento que exprese no s√≥lo la aquiescencia de un r√©gimen pol√≠tico, sino tambi√©n su aprobaci√≥n y apoyo expl√≠citos. Un r√©gimen que recibe el consentimiento de aprobaci√≥n obtiene de sus s√ļbditos no s√≥lo la actividad que lo mantiene, sino tambi√©n la actividad que transmite su respaldo y aprobaci√≥n. Un r√©gimen que cuenta con el consentimiento de la mayor√≠a de sus ciudadanos har√° algo m√°s que sobrevivir: El considerable apoyo de sus s√ļbditos lo har√° vibrante y duradero, capaz de soportar ataques desde fuera y desde dentro. M√°s all√° de un tipo de actitud hacia el Estado, el consentimiento de aprobaci√≥n es una decisi√≥n de apoyarlo debido a la determinaci√≥n de que es algo bueno que apoyar. Al dar esta forma de consentimiento, el sujeto transmite su respeto por el Estado, su lealtad a √©l, su identificaci√≥n con √©l y su confianza en √©l. Es muy probable que un Estado no pueda recibir ese consentimiento de respaldo de sus s√ļbditos a menos que sea razonablemente eficaz o justo.

Teoría de la Agencia en Filosofía Política

Aunque no hay un contrato literal entre el gobernante y los gobernados, las actividades de apoyo a la convenci√≥n del pueblo establecen lo que puede llamarse una relaci√≥n de “agencia” entre ellos y el gobernante. Esta relaci√≥n, que seg√ļn Locke prevalece entre el gobernante y el pueblo, es una relaci√≥n en la que el gobernante act√ļa como agente del pueblo, contratado por √©ste para realizar ciertas tareas y capaz de ser despedido por √©l si considera que realiza esas tareas de forma incorrecta. Aunque esta relaci√≥n no es literalmente contractual ni en su naturaleza ni en su origen, es lo suficientemente similar a las relaciones de agencia reales iniciadas por contratos como para que se pueda perdonar cualquier conversaci√≥n metaf√≥rica sobre un “contrato social” entre gobernantes y gobernados. Para ver esta relaci√≥n de agencia, consideremos la forma en que la revoluci√≥n es posible y justificable en el modelo de convenci√≥n. Al igual que la creaci√≥n de un Estado requiere la resoluci√≥n de ciertos problemas de coordinaci√≥n potencialmente conflictivos, lo mismo ocurre con su cambio. El an√°lisis de las razones que tiene una persona para aceptar o rechazar una convenci√≥n de gobierno muestra la relaci√≥n de agencia impl√≠cita entre el gobernante y el pueblo en el modelo de convenci√≥n. En un sentido bastante literal, el gobernante es “contratado” en virtud de esta convenci√≥n, y si el pueblo decide no mantener esa convenci√≥n, entonces ser√° “despedido” y se “contratar√°” a un nuevo gobernante mediante una nueva convenci√≥n o convenio.

Convenio Rector en la Autoridad Política

¬ŅC√≥mo inventa o crea el pueblo la autoridad pol√≠tica? ¬ŅY c√≥mo implica el consentimiento? Los Estados reales no parecen haber sido creados mediante promesas expl√≠citas entre los ciudadanos, y las promesas ficticias en contratos hipot√©ticos no confieren autoridad. As√≠ que necesitamos una forma de entender el proceso de invenci√≥n de la sociedad pol√≠tica que sea a la vez hist√≥ricamente plausible y que genere autoridad para que este enfoque de la autoridad pol√≠tica tenga √©xito. El truco para desarrollar tal explicaci√≥n es, como se ha se√Īalado por alg√ļn autor contempor√°neo, buscar una actividad de consentimiento que no sea expl√≠cita, prometedora o abiertamente dirigida a alg√ļn gobernante, sino m√°s bien impl√≠cita, no prometedora y dirigida a desarrollar lo que llamamos una “convenci√≥n de gobierno”, es decir, una convenci√≥n que defina no s√≥lo los cargos gubernamentales y los titulares de los mismos, sino tambi√©n la naturaleza de la autoridad que tienen los que ocupan los cargos. Esta actividad consensuada puede adoptar diversas formas, por lo que para buscarla debemos comprender, a un nivel b√°sico y abstracto, su forma de creaci√≥n de convenciones. Tambi√©n tratamos, en este texto, de aclarar lo que implica la actividad consentidora de un sujeto, que da lugar a una convenci√≥n de gobierno; entonces, como mostramos, podemos utilizar este modelo para entender la din√°mica de las historias reales de creaci√≥n de Estados.

Importancia del Estado

Desde la época de Aristóteles hasta nuestros días, los filósofos han detallado los tipos de problemas sociales que podrían ser resueltos por una autoridad política que pudiera exigir obediencia. Una autoridad política legisla para resolver los problemas de coordinación y del dilema del prisionero en la comunidad (a través de las reglas de la propiedad, el contrato o el matrimonio, o de las reglas del derecho penal); adjudica los conflictos, hace cumplir la resolución de estos conflictos y hace cumplir la ley en general. En resumen, la mayoría de los filósofos entienden que la autoridad política es una autoridad que exige obediencia para garantizar el orden.
Todos los problemas de la teor√≠a de los juegos y los problemas creados por el comportamiento antisocial son problemas de orden, que requieren una instituci√≥n que permita a las personas lograr la coordinaci√≥n, obtener la seguridad necesaria para que la cooperaci√≥n sea racional, y proporcionar sanciones que fomenten el comportamiento cooperativo en situaciones en las que, de otro modo, ser√≠a irracional o, como m√≠nimo, inoportuno. Aunque asegurar el orden en estos diversos sentidos no es, sin duda, la √ļnica tarea del Estado (y, de hecho, el objetivo de algunos textos de esta plataforma es reflexionar sobre otros prop√≥sitos del Estado), no obstante se suele asumir que esta tarea es necesaria para que podamos llamar a cualquier sistema de poder y autoridad un aut√©ntico Estado.

Justicia Distributiva en el √Āmbito Pol√≠tico

Este texto se ocupa de la justicia distributiva en el √°mbito pol√≠tico. Los Estados se justifican en la medida en que son creados por convenci√≥n por las personas de un territorio para cumplir ciertas funciones consideradas extremadamente importantes por razones morales y de inter√©s propio. Este proceso de creaci√≥n implica la invenci√≥n de un tipo especial de autoridad y un considerable poder coercitivo que luego se invierte en esas personas que se dice que “componen” el Estado. Con este poder y esta autoridad, estos gobernantes desempe√Īan las funciones para las que se cre√≥ el Estado. Nuestro an√°lisis tambi√©n nos ha permitido distinguir entre lo que se llama propiamente “estados” y (meros) “sistemas de dominio”. Las personas que son ciudadanos de estados desempe√Īan un papel en el mantenimiento (y tienen la suficiente libertad para emprender acciones colectivas para cambiar) la convenci√≥n de liderazgo de su sociedad; los que est√°n sujetos a sistemas de dominio son dominados mediante el uso de la tecnolog√≠a que les deja relativamente impotentes para cambiar la forma de ese dominio mientras exista esa ventaja tecnol√≥gica. Pero, como hemos se√Īalado, quiz√° todos los Estados tengan algunos elementos de dominio en su interior. No obstante, esta no es una respuesta plenamente satisfactoria para los anarquistas. Hay aspectos de la justicia en el que los desacuerdos son m√°s graves y que ha sido la parte m√°s dominante de la teor√≠a pol√≠tica desde finales de los a√Īos sesenta: es decir, la justicia distributiva, que implica las reglas de propiedad e intercambio de bienes, el derecho de sucesiones, los impuestos (especialmente si se proponen con fines de redistribuci√≥n de la riqueza) y las regulaciones sobre las instituciones que crean o utilizan la riqueza. Revisamos cuatro formas diferentes de definir la justicia distributiva: el utilitarismo, el contractualismo rawlsiano, el libertarismo y el igualitarismo. En vista de estos desacuerdos, no hay manera de que los ciudadanos de cualquier r√©gimen de la tierra puedan estar un√°nimemente de acuerdo en que un r√©gimen tiene un gran √©xito en la realizaci√≥n de la justicia, ya que los partidarios de cualquiera de estos puntos de vista se opondr√°n a los Estados que no respalden su punto de vista favorito.

Alcance de la Justa Autoridad Política

Los marxistas tambi√©n critican a los que hacen hincapi√© en la justicia distributiva, pero por razones muy diferentes a las de los comunitaristas. Karl Marx (1818-1883) argument√≥ que cualquier distribuci√≥n de recursos en una sociedad est√° inevitablemente generada por la forma de organizaci√≥n econ√≥mica de esa sociedad. En nuestra √©poca esa forma de organizaci√≥n es el capitalismo, y Marx argumenta que el capitalismo opera para generar grandes desigualdades de riqueza (y bienestar) debido a la forma en que los mercados y las empresas capitalistas operan para favorecer a los propietarios y perjudicar a los trabajadores. En “El Capital”, Marx incluso propone una teor√≠a econ√≥mica basada en la “teor√≠a del valor del trabajo” (popular en el siglo XIX pero ahora ampliamente rechazada por los economistas) para tratar de mostrar c√≥mo la explotaci√≥n del trabajador en este sistema es inevitable. Por otro lado, y en relaci√≥n a la teor√≠a feminista, si las preferencias de las personas son creadas en parte por un sistema injusto de dominaci√≥n, entonces una teor√≠a de la justicia distributiva que simplemente satisface esas preferencias sin evaluarlas o tratar de corregir las fuerzas opresivas que las generan tambi√©n es moralmente insatisfactoria.

Igualitarismo Político

Este texto se ocupa del igualitarismo pol√≠tico. Hay dos respuestas destacadas en las teor√≠as igualitarias modernas: igualdad de bienestar e igualdad de recursos. El igualitarismo del bienestar es popular entre aquellos que se sienten atra√≠dos por la visi√≥n del utilitarismo de que el bienestar humano es, en √ļltima instancia, la caracter√≠stica moralmente m√°s importante de una comunidad a la que el Estado debe prestar atenci√≥n, pero que quieren trazar un camino para que el Estado persiga el bienestar no de una manera “agregada”, sino de una manera m√°s sensible a las particularidades de los individuos. Sin embargo, esta forma de formular una visi√≥n igualitaria plantea algunos problemas graves. Muchos igualitaristas hayan seguido a Ronald Dworkin en la defensa del “igualitarismo de los recursos”, que har√≠a que el Estado igualara los recursos (tal vez definidos seg√ļn algo parecido a los bienes primarios de Rawls), no el bienestar. Pero Dworkin argumenta que es interesantemente dif√≠cil distribuir los recursos “equitativamente” de una manera que sea genuinamente justa. No es tan sencillo como dar la misma cantidad de recursos a cada persona y utilizar el Estado para supervisar las transferencias para garantizar que sigan siendo las mismas. En cambio, lo que Dworkin quiere defender es una forma de distribuir los recursos que, aunque no d√© lugar a que todo el mundo tenga exactamente la misma cantidad, deje a cada persona satisfecha con su suerte y sea capaz de asumir la responsabilidad de c√≥mo satisfacer sus gustos y asegurar su bienestar. Para aclarar su concepci√≥n de la igualdad, Dworkin propone un experimento mental similar al enfoque contractualista para definir la justicia.

Libertarismo de Nozick

Este texto se ocupa del libertarismo de Roberto Nozick. La preocupaci√≥n √ļltima de Nozick es la forma en que las concepciones de estado final y de patr√≥n interfieren con la libertad. En cierto sentido, est√° de acuerdo con la importancia y la prioridad del primer principio de justicia de Rawls, pero, en opini√≥n de Nozick, ese primer principio, que exige la misma libertad para todos, tiene implicaciones para el tipo de concepci√≥n de la justicia que puede respaldar una sociedad amante de la libertad. Debe ser una que permita a las personas la m√°xima (e igual) libertad para hacer con su propiedad lo que decidan hacer, sin estar sujetos a la interferencia del Estado. De ah√≠ que Nozick est√© a favor de un principio hist√≥rico de justicia, es decir, uno que atribuya a alguien un derecho de propiedad sobre un objeto en funci√≥n de la historia de la adquisici√≥n de ese objeto por parte de esa persona, y no en funci√≥n de si su posesi√≥n se ajusta a alg√ļn tipo de patr√≥n. Ha habido muchas cr√≠ticas a los puntos de vista libertarios en general y a la versi√≥n del libertarismo de Nozick en particular, algunas de ellas apasionadas. La cr√≠tica m√°s obvia y popular ha sido a la noci√≥n libertaria de los derechos: ¬ŅPor qu√© deber√≠amos pensar que la moral exige que concedamos a las personas unos derechos tan absolutos? ¬ŅC√≥mo se puede pensar que los derechos se imponen de forma tan decisiva a todas las consideraciones sobre el bienestar de los dem√°s en la comunidad? ¬ŅNozick realmente nos har√≠a resistirnos a los derechos “absolutos” incluso si su respeto provocara un desastre para la comunidad en general? Adem√°s, ¬Ņqu√© pasar√≠a si la econom√≠a floreciera mejor si el Estado interfiriera en la econom√≠a de mercado (y, por tanto, en la actividad de transferencia de los individuos a trav√©s de contratos, etc.), por ejemplo, a trav√©s de la legislaci√≥n antimonopolio?

Utilitarismo en la Filosofía Política

La teor√≠a del utilitarismo fue esbozada por el fil√≥sofo ingl√©s Jeremy Bentham (1748-1832), que pretend√≠a proporcionar una teor√≠a pol√≠tica para que el Parlamento brit√°nico y otros gobiernos la utilizaran en la construcci√≥n de una legislaci√≥n s√≥lida y racional. Bentham estaba descontento con (lo que √©l consideraba) el car√°cter sin rumbo y “no cient√≠fico” del proceso legislativo de su √©poca y criticaba la idea de que una legislaci√≥n significativa y genuinamente reformadora pudiera basarse en la idea tradicional (y en su opini√≥n oscura) de los “derechos”. (En una ocasi√≥n coment√≥: “Los derechos naturales son un simple disparate: los derechos naturales e imprescriptibles, un disparate ret√≥rico, un disparate sobre zancos”). El principio de utilidad de Bentham, ya sea en su forma cl√°sica o media, ha sido persistentemente atractivo para generaciones de pol√≠ticos, legisladores y te√≥ricos desde que lo promulg√≥. No s√≥lo es sencillo y aparentemente “cient√≠fico” en el sentido de que se le puede dar una formulaci√≥n matem√°tica (complaciendo as√≠ a los cient√≠ficos sociales que desean tener fundamentos claros y rigurosos para la formulaci√≥n de pol√≠ticas), sino que tambi√©n se ocupa centralmente de lo que muchos consideran el n√ļcleo de la moralidad, a saber, el bienestar humano. Tambi√©n ha sido muy atractivo para los defensores del Estado del bienestar moderno, a quienes les gusta la idea de un gobierno activo en la ingenier√≠a de las instituciones sociales utilizando un principio de razonamiento riguroso que se ocupa de lo que (al menos se puede decir) m√°s importa en cuestiones de justicia, es decir, el bienestar humano. Sin embargo, el principio de utilidad ha sido fuertemente atacado, de modo que a lo largo de los a√Īos los defensores de ese principio han sentido la necesidad de modificarlo o redefinirlo para hacerlo plausible.

Teoría de la Justicia de John Rawls

Este texto se ocupa de “La Teor√≠a de la Justicia” de John Rawls, una obra fundamental en la filosof√≠a jur√≠dica y en la filosof√≠a pol√≠tica. En 1971 John Rawls public√≥ su obra “Una teor√≠a de la justicia”, y la filosof√≠a pol√≠tica no ha vuelto a ser la misma desde entonces.
Rawls no s√≥lo sent√≥ las bases para una reconsideraci√≥n a gran escala de la naturaleza de la justicia distributiva por parte de los fil√≥sofos cr√≠ticos con el utilitarismo (v√©ase m√°s), sino que tambi√©n dio nueva vida a la disciplina de la filosof√≠a pol√≠tica, que estaba en gran medida moribunda en el mundo angloamericano en la primera mitad del siglo XX. Influido por la agitaci√≥n pol√≠tica de los a√Īos 60, la visi√≥n de Rawls del Estado justo tiene un esp√≠ritu profundamente igualitario que muchos han encontrado convincente. Rawls argumenta que las partes se encuentran en una situaci√≥n de incertidumbre porque no pueden estimar la probabilidad de que sean ricos o pobres, con talento o sin √©l, etc. Por lo tanto, dice Rawls, tienen que elegir como si pudieran acabar siendo los miembros menos favorecidos de su sociedad, de modo que querr√≠an aquella concepci√≥n de la justicia que les diera el mejor trato en ese escenario. Aqu√≠ se desarrolla su argumento, en especial en relaci√≥n a la justicia distributiva.

Liberalismo en Filosofía Política

Podemos distinguir dos tipos destacados de liberalismo en función de cómo conciben la libertad: El primero la concibe de la forma inicialmente sugerida por Locke, el segundo de la forma inicialmente sugerida por Rousseau. La razón es la herramienta con la que gobierna el Estado liberal. Cualesquiera que sean las opiniones religiosas, morales o metafísicas de las personas, se espera que traten entre sí en el ámbito político mediante argumentos racionales y actitudes razonables, y los argumentos legitimadores dirigidos a los individuos para procurar su consentimiento deben basarse en la razón.

Derecho de Secesión

Este texto se ocupa del derecho de secesi√≥n, especialmente en un marco pol√≠tico. Un peligro inherente a cualquier sociedad pol√≠tica con m√°s de un grupo englobado, cada uno de los cuales ocupa una porci√≥n de territorio (m√°s o menos) distinta en esa sociedad, es que uno de estos grupos intente separarse de la entidad mayor. La cuesti√≥n de la secesi√≥n gener√≥ una guerra civil en Estados Unidos en el siglo XIX y en nuestros d√≠as amenaza con desgarrar -o ya lo ha hecho- muchas sociedades multiculturales, como Canad√°, la antigua Yugoslavia y Etiop√≠a. ¬ŅCu√°ndo est√° justificada la secesi√≥n? ¬ŅCu√°ndo debe el grupo mayor luchar por mantener al grupo secesionista dentro de su sistema de gobierno, y cu√°ndo debe estar preparado para dejar que el grupo secesionista se vaya? Puede parecer que la respuesta que alguien da a esta pregunta depende de si considera que la pertenencia a su Estado est√° basada en el consentimiento. Despu√©s de todo, si la pertenencia de cada individuo est√° en funci√≥n de su consentimiento (dado t√°cita o expresamente) y es algo a lo que puede renunciar a voluntad, ¬Ņpor qu√© no puede un grupo de individuos salir del Estado, llev√°ndose consigo el territorio en el que viven, renunciando colectivamente a su consentimiento al Estado y estableciendo consensuadamente una nueva pol√≠tica?

Concepciones de Pertenencia

Este texto se ocupa de las distintas concepciones de pertenencia, o al menos de las más importantes en el ámbito de la filosofía política.

Gobernados

¬ŅPor qu√© funciona un sistema pol√≠tico si la gente que gobierna el Estado es, en √ļltima instancia, la que le da poder y lo autoriza? Si las personas necesitan un Estado porque se inclinan a ser injustas, codiciosas, propensas a la violencia cuando se pelean con sus semejantes, y parciales en su propio caso, entonces ¬Ņc√≥mo puede sobrevivir cualquier Estado si esas mismas personas son las que, mediante convenci√≥n, crean y mantienen los Estados que las gobiernan? Algunos autores han llamado a esto la paradoja de ser gobernado. Los radicales socialistas de principios del siglo XX ten√≠an raz√≥n cuando se refer√≠an a los votos como “piedras de papel”. Nuestros “representantes” elegidos no nos representan en ning√ļn sentido literal, como si estuvi√©ramos gobernando “a trav√©s de ellos”. Esto no tiene sentido. Ellos gobiernan y nosotros no. Pero como podemos privarles f√°cilmente del poder -destituirles, si se quiere- a ciertos intervalos regulares, tienen (al menos te√≥ricamente) el incentivo de gobernar de una manera que responda a nuestros intereses. Al igual que cualquier otro empleado, si quieren mantener su puesto de trabajo deben trabajar para satisfacer a su empleador.

Consentimiento de los Gobernados

Una renovada demanda de consentimiento expl√≠cito pod√≠a provocar una agitaci√≥n radical; incluso si los gobernantes que institu√≠an tales reformas estaban igualmente deseosos de forjar nuevos h√°bitos de deferencia y crear una nueva cultura de obediencia pol√≠tica por defecto. En su libro “Sobre el contrato social”, Rousseau atac√≥ la forma brit√°nica del llamado gobierno “representativo” como un fraude y una farsa. En el mismo libro, Rousseau imagin√≥ reuniones anuales de la ciudadan√≠a en las que el pueblo en asamblea someter√≠a a votaci√≥n dos simples preguntas: “¬ŅLe parece bien al soberano conservar la forma actual de gobierno?” y “¬ŅLe parece bien al pueblo dejar la administraci√≥n en manos de los actuales responsables? “. A medida que surg√≠an las naciones, sus gobernantes necesitaban algo m√°s que la capacidad de castigar a la gente para mantener sus pa√≠ses unidos. Necesitaban que sus ciudadanos sintieran lealtad hacia la naci√≥n, y tambi√©n necesitaban que la gente aceptara su gobierno como leg√≠timo. En Europa, algunos fil√≥sofos y reyes reivindicaron la idea del “derecho divino”, afirmando que, al igual que Dios hab√≠a dado a los sacerdotes y predicadores autoridad sobre las iglesias, otorgaba a los reyes y otros miembros de la realeza -as√≠ como a sus descendientes- el control sobre las naciones. No es de extra√Īar que los descendientes de la realeza se adhirieran a esta idea. Si la gente cre√≠a que los gobernantes eran designados por Dios, ser√≠a menos probable que se rebelaran y m√°s probable que obedecieran.

Declive de la Aristocracia

A finales de la d√©cada de 1870, los patricios y arist√≥cratas brit√°nicos segu√≠an siendo los m√°s ricos, los m√°s poderosos y los m√°s glamurosos del pa√≠s, corporativamente -y comprensiblemente- conscientes de ser los elegidos de Dios. Pero durante los cien a√Īos siguientes, su riqueza se marchit√≥, su poder se desvaneci√≥, su glamour se empa√Ī√≥ y su sentido colectivo de identidad y prop√≥sito se debilit√≥ gradual pero inexorablemente. Este texto pretende recuperar y recrear, evocar y explicar, el declive y la ca√≠da de esta √©lite anta√Īo preeminente. Esta entrada sobre la aristocracia eclipsada detalla el declive de la primac√≠a aristocr√°tica. La aristocracia europea perdi√≥ parte de su preeminencia social cuando se eliminaron sus derechos feudales. La aristocracia ha sido desafiada por la rebeli√≥n popular a lo largo de su existencia. Tambi√©n ha sido criticada por los pensadores por no estar a la altura de sus nobles ideales. La Revoluci√≥n Americana demostr√≥ la posibilidad de una sociedad sin nobles. La Revoluci√≥n Francesa aboli√≥ temporalmente la aristocracia, aunque finalmente fue derrotada por los ej√©rcitos nobles, y la aristocracia fue restaurada. El poder aristocr√°tico fue erosionado lentamente por los cambios constitucionales y electorales, aunque mantuvo un predominio pol√≠tico. La sociedad europea del siglo XIX sufri√≥ cambios profundos, paralelos a los que se produjeron en los √°mbitos pol√≠ticos y econ√≥micos. El mundo industrial socav√≥ este dominio, y los impuestos m√°s altos y las revoluciones posteriores despojaron a los arist√≥cratas de mucha autoridad. La aristocracia como entidad coherente de entendimiento social y pol√≠tico fue destruida por la Segunda Guerra Mundial.

Documentos Constitucionales Históricos Europeos

El examen de la Carta Magna y de otros numerosos textos jurídicos históricos demuestra que la historia constitucional inglesa y británica se entiende mejor dentro de su contexto continental más amplio, en lugar de tratarla como algo separado del resto de Europa. Varios textos históricos ingleses y británicos, incluida la Carta Magna, presentan algunas de las cualidades asociadas a una constitución escrita.

Historia de la Constitución Inglesa

Este texto se ocupa, junto a otros, de la historia de la Constituci√≥n inglesa. La Carta Magna y otros numerosos documentos de la historia de Inglaterra y el Reino Unido, que se remontan a los siglos VI y VII, sugieren la necesidad de matizar la idea de que la constituci√≥n es por tradici√≥n “no escrita”. En contra de la percepci√≥n generalizada, la historia constitucional de Inglaterra y el Reino Unido ha implicado con frecuencia interrupciones violentas como consecuencia de invasiones extranjeras o rebeliones internas, o ambas. Aunque estas formas de perturbaci√≥n no vuelvan a producirse, no podemos dar por sentado que el futuro ser√° s√≥lo tranquilo. Pueden producirse cambios sustanciales a trav√©s de la adaptaci√≥n y la transformaci√≥n de las ideas a lo largo del tiempo; y a trav√©s de actos de innovaci√≥n. Estos √ļltimos se presentan a menudo como reafirmaciones de lo que ya existe, como fue el caso de la Carta Magna. Es razonable suponer que ambos tipos de desarrollo constitucional continuar√°n, en formas que no podemos predecir f√°cilmente. La consideraci√≥n de la Carta Magna y de otros numerosos textos jur√≠dicos hist√≥ricos demuestra que la historia constitucional inglesa y brit√°nica se entiende mejor dentro de su contexto continental m√°s amplio, en lugar de tratarla como algo separado del resto de Europa.

Comisión Europea

Comisi√≥n Europea en el Derecho Definici√≥n de Comisi√≥n Europea del Diccionario de T√©rminos de Seguros, Reaseguros y Financieros: Instituci√≥n fundamental de la UE, junto con el Parlamento Europeo y el Consejo de la Uni√≥n Europea, que tiene como objetivo principal representar el inter√©s europeo […]

Competencias del Parlamento

Visualización Jerárquica de Competencias del Parlamento Vida Política > Parlamento
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