El fabuloso crecimiento de la población mundial en los últimos doscientos años (1.000 millones en torno a 1800, 2.000 millones en torno a 1930, 3.000 millones en torno a 1960 y 8.000 millones en 2023) ha conducido, matemáticamente y por tanto en casi todas partes, a una densificación de la población existente, a su expansión en detrimento de los últimos medios naturales, y después a su concentración acelerada en las regiones y lugares más atractivos económica y socialmente, en particular los grandes centros urbanos. En 2021, el 56% de la población mundial vivirá en ciudades, frente al 30% en 1950. Mientras que la urbanización, sea cual sea la opinión que se tenga del fenómeno, parece estar haciendo retroceder hasta el infinito los límites que el entorno natural impone a la acumulación de seres humanos en zonas que han permanecido rurales, la población rural sigue creciendo, aunque muy lentamente. Hoy en día hay en el mundo el doble de población rural que hace cincuenta años, es decir, más que entonces. Asia central y meridional y el África subsahariana, por ejemplo, siguen siendo enormes regiones agrícolas, con casi el 70% de la población viviendo aún en zonas rurales en gigantes demográficos como India y Bangladesh, e incluso casi el 80% en Camboya y Etiopía, y aún más en Uganda.