Carlomagno
Carlomagno es importante no solo por el número de sus victorias y la dimensión de su Imperio, sino también por la especial combinación de tradición e innovación que representó. Por un lado, era un tradicional guerrero germánico. La legislación de Carlomagno estaba muy marcada por la lectura de la Biblia; conocía bien la Biblia, tal y como se hacía en aquella época; y es característico de él que, tras ser coronado emperador, exigiera a todos los súbditos varones mayores de doce años que renovaran su juramento de fidelidad y se comprometieran a ser no sólo un buen súbdito, sino un buen cristiano. Sin duda había estado pensando y hablando de hacerse emperador, pero evidentemente no tenía la intención de que el Papa le hiciera emperador. Había tenido la idea de casarse con la emperatriz Irene, que en ese momento reinaba en Constantinopla, y convertirse así en monarca de los imperios de Oriente y Occidente. Ahora se vio obligado a aceptar el título de la manera que León III había adoptado, como un regalo del Papa, y de una manera que alejó a Constantinopla y aseguró la separación de Roma de la Iglesia bizantina. Al principio, Bizancio no quiso reconocer el título imperial de Carlomagno.