Política Exterior China desde 2013
Desde que Xi Jinping se convirtió en líder, la política exterior china ha pasado de la cautela ante el riesgo a la “ensoñación” optimista sobre un mundo mejor en el que China habrá recuperado el lugar que le corresponde. Mientras que hace 20 años China solía decir “no”, o en el mejor de los casos “quizás”, a la comunidad internacional, ahora quiere decir “sí”, aunque sin limitarse a consentir la hegemonía occidental. Un comentarista chino ha sugerido que China debería convocar una cumbre de todos los países que acepten participar en la la iniciativa “un cinturón, una ruta” para presionar también a favor de cambios más amplios en la gobernanza mundial. Hace un gran juego con el hecho de que su visión de un futuro y mejor orden mundial (o global) se basa en el compromiso de evitar las políticas hegemónicas de Estados Unidos y, en su lugar, desarrollar una comunidad más “democrática” en la que todas las naciones ejerzan su derecho a hacer una contribución adecuada a la gobernanza mundial, y en la que todas sean tratadas por igual, independientemente de su tamaño. China minimiza abiertamente el uso de la presión para impulsar la cooperación; en cualquier caso, carece de recursos a la escala estadounidense para hacerlo. Por ello, China espera que los demás Estados estén por encima de sus posibles intereses personales. Sin embargo, todo lo que se dice sobre soluciones de desarrollo global en las que todos salen ganando supone que otros Estados comparten el cálculo de China sobre lo que significa “ganar”. De hecho, no es difícil pensar en obstáculos. ¿Qué hay de la posibilidad de, utilizando un dicho chino común, “la misma cama, diferentes sueños” (tong chuang, yi meng)? No todos los problemas son susceptibles de soluciones “win-win”. Algunos son de suma cero. Por ejemplo, una de las dimensiones del escenario esbozado para la Ruta de la Seda Marítima es la expectativa de que ésta conduzca a una comunidad económica asiática más integrada, que incluya a los Estados del sudeste asiático. Sin embargo, es cuanto menos cuestionable que se pueda contar con esos Estados para que sigan esta tendencia, aunque pueda conducir a un mayor comercio, cuando algunos de ellos están cada vez más preocupados por la postura intransigente de China en sus reivindicaciones territoriales marítimas. Este texto se centra en primer lugar en la campaña para hacer realidad el “sueño de China”, que se convirtió en el tema interno dominante de la administración de Xi Jinping durante sus dos primeros años, con el objetivo de restaurar la legitimidad ideológica y el atractivo del PCCh, y de aumentar su confianza en sí mismo. A continuación, se examinará la iniciativa “un cinturón, una ruta”, la principal innovación de la política exterior de Xi, que representa el intento de su administración de sentar las bases de una política exterior a largo plazo más activa y distintiva.