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Místicas Cristianas

Mística Cristiana en Relación a Religión Cristiana En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre mística cristiana que se haya en otra parte de esta plataforma online). 3. Teología de la mística. Según lo dicho no […]

Anticristo

Violencia y otras cuestiones

En varias ocasiones, las fuerzas parecieron encarnarse en una figura histórica, sobre todo cuando Antíoco IV Epífanes entregó el Templo de Jerusalén al culto de los ídolos y prohibió a los judíos observar la Ley. Un personaje muy distinto de este extranjero y pagano parece haber proporcionado otros rasgos a la imagen del antimesías: es el “hombre de mentira”, la “criatura de Belial” de los escritos de Qumrān, el perseguidor cruel y pérfido del “maestro de justicia” y de sus seguidores. Esta figura maligna oculta a uno de los representantes de la dinastía -judía y sacerdotal- de los asmoneos. De hecho, la impostura del malvado sacerdote se codeará con la furia del tirano en el retrato clásico del Anticristo.

Ascensión

Cielo y clima

En la liturgia occidental, la misa de la Ascensión está marcada por el apagado del cirio pascual encendido el día de Pascua, tras la lectura del Evangelio. Este gesto simboliza la retirada de Cristo de la Tierra; expresa una separación y podría denotar cierta tristeza. Sin embargo, toda la liturgia de los diez días entre la Ascensión y Pentecostés está marcada por la alegría del triunfo final de Cristo resucitado. El tema de Cristo Rey está, pues, en el centro de la fiesta de la Ascensión. En términos teológicos, la Ascensión es el último acto de redención de Cristo, una ascensión al Padre que anuncia a todos sus fieles una participación en lo divino.

Fe

Arena y naranja

Como ocurre con muchos términos teológicos la palabra fe se usa tanto en sentido religioso como profano. En el primer caso, la fe es cualquier estado interno que se requiera para una religiosidad genuina. Una vida religiosa consiste en algunas acciones externas e internas, emprendidas por motivos específicamente religiosos, es decir, en busca de algún tipo de ‘salvación’ o ‘bienaventuranza’ para uno mismo y para los demás. Este fin ‘sobrenatural’ debe consistir en algún bien que no esté constituido de manera normal por condiciones mundanas, como el placer, la supervivencia o la realización con éxito de otras actividades limitadas por el espacio-tiempo. Cada tradición religiosa corresponde a un cierto cuerpo de proposiciones, cuya verdad es en cierto sentido asumida o presupuesta por aquellos que actúan de acuerdo con los preceptos y recomendaciones de la religión. Se necesita una condición interna de fe para distinguir la religiosidad genuina de la fingida o hipócrita. La presencia de esa fe genuina no depende del grado de creencia en las proposiciones que conforman la tradición religiosa, sino de los motivos o razones que uno tenga para actuar.

Mártir

Cielo y clima

La Iglesia no era en absoluto una fuerza política; siguiendo los pasos de los Apóstoles, sus líderes enseñaban la sumisión a toda autoridad. Sin embargo, mientras que los judíos, aceptados como monoteístas, podían mantenerse al margen del culto oficial de los emperadores, la misma actitud por parte de los cristianos -relativamente desconocidos- suscitaba una mayor desconfianza, que a veces se convertía en hostilidad e incluso violencia. Las persecuciones, cuyo fundamento jurídico sigue siendo objeto de debate, pueden haber sido en su mayor parte episódicas y locales; los emperadores Decio (249-251) y Diocleciano (284-305) son los únicos que aplicaron sistemáticamente una política de represión. Sin embargo, el clima de persecución fue lo suficientemente marcado como para que la perspectiva del martirio permaneciera en el horizonte de toda vida cristiana. El culto al que se somete casi inmediatamente a los mártires no puede sino reforzar esta convicción. En estas condiciones, pedir el bautismo era comprometerse a seguir a Cristo hasta el final, declararse dispuesto a “llevar la cruz”, como se decía entonces, “día tras día”. El monacato tomaría más tarde el relevo de esta espiritualidad. El mártir es el origen de palabras como martirio y martirizar. Como verbo, significa dar muerte por adherirse a una creencia, fe o profesión; infligir dolor agonizante: torturar. Muy popular tanto en Oriente como en Occidente, San Jorge se convirtió en el patrón de jinetes, arqueros y soldados, y de muchas ciudades y países, entre ellos Inglaterra.

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