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Poder Político

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El Poder Político

Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre el poder político. [aioseo_breadcrumbs]

Poder Político: Su Historia en Europa Central

En alemán, el ambiguo término Herrschaft se refiere en primer lugar a una relación socialmente aceptada de ejercicio legítimo del poder en un sentido abstracto y general, en segundo lugar a las personas (o instituciones) que ejercen el poder en un sentido personal y concreto, y en tercer lugar al territorio al que se refiere su dominio en un sentido espacial y objetivo. Mientras que la primera acepción suele traducirse de forma imprecisa en el sentido de poder con el francés pouvoir o autorité o el italiano potere o autorità, la segunda y tercera acepciones corresponden al francés seigneur/seigneurie y al italiano signore/signoria respectivamente. La palabra campo de dominación abarca ámbitos que en francés se traducen como autorité, domination, pouvoir, puissance, seigneurie, mientras que el francés pouvoir y el italiano potere suelen traducirse como “poder”, por ejemplo por Michel Foucault.

Al igual que seigneurie/signoria, dominación es un concepto fuente desde la Edad Media. Además, y a diferencia de la seigneurie/signoria, el dominio también es una categoría central en los debates históricos, teológicos, sociológicos, filosóficos y jurídicos actuales.

Desde el siglo XIII, el dominio ha sido atestiguado como un término de origen personal o espacialmente específico que corresponde al latín dominium. En la Edad Media, el dominio se refiere al gobierno sobre cosas (propiedad) o personas (poder) que está vinculado a una persona y deriva su legitimación de estar vinculado a la ley. Las fuentes suelen referirse a los derechos individuales de dominio, sus componentes específicos y sus formas como “Twing und Bann”, “Munt und Gewere” o “Schutz und Schirm”. En detalle, se distingue entre el señorío sobre la tierra (señorío señorial) y el señorío sobre las personas (servidumbre), la jurisdicción del señor sobre los súbditos (señorío señorial, cf. jurisdicción), la bailía como señorío protector, el señorío de la casa sobre la mujer, los hijos y los criados en la casa (señorío señorial, cf. derecho señorial), el señorío de la casa sobre la mujer, los hijos y los criados en la casa (señorío señorial, cf. derecho señorial).

Las denominaciones de origen como señoríos comunes (véase a continuación) o Bündner Herrschaft (para el señorío de Maienfeld) recuerdan la administración conjunta de determinadas zonas por parte de las ciudades confederadas o los Grisones.

▷ Señoríos comunes
Con este término se designa a los países sujetos que, junto con los trece cantones soberanos, los Países Aliados y los Protectorados, constituían la estructura política y territorial de la Confederación. El establecimiento de una bailía conjunta en el condado de Baden y los Freie Ämter por parte de los cantones implicados en la conquista de Argovia en 1415 sirvió de modelo para todas las bailías posteriores. Hasta 1712, Baden fue administrado sucesivamente por los ocho cantones anteriores a 1481; el Freie Ämter, Turgovia y Sargans por siete cantones (los mismos cantones menos Berna); el Rheintal por los siete primeros cantones (sin Berna) y por Appenzell. Los cantones recién admitidos entre 1481 y 1501, Friburgo, Soleura, Basilea y Escafusa, al principio sólo tenían parte en los cuatro bailíos de Lugano, Mendrisio, Locarno y Valmaggia conquistados en 1512 (Bailiwicks italianos, Bailiwicks). La Cuarta Paz Nacional de 1712 provocó cambios en la administración de los bailíos comunes (Paz Nacional). Los cantones reformados de Zúrich y Berna, junto con Glaris, que se había convertido en cantón paritario, excluyeron a los cantones católicos de los bailiwicks de Baden y del bajo Freie Ämter, mientras que Berna fue admitida en los del alto Freie Ämter, Turgovia, el Rheintal y Sargans. Uno, dos o tres cantones compartían también otros bailíos: Uri, Schwyz y Nidwalden, Bellinzona, Blenio y la Riviera; Berna y Friburgo, Schwarzenburg, Orbe-Echallens, Grandson y Murten; Schwyz y Glaris, Uznach, Gaster y Gams. Para los territorios sujetos de los siete dizains del Valais (Bas-Valais), los cinco dizains superiores (Lötschental) y las III Ligues (Valtellina, Bormio, Chiavenna) se utilizó un sistema similar al de los bailiwicks comunes.

A partir de la Baja Edad Media, la fusión de diversos títulos segmentados de soberanía anclados en la tierra o en la persona en un gobierno territorial condujo a una despersonalización y objetivación del gobierno, que ahora podía integrar diversas formas de participación de los estamentos en el gobierno (asamblea de estamentos), por un lado, y, por otro, desarrolló nuevas actividades señoriales en forma de la “polisía” y evolucionó hacia una autoridad bajo el absolutismo. En el siglo XVIII, los monopolios estatales sustituyeron a las diversas formas de gobierno, y el gobierno se convirtió en una administración burocrática en la vida cotidiana (Max Weber). Algunos historiadores se interesan hoy por los aspectos concretos del “poder como práctica social” (Alf Lüdtke), analizándolo no como instrumento de dominación (amo contra esclavo), sino como resultado de las relaciones cotidianas entre amo y esclavo.

En teología, es el origen del poder lo que ha suscitado controversias. Algunos, desde San Agustín hasta Lutero, vieron en el poder una consecuencia del pecado original y al mismo tiempo un arma contra los efectos de la pecaminosidad humana. Tomás de Aquino, en cambio, desde una perspectiva aristotélica, veía el poder como anterior a la Caída, lo que permitía legitimarlo en teoría, pero sin justificar ninguna forma de sometimiento. Este concepto se encuentra en las doctrinas políticas modernas basadas en el derecho natural, que pretenden transformar el pacto de sumisión en un contrato social (Jean-Jacques Rousseau).

En sociología, el poder es un caso especial del ejercicio del poder: es la forma institucionalizada a largo plazo del poder en la que quienes lo detentan pretenden tener derecho a él y quienes están sometidos a él aceptan esta pretensión. Max Weber dio la definición clásica: el poder (Herrschaft, traducido habitualmente en este pasaje como “dominación”, pero de lo que estamos hablando en realidad es de poder) es “la posibilidad de encontrar personas determinables dispuestas a obedecer una orden de contenido determinado”, por oposición a la fuerza (Macht), que significa “toda posibilidad de hacer triunfar la propia voluntad dentro de una relación social, incluso contra resistencia, cualquiera que sea el fundamento de esa posibilidad”.

Desde la antigüedad, la filosofía política ha examinado los fundamentos y los límites del poder, y más aún sus diversas formas. Aristóteles distingue tres tipos de constitución, según el número de gobernantes, cada uno de los cuales puede ser bueno (si el poder es para el bien común) o corrupto: monarquía/tiranía, aristocracia/oligarquía, democracia/oclocracia. Montesquieu enumera los gobiernos y sus principios (virtud en la democracia, moderación en la aristocracia, honor en la monarquía, miedo en el despotismo). Max Weber reconoció tres “tipos de dominación” con legitimidades diferentes: el poder racional o legal, el poder tradicional (basado en la creencia en la santidad de las costumbres) y el poder carismático (basado en la devoción a un líder portador de valores sagrados o heroicos).

Durante la Ilustración, el poder se convirtió en un concepto abstracto, una entidad despersonalizada que correspondía al poder institucionalizado del Estado, bajo la forma del “poder de las leyes”. Rousseau fue el primero en expresar el ideal de un poder compatible con la libertad sin caer en la anarquía. Esta visión impregnó los debates políticos del siglo XIX (Marx y Engels profetizando el fin del poder del Estado) y del XX (la ética de la comunicación según Jürgen Habermas y Karl-Otto Appel), en un momento en que el mundo se enfrentaba al “poder del terror” de los sistemas totalitarios y sus dirigentes.

El ejercicio del poder es legítimo cuando respeta un marco jurídico de privilegios, contratos de gobierno y derechos adquiridos, frente a cuando dicho marco no se respeta (tiranía, despotismo, usurpación, etc.) o no existe (anarquía). Durante mucho tiempo, se constituyó mediante la prestación recíproca de juramentos solemnes (bajo la invocación de la divinidad), ya fueran asimétricos entre amos y súbditos (homenaje) o simétricos entre asociados (comuna juramentada, confederación, conspiración). Para Otto von Gierke, historiador del derecho alemán, la oposición entre poder y comunidad es un factor explicativo universal.

Las manifestaciones del poder incluían los rituales simbólicos en torno a la asunción del cargo por sus portadores: la coronación, consagración y entronización de emperadores y reyes, y la investidura, recepción y homenaje de príncipes, señores y sus representantes (alguaciles). El traspaso de poderes encontró su expresión material en la entrega de insignias: corona, cetro y espada en las monarquías; vara, sello y llaves en las repúblicas y comunas; tiara, mitra y báculo en la Iglesia (en 1964, el Papa Pablo VI renunció simbólicamente a la tiara). Los emblemas heráldicos, las “antigüedades jurídicas” (objetos antiguamente asociados al ejercicio de la justicia), los edificios oficiales, los trajes oficiales y las ceremonias eran marcas visibles del poder y de su presencia en todas partes.

Revisor de hechos: Helve

Poder Político: Introducción al Concepto Jurídico

De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:

Desde un punto de vista filosófico político, se concibe al poder como la capacidad que tiene un individuo o un grupo de modificar la conducta de otros individuos o grupos.Entre las Líneas En Ciencia Política, aunque ya no se acepta que sea el concepto central único, hay acuerdo en que tiene fundamental importancia (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Burdeau lo define como “una energía social, emanación de una representación mental, colectiva y dominante, del orden social deseable”, en nombre de la cual se presta acatamiento al mando político. Siempre se manifiesta en la relación humana y en su génesis está la obediencia: se tiene poder en la medida en que se es obedecido. Hay muchas clasificaciones del poder.

Más sobre el Significado Político de Poder Político

Damos aquí brevemente las más usuales en el análisis político: poder actual (relación entre comportamientos efectivos); poder potencial (relación entre aptitudes para actuar); poder estabilizado (muy alta probabilidad de ser obedecido); poder anónimo (propio de comunidades primitivas, reside más en la costumbre, el tabú, la tradición, que en las personas); poder personalizado (que reside en la voluntad personal del jefe); poder institucionaliza do (estabilizado y articulado en roles coordinados; culmina cuando el Estado se convierte en titular único y abstracto del poder); poder abierto (sensible a las variaciones de la conciencia colectiva sobre el orden social deseable); poder cerrado (al servicio de una representación del orden social deseable que se considera permanente); poder de jure (reconocido por la normativa jurídica vigente); de facto (existente pero carente de respaldo legal).

Algunos términos relacionados con Poder Político en esta Plataforma Online

 

Poder político

Poder político en la Enciclopedia Jurídica Omeba

Véase:

Poder Político: Consideraciones Generales

Poder Politico

Describe la enciclopedia Rialp, sobre poder politico, lo siguiente:

Concepto y necesidad

Si el poder político se ha tornado cuestión aguda en nuestro tiempo, obedece a dos razones. De un lado, que el hombre ha dejado de ser liberal, entendido esto como la actitud que supone no introducir ningún absoluto en la vida (Guardini), y porque cada vez más la sociedad pierde espontaneidad en sus movimientos y aparece planificada y ordenada. Pedimos acción y no inactividad a la comunidad política (véase esta voz en la plataforma digital), y por esto el p., que siempre apareció necesario, se ha convertido en objeto de constante preocupación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se nos ofrece como libre energía, con conciencia de superioridad (Haurou) dirigida hacia un fin. Lógicamente limita el obrar de los hombres; por eso, cuando el sentido de empresa, el objetivo a cumplir que justifica la superioridad aparece traicionado o simplemente desconocido, el poder político se muestra como algo innecesario o pernicioso.

Puntualización

Sin embargo, la experiencia enseña que es necesario para la vida de las sociedades como instrumento de integración y conservación; institucionalizado y concretado es condición de libertad (véase esta voz en la plataforma digital), ya que no es el puro resultado de la fuerza, sino algo más. Ortega y Gasset ve agudamente este aspecto cuando habla de que al mando o sensación de superioridad se le añade la fuerza, que no es la creadora del mando, sino su seguidora. La sociedad, añade, no es el resultado milagroso del juego de las distintas fuerzas que produce espontáneamente el orden, sino del consumo de energías de una parte que somete a la otra. De ahí que el poder político ligue al súbdito y al gobernante, y comprometa más a éste que a aquél, pues le obliga a la realización de una empresa, con un sentido profundo de racionalidad y libertad. Si ésta supone entrega consciente, aquélla significa conocimiento exacto de los límites hasta donde es legítimo y, por tanto, puede postular la obediencia. La posibilidad de que no se le obedezca dota de gran originalidad al poder político, que plantea la existencia de una institución, de un orden y una jerarquía que las crea para cumplir un fin.

Aspectos

Puede verse el sentido de integración del poder político con la afirmación de Hobbes (véase esta voz en la plataforma digital) referida a la unidad del representante creadora de la unidad del representado, o advirtiendo que el juego de fuerzas tendentes al objetivo que la sociedad persigue necesita de un punto de referencia o concentración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La definición de la ley (véase esta voz en la plataforma digital) como mandato, aun siendo incompleta, sirve para demostrar esto que vamos diciendo. El otro aspecto hace referencia a la continuidad, obstáculo al progreso, al que favorece, sin embargo, pues solo partiendo de algo dado se puede avanzar. Cuanto más estabilidad hay en las relaciones de mando-obediencia el hombre se siente más libre, porque conoce el alcance de las limitaciones de su libertad.Entre las Líneas En el poder político no solo debe tenerse en cuenta el ansia de dominación del que manda -por ello es más fuerte el p. personal que cualquier otro- sino la adhesión de quienes han de obedecer, la creencia en la legitimidad entendida como reconocimiento de cierta superioridad que no es preciso que exista sino basta con que se crea, conciencia que sirve de instrumento para la realización de un fin, para el logro de una empresa o proyecto que tiene en la mente eJ que manda (V. ORDEN; OBEDIENCIA).

Más Detalles

Se puede advertir con lo dicho que el poder político tiene dos aspectos inseparables que la tradición designa auctoritas (véase esta voz en la plataforma digital) y potestas. Esta distinción que Gelasio (véase esta voz en la plataforma digital) utilizó (a. 494) para designar el poder del Papa y del Emperador la ha actualizado y renovado Schmitt. Fácil es comprender que potestas quiere decir fuerza, posesión de instrumentos para imponer la obediencia, pero la definición de auctoritas es más difícil. Significa prestigio, creencia en la legítima posesión, que se despliega en el proceso total del orden, es decir, no solo en el cumplimiento de los fines, sino en la lícita posesión de los medios. Por la auctoritas, el poder político se distingue del económico, pues éste no necesita más que la tenencia de los instrumentos para afirmarse (ejemplo de monopolio). La imputación de un centro tiene como consecuencia la personalización, que debe entenderse en un doble sentido: funcional, como instancia suprema; y material, porque siempre se reduce a una persona física. La funcional se denomina, científica y popularmente, soberanía (véase esta voz en la plataforma digital), y desde Bodino (véase esta voz en la plataforma digital) es uno de los temas más debatidos de la ciencia política. Si este autor vació de contenido la realidad del p. de su tiempo, sobre justificar su necesidad para la existencia de la sociedad política, separa la suprema instancia laica de la religiosa.

Otros Elementos

Por otro lado, estableció una relación entre poder político y sociedad política, que se manifiesta en la seguridad jurídica, entendida como automatismo en la solución de las dificultades, que desvela la necesidad de una pronta instancia decisoria y personalizada que, si no siempre, es muy frecuentemente el centro del poder político; tanto es así, que la doctrina marxista contemporánea no ha podido resistir al fenómeno de la personalización del p., al que da una interpretación que no elimina la fuerza de los que Carlyle llamaba héroes.

Origen del poder

La afirmación platónica de que siempre existieron sociedades políticas (Leyes, 676, b) y la de Rousseau sobre el misterio de la obediencia (Contrato social, III,6) aluden a la importancia del origen del p. Una explicación es la que lo reduce a la fuerza, a la supetioridad natural o adquirida por un hombre genial, como hace Maquiavelo (véase esta voz en la plataforma digital) en El príncipe, que todo lo resuelve en puro teorema de álgebra, en el que no valen reglas de la moral ni el derecho (Trotski). Duguit, que considera al poder político como un puro hecho, lo justifica por el cumplimiento de un fin que para él es la realización del derecho social.Entre las Líneas En esta dirección cabe incluir el pensamiento marxista en una esquemática explicación: siendo -a su juicio- el Estado una consecuencia de la división de clases, mientras éstas existan habrá dominadores y dominados, es decir, el hombre estará sometido a la tiranía del poder político; cuando las clases no existan, desaparecerá el Estado, se apagará, según la conocida frase de Engels (véase esta voz en la plataforma digital); por eso la dictadura del proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) (véase esta voz en la plataforma digital), recuerdo del Estado, tiene el valor de un instrumento para su desaparición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esa posición está relacionada con la definición de lo político como una antítesis o pugna. La pugna o conflicto social puede estimarse símbolo del progreso o causa de estancamiento.Entre las Líneas En el primer caso, la tendencia del poder político sería la de encauzar las fuerzas; en el segundo, evitar el choque o anularlo. Si aquí aparece la eliminación del poder político como el fin de la lucha, otras doctrinas lo justifican por esa misma eliminación o su encauzamiento. Entre éstas, por su fuerza evidente y el valor sociológico, hemos de destacar la de quienes ven en él la pura decisión, bien como establecedora del orden (Schmitt) o en una «individualidad de voluntad» (Heller).

Más Detalles

Las doctrinas expuestas ofrecen el común denominador de prescindir de la colectividad; el poder político surge con independencia de quienes han de obedecer. Frente a esa tendencia, otros autores que podemos llamar voluntaristashacen derivar el poder político de una decisión de quienes serán mandados. Hobbes, a la cabeza de todos, afirma que en el hombre es dominante el apetito de poder, y, de la misma manera, previa descomposición dialéctica, examina la sociedad.Entre las Líneas En ausencia de limitaciones, es decir, de poder político, el apetito de dominación de cada hombre produce la guerra de todos contra todos, por lo que, para salvar su más preciado bien: la vida misma, el hombre se ve forzado a entregar toda su voluntad al soberano. Locke (véase esta voz en la plataforma digital), más templado en la actitud, justificará la existencia del poder político por la defensa de la propiedad, y la necesidad de que el juez ejecute las sentencias. Rousseau (véase esta voz en la plataforma digital) parte de la bondad natural del hombre, de sus rectos sentimientos en cuanto no está coaccionado y de la mutua entrega de voluntades que en el pacto se hacen, precisamente par salvaguardar la propia libertad. Deja, como es sabido, en manos de la mítica voluntad general el control absoluto del orden político, que lleva incluso a la eliminación de quienes no la aceptan.

Más Detalles

Finalmente, más acertados autores hallan el fundamento del poder político en la propia naturaleza humana, y remotamente en Dios, autor de esa naturaleza. El poder político es algo bueno en cuanto instrumento temporal, pero necesario, para el desarrollo del hombre. Queda así reflejado el fenómeno de la sociabilidad (véase esta voz en la plataforma digital), cuya argumentación brillantemente expuesta, entre otros, por el P. Juan de Mariana (De Rege; v.) arranca de Aristóteles (Política, 1253, a). Éste afirma que las esencias se perfeccionan por el roce de otras esencias, por lo que el hombre necesita rozarse con los demás para alcanzar su perfección. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El aislamiento solo es posible para los brutos o los dioses, porque ninguno de ellos puede ser más perfecto de lo que son. La sociedad (véase esta voz en la plataforma digital) es así un fenómeno natural y necesario, que a su vez hace necesaria la autoridad (véase esta voz en la plataforma digital) o p., ya que sin él no puede establecerse una adecuada convivencia. Como decíamos, esta doctrina entronca con una visión teológica cuando se pone de relieve que la naturaleza humana ha sido creada por Dios, que, al querer que exista esta naturaleza, quiere también lo que ella implica, y, por tanto, el p. La enseñanza de San Pablo de que el p. viene de Dios (Rom 13,1-7) se interpreta de dos maneras.

Informaciones

Los defensores del origen divino de la investidura, doctrina de marcado sello protestante y de acusadísima influencia en Francia, sostienen que Dios provee de manera expresa a designar el titular del p., sin intervención humana, haciendo del gobernante un pequeño Dios, como dice Jacobo 1, uno de sus mejores expositores. Frente a ellos se sitúa el pactismo mitigado, que tiene sus mejores representantes en los teólogos del Siglo de Oro español: la sociedad, hecho natural y no resultado de la convención, que existiría aun en el estado de inocencia, nace en virtud de un cierto acuerdo o consentimiento de los hombres, que así establecen una comunidad perfecta a la que Dios da el p., y ésta a su vez, libremente, escoge la forma de gobierno (Suárez; v.).

Justificación del poder

Ha sido muy frecuente prescindir del examen de la justificación del poder político, del porqué de la obediencia que se le debe, a causa, aunque parezca paradoja, de su desprestigio. El examen de la decisión política, del origen real de los mandatos, sobre ser importantísimo, no puede eliminar la justificación del poder político, porque solo en tal origen encontraremos la razón calificadora de las acciones gubernamentales. Se avala el poder político afirmando que viene de Dios y por ello podemos resistir al titular, ya que éste es solo el administrador de la fuerza que tiene, de lo que se le ha dado. De igual suerte, el origen divino no hurta las consideraciones pertinentes a la realidad del ejercicio, a las adherencias propias de una obra humana, lo que impone volver en cierta medida a las consideraciones renacentistas. Un valenciano de la época, Fadrique Furió Ceriol, explicaba que los poetas representan al Principado, «con la efigie Minotauro de medio arriba hombre que es el buen gobierno que ha de ser superior y primero, y de medio abajo bestia que es la potencia». Así se debe establecer la naturaleza del poder político, como operante sobre la materia movediza que es el hombre, y la necesidad de recurrir no solo a la fuerza-potencia sino a la razón. De esta manera, si el reconocimiento de las imperfecciones del ser humano no justificara las desviaciones del poder político que debe ser siempre «buen gobierno», preciso es suponer que los regímenes (véase esta voz en la plataforma digital) políticos han de adolecer de imperfección y que solo relativamente puede hablarse de regímenes perfectos. Porque los hombres son libres y sus acciones difícilmente previsibles, el quehacer político es una auténtica aventura.Entre las Líneas En cada actuación, en cada decisión política se compromete todo el orden, todas ellas operan sobre una realidad que es diferente de aquella que se tuvo en cuenta para el mandato, de ahí que se haya advertido la diferencia entre el juez y el político (Bourricaud). Aquél actúa sobre una realidad cristalizada: el pasado; éste sobre una que ha de venir: el futuro.

Más Detalles

Todo sirve, por tanto, para justificar la institucionalización del mandato y su imprevisibilidad, que son una simple manifestación del verdadero sentido de la autoridad (véase esta voz en la plataforma digital) -es decir, del que es autor- y ha hecho que en las épocas del cambio, cual es la muestra, se aumente el número de p. personales, como mejor preparados para resolver rápidamente las situaciones agudas. Todavía, sin embargo, sale al paso de cualquier cratología (teoría del poder) la doble herencia funesta, o, más bien dicho, el doble aspecto funesto de la herencia del s. xvlll. De un lado, la creencia de que autoridad y racionalidad son dos conceptos contrapuestos cuando ciertamente se hallan estrechamente unidos (Friedrich) y, de otro, el olvido de que existen verdades absolutas a las que siempre se ha de servir. A los aficionados a citar, siempre a medias, a lord Acton (el p. corrompe y el p. absoluto mucho más) ha de recordárseles que quien corrompe no es el p., sino la atmósfera que le rodea cuando la naturaleza del titular es mediocre, «cuando estaba acostumbrada a una moral nimia, a mudas pasiones hambrientas y a rutinarios hábitos provincianos» (Santayana). Debiéramos añadir que triste sería un mundo en que algo tan necesario para la sociedad como es el poder político produjera ineludiblemente la corrupción.

Poder como sustancia y relación

Todo lo dicho nos conduce a examinar una moderna consideración sobre el poder político. ¿Es una sustancia o una relación? Si bien se mira tiene ésta cierto sentido de analogía con las ya examinadas de auctoritas y potestas, pero solo una cierta afinidad. Por p.-sustancia se entiende su posesión como algo que se tiene, se domina y se dispone igual que de un saco de oro, y por p.-relación, como lo expresa la palabra, que solo existe poder político cuando hay una comunicación entre dos.Entre las Líneas En el fondo, p.-sustancia puede estimarse al que se usa sin contar con quien obedece, mientras que el p.-relación exige el consentimiento de los súbditos.Entre las Líneas En todo p. se ofrecen ambos aspectos, singularmente si el que manda posee cualidades excepcionales que le permiten, en algún caso, creerse dueño absoluto. Éste es el gran valor de los fundadores, cuyo papel es tan relevante que algún autor mantiene que la soberanía les corresponde como un derecho adventicio (E. M. Gil Robles). Lo cierto es que las más igualitarias democracias establecen una criba política y social para la selección de quienes han de mandar, y hoy se pretende justificar la dirección de un grupo especializado que se ha calificado de tecnoestructura (Galbraith).Entre las Líneas En todo caso, el consensus tiene un valor extraordinario en la vida política. La función integradora del poder político, si puede usar de la coerción, no debe prescindir del sentido de empresa que ya hacía notar Platón, estimando que es función del político no pensar cómo hacer las cosas, sino lograr que otros las hagan. Para conseguir algo en la vida política es preciso que el hombre medio tenga «el sentimiento de que la respública, la causa común de la existencia humana en libertad y dignidad, está en sus manos» (Guardini). La observación es muy de nuestro tiempo por creerse imposible el desarrollo con el solo proceso «casi mecánico de la acción económica de los individuos, ni con la sola decisión de la autoridad pública» (Conc. Vaticano li, Const. Gaudium el spes, 65). Esta constante intervención ha dotado al poder político de una fuerza suplementaria y añadida al tradicional «monopolio de la violencia física», suministrándole la más sensible pero menos escandalosa de la coacción económica. Es evidente que si la competencia perfecta del mercado es irrealizable, la fuerza de la riqueza y de la disposición de ella es, sin llegar a los excesos del marxismo, evidente y extraordinaria. Si el poder político, en su función de conseguir verdadera seguridad y, por tanto, fomentar la igualdad, interviene para evitar la opresión de los poderes económicos -amplísima función planificadora-, adquiere la fuerza que aquéllos tienen. Ésta es la causa de que la burguesía, en aquellos países donde estaba ausente del poder político, busque ahora, con ahínco, su posesión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El fenómeno tiene un envés muy interesante: la colaboración más necesaria y frecuente de los súbditos con el poder político, quien necesitando para que actúen con igual fidelidad que sus funcionarios, ineludiblemente ha de aumentar el consensus, porque le es muy necesario, ya que sin los súbditos el resultado de los planes -principalísima política- es dudoso.

Más Detalles

Síguese de todo ello que el poder político necesita hacer su propaganda (véase esta voz en la plataforma digital), que si bien fue iniciada por los Estados llamados autoritarios y totalitarios, hoy se ha convertido en una actividad en la que todos participan. Auméntase ineludiblemente el campo de acción docente del Estado; no solo es la participación como sociedad perfecta (Enc. Divini illius magistri, 8), sino la exigencia impuesta a los ciudadanos de «aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común», y la gran atención que debe prestarse «a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo» (Gaudium et spes, 75).Entre las Líneas En suma, estamos ante el resultado de la evolución tecnológica, bien puesta de relieve por Galbraith (véase esta voz en la plataforma digital), cuya trabazón simboliza la «compañía madura», en la que el capital apenas ejerce poder, pero que conforma la sociedad contemporánea. El mínimo consensus que significa la colaboración aludida no basta; es preciso institucionalizar el control (véase esta voz en la plataforma digital) al poder político. Se piensa de nuevo, como ya defendiese Montesquieu (Esprit, 11,4), en los cuerpos intermedios y, sobre todo, en el mutuo control de los Estados, que también se debe institucionalizar. Ver: Autoridad; estado; Gobierno; Jerarquía; Sociedad.

Principios Generales en el Capítulo I de la Constitución de Portugal

Este artículo trata sobre Principios generales, y está ubicado en la Parte III, sobre la Organización del Poder Político, Título VIII, acerca del Poder Local, Capítulo I [Principios generales], de la Constitución portuguesa vigente.

Visualización Jerárquica de Poder político

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Poder político

A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto de Poder político

Véase la definición de Poder político en el diccionario.

Características de Poder político

[rtbs name=”vida-politica”]

Poder Politico en Relación a Política

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]

Concepto y necesidad

Si el poder político se ha tornado cuestión aguda en nuestro tiempo, obedece a dos razones. De un lado, que el hombre ha dejado de ser liberal, entendido esto como la actitud que supone no introducir ningún absoluto en la vida (Guardini), y porque cada vez más la sociedad pierde espontaneidad en sus movimientos y aparece planificada y ordenada. Pedimos acción y no inactividad a la comunidad política (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y por esto el poder, que siempre apareció necesario, se ha convertido en objeto de constante preocupación. Se nos ofrece como libre energía, con conciencia de superioridad (Haurou) dirigida hacia un fin. Lógicamente limita el obrar de los hombres; por eso, cuando el sentido de empresa, el objetivo a cumplir que justifica la superioridad aparece traicionado o simplemente desconocido, el poder político se muestra como algo innecesario o pernicioso.

Puntualización

Sin embargo, la experiencia enseña que es necesario para la vida de las sociedades como instrumento de integración y conservación; institucionalizado y concretado es condición de libertad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), ya que no es el puro resultado de la fuerza, sino algo más. Ortega y Gasset ve agudamente este aspecto cuando habla de que al mando o sensación de superioridad se le añade la fuerza, que no es la creadora del mando, sino su seguidora. La sociedad, añade, no es el resultado milagroso del juego de las distintas fuerzas que produce espontáneamente el orden, sino del consumo de energías de una parte que somete a la otra. De ahí que el poder político ligue al súbdito y al gobernante, y comprometa más a éste que a aquél, pues le obliga a la realización de una empresa, con un sentido profundo de racionalidad y libertad. Si ésta supone entrega consciente, aquélla significa conocimiento exacto de los límites hasta donde es legítimo y, por tanto, puede postular la obediencia. La posibilidad de que no se le obedezca dota de gran originalidad al poder político, que plantea la existencia de una institución, de un orden y una jerarquía que las crea para cumplir un fin.
Aspectos. Puede verse el sentido de integración del poder político con la afirmación de Hobbes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) referida a la unidad del representante creadora de la unidad del representado, o advirtiendo que el juego de fuerzas tendentes al objetivo que la sociedad persigue necesita de un punto de referencia o concentración. La definición de la ley (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como mandato, aun siendo incompleta, sirve para demostrar esto que vamos diciendo. El otro aspecto hace referencia a la continuidad, obstáculo al progreso, al que favorece, sin embargo, pues sólo partiendo de algo dado se puede avanzar. Cuanto más estabilidad hay en las relaciones de mando-obediencia el hombre se siente más libre, porque conoce el alcance de las limitaciones de su libertad.Entre las Líneas En el poder político no sólo debe tenerse en cuenta el ansia de dominación del que manda -por ello es más fuerte el poder personal que cualquier otro- sino la adhesión de quienes han de obedecer, la creencia en la legitimidad entendida como reconocimiento de cierta superioridad que no es preciso que exista sino basta con que se crea, conciencia que sirve de instrumento para la realización de un fin, para el logro de una empresa o proyecto que tiene en la mente eJ que manda (véase en esta plataforma: ORDEN; OBEDIENCIA).
Se puede advertir con lo dicho que el poder político tiene dos aspectos inseparables que la tradición designa auctoritas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y potestas. Esta distinción que Gelasio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) utilizó (a. 494) para designar el poder del Papa y del Emperador la ha actualizado y renovado Schmitt. Fácil es comprender que potestas quiere decir fuerza, posesión de instrumentos para imponer la obediencia, pero la definición de auctoritas es más difícil. Significa prestigio, creencia en la legítima posesión, que se despliega en el proceso total del orden, es decir, no sólo en el cumplimiento de los fines, sino en la lícita posesión de los medios. Por la auctoritas, el poder político se distingue del económico, pues éste no necesita más que la tenencia de los instrumentos para afirmarse (ejemplo de monopolio). La imputación de un centro tiene como consecuencia la personalización, que debe entenderse en un doble sentido: funcional, como instancia suprema; y material, porque siempre se reduce a una persona física. La funcional se denomina, científica y popularmente, soberanía (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y desde Bodino (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es uno de los temas más debatidos de la ciencia política. Si este autor vació de contenido la realidad del poder de su tiempo, sobre justificar su necesidad para la existencia de la sociedad política, separa la suprema instancia laica de la religiosa.

Otros Elementos

Por otro lado, estableció una relación entre poder político y sociedad política, que se manifiesta en la seguridad jurídica, entendida como automatismo en la solución de las dificultades, que desvela la necesidad de una pronta instancia decisoria y personalizada que, si no siempre, es muy frecuentemente el centro del poder político; tanto es así, que la doctrina marxista contemporánea no ha podido resistir al fenómeno de la personalización del poder, al que da una interpretación que no elimina la fuerza de los que Carlyle llamaba héroes.
Origen del poder. La afirmación platónica de que siempre existieron sociedades políticas (Leyes, 676, b) y la de Rousseau sobre el misterio de la obediencia (Contrato social, III,6) aluden a la importancia del origen del poder Una explicación es la que lo reduce a la fuerza, a la supetioridad natural o adquirida por un hombre genial, como hace Maquiavelo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en El príncipe, que todo lo resuelve en puro teorema de álgebra, en el que no valen reglas de la moral ni el derecho (Trotski). Duguit, que considera al poder político como un puro hecho, lo justifica por el cumplimiento de un fin que para él es la realización del derecho social.Entre las Líneas En esta dirección cabe incluir el pensamiento marxista en una esquemática explicación: siendo -a su juicio- el Estado una consecuencia de la división de clases, mientras éstas existan habrá dominadores y dominados, es decir, el hombre estará sometido a la tiranía del poder político; cuando las clases no existan, desaparecerá el Estado, se apagará, según la conocida frase de Engels (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); por eso la dictadura del proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), recuerdo del Estado, tiene el valor de un instrumento para su desaparición. Esa posición está relacionada con la definición de lo político como una antítesis o pugna. La pugna o conflicto social puede estimarse símbolo del progreso o causa de estancamiento.Entre las Líneas En el primer caso, la tendencia del poder político sería la de encauzar las fuerzas; en el segundo, evitar el choque o anularlo. Si aquí aparece la eliminación del poder político como el fin de la lucha, otras doctrinas lo justifican por esa misma eliminación o su encauzamiento. Entre éstas, por su fuerza evidente y el valor sociológico, hemos de destacar la de quienes ven en él la pura decisión, bien como establecedora del orden (Schmitt) o en una «individualidad de voluntad» (Heller).
Las doctrinas expuestas ofrecen el común denominador de prescindir de la colectividad; el poder político surge con independencia de quienes han de obedecer. Frente a esa tendencia, otros autores que podemos llamar voluntaristashacen derivar el poder político de una decisión de quienes serán mandados. Hobbes, a la cabeza de todos, afirma que en el hombre es dominante el apetito de poder, y, de la misma manera, previa descomposición dialéctica, examina la sociedad.Entre las Líneas En ausencia de limitaciones, es decir, de poder político, el apetito de dominación de cada hombre produce la guerra de todos contra todos, por lo que, para salvar su más preciado bien: la vida misma, el hombre se ve forzado a entregar toda su voluntad al soberano. Locke (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), más templado en la actitud, justificará la existencia del poder político por la defensa de la propiedad, y la necesidad de que el juez ejecute las sentencias. Rousseau (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) parte de la bondad natural del hombre, de sus rectos sentimientos en cuanto no está coaccionado y de la mutua entrega de voluntades que en el pacto se hacen, precisamente par salvaguardar la propia libertad. Deja, como es sabido, en manos de la mítica voluntad general el control absoluto del orden político, que lleva incluso a la eliminación de quienes no la aceptan.
Finalmente más acertados autores hallan el fundamento del poder político en la propia naturaleza humana, y remotamente en Dios, autor de esa naturaleza. El poder político es algo bueno en cuanto instrumento temporal, pero necesario, para el desarrollo del hombre. Queda así reflejado el fenómeno de la sociabilidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), cuya argumentación brillantemente expuesta, entre otros, por el poder Juan de Mariana (De Rege; v.) arranca de Aristóteles (Política, 1253, a). Éste afirma que las esencias se perfeccionan por el roce de otras esencias, por lo que el hombre necesita rozarse con los demás para alcanzar su perfección. El aislamiento sólo es posible para los brutos o los dioses, porque ninguno de ellos puede ser más perfecto de lo que son. La sociedad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es así un fenómeno natural y necesario, que a su vez hace necesaria la autoridad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o poder, ya que sin él no puede establecerse una adecuada convivencia. Como decíamos, esta doctrina entronca con una visión teológica cuando se pone de relieve que la naturaleza humana ha sido creada por Dios, que, al querer que exista esta naturaleza, quiere también lo que ella implica, y, por tanto, el poder La enseñanza de San Pablo de que el poder viene de Dios (Rom 13,1-7) se interpreta de dos maneras.

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Los defensores del origen divino de la investidura, doctrina de marcado sello protestante y de acusadísima influencia en Francia, sostienen que Dios provee de manera expresa a designar el titular del poder, sin intervención humana, haciendo del gobernante un pequeño dios, como dice Jacobo 1, uno de sus mejores expositores. Frente a ellos se sitúa el pactismo mitigado, que tiene sus mejores representantes en los teólogos del Siglo de Oro español: la sociedad, hecho natural y no resultado de la convención, que existiría aun en el estado de inocencia, nace en virtud de un cierto acuerdo o consentimiento de los hombres, que así establecen una comunidad perfecta a la que Dios da el poder, y ésta a su vez, libremente, escoge la forma de gobierno (Suárez; v.).
Justificación del poder. Ha sido muy frecuente prescindir del examen de la justificación del poder político, del porqué de la obediencia que se le debe, a causa, aunque parezca paradoja, de su desprestigio. El examen de la decisión política, del origen real de los mandatos, sobre ser importantísimo, no puede eliminar la justificación del poder político, porque sólo en tal origen encontraremos la razón calificadora de las acciones gubernamentales. Se avala el poder político afirmando que viene de Dios y por ello podemos resistir al titular, ya que éste es sólo el administrador de la fuerza que tiene, de lo que se le ha dado. De igual suerte, el origen divino no hurta las consideraciones pertinentes a la realidad del ejercicio, a las adherencias propias de una obra humana, lo que impone volver en cierta medida a las consideraciones renacentistas. Un valenciano de la época, Fadrique Furió Ceriol, explicaba que los poetas representan al Principado, «con la efigie Minotauro de medio arriba hombre que es el buen gobierno que ha de ser superior y primero, y de medio abajo bestia que es la potencia». Así se debe establecer la naturaleza del poder político, como operante sobre la materia movediza que es el hombre, y la necesidad de recurrir no sólo a la fuerza-potencia sino a la razón. De esta manera, si el reconocimiento de las imperfecciones del ser humano no justificara las desviaciones del poder político que debe ser siempre «buen gobierno», preciso es suponer que los regímenes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) políticos han de adolecer de imperfección y que sólo relativamente puede hablarse de regímenes perfectos. Porque los hombres son libres y sus acciones difícilmente previsibles, el quehacer político es una auténtica aventura.Entre las Líneas En cada actuación, en cada decisión política se compromete todo el orden, todas ellas operan sobre una realidad que es diferente de aquella que se tuvo en cuenta para el mandato, de ahí que se haya advertido la diferencia entre el juez y el político (Bourricaud). Aquél actúa sobre una realidad cristalizada: el pasado; éste sobre una que ha de venir: el futuro.

Todo sirve, por tanto, para justificar la institucionalización del mandato y su imprevisibilidad, que son una simple manifestación del verdadero sentido de la autoridad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) -es decir, del que es autor- y ha hecho que en las épocas del cambio, cual es la muestra, se aumente el número de poder personales, como mejor preparados para resolver rápidamente las situaciones agudas. Todavía, sin embargo, sale al paso de cualquier cratología (teoría del poder) la doble herencia funesta, o, más bien dicho, el doble aspecto funesto de la herencia del s. xvlll. De un lado, la creencia de que autoridad y racionalidad son dos conceptos contrapuestos cuando ciertamente se hallan estrechamente unidos (Friedrich) y, de otro, el olvido de que existen verdades absolutas a las que siempre se ha de servir. A los aficionados a citar, siempre a medias, a lord Acton (el poder corrompe y el poder absoluto mucho más) ha de recordárseles que quien corrompe no es el poder, sino la atmósfera que le rodea cuando la naturaleza del titular es mediocre, «cuando estaba acostumbrada a una moral nimia, a mudas pasiones hambrientas y a rutinarios hábitos provincianos» (Santayana). Debiéramos añadir que triste sería un mundo en que algo tan necesario para la sociedad como es el poder político produjera ineludiblemente la corrupción.

Poder como sustancia y relación. Todo lo dicho nos conduce a examinar una moderna consideración sobre el poder político. ¿Es una sustancia o una relación? Si bien se mira tiene ésta cierto sentido de analogía con las ya examinadas de auctoritas y potestas, pero sólo una cierta afinidad. Por p.-sustancia se entiende su posesión como algo que se tiene, se domina y se dispone igual que de un saco de oro, y por p.-relación, como lo expresa la palabra, que sólo existe poder político cuando hay una comunicación entre dos.Entre las Líneas En el fondo, p.-sustancia puede estimarse al que se usa sin contar con quien obedece, mientras que el p.-relación exige el consentimiento de los súbditos.Entre las Líneas En todo poder se ofrecen ambos aspectos, singularmente si el que manda posee cualidades excepcionales que le permiten, en algún caso, creerse dueño absoluto. Éste es el gran valor de los fundadores, cuyo papel es tan relevante que algún autor mantiene que la soberanía les corresponde como un derecho adventicio (E. M. Gil Robles). Lo cierto es que las más igualitarias democracias establecen una criba política y social para la selección de quienes han de mandar, y hoy se pretende justificar la dirección de un grupo especializado que se ha calificado de tecnoestructura (Galbraith).Entre las Líneas En todo caso, el consensus tiene un valor extraordinario en la vida política. La función integradora del poder político, si puede usar de la coerción, no debe prescindir del sentido de empresa que ya hacía notar Platón, estimando que es función del político no pensar cómo hacer las cosas, sino lograr que otros las hagan. Para conseguir algo en la vida política es preciso que el hombre medio tenga «el sentimiento de que la respública, la causa común de la existencia humana en libertad y dignidad, está en sus manos» (Guardini). La observación es muy de nuestro tiempo por creerse imposible el desarrollo con el solo proceso «casi mecánico de la acción económica de los individuos, ni con la sola decisión de la autoridad pública» (Conc. Vaticano li, Const. Gaudium el spes, 65). Esta constante intervención ha dotado al poder político de una fuerza suplementaria y añadida al tradicional «monopolio de la violencia física», suministrándole la más sensible pero menos escandalosa de la coacción económica. Es evidente que si la competencia perfecta del mercado es irrealizable, la fuerza de la riqueza y de la disposición de ella es, sin llegar a los excesos del marxismo, evidente y extraordinaria. Si el poder político, en su función de conseguir verdadera seguridad y, por tanto, fomentar la igualdad, interviene para evitar la opresión de los poderes económicos -amplísima función planificadora-, adquiere la fuerza que aquéllos tienen. Ésta es la causa de que la burguesía, en aquellos países donde estaba ausente del poder político, busque ahora, con ahínco, su posesión. El fenómeno tiene un envés muy interesante: la colaboración más necesaria y frecuente de los súbditos con el poder político, quien necesitando para que actúen con igual fidelidad que sus funcionarios, ineludiblemente ha de aumentar el consensus, porque le es muy necesario, ya que sin los súbditos el resultado de los planes -principalísima política- es dudoso.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Síguese de todo ello que el poder político necesita hacer su propaganda (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que si bien fue iniciada por los Estados llamados autoritarios y totalitarios, hoy se ha convertido en una actividad en la que todos participan. Auméntase ineludiblemente el campo de acción docente del Estado; no sólo es la participación como sociedad perfecta (Enc. Divini illius magistri, 8), sino la exigencia impuesta a los ciudadanos de «aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común», y la gran atención que debe prestarse «a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo» (Gaudium et spes, 75).Entre las Líneas En suma, estamos ante el resultado de la evolución tecnológica, bien puesta de relieve por Galbraith (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), cuya trabazón simboliza la «compañía madura», en la que el capital apenas ejerce poder, pero que conforma la sociedad contemporánea. El mínimo consensus que significa la colaboración aludida no basta; es preciso institucionalizar el control (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) al poder político. Se piensa de nuevo, como ya defendiese Montesquieu (Esprit, 11,4), en los cuerpos intermedios y, sobre todo, en el mutuo control de los Estados, que también se debe institucionalizar.

Complementariedad del Derecho y el Poder Político

Las relaciones entre el Derecho y el poder político han sido siempre especialmente estrechas. De un lado, el poder político es un elemento inevitable para el mantenimiento de la cooperación estable en los grupos humanos, mientras que, por otro lado, el Derecho es el principio ordenador que regulariza las relaciones colectivas y somete el ejercicio del poder al control de la normatividad social general. Consecuentemente, el poder político, para cumplir su peculiar función, utiliza sobre todo directrices formuladas a través de normas generales y estables. El poder político reclama, por tanto, la existencia del Derecho, puesto que éste es precisamente el instrumento de racionalización de los mandatos del poder. A su vez, el Derecho reclama la presencia y el respaldo de un poder político capaz de garantizarle la eficacia. La función básica que el Derecho cumple en la organización de la vida social y los principios valorativos a los que se orienta, hacen de él una realidad que es siempre parcialmente autónoma y que termina imponiéndose, casi siempre, a los intereses primarios del ejercicio del poder.Entre las Líneas En esa medida, la relación entre el Derecho y el poder político incluye también con frecuencia alguna dosis de tensión, puesto que, si bien el poder utiliza al Derecho para imponer su orden, al intentar institucionalizar ese orden mediante la legalidad jurídica, termina sometiendo su propia arbitrariedad a la eficacia estabilizadora del Derecho que crea. Pero, a su vez, el Derecho, que es quien deslinda las esferas de poder político y que se constituye en control reglado de ese poder, necesita que la organización política lo defina y lo garantice mediante los mecanismos de su poder.

Cuestión de Primacía Conceptual

¿Es el Estado el fundamento y la raíz del Derecho, o es más bien el Derecho la base y el agente configurador del Estado? esta es la gran pregunta que focaliza la preocupación de cuantos pensadores se ocupan del tema de las relaciones entre Derecho y Estado. Frente a esta pregunta, las respuestas pueden reducirse a alguno de estos 3 planteamientos:

Derecho Poder y Estado

El contenido de esta sección puede concentrarse en los siguientes puntos: En el debate sobre el papel que corresponde desempeñar al poder en los procesos de creación y aplicación del Derecho destacan dos posiciones contrapuestas: la que identifica el Derecho con los mandatos de quienes detentan el poder, y la que afirma la distinción y relativa independencia del Derecho respecto del poder. Las relaciones entre el Derecho y el poder político, no solo han sido siempre especialmente estrechas, sino que se presentan también como una exigencia ineludible para la supervivencia de ambos. Por eso, tales relaciones se inscriben dentro de un profundo vínculo de complementariedad funcional. El análisis teórico de las relaciones del Derecho con el Estado ha de resolver dos cuestiones centrales: de una parte, la primacía conceptual de uno u otro y, de otra, el protagonismo que corresponde al Estado en la actividad creadora del Derecho.Entre las Líneas En relación con la primera, la ponderación de las diferentes interpretaciones formuladas hasta la fecha parece abocar a la conclusión de la primacía del Derecho.Entre las Líneas En relación con la segunda, resulta manifiesto que, si bien desde el punto de vista material el Estado no es el único creador de normas jurídicas, en la actualidad y desde el punto de vista formal, todo Derecho, para imponerse como tal, necesita ser reconocido, asumido y respaldado en alguna forma por la voluntad suprema del Estado. Esta profunda vinculación que ha unido al Derecho y al Estado desde los inicios de la época moderna dio finalmente nacimiento a una institución paradigmática: el Estado de Derecho. Es decir, el Estado que somete todas sus actuaciones a la suprema dirección de los valores, principios y reglas contenidos en el respectivo ordenamiento jurídico.

Convergencia Parcial Entre el Derecho y el Poder

La Doctrina que Admite Algún Tipo de Convergencia Entre Ambos

Ideas Básicas

Este punto de vista afirma que el Derecho y el poder, a pesar de ser dos diferentes principios de acción, no solo no son incompatibles, sino que están llamados a complementarse en la función de ordenar las relaciones sociales. El Derecho tiene siempre algo que ver con el poder: no solo necesita del poder para existir y para ser eficaz, sino que, en alguna medida, él mismo es poder que somete las voluntades de los que pretenden oponerse a sus directrices. Su propia naturaleza y la función esencial de orden y seguridad que desempeña dentro de la vida social, exigen que el Derecho cuente con un poder que sea capaz de imponer de forma irresistible el cumplimiento de sus mandatos.

Puntualización

Sin embargo, y a pesar de esta argumentación, entre la imposición de la regulación jurídica y la simple aplicación impositiva de los designios del poder social media una gran distancia.

Intentos de Identificación del Derecho con el Poder

Ideas Básicas

Esta tesis explica el Derecho como simple expresión o manifestación del poder. Establece, de alguna forma, una vinculación tan esencial entre el Derecho y el poder, que equivale a una reducción del primero al segundo.

Dentro de esta teoría, se distinguen dos actitudes claramente diferenciadas.

Por un lado, aquellos autores que parecen moverse por ofrecer una fiel interpretación de lo que realmente ocurría en las relaciones sociales de su época: el control que ejercían sobre el Derecho los sujetos sociales (individuos o grupos) que monopolizaban el poder.

Por otro lado, quienes han propugnado la tesis de la reducción del Derecho al poder: que el más fuerte domine al más débil.

Dentro de esta última, Nietzsche proclamó que el Derecho es siempre fruto de la conquista, que no hay Derecho sin poder. Autores más actuales, como Kelsen, han caracterizado al Derecho como un conjunto de normas que se definen de la aplicación de la fuerza física.

Oposición Radical Entre el Derecho y el Poder

Ideas Básicas

Esta postura sostiene que Derecho y poder representan fenómenos tan esencialmente distintos, que se excluyen entre sí, constituyéndose en alternativas de actuación radicalmente contrapuestas. Conforme a este punto de vista, el Derecho representa el orden social éticamente bueno, mientras que el poder y la fuerza solo pueden generar una organización social violenta y represiva. Por eso, al Derecho se le ha asignado siempre la misión de controlar el ejercicio del poder dentro de las relaciones sociales.

Relaciones Entre el Derecho y el Estado

Ideas Básicas

El análisis de la vinculación que existe entre el Derecho y el poder político desemboca inevitablemente en la necesidad de examinar las relaciones existentes entre el Derecho y el Estado, ya que este último es, precisamente, la muestra histórica más representativa de la institucionalización del ejercicio del poder político.

Roles del Poder en los Procesos de Creación y la Aplicación del Derecho

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Ideas Básicas

Aunque generalmente se admite que entre el Derecho y el poder ha existido y es inevitable que exista una vinculación muy estrecha, no hay acuerdo sobre el sentido y el alcance que tiene o debe tener esa vinculación, por lo que este punto ha sido objeto de interpretaciones radicalmente dispares a lo largo de la historia.

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Recursos

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre poder politico en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Traducción de Poder político

Inglés: Political power
Francés: Pouvoir politique
Alemán: Politische Befugnis
Italiano: Potere politico
Portugués: Poder político
Polaco: Władza polityczna

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Véase También

Tipos de poder, Tipos de regímenes, Poder señorial, Estatuto, Ciudadanía, Estructura de la sociedad, Modos de vida, Formas de sociedad, Edad Moderna, Causas de los Conflictos sociales, Estatuto político, Estatuto jurídico
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AUTORIDAD; ESTADO; GOBIERNO; JERARQUÍA; SOCIEDAD
Emblemas heráldicos
Privilegios eclesiásticos
Poder temporal

Bibliografía

R. Guardim, el Poder, Madrid 1963; L. Recaséns, la Filosofía del Derecho de Francisco Suárez, Madrid 1927; G. Burdeau, Traité de Science Politique, i, París 1966, 544 Ss.; J. Ortega y Gasset, Obras Completas, Iv, Madrid 1949, 232 Ss.; J. K. Galbraith, el Nuevo Estado Industrial, Barcelona 1967; J. Santayana, Dominaciones y Potestades, Madrid 1953; 1. Freund, la Esencia de lo Político, Madrid 1968, 21 Parte; F. Bourricaud, Esquisse D’une Théorie de 1’autorité, París 1961; B. de Jouvenel, el Poder, Madrid 1956; D. Sevilla Andrés, la Personalización del Poder Político, Valencia 1967; C. Friedrich, el Hombre y el Gobierno, Madrid 1968, 2a Parte.

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