Como invitación al debate, el texto ofrece varias perspectivas de varios campos disciplinarios, como la historia, la economía, la filosofía social y el urbanismo. Algunos de ellos tienen un objetivo global mientras que otros se centran en aspectos más específicos, incluso técnicos, de la exclusión social. La comparación con los países del sur de Europa también revela la importancia de los vínculos sociales no económicos, en particular los familiares y locales. La relativa integración social de la pobreza parece amortiguar el impacto individual de la exclusión en estos países, aunque, por otra parte, parece alimentar una reproducción de la pobreza. El caso de Alemania, finalmente, no es menos interesante: la pobreza se percibe muy poco allí. No es problematizada por los poderes públicos y apenas es problematizada por los investigadores. Esto puede explicarse tanto por razones objetivas, como la calidad del sistema de protección social o la no visibilidad de la pobreza, como por razones menos tangibles, como la dificultad que tienen los alemanes para reconocer un fenómeno social que es bastante real pero que les devuelve a un período doloroso de su historia, en parte oculto por el “milagro alemán”. Una vez censurado el racismo descarado, en el que se consideraba que el origen étnico conllevaba rasgos mentales fundamentales, la legitimidad del control de las élites sobre las masas, y la discriminación resultante, tuvo que cambiar su base ideológica y atribuirse la autoridad de un discurso científico, y concretamente de un discurso psicológico. Y sin embargo, debemos preguntarnos de nuevo: ¿qué mide exactamente el test de inteligencia?