Las religiones chinas incluyen el confucianismo, el taoísmo, el budismo y las religiones de la antigüedad. Es discutible si el confucianismo tiene una dimensión religiosa, pero el taoísmo puede considerarse sin duda una religión. Dado que el budismo procede de la India, su carácter religioso es muy diferente al del confucianismo y el taoísmo. Durante la dinastía Shang (1766-1122 a.C.), los antiguos chinos creían que sus antepasados, al morir, seguirían existiendo en el cielo, el hogar del gobernante o señor divino en las alturas (Shang-ti ), y desde el cielo podían influir en los asuntos humanos. El daoísmo, según algunos estudiosos, es la religión popular del pueblo chino. A diferencia del confucianismo, el taoísmo busca guiar a sus creyentes más allá de esta vida transitoria hacia una eternidad feliz. Desde los tiempos más remotos, la religión china consistía en la veneración de un panteón de dioses encabezados por Shang Di. Durante los últimos tres mil años, la religión y la ley en China han sido formas contemporáneas de control social. Muchas de las múltiples formas de dinámica entre las dos tienen raíces centenarias. La discusión de la entrada y la evidencia de muestra sirven como un trampolín para una mayor investigación sobre la compleja relación entre la ley y la religión desde finales del segundo milenio antes de Cristo. A veces simbiótico, a veces antagónico, la ley y la religión han sido dos elementos indispensables del control social en China. Si bien las dinámicas específicas de su relación han variado según las circunstancias históricas y sociales, muchas han perdurado durante siglos, si no milenios.