El fracaso de las estrategias de desarrollo aplicadas en la mayoría de los países durante las tres últimas décadas es flagrante. La cooperación técnica debe aprender de ello. El interés mostrado, con razón, por el fortalecimiento de las instituciones debe referirse en primer lugar a los organismos nacionales y regionales de planificación: en última instancia, es a través de ellos como pueden definirse los objetivos del país y deducirse las estrategias y los recursos necesarios para alcanzarlos. La asistencia técnica es eficaz si acorta el tiempo necesario para alcanzar estos objetivos y si reduce el coste del esfuerzo que la población debe realizar para conseguirlos. Este criterio del plan sitúa a la asistencia técnica en su evolución: los planes se suceden, diferenciándose de una fase a otra, y la asistencia técnica debe adaptarse a la naturaleza de cada una de ellas; su eficacia durante una fase es contribuir a crear las condiciones para un progreso más rápido durante la siguiente. Una vez más, el concepto del programa es lo suficientemente flexible como para adaptarse a ello.