Los orígenes de la nación-estado filipina se remontan a las historias superpuestas de tres imperios que se extendieron por sus costas: el español, el norteamericano y el japonés. Esta historia hace de Filipinas una especie de artefacto imperial. Como todos los estados nacionales, es una parte ineludible de un orden global gobernado por un conjunto de relaciones de poder cambiantes. Tales cambios han incluido no solo el cambio de régimen sino también la revolución social. La modernidad de las Filipinas modernas es precisamente el efecto de la dinámica contradictoria del imperialismo. Los regímenes coloniales español, norteamericano y japonés, así como su heredero poscolonial, la República, buscaron establecer el poder sobre la vida social, pero se vieron socavados y vencidos por los nuevos tipos de vidas que habían engendrado. Es precisamente este movimiento dialéctico de los imperios lo que encontramos claramente iluminado en la historia de Filipinas.