Para que uno sea verdaderamente o en última instancia responsable de cómo es, de tal manera que pueda ser verdaderamente responsable moralmente de lo que hace, tiene que ser cierto algo imposible: tiene que haber, y no puede haber, un punto de partida en la serie de actos que hacen que uno tenga una determinada naturaleza, un punto de partida que constituya un acto de auto-origen último. La discusión sobre este tema (por ejemplo, en relación al compatibilismo y a la teoría incompatibilista) ilustra la dinámica interna del debate sobre el libre albedrío, y explicar por qué es probable que el debate continúe mientras los seres humanos puedan pensar. El punto básico es el siguiente: las poderosas razones lógicas o metafísicas para suponer que no podemos tener un fuerte libre albedrío siguen chocando con razones psicológicas igualmente poderosas por las que no podemos dejar de creer que lo tenemos. Las conclusiones de los pesimistas o de los teóricos de la no-libertad pueden parecer irresistibles durante la discusión filosófica, pero es probable que pierdan su fuerza, y parezcan obviamente irrelevantes para la vida, cuando uno deja de filosofar. El pesimismo en cuanto teoría sistematizada es un producto del siglo XIX. Cierto es que con anterioridad, según se verá, habían existido concepciones pesimistas con relación a algunos aspectos de lo real; pero únicamente en el citado siglo se intentará construir el pesimismo como un sistema metafísico que pretenderá dar una explicación del mundo y de la vida prescindiendo de la creación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
El pesimismo como doctrina filosófica o ideología puede fácilmente producir el pesimismo psicológico, una actitud anímica amarga ante la vida y ante la realidad. Pueden distinguirse diversos tipos o formas de pesimismo ideológico.Entre las Líneas En efecto, dado que la esencia del mismo es la identificación del ser con el mal, y dado que el ser se puede considerar de diversas maneras, en principio se podrían establecer tantos tipos de pesimismo como tipos de ser.