Bloqueo Continental
Con el decreto del 21 de noviembre de 1806, Napoleón I cerró los puertos de la Europa continental (prácticamente todos bajo dominio francés) al comercio con Inglaterra, prohibiendo la importación de productos manufacturados británicos y mercancías coloniales, así como la exportación de grano. Este bloqueo económico, reforzado en 1810 (pero debilitado por las excepciones y el contrabando) y aplicado hasta 1813, iba a poner de rodillas a Gran Bretaña. Pero Gran Bretaña, que a su vez bloqueaba los puertos franceses y aliados desde 1807, no sufrió gravemente. Su historia enseñó a los franceses que el crédito era una base inestable y frágil cuyo derrumbe hizo caer al gobierno que se había apoyado en él. Desde Thomas Paine hasta Lasalle (Des finances de l’Angleterre, 1803), muchos autores habían puesto de relieve el crecimiento desmesurado de la deuda nacional inglesa: en el espacio de un siglo, se había multiplicado por veintiocho, mientras que las exportaciones se habían triplicado aproximadamente y la renta de la tierra no se había duplicado mucho. El papel moneda empezaba a perder su credibilidad y miles de hombres se quedaban sin trabajo. Tan imponente en apariencia, ¿no era artificial la prosperidad inglesa? ¿No era cerrar el continente a Gran Bretaña una forma de hacerla mendigar la paz mediante la bancarrota?