Cine Fantástico
Lejos de desaparecer, el cine fantástico adquiere constantemente nuevas caras e inventa estrategias inéditas, con una interpenetración de las culturas nacionales. Prueba de ello es el renacimiento del cine fantástico francófono francés en la década de 2000, con, por un lado, películas que pertenecen propiamente al género fantástico, al crear una atmósfera particular que parece desafiar las leyes que rigen el mundo natural (Saint Ange, P. Laugier, 2003; Un jeu d’enfants, L. Tuel, 2001; etc.), y, por otro lado, películas de terror de referencia que siguen inspirándose en la edad de oro de los años 70. Es el caso de Alta tensión (A. Aja, 2003), Calvaire (F. du Welz, 2004) y Martyrs (P. Laugier, 2008), tres películas que desarrollan una atmósfera de «supervivencia» que, en principio, es propia de la inmensidad del territorio estadounidense.