Genocidio Armenio
Entre 1915 y 1918, entre 500.000 y 1.500.000 armenios de una población total de menos de 2.000.000 que vivían en Turquía murieron en la primera matanza masiva étnica del siglo XX. Desde mediados del siglo XVI, los cristianos armenios habían vivido como una de las muchas minorías del imperio otomano, la mayoría en las regiones orientales de la actual Turquía. El sistema otomano concedió a los armenios una autonomía sustancial en sus asuntos internos y religiosos, pero siguieron estando oficialmente subordinados a los musulmanes y disfrutaron de menos derechos y privilegios en virtud del derecho otomano. A pesar de esta relación perjudicial para una de las partes, los armenios y los turcos lograron vivir en relativa paz hasta los últimos decenios del siglo XIX, cuando el imperio otomano estuvo al borde del colapso. El genocidio armenio fue el último paso de una larga serie de respuestas de los turcos para detener la acelerada desintegración de su imperio. En su momento, varias personas influyentes denunciaron estas atrocidades, pero sólo a partir de la década de 1970 los estudiosos han dedicado algo parecido a una atención sostenida a esta catástrofe humana. Hay pruebas más que suficientes para sugerir que el asesinato en masa de los armenios fue un caso de genocidio, tal y como se definió posteriormente este crimen en la Convención sobre el Genocidio de las Naciones Unidas de 1948. Los autores supervivientes del genocidio armenio podrían haber rendido cuentas ante un tribunal penal internacional.