Glosario de Guerra

El derecho es un mandato jurídico aplicable a los conflictos armados basado en la costumbre, el tratado o la convención. Los términos de este glosario ilustran la aplicación del derecho internacional humanitario a las situaciones de conflicto armado.

Atrocidades

La arqueología de los lugares de muerte masiva y atrocidad es innatamente difícil, pero también es una práctica poderosa que trastoca las narrativas históricas dominantes y otorga a las comunidades descendientes una mayor agencia, tanto en la narración de sus historias como en su capacidad para luchar por un futuro mejor.

Glosario de Justicia Social

Glosario de Justicia Social Este elemento es un complemento de los cursos y gu√≠as de Lawi. Ofrece un glosario de justicia social. Puede interesar tambi√©n consultar la “Naturaleza de la Justicia Social“. Glosario de Justicia Social acceso: La capacidad de un individuo para obtener servicios de atenci√≥n sanitaria. Las barreras al acceso suelen ser financieras … Leer m√°s

Justicia Social

Justicia Social: Consideraciones Generales La justicia social ha sido durante mucho tiempo un grito de manifestaci√≥n para muchos movimientos sociales. Los argumentos de las comunidades pobres de color que son desproporcionadamente agobiados por las externalidades ambientales, la […]

Pena de Deportación

Este texto se ocupa de la pena de deportación, y cómo ha sido aplicada, especialmente en el siglo XX. En buena parte, se hace un análisis de los desplazamientos más masivos de la era de Stalin: las deportaciones basadas en la nacionalidad, concluyendo con ejemplos de las trayectorias vitales de los hijos de los deportados a medida que se desplazaban transnacionalmente dentro de la Unión Soviética y en sus estados sucesores.

Deportación en Europa

Decenas de miles de judíos murieron durante la deportación y al llegar a los guetos entre 1939 y 1941. Muchos más seguramente habrían perecido si alguno de los planes de deportación hubiera llegado a buen puerto. Los líderes nazis hicieron declaraciones contradictorias sobre si a los judíos deportados se les permitiría tener su propio estado o si permanecerían en cuarentena en un sistema de reservas vigilado por Alemania. Aunque estas políticas eran brutales y crueles, no buscaban la aniquilación física de los judíos. De hecho, aunque los nazis estaban claramente dispuestos a aceptar una cantidad significativa de muertes de judíos durante la deportación y la creación de guetos e hicieron poco por mejorar las duras condiciones, y aunque estos planes de deportación pueden parecer descabellados, la evidencia es abrumadora de que fueron tomados en serio por los oficiales nazis, incluyendo a Hitler. Se dedicaron importantes recursos humanos y materiales a estos planes. Se iniciaron esfuerzos diplomáticos para trabajar en los detalles de las deportaciones con otros países.

Ni√Īos en los Campos de Concentraci√≥n

Este texto se ocupa e intenta responder a que hac√≠an con los ni√Īos en los campos de concentraci√≥n, los llamados ni√Īos del holocausto. Durante el Holocausto, los nazis y sus aliados asesinaron a m√°s de 1,5 millones de ni√Īos y adolescentes jud√≠os, as√≠ como a miles de ni√Īos roman√≠es y alemanes con discapacidades f√≠sicas y emocionales. Este texto intenta proporcionar una visi√≥n de las vulnerabilidades a las que se enfrentaban los ni√Īos durante el Holocausto, describiendo c√≥mo los rescatadores individuales y las organizaciones de rescate m√°s grandes (aunque clandestinas) trataron de minimizar los peores efectos de las medidas antijud√≠as nazis contra los ni√Īos, c√≥mo algunos ni√Īos jud√≠os se hicieron pasar por no jud√≠os para sobrevivir y c√≥mo algunas v√≠ctimas adultas del Holocausto que, a pesar de los riesgos que corr√≠an, trabajaron para salvar a los ni√Īos.

Atrocidades en el Estado Libre del Congo

La Conferencia de Berl√≠n (1884 – 1885) reconoci√≥ la soberan√≠a del rey Leopoldo II de B√©lgica sobre el Estado Libre del Congo. El rey gobern√≥ el territorio hasta 1908, cuando pas√≥ a manos del Estado belga. Present√°ndose como un fil√°ntropo deseoso de llevar los beneficios del cristianismo, la civilizaci√≥n occidental y el comercio a los nativos africanos -un disfraz que perpetu√≥ durante muchos a√Īos-, Leopoldo fue el anfitri√≥n de una conferencia internacional de exploradores y ge√≥grafos en el palacio real de Bruselas en 1876. Varios a√Īos despu√©s contrat√≥ al explorador Henry Morton Stanley para que fuera su hombre en √Āfrica. Durante cinco a√Īos Stanley viaj√≥ por las inmensas v√≠as fluviales de la cuenca del r√≠o Congo, estableciendo puestos comerciales, construyendo carreteras y persuadiendo a los jefes locales – casi todos ellos analfabetos – para que firmaran tratados con Leopoldo. Los tratados, algunos de los cuales parecen haber sido posteriormente adulterados al gusto de Leopoldo, fueron entonces puestos en uso por el monarca belga. Aunque el gobierno belga pensaba que las colonias ser√≠an una extravagancia para un pa√≠s peque√Īo sin marina o marina mercante, esa situaci√≥n le conven√≠a perfectamente a Leopoldo. Persuadi√≥ primero a los Estados Unidos y luego a todas las grandes naciones de Europa occidental de que reconocieran una enorme franja de √Āfrica Central, m√°s o menos el mismo territorio de la actual Rep√ļblica Democr√°tica del Congo, como su propiedad personal. Lo llam√≥ Estado Independiente del Congo, el Estado Libre del Congo. Era la √ļnica colonia privada del mundo, y Leopoldo se refer√≠a a s√≠ mismo como su “propietario”. En 1908, la presi√≥n internacional oblig√≥ al rey a entregar el Estado Libre del Congo a B√©lgica.

Actividades Armadas en el Territorio del Congo

El 23 de junio de 1999, la Rep√ļblica Democr√°tica del Congo (RDC) inici√≥ un procedimiento contra Burundi, Uganda y Ruanda por agresi√≥n armada cometida en violaci√≥n de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Organizaci√≥n de la Unidad Africana (OUA). En su solicitud contra Uganda, la RDC bas√≥ la jurisdicci√≥n en las declaraciones realizadas en virtud del art√≠culo 36(2) del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia (la Cl√°usula Facultativa). En su demanda contra Ruanda y Burundi, la RDC bas√≥ su jurisdicci√≥n en el art√≠culo 36(1) del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, en la Convenci√≥n sobre la Tortura del 10 de diciembre de 1984 (1465 Serie de Tratados de las Naciones Unidas 1947- 85) (v√©ase Tortura, Convenci√≥n contra), y en el Convenio de Montreal para la Represi√≥n de Actos Il√≠citos contra la Seguridad de la Aviaci√≥n Civil del 23 de septiembre de 1971 (974 Serie de Tratados de las Naciones Unidas 1947- 177) (v√©ase Convenio de Montreal (Sabotaje)); y tambi√©n en el apartado 5 del art√≠culo 38 del Reglamento de la Corte de 1978, enmendado (Actas y Documentos de la Corte Internacional de Justicia n√ļm. 6), en lo que respecta al consentimiento a la jurisdicci√≥n que a√ļn no se ha dado. La RDC acus√≥ a las tropas ugandesas, ruandesas y burundesas de invadir el territorio congole√Īo y de violar, entre otras cosas, la soberan√≠a congole√Īa. La RDC solicit√≥ a la Corte que adjudicara y declarara que Burundi, Uganda y Ruanda eran culpables de actos de agresi√≥n; que hab√≠an violado y segu√≠an violando los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 (75 Serie de Tratados de las Naciones Unidas 1947- 31 y ss.) y sus Protocolos Adicionales del 8 de junio de 1977 (1125 Serie de Tratados de las Naciones Unidas 1947- 3 y ss. ); que su acci√≥n forzosa contra la presa hidroel√©ctrica de Inga y su corte de electricidad hab√≠an provocado muertes en Kinshasa y sus alrededores; y que el derribo de un Boeing 727 de Congo Airlines el 9 de octubre de 1998 provoc√≥ la muerte de 40 civiles y viol√≥ el derecho internacional de la aviaci√≥n. La RDC tambi√©n solicit√≥ que la Corte ordenara la retirada de estas tropas y la concesi√≥n de una indemnizaci√≥n. El 19 de junio de 2000, la RDC, en su caso contra Uganda, present√≥ una solicitud de indicaci√≥n de medidas provisionales, afirmando que la reanudaci√≥n de los combates entre las tropas armadas de Uganda y otro ej√©rcito extranjero hab√≠a provocado da√Īos en el territorio y la poblaci√≥n congole√Īos. El I de julio de 2000, la Corte (por unanimidad) indic√≥ medidas provisionales contra Uganda, exigiendo a las partes que se abstuvieran de realizar m√°s acciones armadas, que cumplieran con las restricciones de la Carta de la ONU y de la Carta de la OEA y que garantizaran el pleno respeto de los derechos humanos y del derecho humanitario en la zona de conflicto: 2000 Rep. de la Corte Internacional de Justicia 111. El 30 de enero de 2001, la Corte orden√≥ el cese de los procedimientos contra Ruanda y Burundi a petici√≥n de las partes. El caso contra Uganda sigue en la lista de la Corte.

Campos de Concentración

Bajo el r√©gimen nazi en Alemania, se establecieron campos de concentraci√≥n de acuerdo con el decreto de 1933 sobre la seguridad del Reich. Los campos estaban bajo la jurisdicci√≥n de la Administraci√≥n Jefe de Seguridad del Reich, encabezada por Heinrich Himmler, y conten√≠an personas acusadas de actos criminales, as√≠ como opositores pol√≠ticos al nazismo. Durante la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentraci√≥n en Alemania se expandieron enormemente y se utilizaron no solo como centros de aislamiento, sino tambi√©n como centros de trabajo esclavo y exterminio masivo, especialmente de jud√≠os. Entre los campos de concentraci√≥n m√°s grandes que confinaron a los ucranianos estaban Dachau, Buchenwald, Oranienburg, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Flossenb√ľrg, OŇõwińôcim Campo de concentraci√≥n (Auschwitz) y Majdanek (ambos en Polonia), Mauthausen (Austria) y Terez√≠n (Checoslovaquia). Se encontraron campos de concentraci√≥n m√°s peque√Īos en Ucrania, incluida Kiev. Hay m√°s de 80 monumentos conmemorativos en los lugares de los campos de concentraci√≥n y sus campos sat√©lites. Documentan el sistema central de campos del aparato de persecuci√≥n de las SS y la Gestapo. Los prisioneros all√≠ conmemorados pertenec√≠an a la resistencia o a grupos marginados de la sociedad alemana. En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, la gran mayor√≠a de la sociedad de prisioneros estaba formada por personas que hab√≠an sido deportadas de los pa√≠ses ocupados.

Gestapo

Gestapo (Geheime Staatspolizei o Polic√≠a Secreta), apelativo com√ļn empleado para referirse a la polic√≠a pol√≠tica del r√©gimen nazi, que tom√≥ el poder en Alemania desde 1933 hasta 1945; no obstante, este t√©rmino se emplea en sentido estricto para designar √ļnicamente a su rama ejecutiva. Hay monumentos conmemorativos en una treintena de lugares de la antigua Gestapo y de la polic√≠a del orden, as√≠ como en centros penitenciarios y de detenci√≥n. Sirvieron para encarcelar a opositores pol√≠ticos, a personas marginadas por motivos socio-racistas y, adem√°s, a miles de resistentes de los pa√≠ses ocupados durante la Segunda Guerra Mundial, un gran n√ļmero de los cuales fueron ejecutados.

Prisioneros de Guerra

Prisioneros de Guerra en Derecho Militar Es prisionero de guerra todo combatiente que, en el transcurso de un conflicto armado internacional, cae en poder del adversario; más exactamente, de la Potencia enemiga, y no de los individuos o de los cuerpos de tropa que lo hayan capturado. Los prisioneros de guerra soviéticos, en particular, fueron tratados muy mal. Especialmente en 1941 y 1942, muchos de ellos murieron por las malas condiciones de vida o fueron asesinados deliberadamente. Después de la rendición de Italia en 1943, los militares italianos internados también fueron detenidos en estos campos con un mal trato.

Disolución de Yugoslavia

Esta parte ofrecer√° los antecedentes y el an√°lisis de la disoluci√≥n de la antigua Yugoslavia, citando los momentos sociales y pol√≠ticos clave y los cambios de poder que sentaron las bases para las eventuales manipulaciones de las masas necesarias para llevar a cabo el genocidio. Se examinan las complicadas relaciones entre las naciones yugoslavas, as√≠ como el modo en que las consecuencias de los retos econ√≥micos provocados por la transici√≥n a una econom√≠a de mercado se vincularon a un aumento del nacionalismo. Se analiza espec√≠ficamente una cepa particular del nacionalismo serbio, que cobr√≥ vida gracias a antiguos s√≠mbolos y mitos culturales – especialmente la historia del martirio de un pr√≠ncipe serbio del siglo XIV en Kosovo – que se desarroll√≥ en una forma de “nacionalismo cultural” que alimenta a los defensores de una “Gran Serbia” hasta el d√≠a de hoy. Tambi√©n se examina, en consecuencia, c√≥mo se utiliz√≥ el mito de Kosovo como propaganda.

Genocidio de Ruanda

Las raíces del genocidio de 1994 en Ruanda se remontan a las luchas políticas entre hutus y tutsis que surgieron al final del período colonial belga en el decenio de 1950. Antes de la colonización europea, los hutus y los tutsis parecen haberse considerado más afines a las castas o clases que a los grupos étnicos. La invasión simultánea del Frente Patriótico Ruandés y la agitación interna desencadenaron una crisis política y militar en Ruanda que finalmente condujo al genocidio de 1994. La escasez de documentos internos de los grupos extremistas que organizaron el genocidio significa que no puede haber una respuesta definitiva a por qué los extremistas se decidieron por esta sangrienta solución. Sin embargo, a pesar de estas limitaciones, se puede construir una explicación ampliamente deductiva pero convincente que sea coherente con lo que se conoce sobre la progresión de los acontecimientos de 1990 a 1994 y con las limitadas pruebas disponibles de los propios extremistas. Esta explicación sugiere que los extremistas hutus llegaron a la decisión de iniciar un genocidio sistemático sólo después de haber llegado a la conclusión de que las opciones menos violentas para hacer frente a la amenaza tutsi habían fracasado y que otras posibles soluciones serían poco prácticas o insuficientes. Aquí se describen los factores pueden haber contribuido a esta percepción entre los grupos extremistas.

Cronología del Genocidio Armenio

S√≥lo en 1919 se constituye definitivamente un tribunal militar extraordinario por decreto del Sult√°n, destinado a juzgar las siguientes categor√≠as criminales 1) Los instigadores centrales de los cr√≠menes contra los armenios; 2) Los que trabajaron bajo los auspicios de los principales responsables, como los miembros influyentes del Comit√© Central del CUP; 3) Los miembros de las organizaciones clandestinas, como la Organizaci√≥n Especial, junto con los militares de alto rango y los criminales liberados de la c√°rcel; 4) los diputados que no protestaron y que consintieron los cr√≠menes cometidos; 5) los publicistas que aplaudieron y alentaron estos cr√≠menes, e incitaron a la opini√≥n p√ļblica con sus art√≠culos llenos de falsedades y provocaciones; 6) los que se enriquecieron o sacaron provecho de estos cr√≠menes; y 7) los pashas y beys que participaron en los cr√≠menes.

Violencia en la Europa Medieval

Aunque los √≠ndices reales de violencia en la Edad Media son dif√≠ciles de calcular, est√° claro que el miedo a la violencia aument√≥ a lo largo del periodo. Las razones de ello son m√ļltiples, incluyendo, entre otras, el afianzamiento de una mentalidad de cruzada, el desarrollo de la sociedad perseguidora, la implantaci√≥n de la Inquisici√≥n por parte de la Iglesia y el miedo a la herej√≠a que la acompa√Īaba, as√≠ como una sensaci√≥n de crisis agudizada por la Peste Negra, el cambio medioambiental y un estado de guerra casi constante. Todos estos factores condujeron a una clara sensaci√≥n de que la violencia iba en aumento. En varios territorios de Europa la escalada de p√°nico se registra en los pre√°mbulos de los estatutos, las denuncias de los moralistas y los reformadores, y las declaraciones ex parte de los litigantes, ofreciendo, entonces, una imagen de la Edad Media como un per√≠odo de derramamiento de sangre e injusticia. Los beneficios del miedo generalizado no se perdieron en el gobierno medieval tard√≠o. Los municipios de toda Europa aprovecharon la oportunidad para ampliar sus poderes en el √°mbito del control social, penalizando una amplia variedad de conductas sociales indebidas, como el juego, las escuchas, los rega√Īos y el vagabundeo, as√≠ como una serie de delitos sexuales y morales. Tambi√©n las monarqu√≠as ampliaron su arsenal de armas para preservar el orden social. En Francia, por ejemplo, el miedo bajomedieval fue una herramienta esencial empleada por los monarcas ambiciosos para justificar una legislaci√≥n paternalista y opresiva, que prepar√≥ el camino para la crisis del orden de principios de la era moderna.

Violencia Masiva en Timor Oriental en el Siglo XX

En septiembre de 1942, el ej√©rcito japon√©s cre√≥ “columnas negras”. Formadas en su mayor√≠a por personas procedentes de la parte occidental de Timor bajo dominio holand√©s, estas columnas de milicianos sembraron la violencia y la destrucci√≥n. Tambi√©n en este caso, los timorenses orientales fueron las principales v√≠ctimas. A pesar de los diferentes puntos de vista de los dirigentes en Lisboa, Portugal inici√≥ un proceso de descolonizaci√≥n, que se confirm√≥ en la conferencia de Macao en mayo de 1975. Dos meses despu√©s, Portugal promulg√≥ un decreto sobre la descolonizaci√≥n de Timor Oriental, que presagiaba la elecci√≥n de una asamblea constituyente en octubre de 1976.

Violencia Masiva en Timor Oriental desde el Siglo XVIII

La violencia masiva comenz√≥ en gran medida en el siglo XVIII, cuando los portugueses trataron de reforzar su dominio y los reinos timorenses unieron sus fuerzas para oponerse. La primera gran guerra comenz√≥ bajo el mando del l√≠der de Topasse, Francisco de Hornay. En 1726, 15 reinos desde Oecusse hasta Ermera se unieron contra los portugueses. Las crisis que tuvieron lugar entre 2002 y 2008 han sido utilizadas por algunos como pretexto para presentar a Timor Oriental como un pa√≠s inmaduro o inviable. Este argumento, que se utiliz√≥ para justificar la invasi√≥n en 1975, es cuando menos cuestionable. Las crisis tambi√©n deben analizarse a la luz de las lecciones de la historia, incluido el cambio de identidad del pa√≠s, junto con el trauma de la ocupaci√≥n. De hecho, el feroz deseo de independencia de los reinos timorenses, que se manifest√≥ con los primeros contactos con los portugueses y perdur√≥ durante la lucha contra la ocupaci√≥n indonesia, se enfrenta ahora a nuevas limitaciones. El pa√≠s debe integrarse en la comunidad internacional y adaptarse a su estructura institucional. Adem√°s, los diferentes grupos, tanto etnoling√ľ√≠sticos como pol√≠ticos, deben aceptar una l√≥gica de reconciliaci√≥n y compromiso que se ve dificultada por el legado de antagonismo que se remonta a los a√Īos de lucha, especialmente entre los combatientes de la resistencia y las milicias. Tomar los problemas creados por la ocupaci√≥n francesa de cuatro a√Īos durante la Segunda Guerra Mundial, tanto a nivel interno como en sus relaciones con Alemania, y extrapolar los efectos de esta ocupaci√≥n como si no hubiera durado cuatro sino 24 a√Īos, da una mejor medida de los retos a los que se enfrenta Timor Oriental hoy en d√≠a. Un reto agravado por el hecho de que muchos de los cr√≠menes y actos de violencia cometidos en el pa√≠s quedar√°n impunes.

Cronología de la Violencia en Chad durante el Siglo XX

El objetivo de este texto es examinar el per√≠odo colonial, revisando los trabajos existentes as√≠ como lo que se sabe (o no) sobre los diversos brotes de violencia masiva. El Chad es un pa√≠s poco estudiado. Esto es a√ļn m√°s cierto en el caso del per√≠odo colonial, que rara vez se ha estudiado. Aunque algunos episodios de represi√≥n violenta han sido estudiados, y permanecen en la memoria colectiva (como la “masacre de los golpistas” de 1917, o los trabajos forzados durante la construcci√≥n del ferrocarril Congo-Oc√©ano), otros nunca han sido investigados a fondo. Algunos brotes de violencia se mencionan en obras acad√©micas e informes coloniales, pero para documentarlos queda mucho trabajo por hacer. Los sucesos de la “masacre del coupe-coupe” (en 1917), que se sald√≥ con 100-150 muertos, seg√ļn las discrepancias de varios autores, provocaron la salida de los intelectuales de Ouadda√Į hacia Sud√°n o Egipto. Los pueblos se vaciaron al huir a Sud√°n. La ense√Īanza del √°rabe se vio gravemente afectada y el mantenimiento de una pol√≠tica represiva aument√≥ la hostilidad hacia los colonialistas. Por esta violencia, el comandante G√©rard s√≥lo se vio obligado a jubilarse anticipadamente. Cabe se√Īalar que un centenar de eruditos musulmanes corrieron la misma suerte en Agadez, en 1917. El ferrocarril deb√≠a unir el puerto de Pointe Noire con Brazzaville, para abrir el Chad y Oubangui (actual Rep√ļblica Centroafricana), y las obras comenzaron en 1921. Entre 1924 y 1934, m√°s de 120.000 personas fueron reclutadas a la fuerza en el √Āfrica ecuatorial. Al menos 20.000 de ellas proced√≠an de Chad, y el 90% de ellas eran sara. Andr√© Gide, que viaj√≥ a la FEA en 1926 y 1927, caracteriz√≥ la empresa como un “horrible consumidor de vidas humanas”. El trabajo realizado en la selva ecuatorial era extremadamente duro, y la tasa de mortalidad espeluznante: murieron entre 15.000 y 30.000 africanos. Seg√ļn otro autor, con experiencia en investigaciones sobre el Chad, murieron cerca de 10.000, lo que supuso aproximadamente la mitad de los reclutados en Moyen-Chari. El reclutamiento forzoso provoc√≥ resistencia: asesinatos de jefes de aldea, migraci√≥n forzada entre los j√≥venes trabajadores y violencia masiva.

Derechos de los Soldados

Seg√ļn el Protocolo Adicional I de 1977 a los Convenios de Ginebra, los Estados tienen la obligaci√≥n de no reclutar ni√Īos soldados menores de 15 a√Īos en sus fuerzas armadas y de tomar todas las medidas posibles para garantizar que los ni√Īos no participen directamente en las hostilidades. Durante la √©poca de la guerra de Vietnam, se impugnaron sin √©xito varias restricciones a la libertad de expresi√≥n de los militares por su excesiva amplitud en virtud de la Primera Enmienda en el caso Parker v. Levy (1974) por un oficial que fue condenado por un consejo de guerra por criticar al ej√©rcito y argumentar que los soldados deb√≠an negarse a servir en Vietnam. En Greer v. Spock (1976) y Brown v. Glines (1980), el Tribunal confirm√≥ otras normas militares que restring√≠an o prohib√≠an al personal de servicio o a los civiles la distribuci√≥n de material pol√≠tico en una base militar. Una vez que un militar ha entrado en el ej√©rcito, el Tribunal ofrece mucha menos protecci√≥n a la libertad de expresi√≥n o de conciencia que la que se concede a los ciudadanos en otros contextos. Por ejemplo, el inter√©s de los militares en mantener una comunidad cohesionada y homog√©nea tiene m√°s peso que el derecho de un individuo a llevar ropa que represente su observancia religiosa. As√≠, en el caso Goldman v. Weinberger (1986), el Tribunal sostuvo que las fuerzas a√©reas pod√≠an prohibir a un jud√≠o ortodoxo llevar una kip√° para mantener la uniformidad de su c√≥digo de vestimenta. En lugar de evaluar la afirmaci√≥n de los militares de que la apariencia uniforme es esencial para su funcionamiento, el Tribunal defiere al juicio de los militares de que esto es de hecho cierto.