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Filosofía Política de Hobbes

paz e historia

El argumento de Hobbes recibió su desarrollo más completo en su clásico “Leviatán” (1651). Las líneas generales de su punto de vista son bastante sencillas: Imaginemos, dice Hobbes, un mundo en el que las personas viven sin ser gobernadas y, de hecho, sin estar siquiera en sociedad unas con otras. Tal “estado de naturaleza”, según Hobbes, sería un estado de guerra, en el que las personas entrarían inevitablemente en conflicto y se harían la guerra unas a otras, de modo que sus vidas serían “solitarias, pobres, desagradables, brutales y cortas”. Para preservar sus vidas y lograr una existencia cómoda, Hobbes dice que los seres humanos han creado y mantenido (y fueron racionales para crear y mantener) sociedades políticas para asegurar la paz y las condiciones para el comercio. Sin embargo, sostiene, la única forma viable de sociedad política que puede alcanzar estos fines es la gobernada por un soberano absoluto en el poder sobre el pueblo. Los detalles del experimento de pensamiento de Hobbes son filosóficamente importantes: Podemos, dice, pensar en las personas en el estado de naturaleza como si estuvieran “incluso ahora brotando de la tierra, y de repente, como los hongos, llegan a la plena madurez, sin ningún tipo de compromiso entre sí”. El hecho de que Hobbes creyera posible tal experimento mental y revelador de la naturaleza última de los seres humanos muestra que no está de acuerdo con un filósofo como Aristóteles, que insistiría en que despojar a las personas de sus conexiones sociales equivale a despojarlas de gran parte de su humanidad.

Legitimidad Política de la Administración Pública

Carta, ética y moral

Este texto pretende sistematizar los principales estudios sobre la relación entre política y administración en los gobiernos locales. Se señala la visión dicotómica de la política y la administración; se presenta los resultados de varios estudios que arrojan luz sobre el solapamiento de los papeles de los políticos y los gestores públicos a lo largo del ciclo de las políticas públicas; y se explica qué es la gestión de las partes interesadas en las arenas de gobernanza local.

Moralidad de la Clase Política

Este texto se ocupa de la moralidad de la clase política, en el contexto del comportamiento político y su ética, incluyendo la corrupción política. El debate del texto demuestra que nuestras definiciones provisionales iniciales de los conceptos de moral y política necesitan ser revisadas. La literatura ha sugerido que las moralidades son sistemas de normas éticas que priorizan los valores de diferentes maneras; son relativamente explícitas y se aplican en todos los contextos, guiando las acciones, el discurso y el pensamiento, facilitando la coordinación y la cooperación social, y movilizando sentimientos morales reconocibles. En cuanto al concepto de lo político con el que empezamos, ahora debería quedar claro lo “irreal” que es. Porque, en primer lugar, considera que el campo de la política es conflictivo en esencia y de carácter puramente estratégico y táctico, ocupado por titulares y desafiantes en la búsqueda de sus intereses, y asume que los valores e ideales no pueden motivar directamente la acción y trata las justificaciones en términos morales como racionalizaciones. O, en segundo lugar (y en cierta tensión con esta primera concepción), sugiere que siempre que las consideraciones morales parecen motivar la acción, sirven a los intereses de los poderosos y se configuran dentro de las relaciones de poder. Pero en tercer lugar, y lo más fundamental, ninguna de las dos concepciones da cabida a que el agente viva y actúe, como dijo Spinoza, “como le dicta su propia naturaleza y su juicio” -en otras palabras, como podríamos decir (no incontrovertiblemente), en su “interés real”. Y excluir esto es excluir la identificación de las operaciones de lo que he llamado la “tercera dimensión” del poder sobre la base supuestamente realista de que tales intereses “reales” no pueden existir.

Teoría de la Agencia en Filosofía Política

Aunque no hay un contrato literal entre el gobernante y los gobernados, las actividades de apoyo a la convención del pueblo establecen lo que puede llamarse una relación de “agencia” entre ellos y el gobernante. Esta relación, que según Locke prevalece entre el gobernante y el pueblo, es una relación en la que el gobernante actúa como agente del pueblo, contratado por éste para realizar ciertas tareas y capaz de ser despedido por él si considera que realiza esas tareas de forma incorrecta. Aunque esta relación no es literalmente contractual ni en su naturaleza ni en su origen, es lo suficientemente similar a las relaciones de agencia reales iniciadas por contratos como para que se pueda perdonar cualquier conversación metafórica sobre un “contrato social” entre gobernantes y gobernados. Para ver esta relación de agencia, consideremos la forma en que la revolución es posible y justificable en el modelo de convención. Al igual que la creación de un Estado requiere la resolución de ciertos problemas de coordinación potencialmente conflictivos, lo mismo ocurre con su cambio. El análisis de las razones que tiene una persona para aceptar o rechazar una convención de gobierno muestra la relación de agencia implícita entre el gobernante y el pueblo en el modelo de convención. En un sentido bastante literal, el gobernante es “contratado” en virtud de esta convención, y si el pueblo decide no mantener esa convención, entonces será “despedido” y se “contratará” a un nuevo gobernante mediante una nueva convención o convenio.

Contrato Social de Hobbes

Social

Aunque Hobbes argumenta que el pueblo debe “enajenar” su derecho a gobernarse a sí mismo al soberano, de hecho el único tipo de investidura de poder y autoridad que es posible para el pueblo tal y como él lo ha descrito (y tal y como lo conocemos) es uno que está supeditado a su determinación de que el soberano está gobernando de una manera que asegura su protección. Esto significa que, en realidad, el Leviatán tiene dos argumentos: el argumento “oficial” de la alienación y el argumento de la agencia real pero no reconocida. El argumento del contrato “real” no oficial en el Leviatán supone, y debe suponer, que cuando el pueblo crea un gobernante, lo hace de una manera que le permite rescatar su concesión de autoridad y poder si cree que el gobernante no está gobernando de una manera que promueva sus intereses de seguridad y protección. En cierto sentido, por tanto, los supuestos del argumento del contrato social de Hobbes lo comprometen con la opinión de que un “soberano absoluto” es contratado y despedido por el pueblo que gobierna. Pero si el soberano gobierna a gusto del pueblo, entonces su autoridad y su poder están en función de que éste le haya prestado el poder y la autoridad durante el tiempo que le resulte ventajoso.

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