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Federalismo

La connotación contemporánea del término federalismo como forma de gobierno es un desarrollo de la América de finales del siglo XVIII. Sus usos anteriores fueron más extensos y difusos, denotando formaciones sociales y políticas a nivel nacional e internacional. Elementos de federalismo existieron en el Imperio romano. Durante la edad media muchas ligas de estados se formaron para alcanzar propósitos específicos, la más conocida fue la Liga Hanseática. Después de la II Guerra Mundial el federalismo externo o internacional, es decir, la unión de diferentes estados soberanos, se ha venido desarrollando como un instrumento eficaz para conseguir la paz entre los pueblos. El federalismo, según se ha dicho, es un hecho connatural al hombre: entra en el plan de Dios sobre la perpetuación y desarrollo de la especie humana.

Desregulación

Esta entrada se ocupa de la Desregulación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La Desregulación es una estrategia para eliminar la excesiva normatividad o dar flexibilidad a procesos que atañen a todos los sectores de la economía como normas, requerimientos de calidad, y ciertas reglas operativas. La desregulación y otros factores, a principios del siglo XXI, permitieron y alentaron a las instituciones financieras a integrarse más, tanto dentro de sus propias industrias (financieras), como la banca y los seguros, como entre estas industrias. La desregulación es un requisito indispensable, sostienen algunos observadores, para que los impactos de la liberalización comercial se puedan absorber con facilidad y se avance en la obtención de la estabilidad de precios. La eliminación de regulaciones obsoletas abre nuevos mercados y fomenta los flujos de inversión.

Apoliticismo

Esta entrada se ocupa del apoliticismo. El apoliticismo es el el hecho de no tener ningún interés o relación con la política, no tener participación en los asuntos políticos. Pero también el apoliticismo es tener aversión a la política o a los asuntos políticos; o sirve para afirmar que algo no tiene importancia política. Es R. Dahl quien habla de la existencia de un estrato apolítico en la sociedad, caracterizado por una actitud de indiferencia y desinterés por la política. La designación no parece, sin embargo, a otros, muy acertada. Como ejemplo, a lo largo de las décadas, las agencias de desarrollo y los organismos de emergencia difirieron en muchos aspectos, pero hubo poco desacuerdo sobre la importancia de ser apolíticos. Sabían que sus acciones tenían efectos políticos, un punto aceptado directamente por las agencias de desarrollo y concedido tímidamente por las agencias de emergencia. Y tenían distintas interpretaciones de lo que significaba ser apolíticos: para los que estaban en el lado de la emergencia, significaba limitarse a salvar vidas en riesgo inmediato, y para los que estaban en el lado alquímico, podía incluir otros objetivos como el desarrollo siempre que presentaran esos objetivos como parte de los valores universales y no alteraran intencionadamente el statu quo político.

Sistemas de Gobierno en el Mundo

Este texto clasifica los sistemas de gobierno. Por ejemplo, distingue entre el modo federal, como sistema político en el que el poder y/o la soberanía están divididos entre unidades centrales y regionales, y el modo unitario, como sistema de gobierno en el que todo el poder está centralizado en un gobierno nacional, y los gobiernos locales o regionales son creados por el gobierno nacional por conveniencia administrativa.

Social-democracia

La social-democracia es un concepto que se utiliza para designar a los movimientos socialistas que intentan moverse rigurosa y exclusivamente en el ámbito de las instituciones liberal-democráticas y aceptan dentro de ciertos contornos. Se ha podido decir que el socialismo ha llegado (en sus formas democráticas) a significar meramente gobierno por socialistas que han aprendido que el socialismo, tal como se entendía antiguamente, es irrealizable. Sobre el juicio que desde la doctrina social cristiana cabe dar sobre la social-democracia. El entusiasmo de otro tiempo (con cierto sesgo materialista, pero idealista, al fin y al cabo) ha sido sustituido por la resignada aceptación de la política socialista como técnica de aumentar la producción, olvidando los valores morales. Se ha abandonado el pensamiento de crear una cultura específicamente social y se aceptan la indumentaria, el modo de vida, las modas, etc., que trae consigo la sociedad de consumo.

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