La desigualdad económica mundial (o global) se define como las desigualdades sistemáticas que existen entre los países, permitiendo la existencia simultánea de desigualdades dentro de los países. [rtbs name=”mundo”] Todo el debate sobre la desigualdad es permanente: hay quienes ven la globalización como “el gran nivelador”, mientras que otros consideran que la globalización exacerba los patrones de desigualdad existentes. Todavía persisten enormes disparidades en lo que respecta a la salud, el hambre y la educación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Desde hace varios años, y en particular después de la crisis financiera de 2008, las desigualdades han vuelto a ser un tema de actualidad. Numerosos libros internacionales se han dedicado a este tema, que ha sido descuidado durante demasiado tiempo. Las ONG publican cifras alarmistas que ilustran la creciente brecha entre los pobres, que parecen ser cada vez más numerosos y vulnerables, y los ultra-ricos, que ya no saben cómo gastar sus gigantescas fortunas.
De Atenas a Caracas, de Madrid a Nueva York, de Hong Kong a Uagadugú, los movimientos populares que sitúan la lucha contra la desigualdad en el centro de su agenda se multiplican y crecen en número. Pero, detrás de los lemas, ¿cómo podemos entender y medir con precisión estas desigualdades que pesan cada vez más en la agenda internacional? Política, económica, social, racial, cultural o sexual: ¿cómo se entrelazan las diferentes facetas de la desigualdad? ¿Por qué las instituciones internacionales, que en sí mismas son muy desiguales, casi siempre no logran alcanzar los objetivos que se han fijado en materia de “desarrollo”? ¿Por qué es tan desigual el acceso a la alimentación, la vivienda, la educación o la salud? ¿La injusticia que sufren muchas poblaciones fomenta los conflictos y la violencia política?