Historia del Comercio Internacional
Las ventajas del comercio se mezclaban a menudo con las de la explotación bruta de los demás y con el imperialismo. Durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, la mayoría de las potencias europeas reivindicaron territorios en África y América. Fue un hecho la cruda explotación de los nativos en estas zonas por parte de los portugueses y los españoles en su búsqueda de oro y plata, de los ingleses para el té de la India y de Ceilán, y especialmente el azúcar de Barbados y así sucesivamente. Mucha de la energía laboral para la producción de estos productos provenía de esclavos reales o virtuales. Pocos consumidores de ropa de algodón en 1860 o de neumáticos de goma en 1900 (o incluso de algunas prendas de vestir, diamantes o materiales para teléfonos celulares hoy en día) entendieron la esclavitud humana que producía los productos que compraban, o de dónde venían las materias primas, o el costo (o coste, como se emplea mayoritariamente en España) humano de esas entidades. El relato particularmente escalofriante de la actividad del Rey Leopoldo en África cabe traerlo a colación aquí. Es la historia de cómo unos diez millones de africanos fueron salvajemente utilizados y asesinados cuando los belgas y otros europeos “desarrollaron” el interior de África para el marfil (muy utilizado antes de que se dispusiera de plásticos para todo, desde dientes postizos hasta teclas de piano) y el caucho (para neumáticos y muchas otras cosas). Las mentiras utilizadas por el Rey Leopoldo para justificar su horrendo abuso de la gente que vive en la cuenca del Congo son un recordatorio de cómo tantas prácticas económicas son azucaradas por los gobiernos y en la prensa.