Consciencia Ética
La conciencia nos permite deliberar, planificar y responder a las razones para adaptarnos e interactuar con el entorno natural y social. Genera la sensación de persistencia en el tiempo y la reflexión sobre la experiencia de existir en diferentes etapas de la vida. La conciencia está en el centro de las cuestiones de la metafísica y la filosofía de la mente sobre la persona, la identidad personal y la agencia. Estas cuestiones tienen implicaciones normativas. La capacidad de experimentar nos da intereses en los tipos de experiencia que queremos tener o evitar y fundamenta las explicaciones sobre cómo podemos beneficiarnos o perjudicarnos de ellas. La capacidad cognitiva, afectiva y volitiva de tomar decisiones conscientes y realizar acciones intencionadas y voluntarias implica asumir la responsabilidad y ser considerado responsable de ellas. La conciencia como tal no tiene un significado ético. Ser consciente no es intrínsecamente valioso, sino que tiene valor o disvalor en función de la calidad subjetiva y el contenido de nuestros estados mentales, de si son placenteros o dolorosos, y de si nos permite relacionarnos de forma significativa con los demás.