Capitalismo
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Capitalismo: Introducción al Concepto Jurídico
De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:
Sistema de la iniciativa individual y de la sociedad industrializada en la que la actividad económica es ejercida por empresas privadas que operan sin interferencias estatales (o con un mínimo de interferencias) bajo el incentivo de la ganancia. Sistema de producción que considera al trabajo como una mercancía, comprada y vendida como cualquier otro objeto de cambio, y que organiza la producción para un mercado, en el marco de una economía monetaria. Sobre esa base originaria se estructuró luego la evolución posterior del capitalismo: capitalismo monopolista, capitalismo imperialista, capitalismo de Estado, revolución de los gerentes (separación de la propiedad y la gestión de las empresas), revolución de los ingresos (incremento de la participación del salario en los beneficios de la actividad económica), difusión popular de la tenencia de acciones, co-gestión empresarial (neo-capitalismo).
Espíritu del Capitalismo
Cuando un hijo dé la moderna civilización europea se dispone a investigar un problema cualquiera de la historia universal, es inevitable y lógico que se lo plantee desde el siguiente punto de vista: ¿qué serie de circunstancias han determinado que precisamente solo en Occidente hayan nacido ciertos fenómenos culturales, que (al menos, tal como solemos representárnoslos) parecen marcar una dirección evolutiva de universal alcance y validez?.
Sólo en Occidente hay «ciencia» en aquella fase de su evolución que reconocemos como «válida» actualmente.
A no dudarlo, también en otras partes (India, China, Babilonia, Egipto) ha habido conocimientos
empíricos, meditación sobre los problemas del mundo y de la vida, filosofía de matices racionalistas y aun teológicos (aun cuando la elaboración de una teología sistemática haya sido más bien la obra del cristianismo, influenciado por el espíritu helénico; en el Islam y en algunas sectas indias solo se encuentran atisbos), conocimientos y observaciones tan profundas como agudas.Si, Pero: Pero a la astronomía de los babilonios, como a cualquier otra, le faltó la fundamentación matemática, que los helenos fueron los primeros en darle (aun cuando eso mismo hace tanto más asombroso el desenvolvimiento alcanzado por la astrología, sobre todo entre los babilonios). A la geometría le faltó la «demostración» racional, que también fue producto del espíritu helénico, el primero igualmente en crear la mecánica y la física. Las ciencias naturales indias carecieron de la experimentación racional (producto del Renacimiento, salvando algunos fugaces atisbos de la Antigüedad) y del moderno laboratorio; por eso, la medicina (tan desarrollada en la India en el orden empírico-técnico) careció de todo fundamento biológico y bioquímico, singularmente. Ninguna civilización no occidental ha conocido la química racional. A la historiografía china, que alcanzó amplios desenvolvimientos,
le falta el pragma tucididiano. Maquiavelo tuvo precursores en la India; pero a la teoría asiática del Estado le falta una sistematización semejante a la aristotélica y toda suerte de conceptos racionales.
Fuera de Occidente no existe una ciencia jurídica racional, a pesar de todos los indicios que puedan encontrarse en la India (Escuela de Mimamsa), a pesar de todas las amplias codificaciones y de todos los libros jurídicos, indios o no, puesto que faltaban los esquemas y categorías estrictamente jurídicas del Derecho romano y de todo el Derecho occidental amamantado por él. Algo semejante al Derecho canónico no se conoce fuera de Occidente.
Lo mismo ocurre con el arte. Parece ser que el oído musical estuvo mucho más finamente desarrollado en otros pueblos que actualmente entre nosotros o, en todo caso, no era menos fino que el nuestro. Todos los pueblos conocían la polifonía, la instrumentación, los distintos compases, y, como nosotros, conocían y combinaban los intervalos tónicos racionales; pero solo en Occidente ha existido la música armónica racional (contrapunto, armonía), la composición musical sobre la base de los tres tritonos y la tercera armónica, nuestra cromática y nuestra enarmonía (que solo a partir del Renacimiento han sido conocidas racionalmente
como elementos de la armonización), nuestra orquesta con su cuarteto de cuerda como núcleo y la organización del conjunto de instrumentos de viento, el bajo fundamental, nuestro pentagrama (que hace posible la composición y ejecución de las modernas obras musicales
y asegura, por tanto, su duración en el tiempo), nuestras sonatas, sinfonías y óperas (a pesar de que siempre ha habido música de programa y de que todos los músicos han empleado como medio de expresión musical el matizado, la alteración de tonos, la cromática) y, como medios de ejecución, nuestros instrumentos básicos: órgano, piano y violines.
El arco en ojiva se conoció en la Antigüedad y en Asia cono motivo decorativo; al parecer, también en Oriente se conocía la bóveda ojival esquifada.Si, Pero: Pero fuera de Occidente no se conoce la utilización racional de la bóveda gótica como medio de distribuir y abovedar
espacios libremente construídos y, sobre todo, como principio constructivo de grandes edificaciones monumentales y como fundamento de un estilo aplicable por igual a la escultura y la pintura, como supo crearlo la Edad Media. [rtbs name=”historia-medieval”] Y también falta (a pesar de que el Oriente había suministrado los fundamentos técnicos) aquella solución al problema de las cúpulas y aquella
especie de «clásica» racionalización de todo el arte (debida en la pintura a la utilización de la perspectiva y la luz), que creó entre nosotros el Renacimiento.Entre las Líneas En China hubo productos del arte tipográfico; pero solo en Occidente ha nacido una literatura impresa, destinada a la impresión y solo viable por ella: la «prensa» y las «revistas».
En China y en el Islam ha habido Escuelas Superiores de todo linaje, incluso con la máxima semejanza a nuestras Universidades y Academias.Si, Pero: Pero el cultivo sistematizado y racional de las especialidades cientificas, la formación del «especialista» como elemento dominante de la cultura, es algo que solo en Occidente ha sido conocido. Producto occidental es también el funcionario especializado, piedra angular del Estado moderno y de la moderna economía
europea; fuera de Occidente, el funcionario especializado no ha tenido jamás una tan fundamental importancia para el orden social. Es claro que el «funcionario», incluso el funcionario especializado, es un producto antiquísimo de las más diversas culturas. Pero
ningún país ni ninguna época se ha visto tan inexorablemente condenado como el Occidente a encasillar toda nuestra existencia, todos los supuestos básicos de orden politico, económico y técnico de nuestra vida en los estrechos. moldes de una organización de funcionarios especializados, de los funcionarios estatales, técnicos, comerciales y especialmente jurídicos, como titulares de las funciones más importantes de la vida social.
También ha estado muy extendida la organización estamentaria de las corporaciones políticas y sociales; pero solo Europa ha conocido el Estado estamentario: rer et regnum, en sentido occidental. Y, desde luego, solo el Occidente ha creado parlamentos con «representantes
del pueblo» periódicamente elegidos, con demagogos y gobierno de los líderes como ministros responsables ante el parlamento: aun cuando es natural que en todo el mundo ha habido «partidos» en el sentido de organizaciones que aspiraban a conquistar o, al menos, influir en el poder. También el Occidente es el único que ha conocido el «Estado» como organización
política, con una «constitución» racionalmente establecida, con un Derecho racionalmente estatuido y una administración por funcionarios especializados guiada por reglas racionales positivas: las «leyes»; fuera de Occidente, todo esto se ha conocido de modo rudimentario,
pero siempre faltó esta esencial combinación de los elementos característicos decisivos.
Y lo mismo ocurre con el poder más importante de nuestra vida moderna: el capitalismo. «Afán de lucro», «tendencia a enriquecerse», sobre todo a enriquecerse monetariamente en el mayor
grado posible, son cosas que nada tienen que ver con el capitalismo. Son tendencias que se encuentran por igual en los camareros, los médicos, los cocheros, los artistas, las cocottes, los funcionarios corruptibles, los jugadores, los mendigos, los soldados, los ladrones, los cruzados: en all sorts and conditions of men, en todas las épocas y en todos los lugares de la tierra, en toda circunstancia que ofrezca una posibilidad objetiva de lograr una finalidad de lucro.
Es preciso, por tanto, abandonar de una vez para siempre un concepto tan elemental e ingenuo del capitalismo, con el que nada tiene que ver (y mucho menos con su «espíritu») la «ambición», por ilimitada que ésta sea; por el contrario, el capitalismo debería. considerarse precisamente
como el freno o, por lo menos, como la moderación racional de este impulso irracional lucrativo. Ciertamente, el capitalismo se identifica con la aspiración a la ganancia lograda con el trabajo capitalista incesante y racional, la ganancia siempre renovada, a la «rentabilidad».
Y así tiene que ser; dentro de una ordenación capitalista de la economía, todo esfuerzo individual no enderezado a la probabilidad de conseguir una rentabilidad está condenado al fracaso.
Comencemos por definir con alguna mayor precisión de lo que suele hacerse de ordinario. Para nosotros, un acto de economía «capitalista» significa un acto que descansa en la expectativa de una ganancia debida al juego de recíprocas probabilidades de cambio; es decir, en probabilidades (formalmente) pacíficas de lucro.
El hecho formal y actual de lucrarse o
adquirir algo por medios violentos tiene sus propias
leyes, y en todo caso no es oportuno (aunque no se
pueda prohibir) colocarlo bajo la misma categoría que
la actividad orientada en último término hacia la probabilidad
de obtener una ganancia en el cambio.Entre las Líneas En este y en algunos otros puntos me separo de mi venerado
maestro Lujo BRENTANO (en la obra que más tarde citaré). Discrepo de
él, en primer lugar, en la terminología; pero también mantengo otras discrepancias
objetivas. No me parece oportuno inordinar en la misma categoría
cosas tan heterogéneas como el lucro obtenido por explotación y
el provecho que rinde la dirección de una fabrica, y mucho menos aún
designar como «espíritu» del capitalismo —en oposición a otras formas
de lucro— toda aspiración a la adquisición de. dinero, porque, a mi juicio,
con lo segundo see pierde toda precisión en los conceptos y con lo
primero la posibilidad de destacar lo específico del capimtalismo occidental
frente a otras formas capitalistas.
También G. SIMMEL, en su Philosophie
des Geldes (Filosofía del dinero) equipara demasiado los térinos
«economía dineraria» y «capitalismo», lo cual va en perjuicio de su
propia exposición objetiva.Entre las Líneas En los escritos de W. SOMBART, especialmente
en la última edición de su hermosa gran obra sobre el capitalismo, lo específico
de Occidente, a saber, la organización racional del trabajo (lo
más interesante para el problema desde mi punto de vista) aparece bastante
pospuesto a favor de aquellos otros factores de la evolución que se
han presentado siempre en el mundo.
Cuando se aspira de modo racional al lucro de tipo capitalista,
la actividad correspondiente se basa en un
cálculo de capital; es decir, se integra en una serie planificada
de prestaciones útiles reales o personales,
como medio adquisitivo, de tal suerte que, en el balance
final, el valor de los bienes estimables en dinero
(o el valor de estimación periódicamente calculado de
la riqueza valorable en dinero de una empresa estable),
deberá exceder al «capital», es decir, al valor de estimación de los medios adquisitivos reales que se
emplearon para la adquisición por cambio (debiendo,
por tanto, aumentar continuamente con la vida de la empresa).
Ya se trate de mercancías in natura entregadas en consignación a un comerciante en viaje, cuyo
producto puede consistir a su vez en otras mercancías
in natura; o de una fábrica cuyos edificios, máquinas
y existencias en dinero, materias primas y productos
fabricados o a medio fabricar representan créditos a
los que corresponden sus respectivas obligaciones, lo
decisivo en todo caso es el cálculo realizado con el
capital en metálico, ya por medio de la moderna contabilidad
o del modo más primitivo y rudimentario que
se quiera: al comenzar la empresa se hará un presupuesto
inicial; se realizarán otros cálculos antes de emprender
ciertas acciones, otros posteriores al controlar
y examinar la conveniencia de las mismas, y al final
de todo se hará una liquidación, que establecerá la «ganancia».
El presupuesto inicial de una consignación,
por ejemplo, consiste en determinar el valor dinerario
convencional de los bienes entregados (si no consisten
ya éstos en dinero) y su liquidación será la evaluación
final que servirá de base al reparto (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “distribution” o “sharing” en el contexto anglosajón, en inglés) de las pérdidas
y las ganancias; y en cada acción concreta que
emprenda el consignatario, si obra racionalmente, habrá
un cálculo previo. Hay veces, ciertamente, en que
falta todo cálculo y estimación exactos, procediéndose
por evaluaciones aproximativas o de modo puramente
tradicional y convencional, y esto ocurre en toda forma
de empresa capitalista, incluso en la actualidad, siempre
que las circunstancias no obligan a realizar cálculos
exactos; pero esto no afecta a la esencia, sino solamente
al grado de racionalidad de la actividad
capitalista.
Lo que nos interesa señalar es que lo decisivo de
la actividad económica consiste en guiarse en todo momento
por el cálculo del valor dinerario aportado y el
valor dinerario obtenido al final, por primitivo que sea
el modo de realizarlo.Entre las Líneas En este sentido, ha habido «capitalismo»
y «empresas capitalistas» (incluso con relativa
racionalización del cálculo del capital) en todos
los países civilizados del mundo, hasta donde alcanzan
nuestros conocimientos: en China, India, Babilonia,
Egipto, en la Antigüedad helénica, en la Edad media y
en la moderna; y no solo empresas aisladas, sino economías
que permitían el continuo desenvolvimiento de
nuevas empresas capitalistas e incluso «industrias» estables
(a pesar de que precisamente el comercio no
constituía una empresa estable, sino una suma de empresas
aisladas, y solo paulatinamente, y por ramas, se
fue trabando en conexión orgánica en la actividad de
los grandes comerciantes).Entre las Líneas En todo caso, la empresa
capitalista y el empresario capitalista (y no como empresario
ocasional, sino estable) son producto de los
tiempos más remotos y siempre se han hallado universalmente
extendidos.
Ahora bien, en Occidente, el capitalismo tiene una
importancia y unas formas, características y direcciones
que no se conocen en ninguna otra parte.Entre las Líneas En todo
el mundo ha habido comerciantes: al por mayor y al
por menor, locales e interlocales, negocios de préstamos
de todas clases, bancos con diversas funciones
(pero siempre semejantes en lo esencial a las que tenían
en nuestro siglo XVI); siempre han estado también
muy extendidos los empréstitos navales, las consignaciones,
los negocios y asociaciones comanditarias.
Siempre que ha habido haciendas dinerarias de las corporaciones
públicas, ha aparecido el capitalista que —en Babilonia, Grecia, India, China, Roma….— presta
su dinero para la financiación (o financiamiento) de guerras y piraterías,
para suministros y construcciones de toda clase; o que
en la política ultramarina interviene como empresario
colonial, o como comprador o cultivador de plantaciones
con esclavos o trabajadores apresados directa o indirectamente;
o que arrienda grandes fincas, cargos o,
sobre todo, impuestos; o se dedica a subvencionar a
los jefes de partido con finalidades electorales o a los
condotieros para promover guerras civiles; o que, en
último término, interviene como «especulador» en toda
suerte de aventuras financieras.
Este tipo de empresario, el «capitalista aventurero», ha existido en todo el
mundo. Sus probabilidades (con excepción de los negocios
crediticios y bancarios, y del comercio) eran
siempre de carácter irracional y especulativo; o bien se
basaban en la adquisición por medios violentos, ya
fuese el despojo realizado en la guerra en un momento
determinado, o el despojo continuo y fiscal explotando
a los súbditos.
El capitalismo de los fundadores, el de todos los
grandes especuladores, el colonial y el financiero, en
la paz, y más que nada el capitalismo que especula con
la guerra, llevan todavía impreso este sello en la realidad
actual del Occidente, y hoy como antes, ciertas
partes (sólo algunas) del gran comercio internacional
están todavía próximas a ese tipo de capitalismo. Pero
hay en Occidente una forma de capitalismo que no se
conoce en ninguna otra parte de la tierra: la organización
racional-capitalista del trabajo formalmente libre.
En otros lugares no existen sino atisbos, rudimentos de esto.
Aun la organización del trabajo de los siervos en
las, plantaciones y en los ergástulos de la Antigüedad
sólo alcanzó un grado relativo de racionalidad, que fue
todavía menor en el régimen de prestaciones personales
o en las fábricas sitas en patrimonios particulares
o en las industrias domésticas de los terratenientes, que
empleaban el trabajo de sus siervos o clientes, en la incipiente
Edad moderna.
Fuera de Occidente solo se encuentran auténticas «industrias domésticas» aisladas,
sobre la base del trabajo libre; y el empleo universal
de jornaleros no ha conducido en ninguna parte, salvo
excepciones muy raras y muy particulares (y, desde
luego, muy diferentes de las modernas organizaciones
industriales, consistentes sobre todo en los monopolios
estatales), a la creación de manufacturas, ni siquiera a
una organización racional del artesano como existió en
la Edad media.
Pero la organización industrial racional,
la que calcula las probabilidades del mercado y no
se deja llevar por la especulación irracional o política,
no es la manifestación única del capitalismo occidental.
La moderna organización racional del capitalismo
europeo no hubiera sido posible sin la intervención de
dos elementos determinantes de su evolución: la separación
de la economía doméstica y la industria (que
hoy es un principio fundamental de la actual vida económica)
y la consiguiente contabilidad racional.
En otros lugares (así, el bazar oriental o los ergástulos de
otros países) ya se conoció la separación material de
la tienda o el taller y la vivienda; y también en el Asia
oriental, en Oriente y en la Antigüedad se encuentran
asociaciones capitalistas con contabilidad propia. Pero
todo eso ofrece carácter rudimentario comparado con
la autonomía de los modernos establecimientos industriales,
puesto que faltan por completo los supuestos
de esta autonomía (véase qué es, su concepto; y también su definición como “autonomy” en el contexto anglosajón, en inglés), a saber, la contabilidad racional y
la separación jurídica entre el patrimonio industrial
y los patrimonios personales; o caso de darse, es con
carácter completamente rudimentario. Naturalmente, la antítesis no debe entenderse de modo demasiado
radiml. El capitalismo orientado m sentido político (especialmente,
el dedicado al arriendo de impuestos) engendró ya en la antigüedad clá-
sica y oriental (incluso en China e India) ciertas formas racionales de industrias
estables, cuya contabilidad (que solo conocemos muy fragmentaria
y defectuosamente) tuvo seguramente carácter «racional».
El capitalismo «aventurero» orientado a la política guarda conexiones históricas
íntimas con el capitalismo industrial racional, como lo demuestra,
por ejemplo, el origen de los bancos, debido en la mayoría de los casos
a negocios políticos realizados con motivo de guerras; así, el Banco
de Inglaterra; esto se puso de relieve m la oposición de la individualidad
de Paterson —un típico promoter— con los miembros del Directorio que
determinaron su constante actitud y que pronto fueron calificados como
the Puritan usurert of Grocers’ Hall, y también en el fracaso de la polí-
tica financiera de tan «solidísimo» Banco, al crearse la Fundación SouthSea.
La antítesis, pues, no es rígida; pero existe, en todo caso. Ninguno
de los grandes promoters y financiers ha sabido crear organizaciones racionales
de trabajo, como tampoco supieron hacerlo los representantes
típicos del capitalismo financiero y político: los judíos (siempre hablando
en general, y salvando excepciones aisladas); eso fue la obra de un tipo
distinto de gentes.
En otras partes, la evolución se ha orientado en el sentido de que
los establecimientos industriales se han desprendido de
una gran economía doméstica (del «Oikos») real o se-
ñorial; tendencia ésta que, como ya observó Rodbertus,
es directamente contraria a la occidental, pese a
sus afinidades aparentes.
En la actualidad, todas estas características del capitalismo
occidental deben su importancia a su conexión
con la organización capitalista del trabajo. Lo
mismo ocurre con la llamada «comercialización», con
la que guarda estrecho vínculo el desarrollo adquirido
por los títulos de crédito y la racionalización de la especulación
en las Bolsas; pues sin organización capitalista
del trabajo, todo esto, incluso la tendencia a la
comercialización (supuesto que fuese posible), no tendría ni remotamente un alcance semejante al que hoy
tiene. Un cálculo exacto —fundamento de todo lo demás—
sólo es posible sobre la base del trabajo libre;
y así como —y porque— el mundo no ha conocido
fuera de Occidente una organización racional del trabajo,
tampoco —y por eso mismo— ha existido un socialismo
racional.
Ciertamento, lo mismo que el mundo ha conocido la economía ciudadana, la política municipal
de abastecimientos, el mercantilismo y la política
providencialista de los reyes absolutos, les racionamientos,
la economía planificada, el proteccionismo, y
la teoría del laissez faire (en China), también ha conocido
economías comunistas y socialistas de distinto
tipo: comunismo familiar, religioso o militar, socialismo
de Estado (en Egipto), monopolio de los cartels
y organizaciones consumidoras de la más variada índole.
Pero, del mismo modo que fuera de Occidente
faltan los conceptos de «burgués» y de «burguesía» (a
pesar de que en todas partes ha habido privilegios municipales
para el comercio, gremios, guildas y toda
clase de distinciones jurídicas entre la ciudad y el
campo en las formas más variadas), así también faltaba
el «proletariado» como clase; y tenía que faltar,
precisamente porque faltaba la organización racional
del trabajo libre como industria.
Siempre ha habido «lucha de clases» entre deudores y acreedores, entre latifundistas
y desposeídos, entre el siervo de la gleba y
el señor de la tierra, entre el comerciante y el consumidor
o el terrateniente; pero la lucha tan característica
de la Edad media occidental entre los trabajadores
a domicilio y los explotadores de su trabajo, apenas si
ha sido presentida en otras partes. Y solo en Occidente
se da la moderna oposición entre el empresario en
grande y el jornalero libre; por eso, en ninguna otra parte ha sido posible el planteamiento de un problema
de la índole del que caracteriza la existencia del socialismo.
Por tanto, en una historia universal de la cultura,
y desde el punto de vista puramente económico, el problema
central no es, en definitiva, el del desarrollo de
la actividad capitalista (sólo cambiante en la torna),
desde el tipo de capitalista aventurero y comercial, del
capitalismo que especula con la guerra, la política y la
administración, a las formas actuales de economía capitalista;
sino más bien el del origen del capitalismo
industrial burgués con su organización racional del trabajo
libre; o, en otros términos, el del origen de la burguesía
occidental con sus propias características, que
sin duda guarda estrecha conexión con el origen de la
organización capitalista del trabajo, aun cuando, naturalmente,
no es idéntica con la misma; pues antes de
que se desarrollase el capitalismo occidental ya había
«burgueses», en sentido estamentario (pero obsérvese
que solo en Occidente). Ahora bien, el capitalismo moderno
ha sido grandemente influenciado en su desarrollo
por los avances de la técnica; su actual racionalidad
hállase esencialmente condicionada por las
posibilidades técnicas de realizar un cálculo exacto; es
decir, por las posibilidades de la ciencia occidental, especialmente
de las ciencias naturales exactas y racionales,
de base matemática y experimental.
A su vez, el desarrollo de estas ciencias y de la técnica basada en
ellas debe grandes impulsos a la aplicación que, con
miras económicas, hace de ellas el capitalista, por las
probabilidades de provecho que ofrece. También los
indios calcularon con unidades, cultivaron el álgebra e
inventaron el sistema de los números de posición, que
en Occidente se puso inmediatamente al servicio del incipiente capitalismo; y, sin embargo, no supieron
crear las modernas formas de calcular y hacer balances.
El origen de la matemática y la mecánica no fue
condicionado por intereses capitalistas, pero la aplicación
técnica de los conocimientos científicos (lo decisivo
para el orden de vida de nuestras masas) sí que
estuvo, desde luego, condicionado por el resultado económico
aspirado en Occidente precisamente por ese
medio; y ese resultado se debe justamente a las características
del orden social occidental.
Por tanto, habrá que preguntarse a qué elementos de esas características,
puesto que, sin duda, todas no poseían la misma
importancia. Por de pronto, cabe citar éste: la índole
racional del Derecho y la administración; pues el moderno
capitalismo industrial racional necesita tanto de
los medios técnicos de cálculo del trabajo, como de.un
Derecho previsible y una administración guiada por reglas
formales; sin esto, es posible el capitalismo aventurero,
comercial y especulador, y toda suerte de capitalismo
político, pero es imposible la industria racional
privada con capital fijo y cálculo seguro.
Pues bien, solo el Occidente ha puesto a disposición de la vida
económica un Derecho y una administración dotados
de esta perfección formal técnico-jurídica. Por eso es
preciso preguntarse: ¿a qué se debe la existencia de tal
Derecho? No hay duda que, en otras circunstancias, los
intereses capitalistas contribuyeron a allanar el camino
a la dominación de los juristas (educados en el Derecho
racional) en la esfera de la justicia y la administración,
pero no constituyeron en modo alguno el factor
único o dominante. Y, en todo caso, tal Derecho no
es un producto de aquellos intereses. Otras fuerzas fueron
operantes en esta evolución; pues, ¿por qué los intereses
capitalistas no actuaron en el mismo sentido en China? ¿Por qué no orientaron el desarrollo científico,
artístico, político o económico por el mismo camino
de la racionalización que es propio de Occidente?
Es evidente que, en todos estos casos, se trata de
un «rationalismo» específico y peculiar de la civilización
occidental. Ahora bien, bajo estas dos palabras
pueden entenderse cosas harto diversas, como habrá
ocasión de poner de relieve en las páginas siguientes.
Hay, por ejemplo, «racionalizaciones» de la contemplación
mística (es decir, de una actividad que, vista
desde otras esferas vitales, constituye algo específicamente
«irracional»), como las hay de la economía, de
la técnica, del trabajo científico, de la educación, de la
guerra, de la justicia y de la administración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Además,
cada una de estas esferas puede ser «racionalizada»
desde distintos puntos de vista, y lo que desde uno se
considera «racionar», parece «irracional» desde otro.
Procesos de racionalización, pues, se han realizado en
todas partes y en todas las esferas de la vida.
Lo característico de su diferenciación histórica y cultural es
precisamente cuáles de estas esferas, y desde qué punto
de vista, fueron racionalizadas en cada momento. Por
tanto, lo primero que interesa es conocer las características
peculiares del racionalismo occidental, y, dentro
de éste, del moderno, explicando sus orígenes. Esta
investigación ha de tener en cuenta muy principalmente
las condiciones económicas, reconociendo la importancia
fundamental de la economía; pero tampoco deberá
ignorar la relación causal inversa: pues el racionalismo
económico depende en su origen tanto de la técnica y
el Derecho racionales como de la capacidad y aptitud
de los hombres para determinados tipos de conducta
racional. Cuando esta conducta tropezó con obstáculos
psicológicos, la racionalización de la conducta económica hubo de luchar igualmente con la oposición de
ciertas resistencias internas. Entre los elementos formativos
más importantes de la conducta se cuentan, en
el pasado, la fe en los poderes mágicos y religiosos y
la consiguiente idea del deber ético. A su debido tiempo
hablaremos de esto con la extensión precisa.
Autor: Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, 1955
Capitalismo en 1948
Decía Guillermo Díaz en su Diccionario Político que Capitalismo es: En las obras del economista alemán Werner Sombart es donde primero se hizo uso del término capitalismo aplicada al sistema de financiación (o financiamiento) de industrias y empresas en los países modernos. El concepto ha adquirido corporeidad como agente fundamental en la producción sin el cual el factor trabajo se halla reducido a la impotencia. De ahí nace una rivalidad teórica entre capital y trabajo que los tratadistas radicales llevaron a consecuencias extremas propugnando la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) del capitalismo y la implantación de la propiedad común o colectiva. Otros reformadores no objetan al capitalismo como sistema pero creen que los medios de capital no debieran estar en pocas manos acumulando. en ellas poder excesivo. El sistema capitalista ha sido objeto de críticas muy severas por elementos religiosos y tratadistas de moral social-política en tanto que muchos le atribuyen todo el mérito de la dinámica y poder de expansión de la economía moderna.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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Historia Económica
.
Capitalismo y Comercialización
Traducción al inglés: Capitalism and Commercialization.
Capitalismo y Comercialización en la Historia Social Europea
Nota: para una lista de entradas sobre la historia social de Europa, incluido capitalismo y comercialización, véase aquí.
Definición de Capitalismo en Economía Política
[rtbs name=”economia-politica”]Una forma de orden económico caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción y la libertad de los propietarios privados de usar, comprar y vender sus bienes o servicios en el mercado a precios y términos acordados voluntariamente, solo con una mínima interferencia con esas operaciones por el Estado u otros terceros autorizados.Revisor: Lawrence
Definición de Capitalismo en Ciencias Sociales
[rtbs name=”home-ciencias-sociales”]Un sistema económico en el que el capital (los bienes o la riqueza utilizados para producir otros bienes con fines de lucro) es de propiedad privada y las ganancias se reinvierten para acumular capital. La dinámica del intercambio económico en el capitalismo es única.Entre las Líneas En un sistema de trueque de actividad económica un productor puede cultivar una libra de papas y cambiarlas por una cantidad equivalente de miel producida por otra persona.Entre las Líneas En este intercambio, las mercancías intercambiadas tienen aproximadamente el mismo valor.Entre las Líneas En el capitalismo, sin embargo, una persona utiliza el capital para producir bienes y luego vende esos bienes por dinero en efectivo. El monto del efectivo recibido es mayor que el valor del bien producido, de manera que se crea una ganancia que permite la reinversión en el capital social y el apoyo al propietario y a los productores. Véase también: TEORÍA DEL VALOR DEL CAPITAL, TRABAJO. (En general, aplicable a Canadá)Revisor: Lawrence
A continuación se examinará el significado.
¿Cómo se define? Concepto de Capitalismo en Economía
[rtbs name=”home-economia”]Significado de capitalismo: Doctrina económica que se basa en la propiedad privada de los factores de producción que considera que el sistema de libertad del mercado y de precio es el más eficiente para lograr la óptima asignación de recursos en una economía.(1)Capitalismo
Capitalismo en Sociología
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Revisor: Lawrence
Capitalismo en el Ámbito Económico-Empresarial
En el Contexto de: Capitalismo
Véase una definición de capitalismo en el diccionario y también más información relativa a capitalismo. [rtbs name=”capitalismo”]
Significado de Capitalismo
Se ha definido capitalismo, en el contexto de las instituciones económicas, de la siguiente forma: Es una forma de organizar la economía que se basa en: a) la propiedad privada de los medios de producción y de los productos (bienes y servicios) que resultan del proceso productivo, b) el mercado libre, es decir, el conjunto de mercados no organizados ni controlados por las autoridades, para hacer llegar los productos a los consumidores finales; c) la separación de la propiedad del capital social de las empresas de la gestión de las mismas y de la colaboración de los trabajadores; d) la ausencia de alternativas viables en la actualidad.[1]
Capitalismo en Economía
En inglés: Capitalism in economics. Véase también acerca de un concepto similar a Capitalismo en economía.
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El capitalismo es una formación histórica única con instituciones básicas y movimientos distintos. Implica el surgimiento de una clase mercantil, la separación de la producción del Estado y una mentalidad de cálculo racional. Su lógica característica, que gira en torno a la acumulación de capital, refleja la omnipresencia de la competencia. Presenta amplias tendencias a la creación de riqueza sin precedentes, a la distribución sesgada del tamaño de las empresas, a los grandes sectores públicos y a los ciclos de actividad. Mientras que los estudiosos del capitalismo preveían tradicionalmente el fin del periodo capitalista de la historia, los economistas modernos muestran poco interés por la proyección histórica. Este texto tratará de equilibrar importantes preocupaciones teóricas con debates empíricos clave para ofrecer una visión general de este importante tema sobre: Capitalismo. Para tener una panorámica de la investigación contemporánea, puede interesar asimismo los textos sobre economía conductual, economía experimental, teoría de juegos, microeconometría, crecimiento económico, macroeconometría, y economía monetaria.
Datos verificados por: Sam.
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[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Concepto de capitalismo, procedente de Luis de Sebastián, Breve Antología de Términos Económicos, Cristianisme i Justícia (Fundació Lluís Espinal), Barcelona, España
Véase También
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Traducción al Inglés
Traducción al inglés de Capitalismo: Capitalism
Véase También
Bibliografía
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas
- Basado en una definición de capitalismo de Cambó
Véase También
Bibliografía
- Información acerca de “Capitalismo” en el Diccionario de Economía y Empresa, Manuel Ahijado Quintillan y otros, Ediciones Pirámide, Madrid, España
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Traducción al Inglés
Traducción al inglés de Capitalismo: Capitalism
Véase También
Bibliografía
- Información acerca de “Capitalismo” en el Diccionario de Ciencias Sociales, de Jean-Francois Dortier, Editorial Popular S.A.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
- Mercado
- economía de mercado
- el comunismo
Bibliografía
- Información relacionada con “Capitalismo” en el Diccionario de Economía Política, de Claudio Napoleoni, Ediciones Castilla.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
- El Paradigma de Annales
- La Economía Mundial
- Expansión Colonial
- La Población de Europa en Patrones Demográficos Tempranos Modernos
- La Ciudad en Los Primeros Período moderno
- Condiciones Sociales
- Vida Social
- Costumbres Sociales
- Historia Social
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4 comentarios en «Capitalismo»