Pluralismo cultural se ha identificado con garantía de interacción armoniosa y voluntad de convivencia entre personas y grupos con identidades culturales a un tiempo plurales, variadas y dinámicas. Durante la segunda mitad del siglo XX, el pensamiento cultural pluralista en Estados Unidos se vio cada vez más eclipsado por el compromiso persistente de los intelectuales liberales con la noción marxista de la cultura como mera superestructura o como determinada por la lucha más fundamental por el poder. No obstante, los grupos minoritarios siguen luchando por conseguir la democracia cultural en las sociedades multiculturales de principios del siglo XXI. Ser fiel a uno mismo requiere que tanto uno como el otro reconozcan el papel indispensable de la cultura en la creación de la identidad. Dado que la cultura imparte aquellos aspectos particulares -religión, lengua, tradiciones- que hacen único a un individuo o grupo, la asimilación forzada de las minorías al estándar hegemónico de identidad por parte de un grupo mayoritario constituye una forma de opresión y violencia del espíritu. Este reconocimiento ha llevado a su vez a los esfuerzos por ampliar la teoría política del liberalismo para incluir no sólo una defensa de los derechos universales idénticos, sino también el derecho de los grupos a las diferencias culturales. Los pluralistas culturales, por tanto, tratan de sustituir el monismo o absolutismo cultural por el pluralismo, reconciliando la comunidad con la diversidad en el mundo moderno. Los críticos del pluralismo cultural y el multiculturalismo temen, sin embargo, que el énfasis del siglo XXI en la diversidad racial, étnica y cultural vaya demasiado lejos y erosione el terreno común necesario para la unidad nacional.