Como resultado de las negociaciones sostenidas en el Congreso, Francia perdió todos los territorios conquistados por Napoleón; se ratificó la fundación del reino de los Países Bajos, gobernado por la dinastía Orange y con Guillermo I como primer titular; Noruega y Suecia permanecieron unidas bajo la corona de Carlos XIII; y se garantizó la independencia y neutralidad de los cantones suizos, reorganizados en el marco de una Confederación Helvética. Asimismo, Rusia recibió la mayor parte del suprimido gran ducado de Varsovia, convertido en reino de Polonia, con Alejandro I como monarca; Prusia recibió la Prusia Occidental, Posen (en la actualidad la provincia polaca de Pozna-), la mitad norte de Sajonia y gran parte de las provincias del Rin y del extinguido reino de Westfalia; Hannover consiguió nuevos territorios y pasó a ser un reino; se le restituyeron al Imperio Austriaco la mayoría de las zonas que había perdido frente a Napoleón y se le concedieron otras nuevas en territorio bávaro (Tirol y Salzburgo) e italiano (Lombardía y el Véneto) para compensar la privación de los Países Bajos austriacos.
La antigua región veneciana de Dalmacia (en la actualidad, Croacia) también pasó a manos de Austria; Gran Bretaña se anexionó la Colonia del Cabo en Sudáfrica, Ceilán (en la actualidad Sri Lanka), isla Mauricio, Helgoland, Malta, las islas Jónicas, Trinidad y Tobago y la Guayana; el reino de Piamonte-Cerdeña recuperó el condado de Niza y Saboya y recibió Génova; Fernando I de Borbón fue restaurado en el trono del reino de las Dos Sicilias, y los ducados de Parma, Plasencia (Piacenza) y Guastalla le fueron otorgados a la esposa de Napoleón, la archiduquesa de Austria María Luisa de Habsburgo-Lorena (hija del emperador austriaco Francisco I).